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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Lucas»
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Mensaje 68

EL JUBILEO

(5)

  Lectura bíblica: Lv. 25:10-12, 19-22; Mt. 11:28; Fil. 4:5-7, 9; Lc. 15:23; 1 Co. 5:8; Ef. 3:8; Fil. 1:19; 2 Co. 12:9; 13:14.

  En los mensajes anteriores abarcamos la definición del jubileo y sus bendiciones. Ahora comenzaremos a estudiar la vida en el jubileo. Al hablar de esta vida nos referimos a la vida que se lleva en el jubileo. Como veremos, ésta es una vida de reposo en la buena tierra (Lv. 25:10-12; Mt. 11:28; Fil. 4:5-7, 9) y de disfrute de las riquezas de la buena tierra (Lv. 25:19-22; Lc. 15:23; 1 Co. 5:8; Ef. 3:8; Fil. 1:19; 2 Co. 12:9; 13:14).

LA CONSECUENCIA DE LA CAIDA DEL HOMBRE

  Antes de estudiar los dos aspectos de la vida que se lleva en el jubileo, me gustaría decir algo más de la caída del hombre. La Biblia revela claramente que el hombre cayó. Según el propósito de Dios, el hombre fue hecho para contenerle y para expresarle. Para que el hombre cumpliese con dicho propósito le fue necesario recibir a Dios como vida y seguir disfrutándole como el suministro de vida. El hombre, solamente tomando a Dios como vida y disfrutándole como su suministro, puede llevar una vida que exprese a Dios. Hemos dicho repetidas veces en otros mensajes que ésta es la revelación clara y total presentada en la Biblia.

  El hombre creado, en vez de cumplir con el propósito de Dios, fue seducido por Su enemigo y desviado de Su propósito. Es decir, el hombre pecó contra Dios y cayó.

  Los incrédulos no entienden bien con respecto a la caída del hombre y su consecuencia. Muchos cristianos, aunque entienden perfectamente la caída, no tienen una comprensión adecuada de la consecuencia, o el resultado, de la misma. Por lo tanto, nos debe impresionar el hecho de que el resultado de la caída del hombre abarca dos asuntos: primero, el hombre pierde a Dios; segundo, el hombre entra en el cautiverio y en la esclavitud. A lo largo de la historia de los seres humanos, el hombre no ha tenido a Dios y ha estado en el cautiverio. Pues por miles de años el hombre ha estado en la esclavitud, porque perdió a Dios, como su posesión. Este es el caso de toda persona, raza, país y nación.

El sufrimiento en la vida humana

  Los que luchan por disfrutar la vida, en particular los jóvenes, tal vez sueñen que un día habrá cielo en la tierra, que llegará la hora de la utopía. Antes también tuve esta clase de sueño, pero me desperté y me di cuenta de que la vida humana está llena de sufrimientos. Los que están casados tienen problemas, y los que no lo están también los tienen, quizás más. Por lo tanto, es difícil decir si es mejor estar casado o no estarlo. Puesto que los creyentes están entusiasmados por aprender cómo tener una vida matrimonial feliz, en las librerías cristianas hay muchos escritos al respecto y son muy populares. Pues toda persona casada, conociendo los problemas que existen en la vida matrimonial, desea saber cómo tener una vida matrimonial feliz. Los jóvenes, sin embargo, no saben los problemas que pueden existir en la vida matrimonial. Menciono esto a fin de dar un ejemplo de los sufrimientos que existen en la vida humana.

  Otro ejemplo es el problema de las riquezas. Los que desean ser ricos quizás no se den cuenta de que las riquezas causan problemas. Conozco a un hermano que se ha hecho rico en los últimos veinte años, pero sus riquezas le han causado sufrimientos tremendos. Debido a los problemas y los sufrimientos acarreados por la riqueza, muchas personas ricas no viven muchos años. Están agotados y debilitados por sus riquezas.

  Recientemente leí un artículo en el periódico acerca de un chino que una vez fue el presidente de una universidad en China. Este hombre tiene ahora cien años. Cuando los cumplió, muchos de sus antiguos estudiantes celebraron una fiesta en honor suyo. En dicha fiesta dijo que daba gracias a Dios porque él no era un hombre rico, ya que si lo hubiera sido, no habría podido llegar a los cien años. Según su entendimiento, la carencia de riquezas fue un factor importante que le permitió vivir hasta los cien años de edad.

  Lo que estamos diciendo es que la vida humana es una vida de sufrimiento, ya que tanto la riqueza como la pobreza causan sufrimientos. Es posible que los pobres estén ansiosos, pero los ricos mucho más.

  Otra clase de sufrimiento es el que experimentan los líderes de los países. El presidente o el líder de un país tiene una responsabilidad muy pesada, una que es mucho más de lo que la gente ordinaria puede soportar. Todo individuo que carezca de buena salud no debe buscar un cargo político porque tendrá una presión enorme sobre él. Este es otro ejemplo que demuestra que la vida humana es una vida de sufrimiento.

