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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hebreos»
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Mensaje 23

EL REPOSO SABÁTICO QUE QUEDA PARA EL PUEBLO DE DIOS

(6)

XXIV. EL JUICIO SOBRE LA CASA DE DIOS

  En 1 P. 4:17 leemos: “Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?”. En este versículo podemos ver que en el gobierno de Dios se ejerce disciplina de diferentes maneras. Dios juzga a Su casa, esto es, a Sus hijos, de una manera y en un determinado tiempo; y juzga de otra manera y en otro tiempo a aquellos que no obedecen al evangelio. A pesar de que ya somos salvos y hemos venido a ser la casa de Dios, la familia de Dios, eso no significa que nunca más seremos juzgados por Dios. Por el contrario, este versículo dice que el juicio de Dios comenzará por Su casa. Si Dios fuera injusto en la manera en que disciplina a Sus propios hijos, ¿cómo podría juzgar a los incrédulos y a aquellos que se oponen a Él? El principio que vemos aquí es que Dios, a fin de ser justo al juzgar a los incrédulos, debe primero juzgar a Sus hijos con justicia.

XXV. DEBEMOS CRECER EN VIDA PARA QUE SE CUMPLA EL PROPÓSITO DE DIOS

  Dios no tiene la intención de tener en el universo un sinnúmero de personas decentes, limpias, justas y sin pecado. Como hemos visto, el propósito de Dios consiste en sembrarse a Sí mismo en Su pueblo escogido y en hacerlos hijos Suyos. Una vez que venimos a ser hijos de Dios mediante la regeneración, una vez que tenemos Su vida como nuestra simiente y contenido, debemos crecer con Dios y en Dios, y ser plenamente transformados al ser empapados de todos Sus elementos divinos. La intención de Dios no es obtener un grupo de personas puras y justas, sino obtener un pueblo que haya sido saturado de Él y edificado en Él. Satanás intervino para frustrar la obra de Dios principalmente por medio del pecado, el mundo y el yo. Por tanto, si hemos de crecer en la vida divina, tenemos que aborrecer el pecado, renunciar al mundo y negarnos a nosotros mismos. El propósito de tratar con el pecado no es sólo deshacernos de él, sino eliminar la frustración que Satanás puso para impedirnos crecer en vida. Lo más importante no es ser perdonados de nuestros pecados, sino ser liberados de la frustración del pecado para que podamos crecer en la vida divina, es el asunto más importante. Si usted ha pecado pero se arrepiente y desea avanzar en el Señor, Dios ciertamente perdonará su pecado basándose en la redención efectuada por Cristo. No se preocupe por esto. No obstante, la intención de Dios no consiste simplemente en perdonar sus pecados, sino en hacerlo que avance para que pueda crecer en Su vida. Todos somos humanos y fácilmente podemos cometer pecados. Pero mientras busquemos crecer en vida, Dios espontáneamente se hará cargo de nuestros pecados y nos limpiará con la sangre de Jesús. Sin embargo, si no estamos dispuestos a crecer, y aun así le pedimos a Dios que nos perdone de nuestros pecados, Él será fiel para perdonarnos, pero no tendremos parte en el cumplimiento de Su propósito. El propósito de Dios no se cumple simplemente por el hecho de que nuestros pecados sean perdonados, sino que además es necesario que crezcamos y entremos en el reposo sabático.

XXVI. LA VIDA Y OBRA NECESARIAS PARA ENTRAR EN EL REINO MILENARIO

  Me gusta el cuadro que nos presenta Mateo 24 y 25. Como indicamos en el mensaje anterior, en Mateo 24:40-41 vemos a los dos que aún están vivos; y en Mateo 25:1-4 vemos a los diez que ya murieron. De los dos que aún permanecen vivos, uno es tomado y el otro es dejado, y de los diez que ya murieron, cinco son aceptados y cinco son rechazados temporalmente. Aquellos que han sido salvos no pueden ser rechazados por Dios eternamente, pero sí pueden ser rechazados dispensacionalmente, al igual que el hijo que, por no rendir bien en la escuela, no le permiten compartir de la cena especial que sus padres tenían planeada como premio después de la graduación, sino que se llevan solamente a los otros hermanos y hermanas que obtuvieron buenas calificaciones. Este hijo no será rechazado para siempre por sus padres, pero sí puede ser rechazado temporalmente. Si creemos lo que dice Mateo 1, debemos creer también en lo que dice Mateo 24 y 25. No debemos escoger los versículos que más nos agradan y pasar por alto aquellos que no nos gustan. Tanto Mateo 24 como Mateo 25 son cruciales con respecto a nuestra vida y obra cristiana.

