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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hebreos»
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Mensaje 9

EL CAPITÁN DE LA SALVACIÓN

(1)

  En este mensaje veremos a Cristo como el Capitán de nuestra salvación, lo cual es difícil de entender en términos doctrinales. Lógicamente podría parecernos que para nuestra salvación necesitamos que Jesús sea nuestro Salvador y Redentor, pero no nuestro Capitán, Pionero o Precursor. No obstante, en la maravillosa salvación que Dios nos ha provisto, en Su “salvación tan grande”, ciertamente necesitamos de este Capitán. Un capitán es un líder que conduce a un grupo de personas a cierto lugar. ¿Hacia dónde nos está conduciendo este Capitán? Él nos está conduciendo a la gloria.

  La gloria de Dios es para cualquier persona difícil de definir o explicar. El Señor Jesús, cuando oró al Padre en Juan 17, dijo: “La gloria que Me diste, Yo les he dado” (Jn. 17:22). Pero ¿qué es está gloria? La gloria a la cual nuestro Capitán nos está conduciendo es la gloria que Él ya nos ha dado. No obstante, aunque esta gloria ya nos ha sido dada, aún necesitamos entrar en ella. ¡Qué difícil es hablar de esta gloria! Algunos dicen que esta gloria consiste en un estado excitante de opulencia en la cual ingresaremos en el futuro que nos va a estremecer de emoción. Cuando escuchaba esta clase de hablar en el pasado no me quedaba contento. En lo profundo sentía que este hablar era muy superficial; no tenía sustancia ni sentido. Ahora bien, si ustedes me pidieran que explicara este asunto, les diría que es extremadamente difícil definir la gloria divina que Dios ha dispuesto para nosotros.

  El Nuevo Testamento nos dice que fuimos llamados a la gloria y que dicha gloria fue diseñada en la eternidad pasada conforme a la sabiduría de Dios. En 1 Corintios 2:7 dice que en la eternidad pasada Dios predestinó esta gloria para nosotros. Tanto en 1 Tesalonicenses 2:12 como en 1 Pedro 5:10 se nos dice que fuimos llamados a esta gloria. Y según Colosenses 3:4, cuando Cristo se manifieste, nosotros seremos manifestados con Él en Su gloria. ¿Qué es esta gloria? Tal vez la mayoría de los cristianos piensen que la gloria sea solamente cierto brillo o resplandor. Yo no podría negar que la gloria sea tal brillo o resplandor; puesto que aún no he entrado en ella, no me atrevo a decir que dicho concepto sea equivocado. No obstante, sí me atrevería a decir que este concepto es demasiado objetivo y que sólo responde a consideraciones objetivas. Decir que la gloria en la cual entraremos no es sino una especie de irradiación o esplendor puede ser correcto; pero éste es un concepto totalmente objetivo.

  Una semilla de clavel nos puede servir de ejemplo para ilustrar la gloria. La semilla del clavel es muy pequeña. Una vez que se siembra, ella crece gradualmente hasta que finalmente llega al punto de echar flores. Cuando el clavel florece, ésa es su glorificación. Un largo proceso opera desde la etapa en que se sembró hasta que llegó a florecer. A medida que avanza este proceso, la semilla del clavel tiene que luchar mucho. Si usted fuera una semilla de clavel, podría contarnos cuánto ha tenido que luchar. La semilla de clavel tiene que luchar primero consigo misma; debido a que el elemento de vida que se encuentra en ella tiene que luchar contra la cáscara que la envuelve para abrirse paso y poder brotar. Luego el clavel tiene que luchar contra el suelo en el cual crece. Por un lado, el suelo ayuda a la semilla a crecer; en este sentido podríamos llamarlo “suelo germinador”. Por otro lado, el mismo suelo representa un obstáculo para la semilla. Aunque la planta necesita del suelo que la ayuda a crecer, el suelo a la vez representa un obstáculo para el crecimiento de la planta. Por tanto, el clavel tiene que luchar contra el mismo suelo que le ayuda a crecer. Finalmente, después de mucha lucha, el clavel llega a la etapa de echar flores, que representan la gloria del clavel. El florecer es su gloria.

  Todos nosotros, sin excepción alguna, somos como una semilla de clavel. Por medio de la regeneración entró en nosotros la vida de gloria. Ahora, dentro de nosotros tenemos la semilla de gloria. La vida que está en nuestro interior en forma de semilla es la vida de gloria, la cual es Cristo en nosotros, la esperanza de gloria (Col. 1:27). La gloria no es simplemente un brillo resplandeciente en el cielo; esta definición es muy objetiva. Si la gloria fuese meramente un resplandor externo, sería como cualquier otra cosa vana. Pero ésta no es la gloria a la que se refiere la Biblia. La gloria que se revela en la Biblia es el florecimiento mismo del elemento divino de Dios. Un día el elemento divino florecerá. ¿Les molesta que les diga que la gloria a la que entraremos no es algo externo, sino el florecimiento del elemento divino desde nuestro interior? Si les molesta, eso significa que al menos en cierta medida ustedes siguen aferrándose a las viejas doctrinas. Por lo tanto, necesitan cruzar el río.

