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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Job»
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Mensaje 31

LA INTENCIÓN DE DIOS AL APARECÉRSELE A JOB

  Lectura bíblica: Job 38:1-7; 40:1-14; 42:1-6

  En este mensaje quisiera dar una palabra adicional con respecto a la intención de Dios al aparecérsele a Job.

PONER A JOB AL DESCUBIERTO

  La intención de Dios al aparecérsele a Job era ponerlo al descubierto, mostrarle que en realidad él era nada. Al aparecérsele, Dios también dio a entender que quería ayudar a Job a percatarse de que se encontraba en el ámbito equivocado. Cuando Dios le hizo a Job tantas preguntas acerca del universo (38:4-38) y acerca de los animales (38:39—39:30), Su intención era hacerle ver que él —una persona inmersa en sí misma— consideraba asuntos relacionados con el universo y con Dios mismo que excedían a su capacidad. Así pues, Dios le hizo preguntas a Job una y otra vez a fin de hacerle guardar silencio. Tal parecía que Dios estaba diciendo: “Job, estoy haciendo algo que tú desconoces. Me he propuesto darte algo que no está en tu propio ámbito, sino que pertenece a otra esfera”.

  En 40:10 Dios le dijo a Job: “Adórnate ahora de majestad y de excelencia, / y vístete de honra y de esplendor”. En realidad, Dios le estaba preguntando a Job acerca de su majestad y excelencia, su honor y esplendor, con la intención de que Job se percatase de que no tenía majestad, excelencia, honor ni esplendor alguno. En los versículos 12 y 13, Dios prosigue diciéndole a Job: “Mira a todo soberbio y humíllalo, / y pisotea a los malvados donde están. / Encúbrelos juntos en el polvo, / encierra sus rostros en el lugar oculto”. Aquí, Dios le estaba diciendo a Job que debía examinarse a sí mismo y ver que era orgulloso, aunque no tenía razón para enorgullecerse; más aún, Dios le indicaba a Job que él debía humillarse, que debía esconderse en el polvo e, incluso, debía ser enterrado allí.

JOB ESTABA EN UNA ETAPA INCIPIENTE DE LA REVELACIÓN DIVINA

  Job estaba en una etapa incipiente de la revelación divina. Muchas de las cosas que Dios se había propuesto realizar en Su mover, las cuales comenzaron a realizarse mediante la encarnación, eran cosas acerca de las cuales Job no sabía nada. Dios guardaba muchas cosas en Sí mismo, pero no podía revelarle a Job ninguna de ellas. Dios no podía hablarle a Job acerca de estas cosas.

  Las palabras dichas por el Señor Jesús a Nicodemo con respecto a la regeneración también pueden ser aplicadas a la situación de Job: “Si os he dicho las cosas que están en la tierra, y no creéis, ¿cómo creeréis si os digo las que están en el cielo?” (Jn. 3:12). Tal como Juan 16:12 y 13 nos lo revela, el propio Señor Jesús estaba limitado en lo que podía comunicar a Sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de realidad, Él os guiará a toda la realidad; porque no hablará por Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oye, y os hará saber las cosas que habrán de venir”. Muchas de estas cosas le fueron reveladas al apóstol Pablo. Hoy en día, siguiendo el ejemplo de Pablo, hablamos de asuntos tales como la economía de Dios, la impartición divina y el Espíritu todo-inclusivo como consumación del Dios Triuno procesado y consumado. Sin embargo, muchos de los cristianos de hoy no entienden estos asuntos e incluso los consideran tonterías.

  Desde la encarnación hasta la consumación de la Nueva Jerusalén, el mover de Dios incluye muchos asuntos espirituales, entre los cuales se encuentran: la regeneración, la renovación, la santificación, la transformación, la glorificación y la transfiguración. Debido a que Job estaba en una etapa incipiente de la revelación divina, él no podía entender todos estos asuntos.

DIOS DESEA CONDUCIR A JOB A OTRA ESFERA

  Job estaba en la esfera de edificar algo que estaba equivocado. Él buscaba edificar su propia perfección, rectitud e integridad. Él pensaba que estaba absolutamente correcto. Él se enorgullecía de lo que había edificado, y confiaba y se glorificaba en ello. Esa era la vestidura con la cual él cubría todo su ser, y la corona que era su gloria.

  En realidad, Job estaba equivocado. En Su economía eterna, Dios no desea edificar estas cosas. Por el contrario, Él considera que estas cosas son un impedimento y se ha propuesto despojarnos de ellas, consumiéndolas poco a poco. Una vez que hayamos sido despojados de todo ello, veremos a Dios, y Él nos atraerá a fin de que le recibamos. Entonces, poseeremos la naturaleza de Dios, Su vida, Su elemento, Su esencia e, incluso, Su propio ser. Esto hará que en nuestro interior se produzca un cambio metabólico mediante el cual seremos transformados de nuestra forma humana actual a otra forma, la forma de un ser divino. Como resultado de esta transformación, usted llegará a ser una persona que refleje a Dios, es decir, que exprese a Dios y le imparta a los demás.

