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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Lucas»
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Mensaje 22

EL MINISTERIO DEL SALVADOR-HOMBRE SE LLEVA A CABO EN SUS VIRTUDES HUMANAS JUNTO CON SUS ATRIBUTOS DIVINOS EN GALILEA

(12)

  Lectura bíblica: Lc. 9:27-50

LA NECESIDAD DE SER TRANSFIGURADO

  En este mensaje llegamos a 9:27-50. Esta porción del Evangelio de Lucas también está relacionado con el jubileo. Aquí vemos que era necesario que el Señor Jesús fuese transfigurado. Conforme a la revelación completa del Nuevo Testamento, necesitamos la transfiguración a fin de disfrutar del jubileo.

  La palabra griega traducida transfigurado en Mateo 17:2 es la misma palabra traducida transformado en Marcos 9:2; 2 Corintios 3:18 y Romanos 12:2. Se usa la misma palabra griega también en Filipenses 3:21. El punto que hacemos consiste en que para disfrutar del jubileo, necesitamos la transfiguración, o sea, la transformación.

  El Salvador-Hombre que estaba en la carne necesitaba la transfiguración porque El tenía la semejanza de carne de pecado, o sea, la semejanza de carne del hombre caído (Ro. 8:3). Tal como la serpiente ardiente sobre el asta tenía la forma de una serpiente y no la naturaleza venenosa de ella (Nm. 21:8-9), el Señor Jesús que estaba en la carne tenía la semejanza de carne de pecado y no la naturaleza (Jn. 3:14). Cuando El se hizo carne, tomó la forma del viejo hombre. El hombre ya había caído cuando el Señor Jesús se hizo carne. Se hizo carne mucho después de la caída del hombre, al venir en la semejanza de carne de pecado. Juan 1:1 y 14 indican que el Verbo, el cual era Dios, se hizo carne. Esto era, en las palabras de Pablo en 1 Timoteo 3:16, Dios manifestado en la carne. Puesto que el Señor Jesús, es decir, Dios encarnado, vino en la carne, incluso El tenía la necesidad de transfigurarse.

LA RESURRECCION, LA TRANSFIGURACION Y LA APLICACION PLENA DEL JUBILEO

  La era neotestamentaria es la era del jubileo. Sin embargo, todavía no se ha aplicado plenamente el jubileo. La aplicación plena del jubileo abarca la transfiguración. ¿Sabe usted cuándo se transfiguró el Señor por completo? Se transfiguró completamente en Su resurrección. Fue transfigurado en el monte en una escala pequeña. Pero cuando el Señor resucitó de entre los muertos, se transfiguró completamente. Ahora, El permanece en el estado de transfiguración. Según Filipenses 3:21, cuando El vuelva, todos seremos transfigurados.

  En los momentos actuales, nuestra transformación, o sea, nuestra transfiguración, tiene lugar en nuestra alma. Nuestro espíritu fue regenerado, y nuestra alma está siendo transformada. Un creyente maduro es uno que ha sido transformado completamente en su alma, es decir, transformado en su mente, su voluntad y su parte emotiva. Tal creyente sólo necesita que su cuerpo sea transfigurado cuando venga el Salvador transfigurado. En Romanos 8:23 Pablo llama a la transfiguración del cuerpo, la redención del cuerpo. La redención del cuerpo consiste en entrar también en la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Lo que Pablo dice en Romanos 8 indica que aunque estamos hoy en el jubileo, no estamos aún en el jubileo de una manera plena. Cuando nuestro cuerpo haya sido redimido, transfigurado y transformado completamente, seremos entonces introducidos en la libertad de la gloria de los hijo de Dios y aquello será el jubileo pleno.

UN PRINCIPIO BASICO

  Aquí necesitamos ver un principio básico: Cuando permanecemos en el viejo hombre no podemos participar en el jubileo. Aun estando en el año del jubileo, o sea, el año agradable del Señor, que en realidad es la era neotestamentaria, si permanecemos en el viejo hombre no participaremos en absoluto en el disfrute del jubileo. Esta es la razón por la cual hoy la situación entre los cristianos es deplorable. Muchos creyentes sólo saben que sus pecados fueron perdonados, pero no saben que su espíritu fue regenerado. Sin embargo, una persona perdonada que no sabe que su espíritu fue regenerado permanece todavía en la vieja creación y no puede participar en el disfrute del jubileo.