Buscar descanso y deleite

  ¿Sabe usted lo que significa que uno sufra? ¿Sabe usted el significado de sufrimiento? El verdadero significado de sufrimiento tiene dos sentidos: sufrir equivale a no tener descanso ni deleite.

  Dios creó al hombre con el apetito, la aspiración por tener descanso y deleite. Dios le creó con tal aspiración porque tenía la intención de que el hombre le buscará continuamente. Por lo tanto, todo ser humano busca descanso y deleite.

  Tener reposo requiere satisfacción. Si un individuo no está satisfecho, él no puede descansar. Por experiencia sabemos que sólo descansamos si estamos satisfechos. Además, la satisfacción proviene del disfrute. Por consiguiente, si carecemos de disfrute, no tendremos satisfacción; y si no estamos satisfechos no tendremos reposo. Todo el mundo está hambriento y sediento por tener reposo y disfrute. La falta de esto equivale a sufrir.

  La razón por la cual un hermano desea casarse es porque busca descanso y satisfacción. Piensa que no puede descansar hasta que tenga una esposa. Considera el matrimonio como algo que le conducirá al descanso y al deleite. Al igual, una hermana desea tener un marido porque piensa que la vida matrimonial será como un “sofá” en el cual ella puede descansar.

  ¿Por qué necesitamos casarnos? Lo necesitamos porque queremos tener descanso, satisfacción y disfrute. Pero verdaderamente ¿cuánto reposo, satisfacción y disfrute experimenta usted en su vida matrimonial? Muchos pueden testificar que en la vida matrimonial hay más sufrimientos que reposo y satisfacción, y más problemas que disfrute. El sufrimiento que existe en la vida matrimonial puede provenir incluso por el hecho de que si se debe dejar la ventana de la habitación abierta o cerrada. El marido y la esposa quizás discutan sobre asuntos como éstos. Aunque las personas se casan porque necesitan reposo, satisfacción y disfrute, el verdadero reposo, satisfacción y disfrute no se hallan en la vida matrimonial.

  Hemos visto que tanto los ricos como los pobres sufren en la vida. Por ejemplo, alguien que tiene una gran suma de dinero en la caja de ahorros tal vez esté preocupado por la inflación. Aunque tenga miles y miles de dólares en el banco, es posible que todavía esté ansioso en cuanto al dinero.

  En todos los aspectos de la vida humana tal vez la cantidad en el “débito” sea más que en el “crédito”. Esto quiere decir que cualquier decisión que tomemos con respecto a un asunto particular, el resultado quizás aumente más en el “débito” que en el “crédito”. El hecho de que estemos casados o no, que seamos ricos o pobres, es posible que la cantidad en el “débito” sea más que la del “crédito”.

  El destino de todos los incrédulos, sean casados o no, ricos o pobres, es el infierno. Esta es la razón por la cual la gente necesita la salvación, y también el evangelio. Sin la salvación, una persona terminará en el infierno, no importa cuál sea su situación. Tanto los cultos y los educados como los incultos y los ignorantes, irán al infierno. Puesto que van empeorando no pueden tener reposo. ¡Verdaderamente necesitan oír el evangelio, el toque de trompeta del jubileo!

  La raza humana caída perdió a Dios y se halla en el cautiverio. Considere la situación de los hijos de Israel en Egipto. Todos los israelitas estaban en el cautiverio. Aparentemente el faraón, el rey de Egipto, era superior; sin embargo, también estaba en el cautiverio. Tanto los israelitas como los egipcios habían perdido a Dios y estaban en el cautiverio. De la misma manera, hoy la raza humana se halla en el cautiverio. Tanto el rico como el pobre, el educado como el ignorante, el casado como el soltero, todos se hallan en el cautiverio. Solamente cuando tenemos a Dios, dejaremos de estar en el cautiverio, ya que El es nuestra libertad, incluso nuestra liberación.

  Porque el hombre ha perdido a Dios y está en el cautiverio, carece del verdadero reposo y disfrute. Este es el resultado, la consecuencia, de la caída del hombre.

UN CUADRO QUE MUESTRA COMO DIOS SALVA AL HOMBRE DE LAS CONSECUENCIAS ACARREADAS POR LA CAIDA DEL HOMBRE

  Algunos tipos presentados en el Antiguo Testamento muestran cómo Dios salva al hombre de las consecuencias acarreadas por la caída del hombre. El primero de estos tipos es la fiesta de la Pascua.

La fiesta de la Pascua

  Cuando los hijos de Israel estaban en Egipto, se hallaban en el cautiverio. Carecían de descanso, satisfacción y deleite. Pero Dios vino para rescatarlos, para salvarlos de su condición caída. Dios salvó a Su pueblo mediante la Pascua.

