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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Lucas»
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Mensaje 53

LA MUERTE DEL SALVADOR-HOMBRE

(3)

  Lectura bíblica: Lc. 23:26-56

LA MUERTE TODO-INCLUSIVA DEL SALVADOR-HOMBRE

  Dijimos en el mensaje anterior que Dios dio muerte al Salvador-Hombre como nuestro substituto y Redentor. Veamos ahora la muerte todo-inclusiva que sufrió el Señor Jesús. No sólo murió en nuestro lugar, sino que su muerte en la cruz fue todo-inclusiva. Su muerte es todo-inclusiva debido a que El es una Persona todo-inclusiva. Examinemos los diferentes aspectos de esta muerte todo-inclusiva.

El Cordero de Dios

  Según el Nuevo Testamento, cuando el Salvador-Hombre murió en la cruz, murió en calidad de siete entidades. Primero, murió en condición de Cordero de Dios para juzgar el pecado y los pecados. Juan 1:29 dice: “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”. La palabra mundo se refiere al género humano. En 1 Corintios 15:3, en 1 Pedro 2:24 y en Hebreos 9:28 vemos que el Señor Jesús, como el Cordero de Dios, murió por nuestros pecados. Además, según 2 Corintios 5:21 y Hebreos 9:26, Su muerte puso fin al pecado. Por consiguiente, tanto el pecado como los pecados fueron eliminados por el Cordero de Dios, quien estaba bajo el juicio de Dios en la cruz.

Un hombre en la carne

  Cuando el Salvador-Hombre murió en la cruz, también murió en calidad de un hombre en la carne. El, como Verbo, que estaba con Dios y que era Dios, se hizo carne (Jn. 1:1, 14). En 1 de Pedro 3:18 dice que El fue “muerto en la carne”. Aunque era un hombre en la carne, solamente tenía la semejanza, la forma, del hombre caído, pues carecía de su naturaleza. En otras palabras, aunque tenía la semejanza de carne de pecado (Ro. 8:3), no tenía la naturaleza del pecado. Puesto que el Salvador-Hombre murió como un hombre en la carne, Su muerte puso fin a la carne caída. ¡Alabado sea el Señor que la muerte del Salvador-Hombre dio fin al pecado, los pecados y la carne caída!

Un hombre de la vieja creación

  El Señor también murió como un hombre de la vieja creación. Por esta razón, Romanos 6:6 dice que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El. Puesto que el Señor murió en la cruz como un hombre de la vieja creación, El puso fin a nuestro viejo hombre.

La serpiente

  Puede que nos asombremos al oír que el Salvador-Hombre murió en la cruz en calidad de serpiente. “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en El cree, tenga vida eterna” (Jn. 3:14-15). Aquí el Señor Jesús cumplió con el tipo de la serpiente de bronce que Moisés había levantado en el desierto (Nm. 21:4-9).

  Sin duda, el Señor Jesús fue crucificado en forma de serpiente para destruir a Satanás, el diablo, la serpiente antigua, quien nos mordió a todos, los seres humanos caídos. ¿Saben cuándo ocurrió esto? Fuimos mordidos en el huerto de Edén cuando Adán fue mordido y envenenado por la serpiente. Por lo tanto, fue necesario que nuestro Salvador fuera crucificado en forma de serpiente para destruir a la serpiente antigua.

  Cuando se le crucificó como serpiente, el Señor Jesús aplastó la cabeza de la serpiente antigua, el diablo (Gn. 3:15), y así, juzgó al príncipe de este mundo. Al respecto, Juan 12:31 dice: “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera”. Al morir en la cruz, el Salvador-Hombre destruyó al diablo, quien tenía el imperio de la muerte (He. 2:14). Por lo tanto, el Salvador-Hombre, quien murió en calidad de serpiente bajo el juicio de Dios, destruyó al diablo y el mundo, o sea, el sistema satánico.

El Primogénito de toda creación

  Cuando el Señor Jesús murió en la cruz, murió en calidad del Primogénito de toda creación (Col. 1:15). Como humano Cristo es el primero de la creación, y cuando murió en la cruz murió como el primero de la vieja creación. Por tanto, al morir en la cruz, El puso fin a toda la vieja creación.

El pacificador

  En Efesios 2:14-15 dice que Cristo murió como pacificador: “Porque El mismo es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno y derribó la pared intermedia de separación, la enemistad, aboliendo en Su carne la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en Sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz”. Vemos que Cristo murió en la cruz para abolir todas las ordenanzas que había en la humanidad, sobretodo para eliminar la separación que había entre los judíos y los gentiles. Estos no eran los únicos que estaban divididos, sino que todas las nacionalidades y razas también lo estaban. Si no se hubiera anulado estas separaciones, no habría manera de que pudiéramos ser uno en el Señor Jesús como Su Cuerpo. ¡Alabado sea el Señor que el Salvador-Hombre abolió todas las ordenanzas en la cruz! Ahora en la vida de iglesia hay personas de toda raza, color y nacionalidad.

Un grano de trigo

  Por último, Cristo murió como un grano de trigo: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Jn. 12:24). El Señor murió en la cruz como un grano de trigo para liberar la vida divina que se hallaba en El.

  El Nuevo Testamento revela que el Señor Jesús murió en la cruz en calidad de siete entidades: el Cordero de Dios, un hombre en la carne, un hombre de la vieja creación, la serpiente, el Primogénito de toda creación, el pacificador y el grano de trigo. Estas no son nuestras palabras, sino lo que la Biblia dice. Según la Palabra de Dios, tenemos que proclamar que el Salvador-Hombre murió en calidad de estas siete entidades.