LA TRANSFORMACION TIENE COMO FIN QUE SE DISFRUTE DEL JUBILEO

  Nuestro espíritu fue regenerado para que disfrutemos del jubileo. Dios regeneró nuestro espíritu , y esto constituyó el comienzo de nuestra participación en el disfrute del jubileo. Esto quiere decir que comenzamos a entrar en el disfrute del jubileo cuando nuestro espíritu fue regenerado. Nuestro espíritu fue regenerado cuando invocamos el nombre del Señor para obtener salvación y cuando experimentamos el perdón de pecados. Aunque no teníamos el conocimiento de lo que sucedió, había en nosotros regocijo. El gozo que estaba en nosotros era una señal del comienzo de nuestra participación en el disfrute del jubileo. Una conversión y experiencia de salvación adecuada siempre trae tal disfrute.

  Muchos creyentes, después de ser regenerados, fueron inducidos a ocuparse de la doctrina de una manera simplemente mental. Como resultado, perdieron el disfrute del jubileo. Sin embargo, nosotros los que estamos en el recobro del Señor fuimos traídos de vuelta de la teología, de la simple doctrina y conocimiento mental, a nuestro espíritu regenerado. Cuanto más el Señor se difunda de nuestro espíritu a nuestro alma, o sea, sature nuestra mente, voluntad y parte emotiva, más participaremos en el disfrute del jubileo. Mientras experimentamos 2 Corintios 3:18 y Romanos 12:2, es decir, mientras somos transformados en nuestro alma, disfrutamos del jubileo.

  ¿Ha visto usted lo que es el jubileo? El jubileo consiste en ser liberado del cautiverio y empezar a disfrutar al Dios Triuno. Cuando fuimos regenerados comenzamos a experimentar este jubileo. Mediante la regeneración fuimos liberados del cautiverio y empezamos a disfrutar al Dios Triuno. Pero poco después de ser regenerados, muchos de nosotros fuimos engañados por los maestros ciegos y perdimos el disfrute del jubileo. Ahora en el recobro del Señor hemos regresado a nuestro espíritu regenerado y hemos comenzado a experimentar la transformación de nuestra alma.

  Según lo que Pablo dice en 2 Corintios 3:18, somos transformados de un grado de gloria a otro, en la misma imagen, la imagen del Señor. Mientras que vamos de un grado de gloria a otro, nos entusiasmamos porque al progresar así, participamos más en la liberación del cautiverio, y disfrutamos más plenamente al Dios Triuno. Esta es la transformación que permite que uno disfrute del jubileo. Esta transformación está representada por la transfiguración del Señor Jesús en el monte de Hermón.

  En 9:23 y 24 el Señor dice: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque el que quiera salvar la vida de su alma, la perderá; y el que la pierda por causa de Mí, éste la salvará”. Cargar nuestra cruz para seguir al Señor y negar nuestra alma equivale a identificarnos con Su muerte. La muerte del Señor crucifica la vida natural y la vieja creación para que entremos en la nueva creación, en una condición de transfiguración. Aquí, en la etapa de transfiguración participamos en el disfrute del jubileo. Así que, se necesita la transfiguración a fin de que se disfrute del jubileo.

LA TRANSFIGURACION Y EL REINO DE DIOS

  El Señor, después de hablar con Sus discípulos sobre el hecho de identificarse con Su muerte, dijo: “Pero os digo en verdad: Hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios” (9:27). Esto se cumplió por la transfiguración del Señor en el monte. Esto quiere decir que Su transfiguración era la venida del reino de Dios.

  Lucas 9:28 y 29 dicen: “Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó consigo a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Y mientras oraba, la apariencia de Su rostro se hizo otra, y Su vestido de una blancura resplandeciente”. Literalmente, las palabras griegas traducidas blancura resplandeciente significan que centellaba como relámpago. A diferencia de Mateo 17 y Marcos 9, estos versículos no usan la palabra transfigurado. Sin embargo, en estos versículos ciertamente podemos ver la transfiguración del Señor. Su transfiguración era la venida, la aparición, del reino de Dios.

  Hemos recalcado el hecho de que el reino de Dios es el Salvador (17:12) como la semilla de vida sembrada en Sus creyentes, el pueblo escogido de Dios (Mr. 4:3, 26), la cual se desarrolla hasta ser un dominio, el cual Dios puede regir como reino Suyo en Su vida divina. La transfiguración del Salvador-Hombre era en realidad la aparición de este reino. Cuando Pedro, Juan y Jacobo estaban en el ambiente de la transfiguración del Señor, estaban en el reino de Dios. Esta era la razón por la cual Pedro dijo al Señor: “Maestro, bueno es que nosotros estemos aquí” (Lc. 9:33). Al llegar a este punto, Pedro, Juan y Jacobo indudablemente participaron en el disfrute del jubileo. Fueron liberados y estaban en el disfrute del Dios Triuno.