  Mateo 25 presenta dos parábolas relacionadas con nosotros: la parábola de las diez vírgenes y la parábola de los talentos. La parábola de las diez vírgenes describe la vida que debemos llevar, y la parábola de los talentos nos muestra la obra que debemos realizar. Debemos vivir como vírgenes sabias, y realizar la obra de un siervo fiel. En la parábola de las diez vírgenes vemos que debemos llevar una vida vigilante, una vida que continuamente da testimonio y sale del mundo para encontrarse con el Señor. Esta parábola también revela que no sólo necesitamos que nuestro espíritu sea alumbrado por el Espíritu de Dios, sino también que nuestro vaso, esto es, nuestra alma, sea transformada con la porción adicional del Espíritu vivificante.

  Por otro lado, la parábola de los talentos revela que nuestra obra debe ser semejante a la que realiza un siervo fiel, “negociando” con los dones que el Señor nos ha dado para obtener ganancias para Su economía. De acuerdo con lo que se revela en Mateo, es crucial que llevemos una vida que vela y que laboremos fielmente para que seamos recompensados con el reposo sabático venidero en el reino milenario. Esto es diferente del reposo que disfrutamos al recibir la salvación, la cual simplemente se obtiene al creer en el Señor.

A. Los talentos nos son dados según nuestra capacidad

  No sólo fuimos regenerados a fin de que poseyéramos la vida divina y viniéramos a ser hijos de Dios, sino que también recibimos talentos para que le sirviéramos al Señor en calidad de siervos. En la parábola de los talentos, vemos que los siervos recibieron los talentos conforme a su capacidad. “A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad” (Mt. 25:15). Todos tenemos cierta capacidad, y es conforme a ella que nos han sido dados los talentos. El apóstol Pablo tenía una gran capacidad, y conforme a esa capacidad recibió muchos talentos. Asimismo, el hermano Watchman Nee contaba también con una gran capacidad, y también recibió muchos talentos. Sin embargo, es necesario que nuestra capacidad natural pase por la muerte de Cristo, a fin de que pueda entrar en resurrección y cooperar con el talento que el Señor nos dio. Nuestra capacidad natural siempre constituye un estorbo que nos impide ser útiles en las manos del Señor. En la obra del Señor, únicamente la capacidad que haya sido resucitada, y no la capacidad natural, puede corresponder al talento que el Señor nos da.

B. Una advertencia en cuanto a ser perezosos

  Ninguno de nosotros debe excusarse diciendo: “Alabado sea el Señor. Como no tengo mucha capacidad, me fueron dados pocos talentos y, por tanto, no tengo que hacer mucho”. Ya sea que hayamos recibido cinco, dos o un solo talento, el principio es el mismo: tenemos que ganar otros cinco, dos o al menos un talento más, para el Señor. Si usted ha recibido un solo talento no debe usar eso como excusa para ser perezoso. De acuerdo con esta parábola, quienes corren más peligro no son los que tienen más talentos, sino en los que tienen un talento. El siervo que recibió un talento trató de excusarse, pero fue reprendido y castigado. Muchos maestros fundamentalistas de la Biblia, incluyendo a C. I. Scofield, dicen que el siervo que tenía un solo talento era un cristiano falso. Como dijimos en el mensaje anterior, tales maestros, por ser calvinistas, se vieron forzados a decir esto al no poder reconciliar estos pasajes de la Palabra con su enseñanza de que una vez que somos salvos, lo somos para siempre. Debido a que ellos no entendieron cómo un cristiano puede ser echado en las tinieblas de afuera, terminaron diciendo que el siervo perezoso, el que tenía un solo talento, era un creyente falso. El calvinismo no contempla el asunto de la recompensa, que incluye tanto el premio como el castigo. Pero la revelación completa de la santa Palabra no sólo nos muestra la salvación eterna por fe, sino que también hay una recompensa dispensacional (ya sea un premio o un castigo), la cual es por obras. El premio dispensacional será el reposo sabático venidero durante el reino milenario. A fin de entrar en este reposo sabático, después de recibir la salvación eterna por fe, debemos llevar una vida vigilante como las vírgenes prudentes, y laborar fielmente como el siervo fiel. De lo contrario, perderemos el próximo reposo sabático durante el reino milenario y sufriremos al recibir cierta disciplina.