  En la Biblia, a la Pascua se la llama fiesta. La fiesta de la pascua era la primera de las sietes fiestas anuales que los hijos de Israel celebraban (Lv. 23). La palabra fiesta implica un día de fiesta, el momento de reposo, satisfacción y deleite. Un día de fiesta es un día que no se trabaja, o sea, un día de disfrute. En todos los países, cuando llega un día de fiesta, la gente deja de trabajar y tiene descanso, satisfacción y deleite. La fiesta de la Pascua era así para los hijos de Israel. Era el tiempo en que los hijos de Dios descansaban de su labor y disfrutaban a Dios como su satisfacción.

La vida en el desierto

  Dios sacó a los hijos de Israel de Egipto, al pasar por el mar Rojo, y los condujo al desierto. Los años en que estuvieron en el desierto, la gente no tenía ningún tipo de industria ni empleo. Entonces, ¿qué hicieron durante cuarenta años? Podemos decir que tuvieron un día de fiesta prolongada. No laboraron por cuarenta años, más bien descansaron con Dios. No sembraron ni segaron, sino que simplemente recogieron el maná. Además, lo que recogieron no era el fruto de su propia labor sino que era un regalo de Dios. Por lo tanto, los hijos de Israel reposaron con Dios y disfrutaron de Su regalo. Que haya un grupo de gente compuesto de más de dos millones de personas que pase cuarenta años sin ningún tipo de industria o agricultura es único en la historia. En estos cuarenta años, los hijos de Israel reposaron con Dios todos los días.

  Cuando consideramos la historia de los hijos de Israel que anduvieron en el desierto, vemos que en realidad no supieron cómo reposar con Dios ni disfrutar de Su regalo. Todavía intentaban laborar, es decir, hacer algo para ellos mismos. Esta labor ofendió a Dios. Después de entrar en el desierto lo único que los hijos de Israel debieron haber hecho era alabar al Señor, disfrutarle y reposar con El. Sin embargo, se empeñaron en hacer algo para ellos mismos. Cada vez que ellos laboraban de esta manera crearon más problemas.

La buena tierra

  Después de cuarenta años de fiesta en el desierto, los hijos de Israel fueron conducidos a la buena tierra. Dios repartió la tierra a toda familia y las personas reposaron en su porción de tierra, vivían en ella, la disfrutaban, y de ella recibieron satisfacción.

  La buena tierra tipifica a Dios como nuestra porción. Al respecto Salmos 16:5 dice: “Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa”. Por lo tanto, la verdadera porción de la tierra en la cual reposamos, disfrutamos y estamos satisfechos es Dios mismo. Dios es la verdadera tierra, de la cual fluye leche y miel. Por supuesto, este Dios es Jesucristo, y llega a ser Espíritu vivificante. El mismo Dios que es Jesucristo y Espíritu vivificante es nuestra buena tierra, de la cual fluye leche y miel. Puedo testificar que de mi Cristo fluye leche y miel. Cristo es nuestra porción, nuestro reposo, satisfacción y disfrute.

Se necesita el jubileo, como repetición de la pascua

  Sin embargo, muchos de los hijos de Israel no vivieron en la tierra de una manera que reposaban y disfrutaban de ella. Al contrario, vivieron de una manera que se empobrecieron. Primero vendieron su tierra y luego, se vendieron a sí mismos. Una vez más experimentaron los dos resultados de la caída del hombre: perder el disfrute y estar en el cautiverio. Esto hizo que Dios estableciera el año de jubileo, según el tipo presentado en Levítico 25.

  En realidad, el jubileo es la repetición de la pascua. Mediante la pascua los hijos de Israel fueron liberados del cautiverio, y empezaron a tener reposo y disfrute. Pero algunos, después de empezar a disfrutarle, se empobrecieron otra vez, y lo perdieron todo. Por lo tanto, el jubileo era necesario, como repetición de la pascua.

  En el año del jubileo se proclamaba el jubileo: “Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia” (Lv. 25:10). Esta libertad era una liberación del cautiverio.

  Según Levítico 25:10, en el año del jubileo una persona podía volver a su propia posesión y a su familia. ¿Qué significa esto? Esto significa volver al reposo, satisfacción y disfrute, o sea, volver a la condición en la cual la pascua introdujo al pueblo. La pascua les introdujo en una condición donde ellos poseían a Dios como su buena tierra a fin de que reposaran y disfrutaran. Pero perdieron esta posesión y cayeron en el cautiverio una vez más. Su condición llegó a ser la misma que tenían cuando estaban en Egipto. Por lo tanto, se necesitaba el jubileo, como repetición de la pascua a fin de que se proclamara libertad a todos los que perdieron sus posesiones y quienes estaban en el cautiverio. En el año del jubileo la gente podía volver a su posesión y a su familia a fin de tener reposo, satisfacción y disfrute. Este es el cuadro presentado y tipificado por Levítico 25.

  Como veremos en el mensaje siguiente, este tipo es un cuadro de como debería ser la vida cristiana, la cual es una vida de libertad y liberación, llena de reposo, satisfacción y disfrute.

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