SE VE QUE LA TRANSFIGURACION SE RELACIONA CON EL JUBILEO

  Pocos cristianos han visto que la transfiguración del Señor Jesús era la aparición del reino de Dios y también el jubileo. Es muy importante que veamos esto.

  Ahora el Señor Jesucristo vive en nosotros. Podemos decir que El se encarnó de nuevo, esta vez en nosotros. Así que, en cierto sentido, como Aquel que vive en nosotros, El está otra vez en la carne, o sea, en nuestra carne. Todos somos de carne, y en ésta vive el Señor Jesús. Por lo tanto se necesita otra transfiguración.

  La mayoría de los cristianos saben algo de la transfiguración del Señor. Pero lo saben solamente de una manera doctrinal. Si tenemos un panorama completo del Evangelio de Lucas y lo vemos conforme al principio del jubileo declarado en el capítulo cuatro, veremos que la transfiguración mencionada en el capítulo nueve se relaciona con el jubileo.

  En 9:27-36 ¿quién tenía el disfrute pleno del jubileo? Sólo tres de los discípulos, o sea, Pedro, Juan y Jacobo, tenían este disfrute pleno. Sin embargo, aunque estos tres participaron en el jubileo y lo disfrutaron, estaban regidos aún por su ser natural. El Señor Jesús se transfiguró, pero Pedro, Juan y Jacobo no se transfiguraron. Así que, aunque estaban en el jubileo, en realidad no sabían nada al respecto, porque todavía no se habían transfigurado.

  Nos debe impresionar el hecho de que la transfiguración del Salvador-Hombre se relaciona con el jubileo y también es la aparición del reino de Dios. Aunque Pedro, Juan y Jacobo aún no se habían transformado, podían participar en el jubileo sin tener el entendimiento adecuado de ello. Estos tres discípulos estaban aún en la vieja creación, en la vida natural.

EL SEÑOR ECHA FUERA UN DEMONIO DEL HIJO DE UN HOMBRE

  Mientras que la transfiguración proseguía en la cumbre del monte, en el valle los discípulos trataban de echar fuera un demonio. Aunque hicieron todo lo que pudieron, no fueron capaces de echarlo fuera. Sólo tres de los discípulos, o sea, Pedro, Juan y Jacobo, estaban con el Señor en el monte a fin de participar del jubileo. Los otros se quedaron en el valle. Esta era la situación que el Señor afrontó cuando bajó de la cumbre del monte.

  Lucas 9:37 dice que cuando el Señor y los tres discípulos bajaron del monte, una gran multitud le salió al encuentro. Entonces “un hombre de la multitud clamó diciendo: Maestro, te ruego que veas a mi hijo, pues es mi único hijo; y sucede que un espíritu le toma, y de repente da voces, y le sacude con violencia hasta hacerle echar espumarajos, y magullándole, a duras penas se aparta de él. Y rogué a Tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron” (vs. 38-40). Aquí vemos que los discípulos no tenían la habilidad de echar fuera el demonio. Esto era cierto no sólo en el caso de los nueve que se quedaron en el valle, sino también en el de Pedro, Juan y Jacobo, quienes estaban con el Señor en la cumbre del monte. El hecho de que Juan y Jacobo tomaran el mando para discutir quién era el mayor indica que ellos mismos estaban ocupados por el diablo y de esta manera no pudieron echar fuera el demonio.

  El jubileo estaba presente con el Señor Jesús. Sin embargo, ya que los discípulos estaban aún en la vieja creación, en la vida natural, no pudieron participar en el jubileo. Esto indica que mientras que permanecemos en la vida natural y vivamos en la vieja creación, no podemos tomar parte en el jubileo. El jubileo no tiene nada que ver con la vida natural.

  Según 9:41, el Señor Jesús dijo: “¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros, y os he de soportar? Trae acá a tu hijo”. Entonces reprendió al espíritu inmundo, sanó al muchacho y se lo devolvió a su padre (v. 42). Referente a esto, el versículo 43 dice: “Y todos se admiraban de la grandeza de Dios”.

