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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Filemón»
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Mensaje 1

UN ESCLAVO QUE NACE DE NUEVO COMO HERMANO

  Lectura bíblica: Flm. 1:1-16

I. EL TEMA DEL LIBRO

  El tema del libro de Filemón es: Un cuadro de la igualdad de condiciones entre los creyentes en el nuevo hombre. En el nuevo hombre todos los creyentes, sean ellos amos, como Filemón, o esclavos, como Onésimo, son iguales.

II. INTRODUCCIÓN

  El libro de Filemón comienza con las palabras: “Pablo, prisionero de Cristo Jesús, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro”. En el versículo 2 Pablo se refiere a la hermana Apia, y a Arquipo, y a la iglesia que está en la casa de Filemón. Ya que lo tratado en esta epístola es un asunto familiar, Apia debe de haber sido la esposa de Filemón, y Arquipo, su hijo. Filemón vivía en Colosas (v. 2, cfr. Col. 4:17 v. 10, cfr. Col 1:2; 4:9) y, según la historia, era un anciano de la iglesia allí. Muy probablemente la iglesia en Colosas se reunía en su casa. Por lo tanto, era la iglesia que estaba en su casa.

  La introducción a esta epístola concluye con lo que dice Pablo en el versículo 3: “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”.

III. UN ESCLAVO QUE NACE DE NUEVO COMO HERMANO

  En los versículos 4 y 5 Pablo dice: “Siempre doy gracias a mi Dios, acordándome de ti en mis oraciones, porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos”. Observen que en el versículo 5, Pablo menciona primero el amor y después la fe. En la etapa inicial de la vida de un creyente, la fe viene primero, y luego, a partir de la fe se produce el amor (Gá. 5:6; Ef. 1:15; Col 1:4). Sin embargo, aquí el amor se menciona primero y después la fe, debido a que la igualdad que existe entre los creyentes, de lo cual trata esta epístola, es una cuestión de amor, el cual a su vez procede de la fe. En el nuevo hombre, los miembros se aman unos a otros en la fe (Tit. 3:15). Su relación es una relación de amor a través de la fe. El apóstol valoraba mucho la comunión de la fe de Filemón (v. 6) y fue animado por su amor (v. 7); entonces, él le encargó a Filemón que recibiera a Onésimo debido a este mismo amor (v. 9). De ahí que, estas dos virtudes se mencionen juntas aquí. Filemón manifestaba ambas virtudes, no sólo hacia el Señor, sino también hacia todos los santos.

  En el versículo 6 Pablo añade: “Para que la comunión de tu fe sea eficaz en el pleno conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo”. Este versículo en realidad es la continuación del versículo 4. Aquí el pleno conocimiento denota el pleno aprecio y pleno reconocimiento que se obtiene a través de la experiencia. Con las palabras “todo el bien” Pablo no se está refiriendo a cosas naturales (véase Ro. 7:18), sino a cosas espirituales que son buenas en el sentido divino, tales como la vida eterna, la vida divina y los dones espirituales, los cuales están en nosotros los creyentes, quienes hemos sido regenerados, y no en los hombres naturales.

  La palabra griega traducida “por” en la expresión “por Cristo”, significa literalmente para o hacia. Todas las cosas espirituales y buenas en el sentido divino que están en nosotros son para Cristo, hacia Cristo, por Cristo. El apóstol oró pidiendo que la comunión, la comunicación, la participación, de la fe de Filemón hacia todos los santos llegara a ser eficaz en ellos en el elemento y esfera del pleno conocimiento, la absoluta comprensión, de todas las cosas buenas que hay en nosotros para Cristo, provocando que ellos apreciaran y reconocieran todas las cosas espirituales y divinamente buenas que tienen los creyentes para Cristo.

  En el versículo 7 Pablo declara: “Pues tengo gran gozo y consolación por tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos”. La palabra “pues” presenta la razón por la cual el apóstol oró pidiendo que la fe de Filemón fuera eficaz en los santos (v. 6); la razón era que el amor de Filemón había confortado los corazones de los santos y, por lo tanto, había proporcionado al apóstol gran gozo y consolación. La palabra griega traducida “confortados” significa también tranquilizados, consolados.