  Ésta era la intención de Dios con Job, y ésta es Su intención con nosotros hoy. Es posible que hoy usted y Dios se encuentren en dos diferentes esferas. Pero Dios desea transferirlo de su esfera actual a la esfera de Dios, no solamente haciendo que usted sea uno con Él, sino incluso haciendo que usted forme parte de Él.

  Supongamos que alguien hubiese intentado hablarle a Job de estas cosas. Si alguien hubiese hecho esto, probablemente Job le hubiese respondido diciendo: “¿De qué estás hablando? He aprendido mucho acerca de Dios de mis antepasados y he hecho caso a aquello que he aprendido. Pero tú dices que estoy en la esfera equivocada y que Dios se ha propuesto edificar algo de Sí mismo en mi ser. Tú me hablas de encarnación, regeneración y transformación, pero yo no tengo la menor idea de lo que estas cosas significan”. Job simplemente no tenía la capacidad para recibir tal revelación. Tales términos no existían en su diccionario espiritual.

  En principio, muchos cristianos en la actualidad atraviesan por la misma situación. La revelación divina ya ha sido dada, está escrita y ha sido debidamente interpretada; no obstante, muchos creyentes no entienden la economía de Dios ni la impartición divina conforme a la economía divina. Ellos piensan que ser un cristiano consiste simplemente en creer que Jesucristo, el Hijo de Dios, es nuestro Salvador, quien derramó Su sangre por nuestros pecados y nos salvó mediante Su muerte; que el Espíritu Santo ahora está con nosotros a fin de ayudarnos a portarnos bien y hacer el bien de tal manera que Dios sea glorificado; y que, finalmente, llegará el día en que moriremos e iremos al cielo. Quienes tienen tales conceptos con respecto a la vida cristiana tal vez no se hayan percatado de que ser un cristiano también implica la santificación, la transformación, la conformación, la impartición divina de la economía divina y la Nueva Jerusalén como agrandamiento del Dios Triuno procesado y consumado. Si ustedes desean enseñar a otros acerca de estas cosas, tienen que hacerlo de manera gradual, comenzando con los asuntos más elementales.

LA ESFERA DE LA VIEJA CREACIÓN Y LA ESFERA DE LA NUEVA CREACIÓN

  Todos debemos darnos cuenta de que en la actualidad existen dos diferentes esferas: la esfera de la vieja creación y la esfera de la nueva creación. La esfera de la vieja creación es la esfera de las cosas naturales, y la esfera de la nueva creación es la esfera de las cosas divinas. Nosotros nacimos en la vieja creación, en la esfera natural, pero Dios desea que seamos divinos. Para ello, es necesario que ocurra un gran traslado: debemos ser trasladados de Adán a Cristo. El primer aspecto de este traslado es la regeneración. Es indispensable que seamos regenerados, después de lo cual tenemos que ser renovados. A medida que somos renovados, ciertos aspectos de nuestra persona serán “desprendidos a manera de capas” y serán sustituidos por un nuevo elemento que hará que seamos transformados hasta que, finalmente, seamos conformados a la imagen de Cristo, el Hijo primogénito de Dios (Ro. 8:29).

  Además, debemos aprender a hablar a los demás sobre las cosas espirituales en la nueva creación. Por ejemplo, supongamos que usted le habla a un creyente acerca de ser transformado a la imagen de Cristo, el Hijo primogénito de Dios. Tal creyente probablemente le diga: “He escuchado sobre el Hijo unigénito de Dios, pero no sobre el Hijo primogénito de Dios. ¿Quién es el Hijo primogénito de Dios?”. Me temo que ustedes no sepan cómo explicar estas cosas.

  Si usted ha de enseñar a otros acerca de estas cosas, es necesario decirles que cuando Dios se encarnó, Él introdujo la divinidad en la humanidad y después nació en la humanidad para ser el Dios-hombre. Si bien el Hijo unigénito de Dios poseía divinidad, mas no humanidad, el Dios-hombre Jesús poseía una parte de Su ser —Su humanidad— que todavía no había sido hecha divina. A fin de que esto ocurriera, Él tenía que morir en la cruz y después ser resucitado. En resurrección Él fue engendrado, nació, como el Hijo primogénito de Dios en Su humanidad (Hch. 13:33; Ro. 1:3-4). De esta manera, Su humanidad fue deificada. También podemos decir que Su humanidad fue “hijificada”, es decir, Él llegó a ser el Hijo de Dios no sólo en Su divinidad, sino también en Su humanidad.

LOS CREYENTES HOY VIVEN EN UN PERÍODO DE TIEMPO POSTERIOR A LA COMPLECIÓN DE LA REVELACIÓN DIVINA

  Con respecto a los tiempos, estamos en una posición mucho mejor que la de Job; cuanto más avanzados sean los tiempos, en mejor posición nos encontramos. Si hubiésemos estado allí con Noé, probablemente hubiésemos percibido aun menos cosas que Job. Pero, después del diluvio, Dios continuó avanzando. Él avanzó de Noé a Abraham. Creemos que Job vivió en tiempos de Abraham, así que la bendición que alcanzó Job tuvo un nivel comparable a la bendición recibida por Abraham.

  Hoy en día ya hemos recibido toda bendición (Ef. 1:3). La progresión de la revelación divina ha sido perfeccionada y completada por Pablo mediante sus escritos, especialmente los cuatro libros de Gálatas, Efesios, Filipenses y Colosenses. En Colosenses 1:25 Pablo dejó bien en claro que él había recibido una comisión por parte de Dios de completar la revelación de la palabra de Dios, especialmente referente al misterio en la economía de Dios. Este misterio trata sobre Cristo y Su Cuerpo, y tiene como punto principal que Cristo está en Su Cuerpo como esperanza de gloria (vs. 26-27). Ahora, lo único que puede ser desarrollado es nuestra esperanza. La revelación ha sido completada y no tendrá mayor desarrollo. Hoy en día lo tenemos todo.

  Tenemos que sentir gran aprecio por las Epístolas. En Hechos vemos el mover de Dios como Aquel que ha alcanzado Su consumación en Sus santos transformados. Sin embargo, tal mover no está tan claramente definido, explicado y desarrollado como en las catorce epístolas de Pablo. Las epístolas de Pablo fueron dispuestas como las primeras de todas las Epístolas. Luego, la última parte, la parte consumada, fue escrita por Juan. Debemos estudiar las catorce epístolas de Pablo, las tres epístolas de Juan y el libro de Apocalipsis. Fue por medio de estos dos apóstoles que la revelación divina fue plenamente completada.

  ¡Agradecemos al Señor por tener Su palabra, la palabra completada, en nuestras manos! Estoy muy agradecido al Señor porque a lo largo de los años me ha resguardado del mundo a fin de que pudiese dedicar todo mi tiempo al estudio de la Palabra, pero principalmente las catorce epístolas de Pablo, las tres epístolas de Juan y Apocalipsis. ¡Que bendición!

EL PUEBLO ESCOGIDO DE DIOS DEBE APREHENDER Y EXPERIMENTAR A CRISTO A FIN DE QUE EL CUERPO DE CRISTO ALCANCE SU CONSUMACIÓN Y LA NOVIA SEA PREPARADA

  Sólo aquella parte de la revelación divina hallada en las epístolas de Pablo y de Juan y en el libro de Apocalipsis llevará la economía de Dios a su consumación a fin de que el pueblo escogido de Dios aprehenda a Cristo y lo experimente plenamente. Quizás no sea la mayoría, sino una minoría, un grupo pequeño, quienes aprehenderán a Cristo a tal medida. Luego, el Cuerpo de Cristo alcanzará su consumación y la novia será preparada. Entonces habrá llegado el tiempo propicio para que Cristo regrese como el Novio universal. Sin embargo, esto ahora sería imposible. Si consideramos la situación hoy en día, veremos que nada está listo para el regreso de Cristo.

LEVANTARNOS PARA SER LOS VENCEDORES AL ATENDER A LOS DOS ESPÍRITUS

  Creo que el Señor desea que nos levantemos, que despertemos. Oro que el Señor nos cargue a todos nosotros para que, en estos últimos días, avancemos de una manera particular a fin de que experimentemos a Cristo según le hayamos visto con miras a que verdaderamente seamos las partes constituyentes del Cuerpo de Cristo.

  Debemos tener la firme convicción de que hoy Dios está haciendo algo en Su recobro. La propagación de Su recobro en Rusia ha llegado a ser motivo de mucho aliento para mí; es un nuevo comienzo, una nueva escena. Creo que el Señor hará lo mismo en los Estados Unidos y en toda Europa, pues estas naciones están pobladas por los descendientes de Jafet, uno de los hijos de Noé. La Biblia indica que Dios logrará Su consumación, en principio, mediante el mover de Dios entre los descendientes de Jafet (Gn. 9:26-27).

  Ahora que hemos visto tal visión, cada uno de nosotros debe levantarse para ser un vencedor al atender a los dos espíritus: el Espíritu vivificante y todo-inclusivo, y nuestro espíritu humano regenerado. Dios mismo ha sido consumado, y Él también nos ha consumado. Todo lo que se necesita ahora es la aplicación, que es simplemente el Espíritu consumado. Si atendemos a dicho Espíritu en nuestro espíritu, lograremos tal objetivo.

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