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Capítulos de libros «La Epístola de Pablo a Los Gálatas»
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  • Es decir, que andáis y vivís por el Espíritu (Gá. 5:25).

  • Nuestro espíritu regenerado, habitado por el Espíritu Santo y mezclado con Él. El espíritu de mansedumbre es el resultado de vivir y andar por el Espíritu, como se menciona en Gá. 5:16, 25.

  • La ley de vida que es mejor y más elevada, y que obra por medio del amor (Ro. 8:2; Jn. 13:34). El amor es el fruto y la expresión de la vida divina (cfr. 1 Co. 13) y es un aspecto del fruto del Espíritu (Gá. 5:22). La ley del Espíritu de vida debe dar sustantividad a la ley de Cristo, que es la ley de amor, de manera que podamos sobrellevar las cargas los unos de los otros.

  • Los que se creen ser algo no están dispuestos a sobrellevar las cargas de otros. Sólo los que no se consideren algo sobrellevarán las cargas de otros. Esto es un resultado espontáneo de andar en el Espíritu y por Él.

  • Las cosas buenas para esta vida, lo necesario para la vida diaria.

  • Esto se refiere una vez más a las enseñanzas falsas de los judaizantes, las cuales hicieron que los gálatas se desviaran del Espíritu en su espíritu al procurar guardar la ley por su carne.

  • Con miras a, o, hacia. Sembrar para la carne es sembrar para el bien de la carne, teniendo en vista el deseo y el propósito de la carne, para satisfacer la codicia de la carne. Sembrar para el Espíritu es sembrar para el bien del Espíritu, teniendo en vista el deseo y la intención del Espíritu, a fin de realizar lo que el Espíritu desea. Todo lo que hacemos es una especie de siembra, ya sea para beneficio de nuestra propia carne o para beneficio del Espíritu, y todo lo que sembramos produce una cosecha de corrupción, que viene de la carne, o una cosecha de vida eterna, que viene del Espíritu.

  • Sembrar para cumplir el propósito de la carne produce corrupción; sembrar para llevar a cabo la intención del Espíritu resulta en vida, la vida eterna. La corrupción procede de la carne, lo cual indica que la carne es corrupta; la vida eterna procede del Espíritu y es el Espíritu mismo.

  • Lit., no nos relajamos.

  • Esto se refiere principalmente a la ministración de cosas materiales a los necesitados (2 Co. 9:6-9).

  • La familia de la fe se refiere a los hijos de la promesa (Gá. 4:28), los cuales son hijos de Dios por medio de la fe en Cristo (Gá. 3:26). Todos los que creen en Cristo, colectivamente, constituyen una familia universal, la gran familia de Dios. Esto es por medio de la fe en Cristo, no por las obras de la ley. Esta familia, que es el nuevo hombre (Col. 3:10-11), está compuesta de todos los miembros de Cristo, quienes tienen a Cristo como su elemento constitutivo. Así que, debemos hacer el bien, especialmente a los miembros de esta familia, sin importar su raza ni su rango social (Gá. 3:28).

  • Véase la nota Gá. 1:232b.

  • Tal vez esto se debía a la enfermedad de los ojos de Pablo (Gá. 4:13-15 y la nota Gá. 4:152).

  • Lit., ser agradables de rostro; por lo tanto, tener una buena apariencia para hacer un espectáculo, una exhibición agradable. Se usa aquí en sentido negativo.

    La circuncisión, al igual que la cruz, no es un buen espectáculo, sino que es una humillación. Sin embargo, los judaizantes hicieron de ella un espectáculo, algo de lo cual se gloriaban en la carne (v. 13).

  • Es decir, exteriormente en la esfera de la carne, la cual es condenada y repudiada por Dios. Estar en la carne equivale a estar en nuestro ser natural y externo sin la realidad interna y sin el valor espiritual que están en nuestro espíritu regenerado.

  • La cruz era una verdadera humillación, pero el apóstol la convirtió en su gloria.

  • El mundo nos ha sido crucificado, y nosotros al mundo. Esto no ocurrió directamente con nosotros, sino por medio de Cristo, quien fue crucificado.

  • El versículo siguiente, que es la explicación de este versículo, es prueba de que el mundo mencionado aquí es principalmente el mundo religioso. En este libro Pablo confrontó a los religiosos, que se preocupaban por las cosas de Dios pero que habían sido guiados equivocadamente y estaban errados, y cuya religión se había convertido en un mundo. Mediante la cruz somos apartados del mundo religioso y de esta manera somos hechos aptos para vivir en la nueva creación.

  • La vieja creación es nuestro viejo hombre en Adán (Ef. 4:22), nuestro ser natural por nacimiento, sin la vida de Dios y la naturaleza divina. La nueva creación es el nuevo hombre en Cristo (Ef. 4:24), nuestro ser que ha sido regenerado por el Espíritu (Jn. 3:6), en el cual la vida de Dios y la naturaleza divina han sido forjadas (Jn. 3:36; 2 P. 1:4), que tiene a Cristo como su elemento constitutivo (Col. 3:10-11), y que ha llegado a ser una nueva constitución. Esto se refiere a la naturaleza, el elemento constitutivo interno e intrínseco, de la iglesia. Por lo tanto, la nueva creación se compone de hijos; es una filiación divina y corporativa (Gá. 3:26; 4:5, 7) producida por medio de la redención de Cristo, la regeneración del Espíritu y la impartición de Dios mismo en nosotros, y también de nuestra entrada colectiva, como nuevo hombre, en una unión orgánica con el Dios Triuno.

    La vieja creación era vieja porque no tenía el elemento de Dios; la nueva creación es nueva porque tiene a Dios como su elemento. Aunque todavía estamos en la vieja creación, experimentamos la realidad de la nueva cuando andamos según el Espíritu (Gá. 5:16, 25). El punto principal del libro de Gálatas es que somos la nueva creación y debemos vivir por la nueva creación mediante una unión orgánica con el Dios Triuno. La nueva creación cumple el propósito eterno de Dios, que es expresarse a Sí mismo en la filiación de Sus hijos.

    La circuncisión es un precepto de la ley; la nueva creación es la obra maestra de la vida divina con la naturaleza divina. Aquélla es de la letra muerta; ésta es del Espíritu viviente. Por lo tanto, lo que importa es la nueva creación. Este libro expone la impotencia de la ley y de la circuncisión. La ley no puede impartir vida (Gá. 3:21) para regenerarnos, y la circuncisión no puede darnos energía (Gá. 5:6) para que vivamos como nueva creación. Pero el Hijo de Dios, que ha sido revelado en nosotros (Gá. 1:16), puede vivificarnos y hacernos una nueva creación, y Cristo, quien vive en nosotros (Gá. 2:20), puede darnos las riquezas de Su vida para que vivamos en la nueva creación. La ley ha sido reemplazada por Cristo (Gá. 2:19-20), y la circuncisión ha sido cumplida por la crucifixión de Cristo (v. 14). Así que, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino que lo importante es la nueva creación con Cristo como vida. Sembramos para el Espíritu a fin de ser la nueva creación, y la nueva creación es el resultado de esta siembra (v. 8). Guardar la ley y practicar la circuncisión es sembrar para la carne; tales prácticas no cambian la vieja creación. Pero sembrar para el Espíritu nos hace una nueva creación, la cual es creada de nuevo por el Espíritu, transformada por la vida divina y constituida con el rico elemento del Dios Triuno procesado por medio de Su acción de mezclarse con nosotros.

  • Véase la nota Gá. 5:252a.

  • La regla de ser una nueva creación, de vivir por el Espíritu por fe, de tener al Dios Triuno como nuestra vida y nuestro vivir, en contraste con guardar la ley al observar las ordenanzas. Andar conforme a esta regla es andar por el Espíritu (Gá. 5:25).

  • Pablo inició este libro mencionando la gracia y la paz (Gá. 1:3), pero lo terminó mencionando la paz antes de la misericordia y la gracia (v. 18). La paz es la condición que resulta de la gracia. Mientras permanecemos en una condición de paz, necesitamos seguir recibiendo misericordia y gracia.

  • Es decir, el Israel verdadero (Ro. 9:6; 2:28-29; Fil. 3:3), el cual incluye a todos los que creen en Cristo, gentiles y judíos, que son los verdaderos hijos de Abraham (Gá. 3:7, 29), que pertenecen a la familia de la fe (v. 10), y que están en la nueva creación. Ellos andan conforme a “esta regla”, expresan la imagen de Dios y ejecutan la autoridad de Dios, y son tipificados por Jacob, quien fue transformado para ser Israel, un príncipe de Dios y un vencedor (Gn. 32:27-28).

  • Las marcas que se les ponía a los esclavos para indicar quienes eran sus dueños. En el caso de Pablo, esclavo de Cristo (Ro. 1:1), las marcas eran las cicatrices físicas de las heridas que recibió mientras servía fielmente a su Amo (2 Co. 11:23-27). Espiritualmente, representan las características de su vida, una vida semejante a la que el Señor Jesús vivió en la tierra. Tal vida es crucificada continuamente (Jn. 12:24), hace la voluntad de Dios (Jn. 6:38), no busca su propia gloria, sino la de Dios (Jn. 7:18), y es sumisa y obediente a Dios, aun hasta la muerte de cruz (Fil. 2:8). El apóstol siguió el ejemplo del Señor Jesús, llevando las marcas, las características de Su vida. En esto él era absolutamente diferente de los judaizantes.

  • La gracia de Jesucristo es el abundante suministro del Dios Triuno (quien está corporificado en el Hijo y es hecho real a nosotros como Espíritu vivificante), suministro que es disfrutado por nosotros cuando ejercitamos nuestro espíritu humano.

  • Nuestro espíritu regenerado donde mora el Espíritu, quien es el enfoque de la bendición prometida por Dios, la cual se recalca mucho en este libro. Es en nuestro espíritu donde experimentamos y disfrutamos al Espíritu como la bendición central del Nuevo Testamento. Por lo tanto, necesitamos que la gracia del Señor, que es la abundante suministración del Espíritu todo-inclusivo (Fil. 1:19), sea con nuestro espíritu.

    Cristo, el Espíritu, la nueva creación y nuestro espíritu son los cuatro puntos básicos que se revelan en este libro y son el pensamiento subyacente a la economía de Dios. Cristo es el centro de la economía de Dios, y el Espíritu es la realidad de Cristo. Cuando Cristo es hecho real a nosotros por el Espíritu en nuestro espíritu, llegamos a ser la nueva creación. Por lo tanto, nuestro espíritu es de vital importancia para que vivamos la vida propia de la nueva creación para el cumplimiento del propósito de Dios.

    Este libro pone mucho énfasis en la cruz y en la experiencia de la crucifixión, para poner fin a asuntos negativos tales como la ley, la carne, el “yo”, el mundo religioso, la esclavitud y la maldición, con lo cual introduce los asuntos positivos que se revelan en este libro: Cristo, el Espíritu, los hijos de Dios, los herederos de la promesa, la familia de la fe, la nueva creación y el Israel de Dios. En resumen, el pensamiento de este libro es que por medio de la cruz de Cristo la ley, la carne y la religión llegan a su fin para que nosotros obtengamos el Espíritu, la nueva creación y nuestro espíritu, a fin de que por medio del Espíritu, que es Cristo hecho real para nosotros, seamos la nueva creación en nuestro espíritu, teniendo las marcas de Jesús, y para que disfrutemos la gracia del Señor Jesucristo en nuestro espíritu.

  • El término íntimo “hermanos” fue usado varias veces (Gá. 1:11; 3:15; 4:12, 28, 31; 5:11, 13; 6:1) por Pablo al dirigirse a los gálatas necios, a quienes había reprendido (Gá. 3:1). En la conclusión de esta epístola tan severa, llena de reprensiones y advertencias, el apóstol usó este afectuoso término una vez más, colocándolo particularmente al final de la frase, para expresar su amor inmutable para con ellos, asegurándoles que todavía eran sus hermanos en la familia de la fe (v. 10).

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