  Los versículos 8 y 9 dicen: “Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Cristo Jesús”. La palabra griega traducida “anciano” puede traducirse también embajador (Ef. 6:20). La expresión “prisionero” en el versículo 9, “compañero de prisiones” en el versículo 23 y “prisiones” en el versículo 13, indican que esta epístola se escribió durante el primer encarcelamiento del apóstol en Roma.

  En los versículos 10 y 11, Pablo dice: “Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil”. Pablo, durante su encarcelamiento, engendró a Onésimo por medio del Espíritu y con la vida eterna de Dios (Jn. 3:3; 1:13). En griego, el nombre Onésimo quiere decir provechoso, útil, de ayuda; éste era un nombre comúnmente dado a los esclavos. Él era un esclavo que Filemón había comprado, y que, según la ley romana, no tenía derechos humanos. Él había huido de su amo, cometiendo así un crimen cuyo castigo era la muerte. Mientras Onésimo se hallaba en la cárcel de Roma con el apóstol, fue salvo por medio de éste. Ahora el apóstol lo enviaba de regreso a su amo con esta epístola.

  La palabra “inútil” mencionada en el versículo 11, significa también inservible, ineficiente. Alude al hecho de que Onésimo había huido de Filemón. La palabra “útil” significa también servible, eficiente. Onésimo se volvió útil porque se había convertido y estaba dispuesto a regresar a Filemón.

  El versículo 12 añade: “El cual te devuelvo, es decir, te devuelvo mi propio corazón”. La palabra griega traducida “corazón” significa literalmente entrañas; la misma palabra griega aparece en los versículos 7 y 20; en Filipenses 1:8 (“entrañable amor”); en 2:1 (“afecto entrañable); y en Colosenses 3:12 (entrañas), y significa profundo afecto, ternura, compasión. Pablo devolvía su más profundo afecto y compasión a Filemón por intermedio de Onésimo.

  Los versículos 13 y 14 dicen: “Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me ministrase en mis prisiones por el evangelio; pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu bondad no fuese como de necesidad, sino voluntaria”. Así como el Señor no haría nada sin nuestro consentimiento, Pablo no quiso retener consigo a Onésimo sin el consentimiento de Filemón.

  En los versículos 15 y 16 Pablo dice: “Porque quizás para esto estuvo apartado de ti por poco tiempo, para que por siempre le tuvieras; ya no como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor”. La palabra “porque”, que aparece en el versículo 15, presenta la razón por la cual Pablo, en el versículo 12, dijo que devolvía a Onésimo. La palabra “quizás” no sólo es una expresión que denota humildad, sino también una expresión que indica que no tenía prejuicios.

  Esta breve epístola cumple el propósito especial de mostrarnos la igualdad que existe, en la vida eterna y el amor divino, entre todos los miembros del Cuerpo de Cristo. En la época en que vivió Pablo, la vida de Cristo había anulado, entre los creyentes, la fuerte institución de la esclavitud. Ya que el sentimiento del amor de la comunión cristiana era tan poderoso y prevaleciente —al grado en que espontáneamente se había dejado de tener en cuenta el orden social maligno entre los seres humanos caídos—, no había necesidad de que se efectuara una emancipación institucional. Debido al nacimiento divino de los creyentes de Cristo y al hecho de que vivían por la vida divina, todos ellos gozaban de igualdad en la iglesia, la cual era el nuevo hombre en Cristo, y en la cual no había discriminación alguna entre el libre y el esclavo (Col. 3:10-11). Esto se basaba en tres hechos. En primer lugar, la muerte de Cristo en la cruz abolió las ordenanzas de las diferentes maneras de vivir, para crear un solo y nuevo hombre (Ef. 2:15); segundo, todos los creyentes fueron bautizados en Cristo y fueron hechos uno en Él sin ninguna diferencia (Gá. 3:27-28); y tercero, en el nuevo hombre Cristo es el todo, y en todos (Col. 3:11). Tal vida, en la cual se manifiesta el amor en la igualdad de comunión, es perfectamente capaz de conservar el buen orden en la iglesia (en Tito), llevar a cabo la economía de Dios en cuanto a la iglesia (en 1 Timoteo), y resistir la corriente de la decadencia de la iglesia (en 2 Timoteo). El Señor en Su soberanía dispuso los libros del Nuevo Testamento de tal modo que esta epístola fuera puesta después de los tres libros que la preceden.

