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Mensajes del libro «Lecciones básicas acerca de la vida»
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LECCIÓN DOCE

LA FUNCIÓN IMPARTIDORA DEL DIOS TRIUNO

  Lectura bíblica: Ro. 8:9-11, 14, 16; Ef. 3:14, 16-17a, 19b; 4:6; Jn. 15:1, 5, 26; 14:10, 17-20, 23; He. 8:10-11; 1 Jn. 2:27

BOSQUEJO

  1. Dios el Padre:
    1. Es la fuente—Jn. 15:1b; Ef. 3:14, 16a.
    2. Permanece en nosotros—Ef. 4:6.
  2. Dios el Hijo:
    1. Es la corporificación del Padre—Jn. 15:1a; 14:10.
    2. Permanece en nosotros y hace Su hogar en nuestros corazones—15:4a; Ef. 3:17a.
  3. Dios el Espíritu:
    1. La realidad del Hijo—Jn. 14:17-20.
    2. Mora en nosotros—Ro. 8:11.
  4. El Dios Triuno —el Padre, el Hijo y el Espíritu— se imparte en nuestro ser—Ef. 3:14, 16-17a, 19b.
  5. La función impartidora del Dios Triuno produce el sentir de vida:
    1. Mediante la ley de vida—He. 8:10-11.
    2. Por lo que nos enseña la unción—1 Jn. 2:27.
    3. En nuestro espíritu mezclado con el Espíritu vivificante—14, Ro. 8:16.

  Ya que hemos visto algo con respecto al sentir de vida, tenemos que examinar la función por medio de la cual el Dios Triuno se imparte en nosotros.

  En cierta ocasión en 1933 ó 1934, el hermano Watchman Nee habló conmigo acerca de las verdades básicas. En ese entonces yo no entendía que la Trinidad Divina se imparte en nuestro ser. En la conversación que tuve con el hermano Nee, yo mencioné muy poco al Señor Jesús o a Cristo, y me referí con mucha frecuencia a Dios. El hermano Nee fue franco conmigo y me dijo que usar el título Dios concordaba con el Antiguo Testamento. Los judíos ortodoxos usan ese título, pero no hablan del Señor Jesús ni de Cristo en la adoración que le rinden.

  En otra oportunidad el hermano Nee me hizo notar que la Iglesia Católica mezcla el Nuevo Testamento con el Antiguo. Casi todo lo que se practica en sus servicios religiosos o misas concuerda con los formalismos, las ordenanzas y los ritos del Antiguo Testamento. Los sacerdotes católicos queman incienso y usan túnicas sacerdotales, según la práctica antiguotestamentaria y afirman que están llevando a cabo un servicio neotestamentario. Esta mezcla característica del catolicismo puede verse también en sus enseñanzas; no hacen distinción entre lo que enseña el Antiguo Testamento y el Nuevo. Las enseñanzas de los adventistas del séptimo día son similares a las de los católicos en el sentido de que su doctrina se apega al Antiguo Testamento en gran manera.

  Nosotros debemos salir, por completo, de cualquier mixtura y pasar a la revelación pura del Nuevo Testamento, la cual presenta la impartición divina de la Trinidad Divina. Romanos 8:9-11 revela la impartición del Dios Triuno, la cual concuerda absolutamente con la economía neotestamentaria de Dios. Estos versículos se refieren al Espíritu de Dios, al Espíritu de Cristo y a Cristo mismo, lo cual indica que Cristo es el Espíritu de Cristo, y que el Espíritu de Cristo es el Espíritu de Dios. El versículo 10 dice que Cristo está en nosotros, y el versículo 9 dice que el Espíritu mora en nosotros. La palabra griega traducida “morar” significa “hacer hogar” o “residir”.

