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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Filipenses»
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Mensaje 61

UNA VIDA DE COMPRENSION Y SIN AFANES

(6)

  Lectura bíblica: Fil. 4:4-7; 1 Ts. 5:16-18; Job 1:20-22; 2 Co. 4:16-17; 12:7-9

  En este mensaje y en el siguiente veremos muchos detalles y asuntos cruciales que nos ayudarán a llevar una vida de comprensión y sin afanes. En particular, estudiaremos cómo llevar a la práctica lo que Pablo nos recomienda en 4:6: “Por nada estéis afanosos”.

  En numerosas ocasiones hemos dicho que el tema del libro de Filipenses es experimentar a Cristo. El contenido de los tres primeros capítulos de esta epístola es muy elevado. Pero en el capítulo cuatro, en la conclusión de este libro, pareciera que Pablo desciende de nivel al subrayar la necesidad de ser comprensivos y vivir sin ansiedad.

  Por más de cincuenta años no podía entender Filipenses 4. Sólo apreciaba lo que Pablo había escrito en los primeros tres capítulos. En el capítulo uno, vemos que cuando vivimos a Cristo podemos magnificarlo; en el capítulo dos, se nos dice que debemos tomar a Cristo como el modelo de la vida cristiana, y en el capítulo tres, vemos que Cristo supera todo lo relacionado con la religión y la cultura, y que debemos estimar todas las cosas como pérdida para seguirlo y ganarlo. Sin embargo, en el capítulo cuatro, Pablo de repente hace un giro y empieza a hablar de ser comprensivos y no estar afanosos. Aunque yo sabía que ser comprensivos es una virtud, en mi opinión, lo que Pablo había escrito acerca de dicha virtud no se comparaba con lo escrito en los tres capítulos anteriores. Además, no podía entender por qué Pablo había prestado tanta atención al tema de la ansiedad. Sin embargo, en años recientes he entendido más claramente el contraste entre ser comprensivos y la ansiedad. Ahora siento un profundo aprecio por las palabras de Pablo: “Sea conocido de todos los hombres lo comprensivos que sois” (v. 5), y: “Por nada estéis afanosos” (v. 6).

DOS CLASES DE VIDA

  La ansiedad es la suma total de la vida humana natural. Día tras día y hora tras hora, el común de los hombres vive lleno de ansiedad. Es normal que los seres humanos tengamos afanes. De hecho, si usted tiene una mente sobria, tendrá más ansiedades. Y si usted es cuidadoso y minucioso al tomar sus decisiones, tendrá mucha ansiedad. Asimismo, los que son sensibles son particularmente propensos a estar ansiosos. Aquellos que comúnmente son insensibles, no sufren tanto de ansiedad, pero los que son muy sensibles, generalmente experimentan muchos afanes.

  Así como la ansiedad es la suma total de la vida humana común, de la misma manera, el ser comprensivos es la suma total de la vida cristiana apropiada. Por consiguiente, las palabras ansiedad y comprensión representan dos clases de vida. Entre los seres humanos existen solamente dos clases de vida: la vida humana y la vida cristiana. La vida humana es una vida de ansiedad, mientras que la vida cristiana es una vida de comprensión. Si vemos este contraste, comprenderemos cuán importante fue que Pablo, en el capítulo cuatro, hubiera dado tanto énfasis al hecho de ser comprensivos y no estar ansiosos. El recalca estos dos asuntos porque representan dos clases de vida. Todo ser humano se encuentra dominado por la ansiedad. Sin embargo, si somos cristianos según la norma divina, llevaremos una vida de comprensión y sin afanes. Así que, el primer asunto que quisiera resaltar en este mensaje es que la comprensión y la ansiedad representan dos clases de vida.

DOS FUENTES DISTINTAS

  El segundo asunto que veremos es que la comprensión proviene de Dios, mientras que la ansiedad proviene de Satanás. Esto significa que la comprensión y la ansiedad representan dos fuentes diferentes: Dios y Satanás.

Dios es la fuente de la comprensión

  Dios es la fuente de la comprensión, y El nos da esta virtud para que cumplamos Su propósito. El tiene un propósito con nosotros individualmente, con nuestras familias y con la iglesia. Y a fin de que Su propósito se lleve a cabo, necesitamos ser comprensivos, lo cual es una virtud universal. Si no somos comprensivos, será imposible para nosotros cumplir el propósito de Dios, es decir, no le permitiremos a Dios cumplir Su propósito en nosotros como individuos, ni en nuestra familia ni en la iglesia.

  Dios tiene un propósito triple para cada uno de nosotros. El tiene un propósito para nosotros individualmente, un propósito para nosotros en relación con nuestra familia, y un propósito para nosotros en la vida de iglesia. Es crucial que nos demos cuenta de que Dios tiene un propósito triple para con nosotros. Si queremos que tal propósito divino se cumpla, debemos ser comprensivos. Sin no lo somos, no le permitiremos a Dios cumplir Su propósito.