  Consideremos la transfiguración del Señor Jesús que ocurrió en la cima del monte (Mt. 17:1-2). Cuando el Señor Jesús ascendió a la cima de aquel monte y se transfiguró, ¿creen que la gloria shekiná descendió de improvisto sobre Él desde del tercer cielo o que Él entró en un resplandor o brillo físico? No, la gloria más bien resplandeció de Su interior. Es por eso que a este acontecimiento se le llama la transfiguración. Asimismo, la gloria a la que seremos llevados es la misma gloria que está ahora en nuestro interior. Esta gloria no es solamente una realidad objetiva, sino que se trata por completo de algo muy subjetivo. ¡Qué gran diferencia notamos entre este concepto y la enseñanza tradicional acerca de la gloria! En el momento en que fuimos regenerados, la semilla de gloria fue sembrada en nosotros. Esto es algo misterioso.

  En la regeneración, un elemento de vida entró en nuestro ser. Este elemento de vida no es nada insignificante, pues se trata del elemento divino mismo. Todo lo que Dios es, está incluido en esta sustancia, en este elemento de vida, que ha entrado a nuestro ser. ¡Oh, qué importante es entender lo que nos sucedió cuando fuimos regenerados! El propio elemento de Dios entró en nosotros.

  Cuando los hijos de Israel entraron en la buena tierra de Canaán, ellos empezaron a florecer. Esa fue su gloria. Aquella etapa de florecimiento fue también una etapa de lucha, porque comenzaron a combatir casi inmediatamente después de haber entrado en la buena tierra. La primera batalla que libraron sucedió en Jericó. Después de esa batalla, ellos siguieron combatiendo hasta que David venció a todos los pueblos enemigos y fue edificado el templo. Entonces la nube de la gloria de Dios llenó el templo (1 R. 8:10). Aparentemente la gloria que llenó el templo vino de lo alto, pero en realidad ya estaba con los hijos de Israel. Desde el día en que ellos cruzaron el mar Rojo, la gloria estaba con ellos. La gloria estaba en la columna de nube y en la columna de fuego (Éx. 14:19, 24). Así pues, cuando ellos edificaron el templo, éste se llenó de gloria. Repito que la gloria no descendió de lo alto, sino que ya se encontraba presente, esperando a que el pueblo “creciera” y “se desarrollara” para manifestarse. Una vez que el pueblo de Israel se desarrolló completamente, la gloria llenó el templo.

  De la misma manera, todos tuvimos nuestro comienzo cuando fuimos regenerados. Ésa fue nuestra Pascua. Desde entonces, es decir, desde que la semilla de gloria fue sembrada en nosotros, ella ha seguido creciendo. Tal crecimiento es un proceso de lucha. Aun ahora mismo, todavía estamos en el proceso de entrar en la gloria.

  Ahora podemos comprender lo que significa el título el Capitán de la salvación. La salvación de la cual Cristo es el Capitán es la misma salvación que nos introduce en la gloria. Esta “salvación tan grande” nos introduce en la gloria, y Cristo nuestro Salvador es el Capitán de esta salvación. ¿Qué quiere decir esto? Simplemente quiere decir que nuestro Salvador fue el primero en combatir para entrar en la gloria. El Señor Jesús no entró repentinamente en la gloria. A lo largo de todos Sus días sobre esta tierra, Él experimentó un proceso de lucha. La semilla de gloria se hallaba en Él y luchaba por brotar. Si leemos los Evangelios, nos daremos cuenta de que la vida de Jesús fue una vida de lucha. La historia de Su vida es una historia de batallas. Él estaba siempre peleando la batalla a fin de que la semilla de gloria pudiera crecer. Él combatía para que la gloria brotara y así Él mismo pudiera entrar en la gloria.