REVELA SU MUERTE Y SU RESURRECCION POR SEGUNDA VEZ

  Mientras “maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a Sus discípulos: Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de hombres” (vs. 43b, 44). Aquí el Señor revela Su muerte por segunda vez. Sin embargo, los discípulos “no entendían estas palabras, y les eran encubiertas para que no las percibiesen; y temían preguntarle sobre esas palabras” (v. 45). Inmediatamente después, se nos dice que “entonces entraron en discusión sobre quién de ellos era el mayor” (v. 46). Con certeza, esto indica que los discípulos no sabían dónde ellos estaban. Indudablemente no estaban en el jubileo, pues aún estaban regidos por su ser natural.

  El Señor Jesús había indicado que iba a morir. También indicó que era necesario que los discípulos murieran con El. Aquí tal vez el Señor estuviera diciendo: “Para llevar a cabo el jubileo, debo morir, y ustedes deben morir a fin de participar del mismo. Si Yo no muero no habrá el jubileo, y si no mueren ustedes conmigo, no podrán participar en el jubileo”.

LOS DISCIPULOS NO PODIAN OIR LAS PALABRAS DEL SEÑOR

  Aunque el Señor había dicho a los discípulos: “Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras”, no tenían la capacidad de oír lo que El decía. No podían entender Sus palabras; no podían percibirlas. Su incapacidad de entender lo que el Señor decía está reflejada por el hecho de que entraran en discusión sobre quién de ellos era el mayor (v. 46).

  Lucas 9:47-48 dice: “Y Jesús, percibiendo los pensamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo puso junto a Sí, y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño a causa de Mi nombre, a Mí me recibe; y cualquiera que me recibe a Mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es grande”. Tan pronto como el Señor dijo estas palabras, Juan respondió y dijo: “Maestro, vimos a uno que echaba fuera demonios en Tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros” (v. 49). Lo que Juan dijo indica que los discípulos no podían recibir las palabras del Señor. Podemos decir que no podían apreciar la música que El tocaba. La razón por la cual las palabras del Señor no les penetraban se debió a que estaban regidos por su ser natural y estaban aún en la vieja creación. Para ellos no existía el jubileo. Aún no estaban capacitados para participar en el disfrute del jubileo.

  El jubileo se lleva a cabo sólo mediante la muerte y la resurrección de Cristo. Además, sólo mediante nuestra identificación con Cristo en Su muerte podemos tomar parte en el disfrute del jubileo. Era necesario que el Señor muriera y que nosotros muriéramos con El, a fin de que se tuviera el jubileo y la experiencia del mismo. El murió para cumplir el jubileo, y nosotros morimos con El a fin de participar en el disfrute del jubileo.

  Al leer el Evangelio de Lucas, necesitamos tener la perspectiva de que el jubileo que se declaró en el capítulo cuatro es la clave para interpretar el libro entero. En el pasado, vi el asunto del jubileo en este evangelio; sin embargo, no vi que el jubileo en el capítulo cuatro era la clave para interpretar todos los capítulos posteriores.

MORIR CON CRISTO A FIN DE PARTICIPAR EN EL DISFRUTE DEL JUBILEO

  El ministerio del Señor en Galilea fue acabado durante el suceso que se ve en 9:50. Como veremos, comenzando en 9:51, El dejó Galilea y se fue a Jerusalén. ¿Piensa usted que cuando el Señor acabó la sección de Su ministerio en Galilea, estaban Pedro, Juan, Jacobo y los otros discípulos en el disfrute del jubileo? No estaban en absoluto en este disfrute. No podían entender lo que el Señor dijo en cuanto a Su muerte. Era necesario que el Señor fuera con ellos a Jerusalén, donde El moriría para llevar a cabo el jubileo y donde los discípulos morirían con El a fin de participar en el disfrute del jubileo.

  En el capítulo nueve hemos visto que aunque los discípulos estaban en el jubileo, no tenían ninguna participación en el disfrute del jubileo. En realidad, todavía no se había efectuado el jubileo, ya que sólo podía efectuarse con la muerte de Cristo y en Su resurrección. Por lo tanto, finalmente el Señor decidió ir con Sus discípulos desde Galilea hasta Jerusalén. Fue a Jerusalén para morir, pero no fue para morir solo. Más bien, llevó a Sus discípulos consigo para que se dieran cuenta de que era necesario que El muriera para llevar a cabo el jubileo, y que también era necesario que ellos murieran para participar en el disfrute del jubileo.

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