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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hebreos»
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Mensaje 21

EL REPOSO SABÁTICO QUE QUEDA PARA EL PUEBLO DE DIOS

(4)

  En los últimos tres mensajes vimos cuál es el significado del reposo sabático según toda la revelación contenida en la santa Palabra. En resumen, el reposo sabático es sencillamente la satisfacción que Dios siente cuando ve realizado el deseo de Su corazón. Siempre y cuando el hombre le exprese y represente en la tierra, Dios se siente satisfecho y en reposo. Como dijimos anteriormente, el primer reposo sabático tuvo lugar después de que el hombre fue creado, y el segundo, cuando se terminó la edificación del templo. Ambos casos fueron sólo figuras del reposo de Dios, no el reposo de Dios en realidad. Después que el Señor Jesús vino y declaró a Dios al expresarle y representarle como un ejemplo y un modelo, la iglesia fue producida mediante Su muerte y resurrección, y llegó a ser la expresión y representación corporativa de Dios. Cuando Dios tiene la iglesia, Él puede ser verdaderamente expresado y representado. Sin lugar a dudas, la vida de iglesia es un verdadero Sábado para Dios. La iglesia como reposo sabático no es una figura, sino el cumplimiento de lo que fue tipificado en el Antiguo Testamento. Cuando Dios obtuvo la iglesia, Él obtuvo un verdadero Sábado.

  Como vimos en el mensaje anterior, la era de la iglesia es simplemente la etapa de la siembra y crecimiento. Aunque esta etapa puede parecernos demasiado larga, con todo, es una sola etapa, la etapa de la siembra y crecimiento. En esta etapa, la tarea principal de Dios consiste en sembrarse a Sí mismo en la humanidad y hacer de esa parte de la humanidad la iglesia, el Cuerpo de Cristo, la casa de Dios. Esta parte de la humanidad en la que Dios mismo se ha depositado como vida, debe crecer en Cristo y llegar a la madurez. Debemos tener muy claro este asunto. ¿Por qué Dios puede sentirse satisfecho en esta era? Porque en esta era Él es expresado y representado por medio de la iglesia.

  En el Nuevo Testamento se nos dice claramente que la iglesia es la expresión y representación de Dios, y que, debido a ello, es el reino de Dios sobre la tierra hoy en día (Ro. 14:17). Todo aquel que recibe a Jesucristo el Hijo de Dios, nace en el reino de Dios (Jn. 3:5). ¡Alabemos al Señor porque la iglesia hoy es el reino de Dios! Hebreos 12:28 dice que estamos recibiendo un reino inconmovible. Este versículo no dice que ya recibimos el reino, o que lo recibiremos, sino que estamos en el proceso de recibirlo. No podemos negar que hemos recibido el reino en cierta medida, pero aún no lo hemos recibido en toda su plenitud. El reino ya empezó y todavía continúa.

  En la era de la iglesia estamos en el Sábado de crecimiento, es decir, estamos en el reposo en el cual Cristo, como vida, está creciendo. Con este Sábado, el corazón de Dios está en cierta medida satisfecho, pero no lo está plenamente, porque se trata solamente de una etapa de crecimiento, y no de la etapa final, la etapa de la cosecha. El libro de Hebreos fue escrito con el propósito de animar a los creyentes hebreos, quienes estaban vagando, indecisos y vacilantes, a que entraran en la vida de iglesia apropiada, el reposo sabático de hoy. Pero después de este Sábado, viene algo todavía mejor: el Sábado de la cosecha. Ambos son verdaderos reposos para Dios. La vida de iglesia hoy constituye un verdadero reposo para Dios. Nunca nos imaginamos que pudiera existir algo tan maravilloso como la vida de iglesia. Pero el Señor, en Su misericordia, abrió nuestros ojos y nos mostró la vida de iglesia, la cual es algo santo, celestial y espiritual que podemos tocar en nuestro espíritu y disfrutar con el Señor como nuestro reposo sabático. ¡Aleluya porque hay tal vida de iglesia sobre la tierra hoy!

