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Mensajes del libro «Centralidad y universalidad de Cristo, La»
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CAPÍTULO DOS

EL CRISTO SUBJETIVO

  En el capítulo anterior, vimos en la Palabra que Cristo lo es todo en la Deidad, en el plan de Dios, en el universo, en la iglesia y en la vida cristiana. Cristo es el centro y la circunferencia. Cristo es la vida hoy y mañana. Él lo es todo para nosotros.

LA MANERA EN QUE EL ENEMIGO IMPIDE QUE LAS PERSONAS CONOZCAN A CRISTO DE MANERA MÁS PROFUNDA

  También vimos que a lo largo de la historia de la iglesia el enemigo, Satanás, ha hecho todo lo posible por estorbar a las personas impidiéndoles que conozcan a Cristo de una manera todo-inclusiva. A menudo, él utiliza sutilmente cosas buenas, y en ocasiones cosas que aun Dios mismo ha establecido o dado, a fin de impedir que el pueblo de Dios conozca a Cristo como el centro y la circunferencia. Por ejemplo, el judaísmo con su adoración en los tiempos del Antiguo Testamento fue algo que Dios estableció. Dios estableció el servicio y adoración antiguotestamentarios con el propósito de conducir a las personas a Cristo. Dios dispuso todo lo relacionado con los numerosos tipos de la época del Antiguo Testamento, tales como el tabernáculo, los sacrificios, los sacerdotes, los reyes y los profetas, con el propósito de conducir a las personas a Cristo. Los tipos fueron el medio, el instrumento, que Dios usó para llevar a las personas a Cristo. Sin embargo, Satanás, el enemigo, utilizó estas mismas cosas que Dios estableció para impedir que las personas conocieran a Cristo.

  Gálatas 3:23-24 dice: “Antes que viniese la fe, estábamos bajo la custodia de la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe”. La fe aquí se refiere a la fe que tenemos en Cristo, la fe por medio de la cual recibimos a Cristo como el todo. El apóstol nos dice que antes de que viniera esta fe, nosotros estábamos encerrados bajo la ley, estábamos bajo la custodia de la ley. La ley fue algo que Dios dio y usó para guardar a Su pueblo bajo custodia. Antes de que viniese la fe, el pueblo de Dios fue puesto bajo la custodia de la ley, fue encerrado con miras a la fe. La función de la ley consistía en encerrar al pueblo de Dios para aquella fe que iba a ser revelada. De este modo, la ley se convirtió en nuestro ayo. En la antigüedad, las personas usaban a un esclavo para que cuidara de sus hijos. Mientras los niños aún eran pequeños, no podían cuidarse solos para ir a la escuela por su propia cuenta. Así que, los padres le pedían a un esclavo que acompañara o llevara a los niños al maestro de la escuela. La ley fue usada por Dios como un esclavo guardián, como un ayo, para conducir a los hijos de Dios al Maestro, a Cristo. Éste es el propósito por el cual Dios nos dio la ley. La ley no es el amo ni tampoco el maestro de la escuela, sino simplemente el ayo que nos guarda y nos conduce al Maestro, a Cristo, a fin de que podamos ser justificados por la fe. Esto nos muestra que Dios utiliza muchas cosas, tales como el judaísmo, los dones, la ley, e incluso el evangelio, para llevar a las personas a Cristo.

  Sin embargo, el enemigo es muy sutil, pues la misma ley que Dios dio para conducir a las personas a Cristo, Satanás la usa para impedir que las personas vengan a Cristo. Ésta fue la razón por la cual se escribió el libro de Gálatas. La ley fue dada por Dios para llevar a las personas a Cristo, pero Satanás vino y utilizó la ley para atar a las personas, para impedir que las personas vinieran a Cristo y para obstaculizar que le conocieran como el todo. De manera que la ley, en lugar de ser un medio o instrumento útil para conducir a las personas a Cristo, vino a ser un impedimento y estorbo que separaba a las personas de Cristo.