  Según lo que dice Pablo en el versículo 16, Onésimo era más que un esclavo; de hecho, era más que un hombre libre, era un hermano amado.

  Esta epístola contiene varias expresiones que denotan intimidad: hermano amado, la hermana (v. 2), amado colaborador nuestro (v. 1), nuestro compañero de milicia (v. 2), mis colaboradores (v. 24), mi compañero de prisiones (v. 23), y compañero (v. 17). Estas expresiones nos muestran el afecto entrañable que el apóstol sentía en su relación con los miembros del nuevo hombre.

  La expresión “tanto en la carne como en el Señor” significa en la carne como un esclavo, y en el Señor como un hermano. Siendo esclavo en la carne, Onésimo era un hermano, y siendo hermano en el Señor, era un esclavo.

  El título de este mensaje es: “Un esclavo que había nacido de nuevo y se había convertido en un hermano”. Sólo por medio de la predicación del evangelio, un esclavo, como Onésimo, podía nacer de nuevo y venir a ser un hermano. Pablo no le predicó el evangelio a Onésimo de una manera ordinaria ni de una manera despreocupada y superficial. Además, él le predicó el evangelio mientras se hallaba prisionero en Roma. Esto indica que sin importar la situación en que Pablo se encontrara, él siempre estaba ejercitado para llevar a cabo la predicación del evangelio. Pablo dice: “Ahora bien, quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien en el avance del evangelio, de tal manera que se ha hecho patente en toda la guardia pretoriana y a todos los demás, que me hallo en cadenas por Cristo”. La guardia real de Nerón oyó a Pablo predicar el evangelio e incluso le vio predicar el evangelio. Filipenses 4:22 indica que incluso algunos de los miembros de la casa de César fueron salvos: “Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César”. Ahora, por la Epístola a Filemón, nos enteramos de que el esclavo Onésimo también fue salvo por medio de Pablo.

  Pablo no predicó el evangelio a Onésimo como lo hace la mayoría de los cristianos hoy en día. Para Pablo, predicar el evangelio equivalía a engendrar hijos. Es por eso que Pablo se refiere a Onésimo como su hijo engendrado en sus prisiones. La predicación de Pablo implicaba un proceso en el que se engendraba y daba a luz a un hijo. Esto indica que al predicar el evangelio, Pablo ministraba la vida divina a los demás. La vida eterna de Dios, la cual fue impartida en Onésimo, hizo que él naciera de nuevo y llegara a ser un hijo y un hermano espiritual de Pablo en Cristo. Cada vez que nosotros prediquemos el evangelio, también debemos predicarlo de tal modo que engendremos hijos, o sea, impartamos a Cristo como la vida divina en aquellos a quienes les predicamos.

  Aun más, después que Pablo engendró a este hijo, no lo descuidó ni lo dejó en un orfanato al cuidado de otros. Debido a que Pablo lo valoraba tanto, se hizo cargo de él y le entregó todo su amor. Incluso refiriéndose a él dijo: “Te devuelvo mi propio corazón”. Las madres a menudo se sienten así con respecto a sus hijos. Si les fuera quitado un hijo, sentirían que les han arrancado el corazón. ¿Siente usted algo similar por alguien que usted haya conducido al Señor? Es probable que no nos sintamos así. Sin embargo, Pablo no sólo consideraba a Onésimo un hijo suyo, sino también su propio corazón. De manera que el hecho de que Pablo enviara su hijo a Filemón significaba que le enviaba también su corazón. ¡Qué preocupación vemos aquí!