  Si conocemos la Biblia y la economía de Dios, tendremos la convicción de que todos los que han sido regenerados y han recibido la salvación, necesitan entrar en la vida de iglesia. En esto consiste la economía de Dios. Si usted no entra en la vida de iglesia, errará el blanco. La economía de Dios no consiste sólo en que nosotros seamos salvos y regenerados, sino en que practiquemos la vida de iglesia apropiada, la cual es el reposo sabático actual. La economía de Dios tiene como objetivo obtener una expresión y representación corporativa de Sí mismo. Dios es muy paciente, ya que cumple Su economía poco a poco. Primero, Él se sembró en Su pueblo escogido, y ahora Él está dándoles tiempo para crecer.

XV. EL SÁBADO FINAL

  Ahora estamos en la vida de iglesia, el Sábado de crecimiento que nos conduce hacia el Sábado de la cosecha, que será en el reino milenario. No obstante, ni siquiera el Sábado de la cosecha será el último reposo. El reposo sabático final y máximo será la Nueva Jerusalén. Cuando venga la Nueva Jerusalén, ya no existirá el mar ni ninguna obra satánica, ni el mundo corrupto y contaminado. Todo esto estará en el lago de fuego. Habrá una tierra nueva, y en ella, una ciudad edificada con personas transformadas que son los materiales vivientes. Aquella entidad viviente, la Nueva Jerusalén, será la expresión plena de Dios en la eternidad futura. Allí, en la Nueva Jerusalén, veremos la expresión de Dios y Su señorío. Allí también estará el trono y la autoridad de Dios con miras a Su reino. La Nueva Jerusalén será el Sábado final y eterno porque allí Dios será expresado y representado plenamente. Ésta será la consumación final de la labor que Dios realiza por medio de Su gracia, y todos nosotros estaremos allí.

  Independientemente de si somos diligentes o descuidados, nuestro sabio Padre sabe cómo perfeccionarnos y hacernos madurar. Si no colaboramos con Él, Él es paciente y esperará un día más, un mes más, o un año más o incluso hasta la próxima era. Antes de la era de la Nueva Jerusalén, tenemos dos eras: la era presente y la era venidera. En estas dos eras nuestro paciente Padre lidiará con Sus hijos indisciplinados. Si nos portamos mal y no participamos del reposo actual, el deslavado de crecimiento, es posible que no entremos en el Sábado de la cosecha en la era venidera. Pero perder el Sábado venidero, el de la cosecha, no significa que perderemos nuestra salvación. Puesto que somos hijos del Padre, no podemos perdernos. Pero si no nos comportamos ahora según Su gracia, sino que somos difíciles a los tratos de nuestro Padre, es muy probable que no entremos en el reposo venidero de la cosecha. Aun así, nuestro Padre es mucho más sabio que nosotros y sabe cómo llevarnos a la madurez. Por eso finalmente, todos estaremos en la Nueva Jerusalén, el Sábado final.

  En total habrá tres verdaderos reposos sabáticos: la iglesia, el reino milenario y la Nueva Jerusalén en el cielo nuevo y la tierra nueva. Aunque todos éstos son Sábados para Dios, el segundo será mejor que el primero, y el tercero será mucho más pleno que el segundo. Tengo la plena certeza de que todos nosotros participaremos del tercer Sábado, el reposo más pleno, debido a que este Sábado tiene que ver totalmente con la gracia, y no es una recompensa. No se trata de un premio, sino de la porción eterna que nuestro Padre dará a todos Sus hijos. Mientras usted sea un hijo del Padre, Él sabrá cómo hacerlo madurar de manera que finalmente llegue a participar de ese tercer Sábado.

