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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Marcos»
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Mensaje 45

LA PREPARACION DEL SALVADOR-ESCLAVO PARA SU SERVICIO REDENTOR

(12)

  Lectura bíblica: Mr. 14:27-42

ADVIERTE A LOS DISCIPULOS

  En 14:27-42 el Señor Jesús advierte a Sus discípulos de que tropezarían y les insta a velar y orar. En el versículo 27 les dice: “Todos vosotros tropezaréis; porque escrito está: ‘Heriré al Pastor, y las ovejas serán dispersadas’ ”. Luego les manifiesta que después de resucitar iría delante de ellos a Galilea (v. 28).

  Cuando Pedro oyó al Señor decir que los discípulos tropezarían, le dijo: “Aunque todos tropiecen, yo no” (v. 29). Luego, el Señor, también como parte de la obra preparatoria que llevaba a cabo en Sus discípulos para Su muerte, dijo a Pedro: “De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces”. En el griego, el verbo negar (un verbo compuesto) significa negar rotundamente. Asimismo en los versículos 31 y 72. Pedro, quien era fuerte, seguro de sí mismo y osado, dijo enfáticamente: “Aunque me sea necesario morir contigo, de ninguna manera te negaré. También todos decían lo mismo” (v. 31).

ORA EN GETSEMANI

  Después de advertir a los discípulos de que tropezarían, el Señor fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní (v. 32), que significa prensa de aceite. Allí sufrió gran presión para que el aceite, el Espíritu Santo, pudiera fluir de El.

  El Señor tomó consigo a Pedro, Jacobo y Juan, y “comenzó a sentir pavor y angustia” (v. 33). La palabra pavor da a entender que El fue “sobrecogido por un estremecimiento de horror ante la perspectiva espantosa que tenía delante de Sí” (Cranfield).

  El Señor les dijo: “Mi alma está profundamente triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. Yendo un poco adelante, se postró en tierra y oró que si fuese posible pasase de El aquella hora”. La tristeza del Salvador-Esclavo y Su oración en el versículo 35 son las mismas que se mencionan en Juan 12:27. Allí El dijo que había venido para esta hora, o sea que sabía que la voluntad del Padre era que muriera en la cruz para que se cumpliera el plan eterno de Dios.

  Según el versículo 36, el Señor Jesús oró: “Abba, Padre, todas las cosas son posibles para Ti; aparta de Mí esta copa; mas no lo que Yo quiero, sino lo que Tú”. En el plan divino que el Dios Triuno hizo en la eternidad pasada, El decidió que el segundo de la Trinidad Divina se encarnaría y moriría en la cruz para realizar la redención eterna y así cumplir Su propósito eterno (Ef. 1:7-9). Así que, antes de la fundación del mundo, en la eternidad pasada (1 P. 1:19-20), se ordenó que el segundo de la Trinidad Divina fuese el Cordero de Dios (Jn. 1:29); y a los ojos de Dios fue inmolado como tal desde la fundación del mundo, es decir, desde que Dios llevó a cabo la creación, la cual cayó más tarde (Ap. 13:8). A partir de la caída del hombre, se sacrificaban corderos, ovejas, becerros y toros como tipos, por causa del pueblo escogido de Dios (Gn. 3:21; 4:4; 8:20; 22:13 Ex. 12:3-8; Lv. 1:2), y así se anunciaba al que vendría como el Cordero verdadero que Dios había ordenado de antemano. En la plenitud de los tiempos, el Dios Triuno envió al segundo de la Trinidad Divina, el Hijo de Dios, para que viniera mediante la encarnación, tomará un cuerpo humano (He. 10:5) y se ofreciera a El en la cruz (He. 9:14; 10:12) para hacer la voluntad del Dios Triuno (He. 10:7), a saber, reemplazar los sacrificios y ofrendas, los cuales eran tipos, consigo mismo en Su humanidad como único sacrificio y ofrenda por la santificación de los escogidos de Dios (He. 10:9-10). En la oración que hace en el versículo 36, inmediatamente antes de Su crucifixión, el Señor se preparó para tomar la copa de la cruz (Mt. 26:39, 42), estando dispuesto a hacer la voluntad del Padre para que se realizase el plan eterno del Dios Triuno.

  En el versículo 38 el Señor Jesús exhortó a los tres discípulos, diciéndoles: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”. En las cosas espirituales, nuestro espíritu por lo general está dispuesto, listo, pero nuestra carne es débil.