  Ya vimos que ser comprensivos significa ser absolutamente razonables, considerados y amables con los demás. Si somos comprensivos, tendremos la sabiduría y la capacidad de suministrarles a otros lo que necesitan, y también poseeremos el pleno conocimiento para saber qué debemos decirles y cuándo debemos decírselo. Por ejemplo, un padre comprensivo sabrá cómo y cuándo debe hablar con sus hijos. Si no ejercitamos la comprensión en nuestra vida familiar, no podremos edificar nuestra familia con miras al cumplimiento del propósito de Dios. La comprensión no es solamente la suma total de la vida cristiana apropiada, sino también el medio que Dios ha provisto para cumplir Su propósito triple en nosotros. ¡Cuán precioso es que Dios mismo sea la fuente de la comprensión! La comprensión que ejercitamos y que damos a conocer a los demás procede del propio Dios.

Satanás es la fuente de la ansiedad

  Satanás es la fuente de la ansiedad. La ansiedad proviene de Satanás con la intención de frustrar el propósito de Dios. No piense que Dios nos asigna la ansiedad. En el mensaje anterior dijimos que la ansiedad proviene de las circunstancias que Dios ha estipulado para nosotros. Sin embargo, esto es muy distinto de decir que la ansiedad es asignada por Dios. Por causa de la caída, Dios nos ha asignado ciertos sufrimientos. Por ejemplo, El ha ordenado que las mujeres experimenten los dolores de parto, y también ha dispuesto que los hombres tengan que luchar contra las espinas y los cardos. Génesis 3:17-19 dice: “Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá ... con el sudor de tu rostro comerás el pan”. Dios ha estipulado tales sufrimientos, pero El no nos asignó la ansiedad. En efecto, El nos asignó sufrimientos, pero luego vino Satanás a causar ansiedad valiéndose de los sufrimientos que Dios nos asignó. Definitivamente la ansiedad no procede de Dios, sino de Su adversario, Satanás, quien se aprovecha de los sufrimientos que Dios ordena para traer ansiedad a nuestra vida. Por tal razón concluimos que la ansiedad proviene de Satanás y que representa a Satanás mismo, mientras que la comprensión procede de Dios y lo representa a El.

La forma en que Dios usa a Satanás

  La Biblia revela que Dios usa a Satanás. Esto lo vemos particularmente en el libro de Job. Cuando leí este libro por primera vez, me confundió el hecho de que Satanás tuviera acceso a la presencia de Dios en los cielos. Job 1:6 dice: “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás”. Los versículos siguientes narran una conversación entre Dios y Satanás. Me pregunté cómo se pudo dar esta conversación. ¿Por qué Dios permitió que alguien tan maligno pudiese hablar con El? ¿Por qué no destruyó a Satanás, o por lo menos no lo echó fuera? La respuesta es que Dios usó a Satanás para disciplinar a Job. Job era un hombre justo y perfecto, pero no conocía verdaderamente a Dios. Por lo tanto, necesitaba ser quebrantado y disciplinado por Dios. Así que, Dios usó a Satanás para llevar a cabo esto y le permitió que tocara a Job, pero sólo dentro de los límites prescritos por El.

  En 2 Corintios 12 vemos que Dios permitió también que un mensajero de Satanás afligiera a Pablo. Pablo sabía que el aguijón en su carne provenía de Satanás. El dijo: “Y para que la excelente grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás, para que me abofetee, a fin de que no me enaltezca sobremanera” (v. 7). Vemos un mismo principio en el caso de Pablo y en el caso de Job. Del mismo modo en que Dios le permitió a Satanás que afligiera a Pablo, también le permitió que tocara a Job.

  El primer capítulo de Job muestra que Satanás, después de obtener el permiso para afligir a Job, le envió muchas calamidades. Primero, llegó la noticia de que los sabeos le robaron los bueyes y las asnas y mataron a sus criados (Job 1:14-15). Inmediatamente después, Job se enteró de otra calamidad: fuego había caído de los cielos y había consumido sus ovejas y algunos de sus criados. Luego vino otro mensajero informando que los caldeos se habían llevado sus camellos y habían matado a sus criados. Enseguida, le llegó la noticia de la cuarta calamidad: un “gran viento vino del lado del desierto” y destruyó la casa donde los hijos y las hijas de Job se encontraban festejando, y los mató a todos. Esto revela que Satanás puede usar a las personas, el fuego y el viento para provocar gran destrucción. Cuando leí por primera vez el primer capítulo de Job, no entendí por qué Dios permitió que Satanás hiciera estas cosas. Aquí vemos que primero Satanás envía las calamidades y luego viene a causar ansiedad.