XVI. NECESITAMOS MADURAR

  Tal vez al escuchar que todos estaremos en la Nueva Jerusalén, ustedes digan: “Aleluya, ahora me siento tranquilo, sabiendo que estaré en la Nueva Jerusalén”. Pero debemos recordarles que antes de que venga la Nueva Jerusalén, tenemos que pasar primero por la vida de iglesia y después por el milenio. Nuestro Padre, en Su sabiduría, usa la era de la iglesia y la era venidera del reino milenario para que podamos madurar. Él se ha sembrado en nosotros, pero ¿qué haremos acerca de nuestra madurez? Su deseo es que todos nosotros maduremos, y Él llevará esto a cabo; nada podrá detenerlo. Nuestro desinterés y nuestros fracasos no significan nada para Él. Ninguna cosa, ni el mismo Satanás, puede impedir que nuestro Padre cumpla Su deseo. Cuando Él nos escogió, no lo hizo a la ligera sino de una manera muy cuidadosa. Dios nunca se arrepentirá de Su elección; ésta es irrevocable y permanecerá por la eternidad. Él nos ha salvado y nosotros estaremos en la Nueva Jerusalén. Todo esto es una obra de gracia. Dios nos ha salvado, se ha depositado en nuestro ser, y ahora nos exhorta a crecer. Pero la manera en que crezcamos, depende de nosotros. Si somos obedientes, le ahorraremos un poco de tiempo. Si somos desobedientes, le causaremos un poco de dificultades. De todas maneras, Él sabe cómo hacernos crecer. Sin embargo, si no cooperamos con Él, sufriremos la pérdida del disfrute de la vida de iglesia en esta era y del galardón en la era venidera. Nuestro Padre es sabio y sabe cómo hacernos madurar. No crea que usted puede escaparse de Su disciplina. Dios incluso sabe cómo disciplinar a todos los cristianos que han sido salvos, pero que aún siguen vagando. No vemos que esto suceda hoy, pero un día lo veremos.

  Cuánta misericordia ha tenido con nosotros nuestro Padre al rescatarnos de vagar por las calles y traernos a Su vida de iglesia. En lugar de estar deambulando, estamos disfrutando de la vida de iglesia, la cual nos ayuda a madurar. Tengo la plena certeza de que quienes están en la iglesia madurarán primero y serán las primicias. ¡Qué bueno es disfrutar de la iglesia en la era presente y del reino en la era venidera! La iglesia hoy es el Sábado de disfrute y el reino venidero es el Sábado de recompensa. Si hoy disfrutamos de la vida de iglesia, recibiremos el reino como un galardón en la era venidera. Sería muy insensato que no disfrutásemos apropiadamente a Cristo en la iglesia hoy. No tenemos que pagar nada por este disfrute, pues es gratuito. Nuestro Padre aun nos anima a disfrutar a Cristo plenamente. Cuanto más disfrutamos a Cristo, más feliz y satisfecho está nuestro Padre. Y si seguimos disfrutando a Cristo, un día el Padre nos dirá: “Hijo Mío, ya que has disfrutado tanto a Mi Hijo, Yo te premiaré con el Sábado de la cosecha. Tú reinarás junto con Mi Hijo”. En ese tiempo, seremos los verdaderos compañeros de Cristo que comparten con Él Su reinado durante el Sábado de la cosecha.

  Algunos afirman que estaremos en el reino milenario por el simple hecho de haber sido regenerados y ser hijos de Dios. Pero esto no es lo que la Biblia dice. En lugar de eso, la Biblia nos dice que debemos disfrutar a Cristo, crecer, madurar, padecer y vencer por causa de Cristo. Entonces recibiremos el premio en la era venidera. Este premio no es la porción eterna que disfrutarán los santos, sino una recompensa que recibirán los vencedores durante el milenio. Si usted sabe conducirse en la casa del Padre, que es la iglesia, el Padre le dirá: “Puesto que cuando estuviste en Mi casa me complaciste, Yo te daré un premio en Mi reino”. Pero si no lo complacemos hoy en Su casa, perderemos el premio y sufriremos pérdida durante la próxima era en Su reino. La elección es nuestra. ¡Cuán sabio, justo y lleno de gracia es nuestro Padre! Él nos ha preparado un banquete y nos anima a todos a que nos alimentemos bien. Cuanto mejor nos alimentemos, más feliz estará Él. Es una necedad no comer lo suficiente teniendo todo un banquete. ¡Oh, cuánto todos nosotros necesitamos disfrutar de la vida de iglesia!