  No crean que el Señor entró en la gloria cuando ascendió a los cielos. No, antes de Su ascensión Él entró en la gloria el día de Su resurrección, mientras aún se encontraba en la tierra. Lucas 24:26 indica que Cristo no entró en la gloria cuando ascendió sino cuando resucitó. Su resurrección significó Su ingreso en la gloria. Toda Su vida, desde que nació hasta el día en que resucitó de los muertos, fue un proceso de lucha. El Señor no sólo combatió para obtener la victoria, sino también por la gloria. Él combatió por Su glorificación; Su lucha preparó el camino que lo conduciría a la gloria. En este asunto de combatir por la gloria, Él fue el Pionero que inauguró el camino a la gloria. Por lo tanto, Él espontáneamente está calificado para ser el líder de aquellos que han de entrar en la gloria. Es por eso que Él es el Capitán de nuestra salvación. Hoy estamos siguiendo a este Pionero que preparó el camino y entró en la gloria. Esta gloria es ahora la buena tierra. Debemos cruzar el río y entrar en esta tierra. En cierto sentido, Cristo ya cruzó el río y ahora se encuentra en la orilla opuesta, en la tierra de la gloria. No obstante, aunque Él ya está en la gloria, nosotros no hemos entrado en ella todavía. Estamos en el camino siguiéndolo a Él como nuestro Capitán.

I. DIOS CONDUCE MUCHOS HIJOS A LA GLORIA

  Nuestro Dios ha fundado una gran empresa, un gran negocio divino, cuyo único propósito es llevar a cabo una sola cosa: llevar muchos hijos a la gloria (2:10). Esta empresa divina es una empresa de gloria; en lugar de producir dinero, produce gloria.

A. Todas las cosas fueron creadas para Dios

  Para poder conducir muchos hijos a la gloria, Dios necesita de un entorno apropiado. Con este fin Él creó los cielos, la tierra y todas las cosas. Todas las cosas fueron creadas para que Dios pudiera llevar a cabo Su empresa de gloria.

B. Todas las cosas subsisten por medio de Dios

  Todo lo que Dios creó para llevar a cabo esta empresa de gloria, subsiste por medio de Él. Dios es quien sustenta todas las cosas del universo, para que éstas le sirvan al propósito de llevar a cabo Su empresa de gloria.

C. Entre todas las cosas creadas, Dios tiene muchos hijos

  Todas las cosas son para Dios y son por medio de Él. Entre todo lo creado están los hijos de Dios, quienes ocupan el lugar central en la creación de Dios. Todas las cosas existen por causa de los muchos hijos de Dios debido a que la empresa de Dios consiste en conducir a Sus muchos hijos a la gloria. Esto requiere de mucha lucha. Es por eso que el Hijo primogénito de Dios es el Capitán de la salvación de Sus muchos hijos.

D. La gloria es nuestro destino

  La meta de Dios es conducir Sus muchos hijos a la gloria. Su Hijo primogénito, el Señor Jesús, como el Pionero combatió hasta entrar en esta gloria. Ahora, Él es el Capitán de la salvación de los muchos hijos de Dios y, como tal, combate para llevarlos a Su gloria. Nosotros, los muchos hijos de Dios, estamos ahora en el camino, combatiendo para entrar en la gloria que Dios dispuso para nosotros.

II. JESÚS FUE PERFECCIONADO POR MEDIO DE LOS SUFRIMIENTOS

  A fin de cumplir Su propósito de llevar muchos hijos a la gloria, Dios requería de un modelo, un prototipo. Sólo este modelo podría ser el Capitán calificado para llevar muchos hijos a la gloria. Jesús es este Capitán. Pero antes de poder ser el Capitán, Él debía ser perfeccionado por medio de los sufrimientos (2:10). Cuando leía la Biblia de joven, me incomodaba mucho este versículo de Hebreos 2 que afirma que Jesús necesitaba ser perfeccionado. Por un lado, yo sabía que Jesús era perfecto; pero por otro, Hebreos 2:10 dice que Él necesitaba ser perfeccionado, lo cual me daba a entender que Jesús no era perfecto. Jesús ciertamente es perfecto; no obstante, si bien Él era perfecto antes de Su encarnación, Él aún no había experimentado el sufrimiento humano. Por tanto, Él tenía que ser perfeccionado por los sufrimientos a fin de poder ser el Capitán de nuestra salvación. La palabra perfeccionase en 2:10 significa llevar a cabo o consumar por medio de completar o perfeccionar. El verbo perfeccionar en este versículo en realidad significa ser hecho plenamente apto. Antes de Su encarnación, Jesús no era apto para ser el Capitán de la salvación. A fin de estar capacitado para semejante oficio, Él tenía que experimentar el sufrimiento humano. Por consiguiente, perfeccionar a Jesús no implica que hubiera alguna imperfección en Él en cuanto a Sus virtudes o atributos, sino más bien que le faltaba la experiencia de los sufrimientos humanos, la cual lo capacitaría para ser el Capitán, el Líder, de la salvación de Sus seguidores. Ya que Jesús experimentó todos los sufrimientos humanos, Él fue perfeccionado, o sea, hecho apto para asumir este oficio. Ahora, Él está plenamente capacitado para conducir a los muchos hijos de Dios a la región de la gloria, en la cual Él ya ha entrado como Pionero.