La muerte de una Persona todo-inclusiva

  Cristo llevó a cabo una muerte todo-inclusiva debido a que El es una Persona todo-inclusiva. Por ejemplo, si el rey de un país muriera, la persona que muere posee doble condición: la del hombre y la del rey. El Señor Jesús, como nuestro substituto, poseía una condición séptuplo, pues murió en calidad de Cordero de Dios, un hombre en la carne, un hombre de la vieja creación, la serpiente, el Primogénito de toda creación, el pacificador y el grano de trigo. Debido a que El es una Persona todo-inclusiva, llevó a cabo una muerte todo-inclusiva.

  Puesto que la muerte del Señor fue todo-inclusiva, cuando murió en la cruz, el pecado, los pecados, la carne, el viejo hombre, Satanás, el mundo, la vieja creación y las ordenanzas fueron anulados. Además, la vida divina y las riquezas divinas que se hallaban en el Señor Jesús fueron liberadas. Por lo tanto, Su muerte todo-inclusiva puso fin a todo lo negativo y liberó todo lo positivo.

  En Lucas 23:44-45 dice: “Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena, por faltar la luz del sol; y el velo del templo se rasgó por la mitad”. Las tinieblas tienen que ver con el pecado, y el velo, según la tipología, representa la carne del Señor Jesús. En Hebreo 10:20 dice que “El inauguró para nosotros como camino nuevo y vivo a través del velo, esto es, de Su carne”. Sobre el velo que se rasgó cuando Cristo murió había querubines bordados, que representan las criaturas. Esto indica que Cristo llevaba en Su carne todas las criaturas. Cuando el velo del templo se rasgó, los querubines bordados también se rasgaron, lo cual significa que cuando la carne de Cristo fue crucificada, todas las criaturas que El llevaba sobre Sí también fueron crucificados. Por lo tanto, la muerte de Cristo puso fin al pecado, los pecados, la carne y todas las criaturas.

Se efectúa una vez para siempre

  La muerte todo-inclusiva de Cristo se efectuó de una vez para siempre y no es necesario que El muera otra vez. La muerte todo-inclusiva del Señor tiene valor eterno. Si vemos esto, alabaremos al Señor porque el pecado, los pecados, la carne, el viejo hombre, Satanás, el mundo, la vieja creación y las ordenanzas fueron anulados, y las riquezas divinas fueron liberadas e impartidas a nosotros. Como resultado, la muerte todo-inclusiva del Señor nos introduce en el jubileo.

SEPULTADO

De una manera digna

  En Lucas 23:50-56 habla de la sepultura del Salvador-Hombre. Los versículos del 50 al 52 dicen: “Había un varón llamado José, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo (el cual no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos) de Arimatea, ciudad de los judíos, el cual esperaba el reino de Dios. Este se presentó a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús”. Después de que el Señor pasó por la muerte todo-inclusiva, pasó de la esfera de los padecimientos a la de honra. Fue sepultado por José de Arimatea, un hombre rico de alto rango (Mt. 27:57). José se llevó el cuerpo de Jesús y “lo envolvió en un lienzo de lino fino, y lo puso en un sepulcro que había sido labrado en una peña, en el cual hasta entonces no se había puesto a nadie” (23:53), lo cual sucedió para que se cumpliera Isaías 53:9. Con honor supremo, el Señor descansó en el día sabático y esperó ser resucitado de entre los muertos.

  El Salvador-Hombre fue sepultado envuelto en lienzos que tenían un compuesto de mirra y áloes (Jn. 19:39-40). Aunque fue despreciado en la cruz, fue honrado en Su sepultura. El Señor Jesús fue sepultado de una manera muy digna.

El Cristo todo-inclusivo

  El Señor Jesús es todo-inclusivo y como tal, fue sepultado. Si conocemos la verdad presentada en las Escrituras, veremos que fuimos sepultados con El. Por lo tanto, fuimos crucificados con el Señor Jesús y también fuimos sepultados con El.

  Puesto que fuimos crucificados y sepultados con el Señor Jesús, se nos puso fin, es decir, se nos aniquilaron por completo. Cuando una persona es enterrada, esto equivale a que ha llegado a su fin, o sea, la sepultura es el fin de todo. Nosotros, las personas caídas que estamos en la carne y en la vieja creación, fuimos crucificados y sepultados. Fuimos sepultados con el Señor Jesús y en Su sepultura se nos dio fin. En Su tumba todos los problemas desaparecieron porque el pecado, los pecados, la carne, el viejo hombre, Satanás, el mundo, la vieja creación y las ordenanzas fueron eliminados. Después de llevar a cabo una muerte todo-inclusiva, el Señor fue sepultado de una manera pacífica y honorable.

  Tenemos que estar consciente de que fuimos crucificado con Cristo; no obstante, es posible que esto no sea nuestra experiencia. Pero una vez que entendamos que también se nos sepultó juntamente con El, ya no habrá ninguna lucha. La sepultura conduce a una situación pacífica. Los que son sepultados ya no luchan. Puesto que fuimos sepultados con Cristo, debemos simplemente permanecer en reposo.

  En Lucas 23:54-56 dice: “Era el día de la preparación, y estaba para comenzar el sábado. Y las mujeres que habían venido con El desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto Su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el sábado, conforme al mandamiento”. Este fue un verdadero reposo para todo el pueblo escogido de Dios y también para todo el universo, porque el Salvador efectuó una redención cabal por todos ellos.

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