  Dios puede morar en nosotros solamente en Su Trinidad. Si Dios no fuera el Dios Triuno —el Padre, el Hijo y el Espíritu—, no podría morar en nosotros. El Nuevo Testamento afirma categóricamente que el Espíritu es quien mora o habita en nosotros. El sentir de vida, en realidad, es fruto de la función impartidora del Dios Triuno. Es decir, tenemos el sentir de vida debido a que el Dios Triuno se imparte en nuestro ser.

  Muy pocos lectores de la Biblia han descubierto en ella la función impartidora del Dios Triuno presentada en Romanos 8:9-11. El versículo 9 dice: “Vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros”. Los versículos 7 y 8 mencionan a Dios, pero vemos en el versículo 9 que quien mora en nosotros es el Espíritu de Dios, y dicho versículo añade: “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él”. Observamos que se mencionan el Espíritu de Cristo y el Espíritu de Dios sin diferenciarse, lo cual muestra que el Espíritu de Dios es el Espíritu de Cristo.

  El versículo 10 continúa: “Si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo está muerto a causa del pecado, el espíritu es vida a causa de la justicia”. Esto muestra que el Espíritu de Cristo es el propio Cristo. El versículo 11 dice: “Si el Espíritu de Aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, Aquel que levantó de los muertos a Cristo vivificará también vuestros cuerpos mortales por Su Espíritu que mora en vosotros”. El Espíritu de Aquel que efectúa la resurrección, Aquel que levantó de los muertos a Jesús, mora en nosotros. Ahí vemos a la Trinidad Divina no sólo en función, sino también impartiéndose.

  Romanos 8:10 dice que nuestro espíritu es vida; el versículo 6 afirma que nuestra mente puede ser vida; más adelante, el versículo 11 añade que esta vida puede ser impartida a nuestro cuerpo mortal. Éste es el Dios Triuno que se imparte a Sí mismo como vida a nuestro ser: el espíritu, el alma y el cuerpo. Él da vida a nuestro cuerpo mortal por medio de Su Espíritu que mora en nosotros. La Trinidad Divina en Su totalidad —el Padre, el Hijo y el Espíritu— ejerce la función de impartirse como vida en todo nuestro ser. Ésta es la función impartidora del Dios Triuno por la cual Él se imparte a Sí mismo en Sus creyentes.

  En los versículos citados podemos ver que el Dios Triuno se imparte en el hombre tripartito. Primero, Él se imparte en nuestro espíritu, y de nuestro espíritu se extiende a nuestra mente. Si ponemos nuestra mente en el espíritu, la vida que está en el espíritu pasará a nuestra mente. Poner la mente en el espíritu es vida. Finalmente, el Espíritu de Cristo, el Espíritu de Dios, Dios mismo, mora en nosotros y extiende Su vida, da Su vida, a nuestro cuerpo mortal. Esta función impartidora da por resultado el sentir de vida.

  En Efesios 3:14-17 también podemos ver la función impartidora de la Trinidad Divina. En estos versículos Pablo dice: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre [...] para que os dé [...] el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por Su Espíritu; para que Cristo haga Su hogar en vuestros corazones”. En este caso el apóstol Pablo ora al Padre, los santos son fortalecidos en el hombre interior por el Espíritu, y Cristo hace Su hogar en sus corazones. El Padre recibe la oración y la contesta; el Espíritu fortalece y Cristo hace Su hogar en nuestros corazones. El Dios Triuno ejerce esta función con el fin de impartirse en nuestro ser. Cuando Cristo haga Su hogar en nuestro corazón, todo nuestro ser será apoderado, poseído y ocupado por el Dios Triuno, y será lleno de Él.

  Otro pasaje que habla de la función impartidora del Dios Triuno es Juan 15. En el versículo 1 el Señor dijo: “Yo soy la vid verdadera, y Mi Padre es el labrador”. El labrador es la fuente, la vid es el organismo y la corporificación de lo que es la fuente, de lo que tiene y de lo que hace. En otras palabras, todo lo que el Padre es, tiene y hace está totalmente corporificado en este organismo universal, que es la vid. El Padre es la fuente, y el Hijo es el organismo.