XVII. LAS DOS PRINCIPALES CORRIENTES DOCTRINALES

  Ahora resulta necesario considerar las dos principales corrientes doctrinales, la corriente calvinista y la arminiana. Los calvinistas declaran que la salvación depende enteramente de la gracia, la elección y la predestinación de Dios. De acuerdo con esta postura doctrinal, una vez que Dios nos ha escogido y predestinado y hemos sido salvos, todos nuestros problemas quedan resueltos, pues una vez que somos salvos, nuestra salvación está eternamente asegurada. La afirmación que hacen los calvinistas, de que jamás pereceremos, tiene una fuerte base en las palabras del Señor en Juan 10:28-29. Según estos versículos, es imposible que perezca una persona que ha sido salva. Los calvinistas indudablemente tienen una base bíblica cuando dicen que una vez que somos salvos, lo somos por la eternidad. Pero el calvinismo se excede cuando afirma que, ya que somos eternamente salvos no tendremos más problemas. Aunque es bueno saber que hemos sido redimidos y que hemos nacido de nuevo, no debemos decir que, ya que fuimos redimidos y volvimos a nacer, es imposible que tengamos más problemas. Sería una tontería que un hijo dijera que, por el hecho de haber nacido, no tendrá ningún problema. El hijo que diga esto es muy insensato. Efectivamente, hemos nacido de nuevo, pero aún es posible que tengamos muchos problemas.

  Los arminianos, por su parte, creen que una persona que ha sido salva puede volver a perder su salvación. Basándose en ciertos pasajes de la Palabra, como Hebreos 6, los arminianos insisten en que si alguien que ha gustado del don celestial y ha participado del Espíritu Santo, recae, no tendrá más oportunidad para arrepentirse y que será como la tierra cuyo fin es ser quemada, lo que significa que se pierden eternamente. El libro de Hebreos contiene cinco advertencias como éstas. Los arminianos mal interpretan estas porciones de la Palabra en cuanto al castigo o disciplina de Dios sobre Sus hijos, pensando que se refieren a la perdición eterna, al hecho de perder su salvación. Así que, ellos usan pasajes bíblicos como éstos para sustentar sus enseñanzas de que una persona que ha sido salva puede perecer de nuevo.

  Los calvinistas, al no poder reconciliar estos pasajes de la Palabra con sus enseñanzas, dicen que las personas mencionadas aquí, las que gustaron del don celestial y participaron del Espíritu Santo, son creyentes falsos. Pero es absurdo decir esto. Ellos dicen esto porque no encuentran otra salida. Ni ellos ni los arminianos han sido capaces de reconciliar los pasajes de la Biblia en cuanto a la disciplina de Dios sobre Sus hijos, porque no han visto el asunto del premio y el castigo en el reino. El asunto del premio y el castigo en el reino es el puente entre el calvinismo y el arminianismo.

XVIII. EL TEMA DEL PREMIO Y EL CASTIGO

  Consideremos ahora esto desde una perspectiva bíblica. Ya que fuimos escogidos para siempre, una vez que somos salvos, regenerados y recibimos la vida eterna, es imposible que perezcamos. La vida eterna nos resguardará. Las manos del Señor y las manos del Padre, las cuales son poderosas, nos sostendrán y no pereceremos jamás (Jn. 10:28-29). Sin embargo, eso no significa que podamos libremente cometer pecados, ya que seremos castigados y disciplinados por ellos, ya sea en esta era o en la venidera. Dios es justo. Si Sus hijos cometen pecados y no les importa Su voluntad, sufrirán castigo y disciplina. Si a usted no le interesa cumplir la voluntad de Dios en esta era, no tendrá parte en el reinado, el cual será una recompensa en el reino venidero. Por lo tanto, debemos prestar atención a esta advertencia.

  ¡Cuánto disfrute habrá en el reino venidero! ¡El Sábado de la cosecha! Aquel será mejor que el Sábado presente, el reposo sabático de crecimiento. El Sábado de crecimiento actual de la vida de iglesia, es el medio por el cual podremos entrar en el Sábado de la cosecha, en el reino venidero. Si descuidamos el reposo actual en la vida de iglesia, no entraremos en el próximo reposo, en el reino venidero. Si somos descuidados y seguimos pecando, sufriremos el castigo de Dios. Pero esto no quiere decir que nos perdamos de nuevo.

  Hebreos 6 confirma esto. Los versículos 7 y 8 dicen: “La tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos para los cuales es labrada, participa de la bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es ser quemada”. La tierra puede producir hierba provechosa o espinos. Después que los espinos son quemados, la tierra aún permanece, aunque sufre pérdida. De igual modo, los creyentes jamás pueden perder su salvación; no obstante, todo lo que ellos produzcan que no sea conforme a la economía de Dios, será quemado. Todo lo que hagamos contrario a la voluntad de Dios será quemado; sin embargo, esto no quiere decir que nos perderemos.