C. La gracia y la responsabilidad

  Los calvinistas enfatizan que la gracia es absoluta, y los arminianos recalcan la responsabilidad por parte del hombre. Pero según la Biblia, la gracia divina es para que el hombre cumpla su responsabilidad. En el Día de Pentecostés Pedro dijo a los que estaban allí: “Sed salvos de esta perversa generación” (Hch. 2:40). Él no dijo: “Sálvense ustedes mismos”, como lo traducen algunas versiones, sino que dijo: “Sed salvos”. Salvarse a sí mismo es hacer algo por sí mismo, pero ser salvo indica que dicha acción la realiza otro, pero usted debe permitirle que lo haga. El Señor es quien nos salva, pero Él requiere de nuestra cooperación. Por ejemplo, una madre, en lugar de decir a su hijo: “Aliméntate por ti mismo”, le dice: “Déjate alimentar. No seas necio ni cierres tu boca; abre la boca y déjate alimentar. Recibe el alimento y trágalo”. Aunque la salvación depende absolutamente de la gracia, es necesario que estemos dispuestos a ser salvos y a creer en el Señor. Aun el Dios todopoderoso no puede hacer nada por nosotros si no estamos dispuestos a creer en Él. Nuestra responsabilidad, es decir, la cooperación que le brindamos a Dios en Su deseo de salvarnos, es estar dispuestos a creer. A pesar de que se nos ofrece la gracia, aún se requiere que estemos dispuestos a creer en el Señor, a acudir a Él, a abrir nuestro ser a Él para recibir Su gracia y a permitirle que obre a nuestro favor.

  Si lo único que tenemos es capacidad, no podremos laborar por el Señor. Así que, además de capacidad, el Señor nos ha dado talentos. Una vez que recibimos nuestro talento debemos usarlo. Es sólo cuando usamos nuestro talento que obtenemos ganancia. La ganancia en realidad proviene de la gracia de Dios, pero la gracia la recibimos sólo si usamos nuestro talento, si funcionamos y ejercitamos. Si no utilizamos nuestro talento, no recibiremos la gracia, ya que esto depende de cuánto nos ejercitemos.

D. La madurez y el reinado

  Nuestro crecimiento en vida determinará el tiempo que nos tardará madurar. Si crecemos en vida y, al igual que las vírgenes prudentes, contamos con una porción adicional de aceite en nuestra vasija y hemos sido transformados, maduraremos más pronto. Así como nuestro crecimiento en vida determina el tiempo que tardaremos en madurar, del mismo modo, la manera en que laboremos, nos ejercitemos y usemos nuestro talento es lo que determina si hemos de participar o no en el reinado del Señor. El Señor le dijo al siervo que tenía cinco talentos: “Bien, esclavo bueno y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mt. 25:21). Esto equivale a ser rey juntamente con el Señor Jesús y a disfrutar del verdadero reposo sabático durante el reino milenario. En Lucas 19:17 leemos que el Señor dijo: “Bien, buen esclavo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades”. En el reino milenario algunos gobernarán sobre diez ciudades, y otros sobre cinco ciudades (v. 19). Es posible que usted, en vez de ser alcalde de una sola ciudad, sea gobernador sobre diez ciudades. Aunque no entendamos en forma clara todos los detalles, ninguno podría argumentar en contra del principio establecido aquí.

  Mientras que las parábolas solamente nos proveen los principios, Apocalipsis 2:26-27 nos proporciona los detalles. En estos versículos se nos dice: “Al que venza y guarde Mis obras hasta el fin, Yo le daré autoridad sobre las naciones, y las pastoreará con vara de hierro”. Las naciones de la tierra ciertamente necesitan ser regidas por nosotros. Cuando el Señor Jesús regrese, Él nos asignará las naciones para que reinemos sobre ellas. En aquel día nadie hablará tonterías, sino que todos hablarán rectamente porque estarán bajo un gobierno apropiado. ¿Quiénes regirán sobre ellos? Nosotros, el pueblo que ha sido disciplinado. ¿Piensa usted que todos los gobernantes de hoy son personas apropiadas? Algunos de ellos fuman, beben y apuestan. Siendo así, ¿cómo podrían ser gobernantes apropiados? Toda la tierra espera y gime, anhelando ser liberada de los gobernantes inadecuados. La tierra será liberada de esa clase de gobierno cuando el Señor Jesús vuelva. ¿Por qué no ha regresado todavía el Señor Jesús? Porque aún no hemos sido disciplinados. Si Él regresara hoy, ¿a quiénes asignaría las naciones para que gobiernen sobre ellas?