  Ahora consideremos el asunto de los dones. Todos los dones del Nuevo Testamento son instrumentos y medios que Dios usa para conducir a las personas a Cristo y llevarlas a que conozcan a Cristo, lo expresen, lo experimenten y lo aprehendan. Sin embargo, a través de los siglos muchos dones han sido usados por el enemigo para estorbar a las personas, detener su progreso e impedir que conozcan a Cristo de una manera más profunda. Como un hermano que lleva mucho tiempo sirviendo al Señor, puedo testificarles con toda sinceridad que conocí a muchas personas que tenían dones, a saber: dones de sanidad, de lenguas, e incluso ministerios. Pero lamento tener que decir que es difícil hablar con muchas de estas personas acerca de Cristo de una manera más profunda. Cuando uno habla con algunos cristianos acerca del don de hablar en lenguas o de sanidad, se muestran muy entusiasmados; sin embargo, cuando se les dice que Cristo mora en su espíritu, que ellos necesitan tener comunión con este Cristo y que deben ser disciplinados por este Cristo, no muestran ningún interés. No tienen oídos para oír estas cosas ni manifiestan ningún interés.

  No me opongo a ningún tipo de don, pero sí lucho porque estos dones han sido utilizados grandemente por el enemigo para impedir que las personas conozcan a Cristo de una manera más profunda. Hubo un grupo de cristianos en China que se llamaba Iglesia del verdadero Jesús. Cada vez que se reunían, tenían que arrodillarse y sacudir sus sillas para ejercitar sus dones. Esa era su costumbre. No estoy diciendo que eso esté bien o mal; pero el enemigo sutilmente utilizaba este asunto de los dones para impedir que dichos creyentes avanzaran a fin de conocer a Cristo de una manera más profunda. Ellos no podían sentarse en silencio con una mente sobria y con un espíritu abierto para escuchar a alguien que les hablara acerca de Cristo como la vida que reside en su interior. Los dones era algo que los ataba y les impedía avanzar en el conocimiento de Cristo.

  He conocido muchas personas que fueron incitadas a hablar en lenguas. Sin embargo, una vez que recibieron el don de hablar en lenguas, fueron atadas por ello. Es relativamente fácil ayudar a un nuevo creyente, o incluso a un incrédulo, a conocer a Cristo; pero es muy difícil ayudar a una persona que habla en lenguas a que conozca a Cristo de una manera más profunda. Aquí una vez más vemos la sutileza del enemigo. Los dones que Dios usa para traer a las personas a Cristo, Satanás los ha usado para atar a las personas e impedir que sigan adelante con Cristo. Por consiguiente, incluso los dones pueden convertirse en un estorbo para el propósito de Dios. La sencilla razón por la cual se escribió 1 Corintios es que los dones estaban atando a los creyentes corintios, y ellos no estaban avanzando para conocer a Cristo de una manera más profunda. Cada vez que ellos se congregaban, sólo se ejercitaban para hablar en lenguas. Por esta razón, el apóstol los exhortó a que no hablaran mucho en lenguas. Les dijo: “En la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi mente, para instruir también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (1 Co. 14:19). Éstas son las palabras claras de Dios y no podemos refutarlas. Al comienzo de esta epístola dirigida a los corintios, el apóstol declaró: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (2:2).

  Si recibimos a Cristo y lo experimentamos por medio de la cruz, el Espíritu Santo que mora en nosotros nos restringirá en cuanto al ejercicio de los dones. Muchos cristianos hoy en día son engañados por el astuto enemigo. No son engañados por cosas pecaminosas, sino por cosas buenas que Dios mismo ha dado. Estas cosas buenas estorban a las personas, pues ellos mixturan los principios del Antiguo Testamento con los del Nuevo Testamento, el alma con el espíritu y las cosas carnales con las espirituales. Es por eso que necesitamos la cruz. Si estamos dispuestos a ir a la cruz y permitimos que ella sea aplicada a nuestro corazón, sabremos dónde estamos.

  Necesitamos permanecer firmes en el espíritu para orar y pelear la batalla. A lo largo de las generaciones el enemigo ha venido obrando continuamente de manera sutil. En realidad, él ha venido haciendo una misma cosa, pero finge hacer algo diferente. Así que, tenemos que permanecer firmes en el espíritu para orar. Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino espirituales (2 Co. 10:4). Tenemos que orar en el espíritu para pelear la batalla por Cristo. Cristo es nuestra única norma segura. No debemos confiar en nada más. Debemos someter todas las cosas a prueba tomando a Cristo como la norma.

NUESTRA NECESIDAD DE CONOCER A CRISTO SUBJETIVAMENTE

  En este capítulo quisiera seguir adelante y tener comunión con ustedes en cuanto al Cristo subjetivo, esto es, Cristo en Su aspecto subjetivo. El Cristo todo-inclusivo es más una persona que podemos experimentar de modo subjetivo que una persona objetiva. Esto es algo que el cristianismo de hoy ha pasado por alto, y ha perdido y descuidado. Aparentemente, el cristianismo es una religión acerca de Cristo. Muchas personas allí son los creyentes, seguidores, de Cristo, y más o menos confiesan el nombre de Cristo. Sin embargo, en el cristianismo de hoy Cristo es principalmente un Cristo de nombre. Él es principalmente un Cristo objetivo, alguien que está muy lejos de los cristianos. Son muy pocos los cristianos de hoy que saben que Cristo es más una persona que podemos experimentar de modo subjetivo que una persona objetiva.

  Todas las cosas que están fuera de nosotros son objetivas, mientras que las que están dentro de nosotros son subjetivas para nosotros. Todas las verdades de las Escrituras tienen dos aspectos: un aspecto objetivo y un aspecto subjetivo.

  Por ejemplo, tenemos la justificación objetiva y la justificación subjetiva. Asimismo, la santificación posee un aspecto objetivo y otro subjetivo. Cuando recibimos a Cristo, en el sentido objetivo, fuimos justificados y también santificados. Así que, en términos objetivos, tenemos a Cristo como nuestra justicia y santidad. Sin embargo, en términos subjetivos, podemos estar muy carentes de estas cosas, pues es posible que no seamos justos ni santos en el aspecto subjetivo. En el sentido objetivo, hemos sido justificados y somos justos en Cristo, y también hemos sido santificados y hechos santos; pero, en el sentido subjetivo, somos pobres en nosotros mismos. En el sentido objetivo, todos los cristianos son absolutamente ricos en Cristo. Todo lo que hay en Cristo es nuestro. Pero en el sentido subjetivo, es posible que como cristianos seamos bastante pobres en Cristo y no poseamos nada de Sus riquezas.

  Con respecto a Cristo también podemos hablar de dos aspectos. Por un lado, el Nuevo Testamento nos dice muchas veces que Cristo ascendió a los cielos y ahora está a la diestra de Dios (Mr. 16:19; Lc. 24:51; Hch. 1:11; 7:55-56; Ro. 8:34; Ef. 1:20). Éste es el Cristo objetivo; pero, por otro lado, hay muchos más pasajes del Nuevo Testamento que afirman que Cristo está en nosotros. Por ejemplo, Romanos 8:10a dice: “Cristo está en vosotros”; en 2 Corintios 13:5 se nos dice: “Jesucristo está en vosotros”; y Colosenses 1:27 dice que Cristo en nosotros es la esperanza de gloria. Asimismo, Cristo mora en nosotros (Jn. 15:4-5; Gá. 2:20), y está haciendo Su hogar en nuestros corazones (Ef. 3:17). Por tanto, vemos que, por un lado, Cristo está en los cielos, y, por otro, Él está en nosotros. ¿Será que hay dos Cristos? Por supuesto que no. ¿Está Cristo dividido en dos partes, una de las cuales está en los cielos y la otra en nosotros? Claro que no.

  Cuando era joven, trataba de entender inútilmente cómo Cristo podía estar simultáneamente en los cielos y en mí. Pero un día el Señor me hizo ver el ejemplo de la electricidad. Todos sabemos que la corriente eléctrica está en este salón y al mismo tiempo en la central eléctrica, la cual se encuentra lejos de aquí. Si la electricidad estuviera únicamente en la central eléctrica y no en este salón, no tendría nada que ver con nosotros; si ella fuese simplemente algo objetivo para nosotros y no algo subjetivo, no podríamos disfrutarla. De igual forma, si Cristo estuviera simplemente en los cielos y no en usted ni en mí, es decir, si simplemente conociéramos al Cristo objetivo y no al Cristo subjetivo, Él no tendría nada que ver con nosotros.

  Usemos el ejemplo de una manzana. Mientras la manzana esté en mi mano, ella es algo objetivo para usted y no tiene nada que ver con usted. Tal vez sienta aprecio por la manzana, pero será ajena a usted porque no la tiene. La manzana, como algo objetivo, tiene que convertirse en algo subjetivo para usted, es decir, usted tiene que tomarla y comérsela, y entonces ella entrará en su estómago. Al comerse la manzana, usted hará que ella deje de ser algo objetivo para usted y se convierta en algo subjetivo. Entonces recibirá el alimento, la vida y todas las riquezas de la manzana. Espero que puedan ver este cuadro.

  ¿Hoy es Cristo simplemente una persona objetiva para usted, o es una persona que usted conoce de modo subjetivo? Sin lugar a dudas, Cristo está en los cielos; yo incluso puedo darle los versículos de la Escritura que nos hablan de esto. Pero el Nuevo Testamento también nos dice en muchos pasajes que Cristo está en nosotros y que nosotros estamos en Él. El libro de Efesios menciona repetidas veces que Cristo está en nosotros y que nosotros estamos en Cristo. Sin embargo, lamento tener que decir que en el cristianismo actual se habla mucho del Cristo que está en los cielos, pero se habla muy poco del Cristo que está en nosotros. Por muy grande que sea la cantidad de naranjas que haya en el sur de California, no le brindarán ningún beneficio a usted a menos que entren en su estómago. Únicamente las naranjas que usted se come son suyas. De igual manera, por muy bueno que sea el Cristo que está en los lugares celestiales, si Él no está en usted, no tendrá nada que ver con usted. Él tiene que llegar a ser alguien que usted disfruta subjetivamente. Usted debe tener a Cristo en el aspecto subjetivo.

  Algunos dirán que debemos ser equilibrados al respecto. Pero debemos preguntarnos en qué aspecto necesitamos ser equilibrados, si es en el aspecto objetivo o en el aspecto subjetivo. En el cristianismo actual se habla demasiado del Cristo objetivo, pero se habla muy poco del Cristo subjetivo que está en nosotros. De manera que nos hace falta ser equilibrados más en el aspecto subjetivo que en el aspecto objetivo. Cristo ya está en los cielos. Ahora la mayor necesidad es que usted lo reciba en su interior. Usted debe ser equilibrado de esta manera, pues no hay lo suficiente de Cristo en usted. Tal vez tenga los dones, pero quisiera preguntarle: “¿Qué tanto de Cristo tiene hoy? ¿Qué tanto de Cristo hay en su vida diaria y en su hogar?”. Es preciso que veamos que no basta con tener a Cristo en el aspecto objetivo.

  Por supuesto, el aspecto objetivo es la base. Si no tuviéramos naranjas en el sur de California, no podría entrar naranja alguna en nosotros. Sin duda alguna, necesitamos el aspecto objetivo. Sin embargo, hoy en los Estados Unidos hay millones de naranjas, pero ¿cuántas naranjas nos hemos comido? Es preciso que hagamos que el fruto objetivo de los Estados Unidos llegue a ser algo subjetivo para nosotros, algo que está dentro de nosotros. No me sentiría satisfecho estando aquí en los Estados Unidos únicamente rodeado del fruto objetivo; más bien, querría que más del fruto estadounidense entrara en mi estómago. Si usted simplemente predica sobre el Cristo que está en los cielos, eso no es suficiente, pues el Cristo que está en los cielos no tiene nada que ver con usted. Usted debe permitir que Cristo entre en usted. Cuanto más conozcamos a Cristo de modo subjetivo, más nos sentiremos satisfechos con Él como persona objetiva que es.

  Ahora leamos algunos versículos de la Escritura para ver al Cristo subjetivo. Juan 1:14 dice: “El Verbo se hizo carne, y fijó tabernáculo entre nosotros”. El versículo 1 dice que el Verbo estaba en el principio, en la eternidad. Luego vemos que el Verbo vino en la carne y está más cerca de nosotros. Él no está simplemente en la eternidad, sino también en el tiempo; Él no sólo está en la divinidad, sino también en la humanidad. Él fijó tabernáculo entre nosotros. Observen la preposición que se usa aquí: entre. Él fijó tabernáculo entre nosotros, pero aún no estaba en nosotros. Mientras Cristo estuvo en la carne, lo máximo que Él podía hacer era estar entre nosotros, pero no podía estar en nosotros.

  Juan 14:16 dice: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”. Aquí no se nos dice claramente si Él está entre nosotros o en nosotros; simplemente se nos dice que Él está “con” nosotros, lo cual quiere decir que Él está entre nosotros o en nosotros. El versículo 17 dice: “El Espíritu de realidad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque permanece con vosotros, y estará en vosotros”. La frase en vosotros es muy enfática. Luego, el versículo 18 dice: “No os dejaré huérfanos; vengo a vosotros”. Esto no se refiere a Su segunda venida. Si así fuera, eso significaría que Él nos dejó huérfanos por casi dos mil años. Pero el Señor no hizo esto, pues el versículo 19 dice: “Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veis; porque Yo vivo, vosotros también viviréis”. ¿A cuánto tiempo se refiere la frase “todavía un poco”? Simplemente a tres días, pues después de que murió, inmediatamente volvió en Su resurrección. Cuando mucho, Él se fue por setenta y dos horas, y luego regresó como el Espíritu. El Señor dijo que todavía un poco y el mundo no le vería más, pero los discípulos le verían; debido a que Él viviría a causa de Su resurrección, ellos también vivirían, pues serían levantados juntamente con Él. El versículo 20 dice: “En aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en Mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros”. Esto es una experiencia muy subjetiva.

  El Evangelio de Juan habla de Jesucristo, el Hijo de Dios. Después de que usted lee todo el libro de Juan, desde el capítulo 1 hasta el capítulo 21, debe preguntarse: ¿Adónde se fue este Cristo? Tal vez diga que Cristo se fue a los cielos después de Su resurrección; sin embargo, conforme al Evangelio de Juan, Cristo aún está aquí. En Marcos y Lucas se nos dice que Cristo fue a los cielos después de que resucitó; pero en el Evangelio de Juan, el evangelio que nos muestra que Cristo es vida para nosotros, no dice que el Cristo que es nuestra vida se fue a los cielos. Si Cristo no fue a los cielos, ¿dónde está Él entonces? Alabado sea el Señor porque hoy en día Él no sólo está entre nosotros, sino que, mucho más que eso, ahora está en nosotros. Él es el Cristo subjetivo que está en nosotros. Si Él no fuese subjetivo para nosotros, es decir, si Él simplemente fuese un Salvador que está en los cielos pero no en nosotros, ¿cómo podría ser vida para nosotros? Él jamás podrá ser vida para nosotros a menos que esté en nosotros. Por consiguiente, debemos conocer a Cristo y aprehenderlo como Aquel que es ahora más subjetivo que objetivo para nosotros.

  Juan 15:4-5 dice: “Permaneced en Mí, y Yo en vosotros [...] Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en Mí, y Yo en él...”. Estos versículos nos muestran claramente que Cristo es subjetivo para nosotros. Leamos también Romanos 8:9-10: “Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él. Pero si Cristo está en vosotros...”. La frase clave en el libro de Romanos es: “Cristo está en vosotros”.

  Ahora llegamos al libro de Gálatas. En 1:15-16 Pablo dijo: “Agradó a Dios [...] revelar a Su Hijo en mí”. Luego en 2:20 él dice: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Así pues, vemos que Cristo es revelado en nosotros, y luego vive en nosotros. Más aún, en 4:19 Pablo dijo: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros”. Que Cristo sea formado en nosotros equivale a que Él se mezcle con todo nuestro ser. Si en cada parte de nuestro ser —en nuestra mente, en nuestra parte emotiva, en nuestra voluntad, en nuestra conciencia y en nuestro espíritu— Cristo se mezcla con nosotros, esto significa que Cristo es formado en nosotros. Necesitamos que Cristo no solamente sea revelado en nosotros y viva en nosotros, sino que además sea formado en nosotros. Permitir que Cristo sea formado en nosotros es permitir que Él crezca plenamente en nuestro ser. Cristo tiene que saturarnos y empaparnos al grado de compenetrarse completamente con nosotros. Entonces Él será formado en nosotros. ¡Cuán subjetiva es esta manera de experimentarlo a Él!

  Colosenses 1:27 dice: “A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”. Este misterio de Dios no es solamente el Cristo que está en los cielos, sino mucho más el Cristo que está en nosotros como nuestra esperanza de gloria. Además, Colosenses 3:4 dice que Cristo es nuestra vida. Cristo es nuestra vida hoy y nuestra esperanza con respecto al futuro. Él lo es todo para nosotros. Sin embargo, lo más importante es que Él está en nosotros.

  Además de estos versículos que hemos citado, tenemos Efesios 3:17, que dice: “Para que Cristo haga Su hogar en vuestros corazones...”. La palabra griega traducida “haga Su hogar” es la forma verbal del sustantivo casa. Cristo no sólo mora en nosotros, sino que también hace Su hogar en nosotros. Una cosa es morar, o sea, permanecer, en un lugar, y otra muy distinta es que uno haga su hogar, o sea, establecerse, en dicho lugar. En los pasados años y a causa de la obra del Señor, me he hospedado muchas veces en los hogares de los santos; sin embargo, nunca he llegado a establecerme en sus hogares. No puedo hacerlo, porque no es mi casa. No tengo la libertad ni el derecho para establecerme en sus hogares. Sin embargo, Cristo no sólo está en nosotros, vive en nosotros, mora en nosotros y está siendo formado en nosotros, sino que además desea hacer Su hogar en nuestro ser, es decir, desea establecerse en nosotros. Mientras muchos cristianos anhelan ir al cielo como si fuese su hogar, Cristo anhela venir a ellos y tomarlos como Su hogar. Así que, mientras usted quiere ir allá, Él quiere venir aquí. Usted va en la dirección equivocada; pues mientras usted quiere ir, Él desea venir. Usted quiere obtener los cielos, pero Él quiere obtenerlo a usted.

  Sé que todos ustedes tienen a Cristo en su interior, pero ¿vive Él en ustedes y está siendo formado en ustedes? Más aún, ¿permiten ustedes que Él haga Su hogar, o se establezca, en su ser? Esto es una experiencia muy subjetiva. Únicamente tal Cristo subjetivo puede serlo todo para nosotros. Si Él es únicamente una persona objetiva, tal vez pueda ser nuestro Salvador, nuestro Libertador y nuestro Socorro, pero no podrá ser la vida ni la fuerza interna subjetiva para nosotros. Pero alabado sea el Señor porque Él ahora está en nosotros y, por consiguiente, lo es todo para nosotros. Esto es como decir que la electricidad de este salón lo es todo para este salón. Si necesitamos calor, nos provee calor; y si necesitamos aire acondicionado, nos provee aire acondicionado. Si necesitamos luz, nos da luz; y si necesitamos energía, nos da energía. La electricidad es una sola, pero es todo-inclusiva. Sin embargo, la electricidad tiene que estar presente en este salón. Si únicamente se encontrara en la central eléctrica y no aquí, no tendría nada que ver con nosotros.

  Aprendamos cómo experimentar a Cristo en este aspecto subjetivo. Él es el centro y Él lo es todo; sin embargo, debemos experimentarlo de manera subjetiva. Independientemente de todo lo que Él sea, y de cuán bueno y todo-inclusivo sea, mientras no lo tengamos de modo subjetivo, Él no será nada para nosotros. Cristo, en el aspecto objetivo, está muy lejos de nosotros y no tiene nada que ver con nosotros. Pero alabémosle porque hoy Él está en nosotros. Puedo testificar que todos los días me relaciono con el Cristo subjetivo.

  Cristo, más que una persona objetiva, debe ser para nosotros una persona que tenemos de modo subjetivo. Entonces podremos experimentarlo y disfrutarlo. Hoy en día Él no sólo está con nosotros y cerca de nosotros, sino también dentro de nosotros. Aun diría que, estando en nosotros, Él está muy “a mano”. Así que, debemos experimentar al Cristo subjetivo que está a mano.

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