  Examinemos ahora 1 Corintios 3:12-14, que dice: “Si sobre este fundamento alguno edifica oro, plata, piedras preciosas, madera, hierba, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego es revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego mismo la probará. Si permanece la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa”. Los creyentes son la labranza de Dios (1 Co. 3:9). Todo lo que produzcamos que sea madera, hierba u hojarasca, será quemado. Pero si nuestra obra es de oro, plata y piedras preciosas, recibiremos una recompensa, un premio. Sin embargo, si la obra de alguno es quemada, él sufrirá pérdida, pero esto no quiere decir que pierda su salvación. El versículo 15 añade: “Si la obra de alguno es consumida, él sufrirá pérdida, pero él mismo será salvo, aunque así como pasado por fuego”. Este versículo es muy explícito. Es posible que alguien que haya sido salvo sufra pérdida, pero de ningún modo perderá su salvación; antes bien, será salvo, aunque “así como pasado por fuego”. ¿Desea usted ser salvo “aunque así como pasado por fuego”? Si usted me pregunta qué clase de fuego es éste, le contestaría que no sé. Hace más de treinta y cinco años un amigo cristiano de edad avanzada, discutiendo conmigo, me decía: “¿Cómo puede una persona seguir siendo salva después de ser pasada por fuego?”. Mi respuesta fue: “No lo sé, pero eso es lo que la Biblia dice”. Entonces respondió: “El versículo en realidad no dice ‘por fuego’, sino ‘como por fuego’ o ‘como por medio del fuego’”. Luego, otro hermano, también de edad avanzada, añadió: “Pero aun si es ‘como por fuego’, puede causarle sufrimiento”. No importa qué clase de fuego sea éste, lo único que sé es que no es bueno y que no deseo experimentarlo. Ya que encontramos esta exhortación en 1 Corintios 3, no debemos decir que debido a que ya somos salvos, todo estará bien. Tal vez no todo esté bien. Es posible que nuestra obra sea quemada y que tengamos que ser salvos “así como pasado por fuego”.

  Algunos que escucharon mi predicación acerca de este asunto, me censuraron diciendo que estaba enseñando la doctrina católica del purgatorio. La enseñanza católica del purgatorio, que también se basa 1 Corintios 3, es muy distinta de lo que dice la Palabra pura de Dios. Según el concepto católico del purgatorio, si usted ha pecado y muere, un pariente suyo puede reducir el tiempo que usted pasará en el purgatorio pagando cierta cantidad de dinero a la Iglesia Católica. Esta enseñanza es diabólica. Lo que yo enseño es conforme a la verdad pura de la Palabra pura.

  En 1 Corintios 3 dice que debemos edificar apropiadamente: según la naturaleza divina de Dios, es decir, con oro; según la redención de Cristo, es decir, con plata; y según la obra del Espíritu Santo, o sea, con piedras preciosas. Tenemos que edificar según la naturaleza del Padre, la redención del Hijo y la obra transformadora del Espíritu Santo. Pero si edificamos conforme a la carne, el yo y las prácticas mundanas, eso será madera, hierba y hojarasca. Hay una gran diferencia entre edificar con oro, plata y piedras preciosas, y edificar con madera, hierba y hojarasca. Si usted edifica con oro, plata y piedras preciosas, recibirá recompensa. Pero si edifica con madera, hierba y hojarasca, sufrirá pérdida, sin embargo, aún será salvo. Esto no es calvinismo ni arminianismo, sino lo que dice la Palabra pura de la Biblia.

  Además de la salvación que Dios nos brinda, la cual es por gracia, podemos recibir un premio o sufrir cierta pérdida. Solamente aquellos que reciban el premio participarán en el Sábado venidero, el Sábado de la cosecha. Aquellos que reciban el premio gozarán del mejor Sábado en el reino milenario, pero aquellos que sufran pérdida, es decir, aquellos que sean salvos así como por fuego, lo perderán. Cuánto necesitamos avanzar hacia la meta, procurando obtener el premio del llamamiento a lo alto que Dios hace en Cristo Jesús, y seguir adelante positivamente. Además de la salvación, habrá un premio correspondiente al llamamiento a lo alto, el cual será el Sábado de la cosecha en el reino venidero. Éste es nuestro objetivo, nuestra meta. Si hemos de llegar a esta meta, tenemos que pasar por la vida de iglesia. La vida de iglesia es el camino que nos conduce a la meta.

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