  Tanto la fuente como el organismo se hacen reales para nosotros por el Espíritu de realidad. En el versículo 26 de ese mismo capítulo, el Señor dijo: “Cuando venga el Consolador, a quien Yo enviaré del Padre, el Espíritu de realidad, el cual procede del Padre, Él dará testimonio acerca de Mí”. El hecho de que el Espíritu dé testimonio del Hijo significa que Él lo hace real para nosotros. El Padre está corporificado en el Hijo, y el Hijo llega a ser real para nosotros por la obra del Espíritu.

  Juan 15, Romanos 8 y Efesios 3 son pasajes cruciales de la Palabra que tratan sobre la función del Dios Triuno de impartirse en nosotros. La semilla de esta verdad se halla en Juan 15, y la cosecha, en Romanos 8 y en Efesios 3. Estos pasajes no sólo nos dan la revelación del Dios Triuno, sino que también nos muestran cómo la Trinidad Divina actúa de modo corporativo para impartirse en nuestro ser. Esto no es una doctrina, sino algo que podemos experimentar. Todos nosotros debemos ver la función impartidora del Dios Triuno.

  En la primera sección de Juan 14, el Señor reveló a los discípulos que Él y el Padre son uno (vs. 9-11). Él está en el Padre, y el Padre en Él; Sus palabras procedían de las obras del Padre. Luego, les revela que Él y el Espíritu también son uno. Esto se ve en los versículos del 16 al 20. Por lo tanto, en Juan 14 tenemos estos dos aspectos principales: el Padre está corporificado en el Hijo, y el Hijo es hecho real para nosotros como Espíritu.

  Juan 14:23 dice: “El que me ama, Mi palabra guardará; y Mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”. También esto es la función impartidora del Dios Triuno. En Juan 14 se menciona la morada, y en el capítulo 15 se habla de permanecer. Estos pasajes de la Palabra nos presentan un cuadro claro de que en el mundo espiritual se realiza la función del Dios Triuno por la cual se imparte en nosotros, los hombres tripartitos.

  También tenemos que leer Hebreos 8:10-11, donde vemos que en el nuevo pacto Dios puso Sus leyes en nuestra mente y las escribió en nuestro corazón. Por consiguiente, no necesitamos que nadie nos enseñe desde fuera ya que interiormente conocemos a Dios subjetivamente. Todos podemos conocer a Dios. La palabra griega traducida “conocer” en este texto es oída y se refiere al conocimiento subjetivo de Dios. La función impartidora del Dios Triuno produce el sentir de vida por medio de la ley de vida. En 1 Juan 2:27 se habla de esta unción. Tanto la ley de vida como la unción producen el sentir de vida, y ambas son parte de la función impartidora del Dios Triuno.

I. DIOS EL PADRE

A. Es la fuente

  Primero, necesitamos ver que Dios el Padre es la fuente. Juan 15:1b dice que Él es el labrador, o sea, el que da origen a la vid, y en Efesios 3:14-16 el apóstol Pablo ora al Padre, la fuente.

B. Permanece en nosotros

  El Padre también permanece en nosotros. Efesios 4:6 dice que el Padre es sobre todos, y por todos y en todos. El Padre mora en nosotros en el Hijo y como Espíritu.

II. DIOS EL HIJO

A. Es la corporificación del Padre

  En Juan 15:1a el Hijo dijo: “Yo soy la vid verdadera” y en 14:11 dijo que está en el Padre y el Padre en Él. Así que, el Hijo es la corporificación del Padre.

B. Permanece en nosotros y hace Su hogar en nuestros corazones

  En Juan 15:4a el Señor dijo: “Permaneced en Mí, y Yo en vosotros”, y en Efesios 3:17a Pablo revela que Cristo hace Su hogar en nuestros corazones.