  La palabra talento en Mateo 25 es el equivalente de la palabra don, la cual se menciona en las Epístolas. Pablo exhortó a Timoteo a que avivara el fuego del don de Dios que estaba en él (2 Ti. 1:6). En cuanto a la vida, necesitamos crecer, y en cuanto a la obra, debemos usar el don que hemos recibido. La parábola de las diez vírgenes nos muestra que necesitamos ser transformados por el Espíritu vivificante, y la parábola de los talentos revela que necesitamos usar apropiadamente los dones espirituales. Todos necesitamos ser transformados teniendo una porción adicional de aceite en nuestras vasijas, y todos necesitamos poner a funcionar nuestro don, a fin de obtener alguna ganancia para el Señor. Por un lado, tenemos que crecer, y por otro, necesitamos obtener alguna ganancia en términos de la economía de Dios. Nuestro crecimiento determinará el tiempo que tardaremos en madurar espiritualmente, y el uso de nuestros dones determinará la posición que compartiremos con Cristo en el reino milenario. Si no maduramos ni hacemos uso de nuestros dones, no participaremos en el primer arrebatamiento ni en el disfrute de reinar con Cristo. Mateo 25 habla de entrar en “el gozo de tu señor” (vs. 21, 23). Sin duda, este gozo se refiere al reposo del Sábado durante el reino venidero.

E. El castigo del siervo perezoso será la disciplina que él recibirá en la era del reino venidero

  El siervo perezoso que recibió un talento no solamente perderá el disfrute de reinar con Cristo en el reino milenario, sino que además experimentará cierto sufrimiento. Si no hubiera sufrimiento, no se haría referencia al “llanto y el crujir de dientes” (Mt. 25:30), lo cual da a entender que habrá sufrimiento debido a cierto castigo. Esto no tiene nada que ver con la perdición eterna, sino que es la sabia disciplina que administra nuestro Padre.

  Tanto la era de la iglesia como la era del reino forman parte del periodo en el que Dios opera para cumplir Su propósito. Este periodo no concluirá sino hasta el final del milenio. De ahí que, Dios no solamente pueda disciplinarnos en la era de la iglesia, sino también disciplinarnos sabiamente en la era del reino venidero. Al final del milenio, el propósito eterno de Dios se habrá cumplido, el cielo nuevo y la tierra nueva con la Nueva Jerusalén habrán venido, y no habrá más castigos ni más disciplina de parte de Dios. Debo reiterar esto debido a que muchos cristianos tienen el concepto equivocado de que cuando el Señor regrese, y nosotros seamos resucitados, todo estará bien y todos los cristianos compartirán el reinado durante el reino milenario. Si hemos de reinar o no con Cristo durante el milenio, eso dependerá de cómo vivamos en esta era. El Señor es soberano y sabe cómo hacernos madurar. No obstante, si no maduramos en esta era, Él se asegurará de hacernos madurar en la próxima era.

F. Necesitamos pagar el precio

  Después de que las vírgenes insensatas se dieron cuenta de que les faltaba aceite, se les dijo que debían pagar el precio y comprar aceite para ellas mismas (Mt. 25:8-9). La salvación es gratuita, pero la transformación no lo es. Es necesario que paguemos un precio por ella. Si no lo pagamos hoy, tendremos que pagarlo en el futuro. Nadie puede pagarlo por nosotros. Según la parábola de las diez vírgenes, aun después de la venida del Señor y después de que seamos resucitados, los creyentes que sean insensatos aún tendrán que pagar el precio para obtener la porción adicional de aceite que les falta en sus vasijas. Esto no es, como afirman los calvinistas, que las cinco vírgenes sabias se refieren a creyentes que han sido verdaderamente salvos, y que las cinco vírgenes insensatas se refieren a creyentes falsos. Esto lo dicen sólo como una vía de escape. Debemos interpretar Mateo 25 como un asunto muy serio. Si no pagamos el precio para obtener el aceite hoy, en la era de la iglesia, tendremos que pagarlo después de que el Señor venga y nos resucite en el futuro. Éste es el principio que se nos comunica aquí. Esto no es un concepto mío ni una enseñanza mía, sino lo que nos revela la palabra pura de la Santa Biblia. Muchos cristianos escogen ciertos versículos según su propio gusto y preferencia, quedándose sólo con aquellos versículos que se ajustan a su concepto natural, sin atreverse a considerar estos versículos de Mateo 25. ¡Cuán perjudicial es esto! Ellos se engañan a sí mismos y a los demás. Las vírgenes prudentes y los siervos fieles entrarán en un reposo sabático que es mucho mejor que el reposo sabático que conocemos hoy en día. Aunque en la era actual, la era de la iglesia, estamos disfrutando de un buen Sábado, éste no es tan bueno como el Sábado que vendrá en la era del reino. Entrar en el gozo del Señor es entrar en el reposo sabático con el Señor en el reino milenario. Cuando el Señor mire a todos los vencedores, se sentirá satisfecho y entrará en Su reposo sabático. Si estamos entre los vencedores, entraremos en ese reposo juntamente con Él.

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