MANIFIESTA NUESTRA CONDICION

  ¿Por qué razón el Señor Jesús, después de instituir Su cena, advierte a los discípulos de que tropezarían y les exhorta a velar y orar? La razón se debe a que cada vez que el Señor revela algo de Sí mismo en la economía de Dios, pone de manifiesto nuestra verdadera condición. Consideren el caso de Pedro en el capítulo ocho. El recibió la revelación de que Jesús es el Cristo, y después de recibirla, el Señor sacó a relucir que Pedro era Satanás. Además, el Señor también dejó en evidencia el yo de Pedro, la vida de su alma.

  La institución de la mesa revela la muerte del Señor, Su resurrección, al Señor mismo y Su agrandamiento: Su Cuerpo místico. Inmediatamente después de que se dio esta revelación, se puso de manifiesto la condición de Pedro y los otros discípulos. El hombre natural, el yo, la obstinación, la mente y el pensamiento de ellos fue manifestado. Aunque estuvieron presentes cuando el Señor instituyó la mesa, no estaban conscientes de cuánto permanecían en sí mismos y actuaban según su concepto natural. Así que, el Señor sacó a relucir su condición. Así se es introducido en la muerte del Señor en la experiencia.

INTRODUCIDOS EN LA MUERTE Y LA RESURRECCION DEL SEÑOR

  Al leer los capítulos catorce y quince del Evangelio de Marcos, vemos que Pedro fue introducido en la crucifixión del Señor. Cuando Pedro se jactó diciendo que nunca negaría al Señor Jesús, aún no había sido crucificado. El afirmó que aunque todos los demás tropezaran, él no tropezaría. Incluso añadió: “Aunque me sea necesario morir contigo, de ninguna manera te negaré” (14:31). Pero poco después de expresar su jactancia, negó rotundamente al Señor Jesús. Después de negarlo: “Pedro se acordó de la palabra que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, comenzó a llorar” (14:72). Esto fue una verdadera crucifixión para Pedro. El lloró porque había sido crucificado.

  Pese a que negó al Señor, Pedro no se dio por vencido. Al contrario, entró en la resurrección del Señor.

  Tal vez usted se pregunte qué indicio hay en el Evangelio de Marcos que muestre que Pedro entró en la resurrección de Cristo. Piense por un momento en lo que el ángel le dijo a las mujeres que vinieron a la tumba temprano por la mañana del día de la resurrección del Señor: “No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id, decid a Sus discípulos, y a Pedro, que El va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo” (16:6-7). En este pasaje vemos que el ángel específicamente nombra a Pedro. Esto indica que Pedro fue introducido en la resurrección de Cristo.

  No debemos leer el Evangelio de Marcos simplemente como un libro de historias; necesitamos ver su revelación. Este evangelio revela que no era la intención del Señor Jesús experimentar la muerte y la resurrección solo, sino que quería introducir en ellas a Sus seguidores juntamente con El. Si vemos esta revelación, nos convenceremos de que como personas que amamos al Señor, El nos hará pasar por Su muerte y nos introducirá en Su resurrección.

  Cuando llegamos al final del Evangelio de Marcos, vemos que todos los seguidores del Señor fueron introducidos no sólo en Su muerte y Su resurrección, sino también en Su ascensión. En Su ascensión, el Señor los envió a proclamar el evangelio hasta lo último de la tierra. ¡Alabado sea el Señor que Sus discípulos fueron introducidos en Su muerte, Su resurrección y Su ascensión!

LA MANIFESTACION Y LA CRUCIFIXION

  Aunque Pedro estuvo presente cuando el Señor instituyó Su cena, no entendió el significado de ésta. Inmediatamente después de instituir la cena, el Señor advirtió a Sus discípulos de que tropezarían, indicándoles con ello que todavía estaban en la carne. Aunque el Señor había instituido la cena y ellos habían participado de ella, ellos todavía actuaban según la carne. Pedro inmediatamente se comportó de manera natural, jactándose de que no tropezaría ni negaría al Señor.

  El Señor Jesús, después de advertir a Sus discípulos, trajo consigo a tres de ellos —Pedro, Jacobo y Juan— a Getsemaní, y los exhortó, diciéndoles: “Quedaos aquí y velad” (v. 34). Sin embargo, cuando volvió a ellos, los halló durmiendo y dijo a Pedro: “Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora?” (v. 37). Pedro, el líder de los discípulos, fue el primero que se durmió. Estaba tan agotado que se quedó dormido.

  Pedro también se condujo de manera natural cuando arrestaron al Señor Jesús. El sacó su espada e “hirió al esclavo del sumo sacerdote, cortándole la oreja” (v. 47). De esta manera causó problemas una vez más. El Señor Jesús, mientras era arrestado, tuvo que obrar un milagro para sanar la oreja del esclavo del sumo sacerdote (Lc. 22:50-51).

  Según Marcos 14:66-72, Pedro negó rotundamente al Señor Jesús. Una de las criadas del sumo sacerdote le dijo: “Tú también estabas con el Nazareno, con Jesús” (v. 67). Pero él negó, diciendo: “Ni sé, ni entiendo lo que dices” (v. 68). Poco después negó al Señor Jesús dos veces más. Al ponerse de manifiesto su condición de esta manera, fue puesto en la cruz. El Señor Jesús fue crucificado y Pedro también. La manifestación de su persona fue su crucifixión.

UNA REPLICA DE CRISTO

  Según el Evangelio de Marcos y el libro de Hechos, Pedro no sólo pasó por el proceso de la muerte del Señor, sino que también entró en Su resurrección y Su ascensión. Por tanto, cuando se puso de pie para proclamar el evangelio en el día de Pentecostés, él era una persona diferente; era una persona crucificada, resucitada y ascendida, una réplica del Cristo crucificado, resucitado y ascendido. Pedro era una duplicación de Cristo. Además, habiendo sido introducido en Su muerte, Su resurrección y Su ascensión, Pedro también estaba lleno de El. Era uno con Cristo, y éste había llegado a ser él. Por esta razón, podemos decir que en el día de Pentecostés, Pedro era una réplica de Cristo.

  El relato del Evangelio de Marcos indica que para que Pedro llegara a ser una réplica de Cristo, tuvo que pasar por un largo proceso, el cual empezó en el capítulo uno, cuando Pedro, un pescador, fue llamado por el Señor Jesús. El Señor, después de llamarlo, lo introdujo en un proceso que tomó más de tres años para completarse. Como resultado de esto, Pedro, en el día de Pentecostés, era una persona que había sido introducida en la muerte, la resurrección y la ascensión de Cristo.

  Tal vez en aquel momento Pedro no logró entender lo que significaba la mesa del Señor. El Señor la había instituido como parte de la preparación que llevaba a cabo en los discípulos, como parte del proceso que consistía en llevarlos a una plena comprensión de Su muerte y Su resurrección.

  Es preciso que veamos que el Señor desea introducirnos a todos en Su muerte y Su resurrección, por medio de las cuales podemos disfrutarle como nuestro reemplazo. De esta manera, El llega a ser nosotros y nosotros llegamos a ser uno con El. El resultado de esto es que llegamos a ser Su duplicación, Su réplica. Esta es la visión que nos presenta el Evangelio de Marcos.

LA ECONOMIA DE DIOS CONSISTE EN PRODUCIR AL NUEVO HOMBRE

  Ya vimos que la economía de Dios tiene como fin producir al nuevo hombre, y la manera de producirlo consiste en que Cristo nos reemplace.

  Cuando se proclama el evangelio, se ministra a Cristo como el reemplazo universal. Pero al presentar a Cristo como el reemplazo que todo lo incluye, siempre habrá conflictos y persecución. Debido a que Satanás usurpó la vieja creación y a que instiga a las personas que pertenecen a ella a oponerse a las cosas del Señor, todo lo que pertenece a la vieja creación impide que permitamos que Cristo nos reemplace.

  En primer lugar, Cristo reemplaza todo lo que pertenece al judaísmo. Como lo muestran los capítulos nueve y trece, reemplaza a Moisés, a Elías y también el templo. Además, El reemplaza lo que pertenece al mundo gentil: la cultura, las costumbres, los hábitos y la vieja manera de vivir.

  Debido a que Cristo lo reemplaza todo, es inevitable el conflicto. No obstante, éste cumple un propósito positivo: a través de él se nos da muerte y se nos introduce en la resurrección. Quiere decir que con el tiempo, todo lo que puede hacer el enemigo con su persecución y conflicto sólo ayuda a liberar el fluir de la vida de resurrección. ¡Aleluya por el fluir que produce al nuevo hombre, el cual llegará a ser el reino de Dios! Este nuevo hombre se produce por medio de la muerte y la resurrección de Cristo. Por medio de la muerte y la resurrección del Señor disfrutamos a Cristo como el reemplazo universal que todo lo incluye, lo cual produce el nuevo hombre.

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