  Dios tenía un propósito definido al permitir que Satanás afligiera a Job. Su propósito era quebrantar a Job, quien se creía perfecto y recto en su propia opinión. Así que Dios usó a Satanás para que hiciera lo que ningún ser humano era capaz de hacer. Ya que los amigos de Job no podían quebrantarlo, Dios usó a Satanás para esta tarea. A menudo Dios le encomienda al diablo algunas misiones difíciles. Cuando El no puede cumplir Su propósito usando personas, El permite que Satanás nos toque. En cuanto a Job, el propósito de Dios era quebrantarlo. En cuanto a Pablo, Dios quería evitar que Pablo se enalteciera desmedidamente por causa de las visiones y revelaciones que había recibido. Fue por eso que El permitió que Satanás mandara un mensajero para que afligiera el cuerpo de Pablo. Indudablemente, Satanás siempre tiene la intención de atacar al pueblo de Dios. Este propósito es negativo; sin embargo, al permitirle que nos ataque, Dios logra Su propósito, un propósito muy positivo. Es con este propósito en mente que Dios nos asigna los sufrimientos que experimentamos.

  Pablo se refiere a este propósito en 2 Corintios 4:16 y 17, donde dice: “Por tanto, no nos desanimamos; antes aunque nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. Aunque muchas veces Dios nos depara aflicciones, éstas no vienen de El directamente. Antes bien, toda aflicción, desastre, calamidad o catástrofe proviene de Satanás. No obstante, éstas ocurren con el permiso de Dios y con el propósito de perfeccionarnos. Esta era la razón por la que Pablo podía declarar que la leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria. Dios desea cumplir Su propósito para con nosotros, pero este propósito a veces requiere de la ayuda de Satanás.

  Hace unos meses tuve un problema de salud. Yo sabía que este problema era causado por el diablo, Satanás, pero al mismo tiempo comprendía que Dios lo permitía con un propósito. El Señor quería tocar cierta área de mi persona, y usó este medio para lograrlo.

  Si examinamos los casos de Job y de Pablo veremos que en ocasiones Dios permite que Satanás nos cause aflicciones. Luego, en cuanto llega la aflicción, Satanás viene a provocar ansiedad. El lo hace con la intención de frustrar el propósito de Dios. Repito que la comprensión procede de Dios para el cumplimiento de Su propósito, pero la ansiedad proviene de Satanás para frustrar el propósito de Dios. Si vemos esto, comprenderemos cuán importante fue que Pablo mencionara la comprensión y la ansiedad en Filipenses 4:5 y 6.

LA COMPRENSION Y LA ANSIEDAD NO PUEDEN COEXISTIR

  Si somos comprensivos, no tendremos ansiedad; del mismo modo, si tenemos ansiedad, no podremos ser comprensivos. Tal como Dios y Satanás no pueden estar juntos, la comprensión y la ansiedad tampoco pueden coexistir. Cada vez que viene la comprensión, la ansiedad se va, y mientras la ansiedad permanezca con nosotros, seremos muy poco comprensivos. Quienes se ejercitan para ser comprensivos, no pueden tener ansiedad; del mismo modo, si usted no es comprensivo, la ansiedad lo invadirá y estará lleno de preocupaciones.

  Sabemos por experiencia, no por doctrina, que cuando nos ejercitamos para ser comprensivos, toda ansiedad desaparece. Si por la misericordia y la gracia de Dios somos comprensivos con todos, y en todo, no tendremos ningún afán. Por la misericordia y la gracia de Dios debemos ser comprensivos con todas las personas, cosas y asuntos. Sólo así seremos libres del dominio de la ansiedad.

VIVIR A CRISTO COMO NUESTRA COMPRENSION

  Hemos visto que la comprensión es en realidad el Cristo que expresamos. El Cristo presentado en los capítulos uno, dos y tres de Filipenses es la comprensión misma que menciona Pablo en 4:5. Por consiguiente, si queremos dar a conocer lo comprensivos que somos, debemos dar a conocer a Cristo. En realidad, ser comprensivos equivale a magnificar a Cristo. En 1:20 Pablo declaró que Cristo sería magnificado en él, pero en 4:5, él nos exhorta a dar a conocer lo comprensivos que somos. Cuando juntamos estos versículos, vemos que magnificar a Cristo significa dar a conocer lo comprensivos que somos. Por consiguiente, en nuestra experiencia, la comprensión es Cristo mismo.

  Si vivimos a Cristo como nuestra comprensión, nunca estaremos ansiosos. Para aquellos que viven a Cristo como su comprensión, les es imposible tener ansiedad. ¿Sabe usted por qué nos afanamos y nos preocupamos? Porque no vivimos a Cristo. Quizás las palabras “vivir a Cristo” sean simplemente terminología o doctrina, una manera de hablar, y no un vivir práctico. Sin embargo, cuando vivimos a Cristo día tras día, la ansiedad no tiene cabida en nosotros.

  Repito que ser comprensivos equivale a vivir a Cristo. Al llevar tal vida, una vida en la cual somos comprensivos en todo por la gracia de Dios, no habrá lugar para la ansiedad. Cuando vivimos y magnificamos a Cristo, la ansiedad no puede tocarnos. Ya que vivimos a Cristo como nuestra comprensión, no estaremos afanosos por nada.

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