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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Marcos»
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Mensaje 30

LAS ACTIVIDADES QUE EL SALVADOR-ESCLAVO REALIZO EN SU SERVICIO EVANGELICO

(14)

  Lectura bíblica: Mr. 10:1-31

  En este mensaje llegamos al capítulo diez del Evangelio de Marcos. En el versículo 1 vemos que el Señor viene a Judea, donde enseña en cuanto al divorcio (Mr. 10:2-12), bendice a los niños (Mr. 10:13-16) y enseña acerca de los ricos y la entrada en el reino de Dios (Mr. 10:17-31).

UN CAPITULO PARA LOS QUE HAN ALCANZADO LO SOBRESALIENTE DE LA REVELACION DIVINA

  Muchos lectores del Nuevo Testamento consideran que Marcos no es tan profundo como Mateo, Juan o inclusive Lucas. Algunos hasta piensan que este evangelio es un libro de historias para niños. Damos gracias al Señor por iluminarnos en cuanto a las diversas porciones de este evangelio. Como ya hicimos notar, en 8:27—9:13 se nos lleva a lo más sobresaliente, a la visión principal, de las cosas espirituales contenidas en la esfera de lo divino y lo místico. Esta visión tiene que ver con Cristo, incluyendo Su muerte que le pone fin a todo y Su maravillosa resurrección, quien es nuestro reemplazo total y universal.

  En 9:14-50 vemos que los discípulos son adiestrados a la luz de lo que se reveló en los capítulos anteriores. Específicamente, se les adiestró a tener paz los unos con los otros con el propósito de guardar la unidad. La paz y la unidad entre los creyentes son necesarias para la vida del Cuerpo. Después de este adiestramiento, los discípulos reciben un entrenamiento adicional en el capítulo diez.

  Marcos 10 no es un capítulo para estudiarse teológicamente. Este capítulo presenta una enseñanza para las personas que han percibido lo sobresaliente de la revelación divina contenida en este evangelio, para los que han visto la Persona viva de Cristo como nuestro reemplazo, incluyendo Su muerte y Su resurrección. Si hemos recibido esta visión, tenemos la posición adecuada y estamos en la esfera correcta para comprender lo que se revela en este capítulo.

  No debemos tomar ningún versículo del capítulo diez y aislarlo de la visión acerca de Cristo, quien ha de reemplazarnos, Su muerte y Su resurrección. Por ejemplo, en 10:14 el Señor Jesús dice: “Dejad a los niños venir a Mí; y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de Dios”. No debemos pensar que esto es simplemente algo que se puede leer a los niños antes de acostarse. Más bien, debemos ver esto y relacionarlo a la visión celestial acerca de Cristo, Su muerte y Su resurrección.

TOMAR A CRISTO COMO NUESTRO REEMPLAZO PARA ENTRAR EN EL REINO VENIDERO

  En 10:2-31 se tratan tres asuntos: el matrimonio, los niños y las riquezas; y los tres están relacionados con el reino de Dios, específicamente con nuestra entrada en el reino.

  Si queremos entrar en el reino de Dios debemos permitir que Cristo nos reemplace; debemos aplicar Su muerte y disfrutar Su resurrección. Según lo que revela el capitulo siete en cuanto al corazón del hombre, somos inmundos interiormente. Nuestro corazón es una composición de inmundicias, y por eso necesitamos que Cristo nos reemplace. Su muerte debe aniquilarnos y Su resurrección debe infundirnos al Señor mismo como suministro de vida, como el verdadero pan de vida.

  Si experimentamos a Cristo como nuestro reemplazo y permitimos que Su muerte nos anule y Su resurrección nos suministre, sabremos cómo conducirnos con relación al matrimonio, la vejez y las riquezas. Entonces seremos aptos para entrar al reino. De otro modo, no tendremos entrada en él. Si no experimentamos a Cristo como nuestro reemplazo, si no permitimos que Su muerte nos elimine y Su resurrección lo imparta en nosotros como el pan que da vida, no entraremos en el reino.

