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Mensajes del libro «Lecciones básicas acerca de la vida»
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LECCIÓN TRECE

LA VIDA DIVINA IMPARTIDA EN LAS TRES PARTES DEL HOMBRE

  Lectura bíblica: Ro. 8:2a, 6, 9-11

BOSQUEJO

  1. La vida divina—Ro. 8:2a:
    1. El Espíritu de vida.
    2. En Cristo Jesús.
  2. Impartida en nuestro espíritu—v. 10:
    1. Cristo en vosotros.
    2. El espíritu es vida.
  3. Impartida en nuestra mente—v. 6b:
    1. La mente puesta en el espíritu.
    2. La mente es vida.
  4. Impartida en nuestro cuerpo—v. 11:
    1. Por el Espíritu de Dios que mora en nosotros.
    2. Vivifica a nuestro cuerpo mortal.
  5. La impartición del Dios Triuno—vs. 9-10a:
    1. Dios.
    2. El Espíritu de Dios.
    3. El Espíritu de Cristo.
    4. Cristo.

  Romanos 8 revela que la vida divina se imparte en las tres partes del hombre. El versículo 2 habla de la ley del Espíritu de vida. El versículo 6 dice que la mente puesta en el espíritu es vida. El versículo 10 afirma que si Cristo está en nosotros, el cuerpo está muerto, pero el espíritu es vida. Luego, el versículo 11 añade que el Espíritu de Aquel que levantó de los muertos a Cristo vivificará nuestro cuerpo mortal por Su Espíritu que mora en nosotros. Por lo tanto, el versículo 2 habla de la vida divina, el versículo 10 dice que nuestro espíritu es vida, el versículo 6 dice que nuestra mente puede ser vida, y el versículo 11 dice que hasta nuestro cuerpo puede recibir vida. El versículo 8 habla de Dios, el versículo 9, del Espíritu de Dios y del Espíritu de Cristo, y el versículo 10 habla de Cristo. Debemos leer estos versículos con los santos para mostrarles que el Dios Triuno se imparte en las tres partes del hombre. Al leer esto, siempre es beneficioso destacar los aspectos cruciales de cada versículo.

I. LA VIDA DIVINA

A. El Espíritu de vida

  Romanos 8:2 habla del Espíritu de vida. El Espíritu de vida es una frase apositiva y en realidad significa que el Espíritu es vida. En la Biblia hay muchas frases semejantes a éstas. El Espíritu de Dios, significa que el Espíritu es Dios, la vida de Dios quiere decir que la vida es Dios, el Espíritu de Cristo, significa que el Espíritu es Cristo, y el amor de Dios significa que el amor es Dios mismo.

  Por supuesto, sabemos que sin el Espíritu de Dios no es posible que haya vida, ya que la vida es el Espíritu. En Apocalipsis 22:1 tenemos la escena del río de agua de vida, en la cual ese río es el Espíritu. El río procede del trono de Dios y del Cordero. Esto nos muestra cómo Dios en Cristo fluye como Espíritu entrando en Sus redimidos para ser su vida y su suministro de vida. El río es la corriente de la vida, o sea, es la vida en movimiento.

  Es como la corriente eléctrica. En realidad, la corriente misma es la electricidad. No es algo aparte de ésta, sino que es la electricidad en movimiento. Cuando la electricidad circula y está en movimiento, se tiene la corriente eléctrica. Esta corriente se puede comparar con el Espíritu de vida. El Espíritu de vida se refiere al Espíritu que es vida. Este Espíritu es la vida en movimiento, el Dios Triuno en movimiento.

B. En Cristo Jesús

  Esta vida es del Espíritu y también en Cristo Jesús. Romanos 8:2 habla del Espíritu de vida que nos libra en Cristo Jesús. La expresión en Cristo Jesús es profunda. Creo que se necesitará la eternidad para que la entendamos como se debe. Hoy en día la entendemos un poquito, pero cuando entremos en la eternidad, estaremos libres de tantas limitaciones y comprenderemos lo que significa estar en Cristo Jesús.

  Al presentar tal mensaje, es necesario definir quién es Cristo y quién es Jesús, ya que los constituyentes de estos dos títulos son profundos. Tenemos la vida que está en Cristo Jesús. La vida se halla en una persona que no sólo es Dios y el Espíritu, sino también Cristo Jesús. Esta persona tan admirable está constituida de numerosos elementos excelentes. Él es divino y humano, y ha pasado por varios procesos y ha realizado muchas cosas maravillosas. La vida que estamos disfrutando hoy en día es una vida en este ámbito, en esta esfera. Este ámbito y esta esfera son una persona ilimitada: Cristo Jesús.

  En Romanos 8:2 el Espíritu de vida nos libra en Cristo Jesús, y no en Jesucristo. La vida se halla en Cristo y rastrea desde Cristo hacia Jesús. Debemos comunicarles a los santos que estar en Cristo Jesús no es un término vacío. Si así fuera, Pablo no lo habría usado. En realidad, esta frase está llena de significado. Debemos decirles a los santos que la propia vida divina no sólo es del Espíritu, sino que además se halla en la persona maravillosa e ilimitada de Cristo, quien es el ámbito y la esfera de esa vida.

II. IMPARTIDA EN NUESTRO ESPÍRITU

  Primero, la vida divina es impartida en nuestro espíritu. Romanos 8:10 dice que como Cristo está en nosotros, nuestro espíritu es vida. Esto se debe a que Cristo mismo es esta vida, y ésta se halla en nuestro espíritu. Es por eso que nuestro espíritu es vida. Este punto es de suma importancia. El versículo 10 no dice que como Cristo está en nosotros, la vida está en nosotros; más bien, dice que nuestro espíritu es vida. Ahora nuestro espíritu regenerado es vida.

  El contraste que se presenta en el versículo 10 es bastante interesante. Dice que si Cristo está en nosotros, nuestro cuerpo está muerto; no que nuestro cuerpo sea muerte. Lo contrario a estar muerto es estar vivo. Según esto, parece que este versículo debería decir que aunque nuestro cuerpo está muerto, nuestro espíritu está vivo. Pero Pablo formula un contraste diferente. Él dice que aunque nuestro cuerpo está muerto, nuestro espíritu es vida. Puesto que Cristo está en nuestro espíritu, nuestro espíritu no sólo está vivo, sino que además es vida.

  Podemos leer Romanos 8:10, donde dice que nuestro espíritu es vida, y entender que la vida está en nuestro espíritu o que nuestro espíritu está vivo. Leemos lo que dice el versículo explícitamente, pero lo entendemos de otro modo, de una manera natural. No nos percatamos de que nuestro espíritu caído, después que Cristo lo regenera, llega a ser vida. No es simplemente una entidad viva ni que sólo tenga vida, sino que es vida.

  Pablo no usa estas palabras y frases de manera casual. El escribió el libro de Romanos como un abogado redacta un documento legal. En Romanos 8 cada palabra, cada frase, cada cláusula y cada oración debieron de haber sido seleccionadas concienzudamente por Pablo. Él fue muy exacto con respecto a la experiencia de vida y la verdad. Todo lo descrito en Romanos 8 gira en torno a la vida y a la verdad. Pablo dice que como Cristo está en nosotros, nuestro espíritu es vida. