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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 1 Samuel»
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Mensaje 23

LA HISTORIA DE DAVID

(10)

PROCLAMADO REY PARA QUE ESTABLEZCA EL REINO DE DIOS EN LA TIERRA

2 SAMUEL 2—24

(4)

DAVID SE PREOCUPA POR LA HABITACION DE DIOS

(2)

  Lectura bíblica: 2 S. 7

  En el mensaje anterior vimos que el capítulo seis narra cómo David se preocupó por el lugar donde habitaba el arca. En este mensaje estudiaremos que, según consta en el capítulo siete, David quiso edificar una casa para Dios. En cuanto a esto, tengo una carga muy especial.

II. DESEA EDIFICAR CASA PARA DIOS

A. Meditaba en el hecho de que él habitaba en casa de cedro, mientras el arca de Dios estaba entre cortinas

  David reflexionaba en el hecho de que él moraba en casa de cedro, mientras que el arca de Dios habitaba entre cortinas (v. 2b).

B. Expresa su preocupación a Natán el profeta

  David le comunica su preocupación al profeta Natán, quien lo alienta a que haga conforme a su corazón y le asegura que Jehová estaba con él (vs. 2a, 3).

C. Dios le responde a David por medio de Natán

  En el versículo 4 leemos que esa noche la palabra de Jehová vino a Natán. La respuesta que Dios le dio a David por medio de Natán la encontramos en los versículos 4-17.

1. Dios nunca le había pedido a nadie que le edificara una casa donde El pudiera morar

  Dios le dice a David que no había habitado en casa desde el día que sacó a Israel de Egipto, y que nunca le había pedido a nadie que le edificara una casa en la cual morar, sino que había andado en tienda y en tabernáculo (vs. 5-7).

2. Dios toma a David del pastizal de las ovejas para que fuese príncipe sobre Su pueblo Israel

  Dios encarga a Natán que le diga a David que El lo había tomado del pastizal, de detrás de las ovejas, para que fuese príncipe sobre Su pueblo Israel (v. 8), que había estado con él en todo cuando había andado, y destruido a todos sus enemigos (v. 9a). Esto se refiere a la presencia de Dios. David había prosperado porque tenía la presencia de Dios. Esto nos debe enseñar una lección. Siempre que comuniquemos la palabra de Dios, debemos asegurarnos de que tenemos la presencia de Dios. Si no tenemos esta certeza, debemos orar hasta que sintamos profundamente la presencia de Dios dentro de nosotros .

3. Dios le daría a David un nombre grande

  Dios le promete a David que le daría nombre, como el nombre de los grandes que había en la tierra (v. 9b).

4. Dios fijaría lugar para Su pueblo Israel y lo plantaría

  Dios manifiesta que El fijaría lugar para Su pueblo Israel y que lo plantaría para que habitara en su lugar y nunca más fuese removido, ni los inicuos le afligiesen más (v. 10). En el corazón de David estaba el deseo de construir un lugar para que Dios habitase, pero lo que Dios quería era que Su pueblo fuese establecido y aun plantado. Sin embargo, para que esto suceda, el pueblo elegido de Dios debe cooperar con El.

5. Dios le daría descanso a David de todos sus enemigos

  Dios le dice a David que El le daría descanso de todos sus enemigos (v. 11a). Dios parecía decir: “David, tu corazón está inclinado a Mí, y el mío a ti, y quiero que halles descanso de todos tus enemigos”.

6. Dios le hace saber a David que El le haría casa

  Jehová dice a David que El le haría casa (v. 11b). Cuando amamos al Señor, sentimos que debemos hacer algo por El. Sin embargo, una vez que decidimos realizarlo, experimentamos una profunda sensación de que somos nosotros los que necesitamos que El haga algo por nosotros. Como veremos, estamos faltos de Cristo y necesitamos más de El.

7. Dios levantaría el linaje de David (refiriéndose a Cristo) y establecería su reino (refiriéndose al reino de Cristo)

  Dios le dice a David: “Yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino” (v. 12). En este versículo, “linaje” se refiere a Cristo y “su reino”, al reino de Cristo. Por la forma en que responde al deseo que David tenía de edificarle casa, Dios, en cierto sentido, detiene a David, indicándole que antes de hacer algo para Dios, él necesitaba que Dios hiciera algo por él.

  Siempre que pensamos en hacer algo para Dios, El nos dice en nuestro interior que nos falta algo y ese algo es Cristo. Todos necesitamos a Cristo. En este punto, quiero pedirles que reflexionen sobre algunos versos de un himno acerca de nuestra necesidad de Cristo (Himnos, 476):

  ¡Necesitas, necesitas,     Necesitas a Jesús! ¡Sí, para tu redención!     ¡Sí, para tu salvación! ¡Y para vida eternal!     ¡Le necesitas!

  Necesitamos cada vez más de Jesús; nunca es suficiente. Carecemos de Cristo, el Hijo de Dios, así que necesitamos que Dios lo haga nuestro linaje, es decir, necesitamos que Cristo sea nuestra herencia y nuestro tesoro.

  Generalmente, cuando un pecador se vuelve a Dios y cree en Cristo, le nace el deseo de hacer algo para Dios. Sin embargo, Dios diría a esa persona: “¿Tú deseas hacer algo para mí? pues te digo, tú necesitas que Yo haga algo por ti, y lo que deseo hacer es forjar a Mi Hijo en ti para que sea tu tesoro. Si no hago esto por ti, tú nunca podrás hacer nada por Mí”.