  Hay padres que no consideran a sus hijos en la carne su propio corazón. Tal vez digan para sus adentros: “Dios me dio a este hijo, y es mi deber cuidar de él. No tengo otra alternativa”. A menudo, los cristianos tienen la misma actitud cuando traen personas al Señor. A diferencia de Pablo, ellos no sienten la misma preocupación de un padre por aquellos que conducen a la salvación.

  Sin embargo, a pesar de que Pablo sentía tanto amor y preocupación por su hijo, él sabía que no era la persona adecuada para retenerle. Puesto que Onésimo era un esclavo que había escapado de su amo, tenía que regresar a él. Probablemente Onésimo había robado algo de Filemón. El versículo 18 parece indicar esto, cuando dice: “Y si en algo te hizo daño, o te debe, ponlo a mi cuenta”. Tal vez lo que Onésimo había robado a Filemón no era algo de poco valor sino algo muy valioso.

  En esto vemos que la preocupación de Pablo era que la relación humana entre Onésimo y Filemón fuera enmendada. Después de llevar a un pecador al Señor, primero debemos considerarlo como nuestro hijo espiritual, y luego debemos ayudarle enmendar sus relaciones con los demás. Por ejemplo, si ha tratado injustamente a sus padres, debemos ayudarle a reconciliarse con ellos. Si ha ofendido a su esposo o esposa, debemos ayudarle a restaurar su relación con su cónyuge. Éste es un principio importante.

  Al enviar a este esclavo fugitivo de regreso a su amo, Pablo, quien era un excelente escritor, apeló al amor de Filemón. En los versículos 5 y 6 Pablo declara: “Porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos; para que la comunión de tu fe sea eficaz en el pleno conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo”. Debido a que en esta epístola Pablo apela al amor de Filemón, él menciona el amor antes que la fe mencionada en el versículo 5.

  El versículo 6 es un versículo difícil de entender. Parece que Pablo estuviese diciendo: “Cuando los hermanos de las distintas localidades se enteren de lo que hiciste en amor y por fe, y tengan comunión acerca de tu fe, tu fe obrará en ellos. Operará en ellos en el pleno conocimiento de todo el bien que está en nosotros por Cristo, puesto que todos los creyentes tienen en su interior las mismas cosas buenas”. El bien que está en nosotros incluye la vida divina, la naturaleza divina y los dones divinos. Tales cosas se mencionan en detalle en los tres libros de 1 y 2 Timoteo y Tito. Todas las cosas buenas que están en nosotros son para Cristo. La comunión de la fe de Filemón puede compararse a un abanico con el cual avivamos el fuego de todo el bien que hay en nosotros por Cristo (2 Ti. 1:6). Así, cuando los santos escucharan lo que Filemón había hecho por amor, se “avivaría” todo el buen depósito que estaba en ellos. Esto es lo que la fe de cierto santo efectúa, al tener comunión los creyentes acerca de ella.

  En el libro de Filemón encontramos un excelente modelo y ejemplo de cómo conducir a un pecador al Señor al engendrarle con la vida divina; de tenerle como un hijo, incluso como nuestro propio corazón; y de ayudarle a enmendar todas sus relaciones humanas. En las iglesias del recobro del Señor, siempre procuramos devolver al fugitivo y ayudar al esposo o a la esposa que se ha divorciado o separado de su cónyuge, a reconciliarse con éste. Nuestro deseo es que todas las relaciones humanas sean enmendadas. Para ello, debemos mostrar el debido amor y preocupación y apelar al amor de la otra persona. Por último, siguiendo el ejemplo de Pablo en esta epístola, debemos ayudar a los recién salvos a entrar en la vida de iglesia. El deseo de Pablo era conducir a Onésimo a la vida de iglesia. Onésimo, habiendo sido engendrado por Pablo, era ahora un esclavo que había nacido de nuevo y se había convertido en un hermano. Pablo, quien lo había engendrado, asumió la responsabilidad de conducir a Onésimo a la vida de iglesia, esto es, a la comunión que existe entre los miembros del Cuerpo.

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