  ¿Por qué el escritor de Hebreos habló de sufrimientos? Porque en la época en que esta epístola fue escrita, los cristianos hebreos estaban pasando por sufrimientos (10:32-35); ellos estaban siendo perseguidos. Por un lado, el sufrimiento que experimentaban no era positivo, debido a que los perturbaba; pero por otro, dicho sufrimiento era el proceso que les estaba ayudando a entrar en la gloria. Así que, en el libro de Hebreos el escritor estaba diciéndoles que el Señor Jesús, como el Capitán de la salvación, había ido delante de ellos para ayudarles a cruzar las aguas del sufrimiento y a entrar en la gloria. Éste era el concepto del escritor de Hebreos. Era un concepto profundo, pues con esto parecía decirles: “Hermanos y hermanas hebreos, vosotros os debéis dar cuenta de que nuestro Jesús es el verdadero Josué. Él fue el primero en cruzar el río Jordán. Por tanto, no lo perdáis de vista; poned vuestros ojos en Él y seguid Sus pisadas. Él pasó por toda clase de sufrimientos y entró en la gloria. Él es nuestro Pionero, nuestro Precursor. Él fue delante de nosotros para abrir el camino que conduce a la gloria. El camino ya ha sido preparado, y ahora todo lo que necesitan hacer es seguirlo a Él. No se molesten a causa de vuestros sufrimientos; más bien, tened ánimo, ya que todos vuestros sufrimientos os ayudarán a avanzar por el camino que conduce a Sión”. Jesús ciertamente era el Capitán de su salvación. Ahora entendemos el significado de este título.

III. JESÚS ES EL PIONERO, EL LÍDER Y EL CAPITÁN

  Puesto que Jesús fue perfeccionado por medio de los sufrimientos humanos que experimentó en Su carne, Él está capacitado para ejercer Su oficio como Capitán de nuestra salvación. Él ha venido a ser el Pionero, el Líder y el Capitán. Él trazó el camino a la gloria, Él fue el primero en entrar en la gloria y ahora Él es el Capitán que conduce a Sus seguidores a tal gloria.

IV. LA SALVACIÓN

  Nuestra salvación es “una salvación tan grande”. Esta salvación es muy profunda, pues no solamente nos libra de nuestra condición caída, sino que además nos conduce a la gloria. No seremos “secuestrados” a la gloria, sino que seremos salvos al entrar en la gloria por medio de sufrimientos.

  Permítanme decirles algo que los consolará. Cuanto más sigamos a Cristo por el camino que Él nos conduce, más debemos estar preparados para experimentar sufrimientos. Los sufrimientos son positivos, pues constituyen una gran ayuda. Debiéramos besar nuestros sufrimientos y apreciarlos. Incluso deberíamos darle gracias al Señor por ellos, pues son nuestros “ayudantes”. Tarde o temprano usted dirá: “Queridos sufrimientos, ustedes verdaderamente han sido mis ayudantes. Les debo tanto. Cuando pasaba por ustedes no me gustaban, porque en ese entonces no conocía la mucha ayuda que me serían a mí. Gracias por todo lo que han hecho por mí”. Cuanto más los cristianos oren y amen al Señor, más problemas enfrentarán. Las experiencias por las que hemos pasado nos han mostrado que todos nuestros problemas son cuidadosamente medidos. No son ni demasiado prolongados ni muy breves. Al parecer, todos ellos se presentan en el momento más indicado. Al considerar nuestras experiencias pasadas, reconocemos cuán bueno fue que ciertas cosas sucedieran en ese momento. Espero que no se turben con los problemas que estén enfrentando. En todo lo que nos suceda simplemente debemos decir: “Alabado sea el Señor. Éste es el proceso que me conduce a la gloria”. Pongamos la mirada en nuestro Capitán; Él está combatiendo y abriendo el camino. Sigámosle. Él no nos está conduciendo a una gloria objetiva, sino a la misma gloria que fue sembrada en nuestro ser interior. La gloria que ha sido sembrada en nosotros como una semilla, se desarrollará hasta convertirse en la gloria en la cual entraremos. Espero que el Espíritu nos hable más acerca del tema de entrar en la gloria.

  Si ustedes comparan lo que hemos dicho en este mensaje acerca de la gloria con la definición según Romanos 8:17-18 y 21, descubrirán que es la misma. Ser glorificados no significa ser secuestrados a una región de esplendor radiante. La gloria en la cual entraremos será la gloria del elemento divino que fue sembrado en nosotros. No entramos en esta gloria por nuestros propios medios, sino con nuestro Capitán, quien inauguró el camino y entró en la gloria, y quien ahora nos está conduciendo a ella. Una vez más, vemos que nosotros somos quienes verdaderamente cruzan los ríos. Estamos cruzando el río para entrar en la gloria.

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