III. DIOS EL ESPÍRITU

A. La realidad del Hijo

  El Hijo es la corporificación del Padre, y el Espíritu es la realidad del Hijo. Al compartir con los santos, debemos explicar lo que dijo el Señor en Juan 14:17-20, donde revela que el Espíritu es la realidad del Hijo.

B. Mora en nosotros

  Debemos recalcar y explicar Romanos 8:11 para mostrarles a los santos que en dicho versículo podemos ver que el Padre obra, el Hijo imparte y el Espíritu da vida. Este versículo nos muestra la función que ejercen el Padre, el Hijo y el Espíritu, la cual consiste en impartir vida a nuestro ser, incluso a la “circunferencia”, de nuestro ser. El cuerpo es la circunferencia de nuestro ser, mientras que nuestro espíritu es su centro. El Dios Triuno, quien mora en nosotros, imparte vida a todo nuestro ser, y esta impartición se extiende hasta nuestra circunferencia, o sea, a nuestro cuerpo.

IV. EL DIOS TRIUNO —EL PADRE, EL HIJO Y EL ESPÍRITU— SE IMPARTE EN NUESTRO SER

  En Efesios 3:14-19 vemos que el Padre oye la oración y hace la obra de responderla. Luego, el Espíritu nos fortalece, y Cristo hace Su hogar para establecerse en nuestros corazones. El resultado de esto es que somos llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Repetimos que ésta es la función del Dios Triuno —el Padre, el Hijo y el Espíritu—, la cual consiste en impartirse en nuestro ser.

V. LA FUNCIÓN IMPARTIDORA DEL DIOS TRIUNO PRODUCE EL SENTIR DE VIDA

  En realidad, el sentir de vida procede de la función impartidora del Dios Triuno. Sin dicha función del Dios Triuno, no tendríamos el sentir de vida. Sólo tendríamos una conciencia en un estado de muerte. El sentir de vida es resultado de la obra de impartición que realiza el Dios Triuno en al impartirse como vida en todo nuestro ser. Debemos mostrarles a los santos cómo el sentir de la vida se relaciona con la impartición de Dios. Hoy en día, tenemos el sentir de vida, el cual procede de esta función impartidora del Dios Triuno, que se realiza en una forma viva, puesto que el Padre, el Hijo y el Espíritu cooperan para desempeñar esta función en nosotros.

A. Mediante la ley de vida

  La función impartidora del Dios Triuno produce el sentir de vida por medio de la ley de vida (He. 8:10-11). Cuando el Dios Triuno —el Padre, el Hijo y el Espíritu— ejerce esta función para impartirse en nuestro ser mediante la ley de vida, se produce el sentir de vida.

B. Por lo que nos enseña la unción

  El resultado del sentir de vida producido por la función impartidora del Dios Triuno es que la unción nos enseña todas las cosas (1 Jn. 2:27). Tenemos que edificar a los santos a fin de que conozcan todos estos términos y se familiaricen con ellos.

C. En nuestro espíritu mezclado con el Espíritu vivificante

  Romanos 8:16 dice que el Espíritu da testimonio juntamente con nuestro espíritu. Luego, el versículo 14 añade que todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Esto indica que la función del Dios Triuno, que consiste en impartirse en nosotros, produce el sentir de vida en nuestro espíritu, el cual está mezclado con el Espíritu vivificante.

  Por lo tanto, el sentir de vida viene por la ley de vida y por lo que nos enseña la unción, y se produce en nuestro espíritu, el cual está mezclado con el Espíritu vivificante. Estos tres aspectos son decisivos, y son el estudio científico de la vida interior. Si no los experimentamos, será muy difícil que los podamos entender. Debemos decirles a todos los santos que estos aspectos deben experimentarse. No debemos limitarnos a usar nuestro intelecto para analizar estos asuntos. Si no los experimentamos, no podemos comprenderlos. Es menester que los comprobemos en nuestra experiencia.

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