  La Biblia no se estudia con la mente natural. Si queremos recibir la visión que se revela en la santa Palabra y que se trasmite por medio de ella, necesitamos la luz divina, así como también cierto grado de experiencia en el Señor. Si carecemos de luz y tenemos muy poca experiencia, no será mucho lo que veremos en la Palabra, si es que vemos algo. Damos gracias al Señor por mostrarnos algo maravilloso acerca de Cristo, quien ha de reemplazarnos por medio de Su muerte y Su resurrección. Este asunto es incomprensible a la mente humana. Se necesita luz celestial y experiencia espiritual para comprenderlo.

  Quisiera subrayar que necesitamos leer el capítulo diez del Evangelio de Marcos a la luz de lo que se revela en los capítulos siete, ocho y nueve. En especial necesitamos leerlo a la luz de la visión de que Cristo nos reemplaza mediante Su muerte y Su resurrección. En 8:27—9:13 se halla lo más sobresaliente de este evangelio, y el capítulo diez se escribió en conformidad con ello. Sin 8:27—9:13 no sabríamos qué es lo más sobresaliente de Marcos. Ahora, al examinar el capítulo diez, no debemos pensar que consiste de meras historias infantiles. Todo lo que contiene está relacionado con la visión acerca de Cristo, Su muerte y Su resurrección.

VIENE A LA REGION DE JUDEA

  Marcos 10:1 dice: “Levantándose de allí, vino a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y otra vez se juntaron a El las multitudes y, como solía, les enseñaba de nuevo”. En este versículo la palabra allí se refiere a Capernaum, la cual estaba en Galilea. Hasta este punto, el ministerio del Salvador-Esclavo se había llevado a cabo en Galilea. Pero ahora, como lo dice este versículo, el Señor se va de la ciudad de Capernaum, localizada en Galilea, y viene a la región de Judea, ubicada alrededor de Jerusalén. Este versículo también habla del Jordán, lugar donde el Salvador-Esclavo fue iniciado en Su ministerio. Así que, el Jordán nos recuerda el comienzo del evangelio y la iniciación del Salvador-Esclavo. Al estudiar el Evangelio de Marcos, debemos indagar cuál es la intención del escritor al mencionar Judea y el Jordán.

  El Salvador-Esclavo, como parte de Su servicio evangélico, ministró por más de tres años en la menospreciada región de Galilea, lejos del templo santo y la ciudad santa, lugar donde tenía que morir para cumplir el plan eterno de Dios. Como Cordero de Dios (Jn. 1:29) tenía que ser ofrecido a Dios en el monte Moriah, donde Abraham ofreció a Isaac y disfrutó la provisión de Dios cuando éste le dio un carnero para que reemplazara a su hijo (Gn. 22:2, 9-14) y donde se edificó el templo en Jerusalén (2 Cr. 3:1). Era allí donde El debía ser entregado a los líderes judíos (Mr. 9:31; 10:33), según el consejo determinado por la Trinidad de la Deidad (Hch. 2:23), y rechazado por ellos, los edificadores del edificio de Dios (Mr. 8:31; Hch. 4:11). Allí también tenía que ser crucificado según el modo romano de llevar a cabo la pena capital (Jn. 18:31-32; 19:6, 14-15) para cumplir la tipología respecto a la clase de muerte que padecería (Nm. 21:8-9; Jn. 3:14). Además, según la profecía de Daniel (Dn. 9:24-26), en ese mismo año se le había de quitar la vida al Mesías (Cristo). Como Cordero pascual (1 Co. 5:7), tenía que morir en el mes de la Pascua (Ex. 12:1-11). Por lo tanto, tenía que ir a Jerusalén (Mr. 10:33; 11:1, 11, 15, 27; Jn. 12:12) antes de la Pascua (Jn. 12:1; Mr. 14:1) para morir allí el día de la Pascua (14:12-17; Jn. 18:28) en el lugar y a la hora que Dios había designado de antemano.