  El Cristo que Dios desea forjar en nosotros no sólo es nuestro tesoro sino también nuestro hogar. ¿Dónde vivimos hoy? Vivimos en Cristo. Antes de que Cristo, el Hijo de Dios, se forjara en nuestro ser, no teníamos hogar. No tener hogar significa no tener a Cristo. Sin Cristo, no tenemos hogar. Asimismo, sin Cristo, no tenemos justicia, ni justificación ni satisfacción. Necesitamos que Dios forje a Cristo en nuestro ser para que sea nuestra justicia, justificación, alimento, bebida, vestimenta, satisfacción, morada y hogar. Para que esto suceda, Dios nos ha puesto en Cristo (1 Co. 1:30), y ahora Cristo se está volviendo todo para nosotros.

  En 2 Samuel 7:12, lo que en realidad Dios le dice a David es que en lugar de edificar algo para Dios, necesitaba que Dios forjara a Su Hijo en él. Qué maravilloso, que al final, la simiente de David sería llamada el Hijo de Dios (Ro. 1:3). Esto manifiesta el principio de encarnación. Cristo es el Dios-hombre. Como Dios, El es el Hijo de Dios, mientras que como hombre, El es nuestra simiente. Si el Hijo de Dios no se forja en nosotros, no somos nada. El tiene que llegar a ser nuestra simiente; con todo, El continuará siendo el Hijo de Dios.

  Cuando fuimos salvos, muchos de nosotros creímos en el evangelio de una manera superficial. Ahora, cuanto más estudio la Biblia, más me doy cuenta de que el evangelio es profundo. El evangelio auténtico e intrínseco consiste en que Dios, en Cristo, desea forjarse en nosotros. En 2 Samuel 7:12 se halla la auténtica predicación del evangelio. Si predicamos el evangelio intrínseco, le diremos a los demás que no piensen que pueden hacer algo para Dios, pues su vida humana está vacía. Les diremos que les hace falta algo, que lo que necesitan es que Cristo, el propio Dios, se forje en ellos. Este es el evangelio.

  Para forjarse en nosotros, Dios primero tuvo que hacerse hombre por medio de la encarnación. En Su condición de hombre, El murió por nosotros. Luego, resucitó de entre los muertos y fue hecho el Espíritu vivificante (1 Co. 15:45b). El Espíritu vivificante es nuestro Salvador, quien nos redimió en la cruz y ahora está en nuestro espíritu y nos salva continuamente. El es nuestro Redentor, nuestro Salvador, nuestra vida y nuestra simiente. Como tal, El se edifica, se forja en nosotros y nos hace parte de El, de la misma manera que El se hizo parte de nosotros.

  Si leemos 2 Samuel 7 bajo la iluminación divina, veremos que la simiente de David es Cristo. El versículo 7 muestra que Dios establecerá el reino de David, el cual se refiere al reino de Cristo. Esto significa que el reino de David es el reino de Cristo. Los profetas expresaron que David y Cristo eran uno solo. En Oseas 3:5 y Amós 9:11, la venida del rey David alude a la venida de Cristo.

8. Cristo edifica una casa para el nombre de Dios, y Dios establece el trono del reino de Cristo para siempre

  En 2 Samuel 7:13 se revela que es Cristo quien edificará casa para el nombre de Dios, y que Dios establecerá el trono del reino de Cristo para siempre.

9. Dios sería Padre de Cristo, y Cristo, Hijo de Dios

  Leamos el versículo 14: “Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo”. Esto revela en realidad que Dios sería Padre de Cristo y que Cristo sería Hijo de Dios (He. 1:5b). La salvación que Dios efectúa consiste sencillamente en hacer que Cristo, Su corporificación, sea nuestro. El Hijo de Dios, quien es la corporificación de Dios, el propio Dios, está en nosotros. Por consiguiente, podemos afirmar que Cristo, el Hijo de Dios, se ha forjado en nosotros.

10. Dios castigaría al linaje de David (uno que no es Cristo) si éste hiciere mal

  En 2 Samuel 7:14b-15 se dice que si el linaje de David (refiriéndose a uno que no es Cristo, es decir, Salomón) hiciere mal, Dios le castigaría con vara de hombres y con azotes de hijos de hombres. Sin embargo, la misericordia de Dios no se apartaría de él, como se apartó de Saúl. Salomón cometió un grave pecado, y Dios lo castigó por ello, con todo, la misericordia de Dios permaneció con la casa de David.

11. La casa de David y su reino (refiriéndose al reino de Cristo) sería afirmada para siempre

  En el versículo 16 Dios dice a David: “Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente”. La expresión “tu reino” se refiere al reino de Cristo, y “tu trono”, al trono de Cristo. Según la Biblia, David y Cristo tienen un solo trono. Cristo es el verdadero David (Mt. 12:3-6). Finalmente, Cristo y nosotros llegamos a ser uno solo, pues en realidad Cristo ha llegado a ser nosotros mismos. El es la Cabeza, y nosotros somos el Cuerpo, y la Cabeza y el Cuerpo son una sola entidad.

D. David responde a Dios

  Los versículos 18-29 narran lo que David responde a Dios.

1. Agradece a Dios por todas las grandezas que hizo para con él por causa de Su Palabra

  En los versículos 18-21, David agradece a Dios por las grandezas que había hecho por causa de Su palabra y conforme a Su corazón.

2. Alaba a Dios por Su grandeza en todo lo que había hecho por Israel

  Luego, David alaba a Dios por Su grandeza en todo lo que había hecho por Israel, Su pueblo (vs. 22-24). En el versículo 24, David expresa: “Porque tú estableciste a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y tú, oh Jehová, fuiste a ellos por Dios”.

3. Le pide a Dios que edifique, afirme y bendiga su casa para siempre según lo había prometido

  Finalmente, David le pide a Dios que edifique, afirme y bendiga su casa para siempre según Su promesa (vs. 25-29). David concluye diciendo: “Ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre” (v. 29).

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