  El servicio evangélico se inició en Judea, la región ilustre, con el ministerio de Juan el Bautista, el precursor del Salvador-Esclavo (Mr. 1:1-11); pero continuó en Galilea, la región menospreciada, con el ministerio del Salvador-Esclavo por un período de unos tres años (1:14—9:50). En contraste con el relato del Evangelio de Juan, Marcos no hace mención del ministerio que el Salvador-Esclavo realizó en Jerusalén y en Judea durante ese tiempo. Sólo escribió acerca de la última vez que el Señor salió de Galilea para ir a Jerusalén a efectuar Su obra redentora. El servicio evangélico continuó con el ministerio que el Señor llevó a cabo camino a Jerusalén, en Jerusalén y sus alrededores (10:1-14:42), y concluye con Su muerte redentora, Su resurrección que imparte vida y Su ascensión mediante la cual fue exaltado. Luego, como parte de esta conclusión, los discípulos predicaron el evangelio a toda la creación (14:43—16:20).

EL TIEMPO Y EL LUGAR DESIGNADOS POR DIOS

  Los cristianos sabemos que fue necesario que el Señor Jesús muriera por nosotros. Pero es importante que cuando leamos la Biblia indaguemos en cuanto al lugar y al tiempo en que el Señor había de morir. El Antiguo Testamento nos dice que Dios había designado ambos. El Salvador-Esclavo era esclavo de Dios, y como tal no tenía opción ni en cuanto al lugar ni al tiempo de Su muerte; eso le correspondía a Su Amo. Además, se determinó en el consejo que sostuvo la Trinidad de la Deidad que el Salvador-Esclavo sería entregado a los líderes judíos y que estos le rechazarían (Hch. 2:23).

  Debemos preguntarnos por qué el Salvador-Esclavo, después de ministrar en Galilea por aproximadamente tres años, de repente se levantó y se fue al sur, a la región de Judea, al otro lado del Jordán. Hizo esto debido a que el tiempo de Su muerte se había acercado. Tenía que morir en el año profetizado por Daniel. Además, según la tipología del cordero pascual, tenía que morir en el día de la Pascua, es decir, el día catorce del primer mes del calendario judío. Así que, fue muy significativo que el Señor se fuera de Galilea y se dirigiera a Judea (Mr. 10:1).

DESECHAR LAS ENSEÑANZAS TRADICIONALES Y VOLVER A LA PALABRA PURA DE DIOS

  Aunque los escribas estaban dedicados al estudio de las Escrituras, no captaron lo que decía Daniel 9 acerca del año en que se le quitaría la vida al Mesías. Daniel 9 dice que desde la salida de la orden para edificar a Jerusalén “hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; ... Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías” (vs. 25-26). Las semanas que se mencionan en este pasaje se refieren a años, o sea que cada semana equivale a siete años. Por consiguiente, el tiempo que pasaría “desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén” hasta el día en que se quitaría la vida al Mesías serían cuatrocientos ochenta y tres años. Calcular el año en que se quitaría la vida al Mesías debió haber sido muy fácil para los escribas, pero debido a que les interesaba más la tradición que la Palabra pura de Dios, no se dieron cuenta.

  Hoy la mayoría de los cristianos, al igual que los escribas de antaño, se ocupan de las enseñanzas tradicionales en lugar de la Palabra pura de Dios. No están dispuestos a tomar la Palabra y estudiarla de manera pura. Si los escribas hubieran estado dispuestos a olvidarse de las enseñanzas tradicionales y hubieran estudiado las Escrituras de manera pura, habrían conocido el año exacto en que se quitaría la vida al Mesías. Además, se hubieran percatado de que ese año era el mismo en el que ellos intentaban arrestar al Señor Jesús.

  Los escribas no sabían cuándo le sería quitada la vida al Mesías, pero el Señor Jesús conocía el año, el mes y el día en que se le daría muerte. Sabía que se le inmolaría en el día de la Pascua, es decir, en el día catorce del mes primero del calendario judío. Y sabiendo esto, fue valientemente a Judea sin esperar. Sabía que le era necesario estar en Jerusalén cuatro días antes de la Pascua, tiempo que se usaba para examinar al cordero.

  El Señor Jesús sin duda conocía las profecías y la tipología acerca de Su muerte. Específicamente sabía que sería crucificado en el monte Moriah, otra manera de referirse al monte Sión. El Señor sabía que no debía ser crucificado en Galilea, que era necesario que se le crucificase en el monte Moriah, el lugar mismo donde Abraham ofreció a Isaac y disfrutó de la provisión de Dios. El Señor también sabía que se le daría muerte por crucifixión, siendo levantado sobre un asta, según la tipología de la serpiente de bronce (Nm. 21:8-9).

  A pesar de que los detalles de la muerte de Cristo se profetizaron y fueron tipificados claramente en el Antiguo Testamento, los escribas, quienes se creían doctores de la ley, no los comprendieron. Esto debe servirnos de advertencia. Si estamos bajo la influencia de las enseñanzas tradicionales, nuestros ojos también serán velados de tal manera que no podremos ver la revelación contenida en la Palabra pura. Por consiguiente, debemos desechar dichas enseñanzas y volver a la Palabra pura de Dios. Si hacemos esto, recibiremos mucha luz de parte del Señor.

  Marcos 10:1 dice que cuando el Señor vino a la región de Judea, les enseñaba a las multitudes, como solía hacerlo. En 10:15 vemos que el Señor enseñaba acerca del reino de Dios: “De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, de ningún modo entrará en él”. Este versículo indica contundentemente que lo que el Señor enseñaba en 10:13-16 respecto a los niños está ligado directamente al reino de Dios.

RECIBIR EL REINO Y ENTRAR EN EL REINO

  En el versículo 15 vemos dos aspectos en cuanto al reino: recibir el reino y entrar en el reino. ¿Ha recibido usted el reino de Dios? A esta pregunta todos podemos contestar, “¡Amen! Ciertamente he recibido el reino de Dios”. ¿Tiene usted la misma certeza de que entrará en el reino de Dios? Es posible que titubeemos para contestar esta pregunta, porque aunque nos esforzamos por entrar en el reino de Dios, no estamos totalmente seguros de que entraremos en él.

LAS RIQUEZAS Y EL REINO VENIDERO

  Lo que se enseña en 10:17-31 referente a las riquezas también está ligado al reino de Dios. Por ejemplo, en el versículo 24 el Señor dice: “Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios”. Luego añade en el versículo 25: “Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios”. Estos versículos muestran que lo que consta en 10:17-31 no es una simple historia infantil, sino una palabra seria en cuanto al reino de Dios.

  El versículo 26 narra la respuesta de los discípulos a lo que dijo el Señor acerca del reino de Dios: “Ellos quedaron atónitos en gran manera, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?” Aunque el Señor enseñaba a los discípulos en cuanto al reino de Dios, lo que les preocupaba a ellos era su salvación. En el versículo 27 el Señor les explica: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios”.

  En el versículo 28, Pedro habla francamente con el Señor y le dice: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido”. Aprecio la franqueza de Pedro. El parecía decir: “Señor, lo hemos dejado todo para seguirte. Dejamos nuestra familia, nuestras barcas de pesca y aun el mar de Galilea. ¿No tiene esto ningún mérito?”

  Los versículos 29 y 30 narran lo que el Señor contestó: “De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o tierras, por causa de Mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna”. En este pasaje, la vida eterna no se menciona con relación a nuestra salvación; más bien, es la recompensa que recibimos como disfrute en la edad venidera. En el reino venidero los creyentes que venzan disfrutarán la vida eterna. Entrar en este disfrute en la edad venidera equivale a entrar en el reino y participar del disfrute que en él se nos brinda, el disfrute de la vida eterna.

  Ahora podemos ver que el contenido del capítulo diez está relacionado con el reino. En este capitulo el Señor habla de recibir el reino de Dios, y más específicamente, de entrar en él en la edad venidera.

TRES FACTORES QUE IMPIDEN LA ENTRADA AL REINO DE DIOS

  En 10:2-31 vemos tres factores que pueden impedir que entremos en el reino venidero: el matrimonio, la vejez y las riquezas. Los discípulos habían sido introducidos en la senda que lleva al reino. Ahora en el capítulo diez era necesario que se les enseñara en cuanto a tres factores que pueden impedir que entren en el reino de Dios.

  Si queremos entrar en el reino de Dios es preciso que aprendamos a conducirnos debidamente en torno al matrimonio, la vejez y el dinero. Debemos acatar lo que Dios estableció respecto al matrimonio, guardarnos de la vejez espiritual y administrar bien nuestro dinero. Que a todos nos quede grabado que lo que el Señor enseña en el capítulo diez en cuanto a estos asuntos está relacionado con la entrada en el reino de Dios.

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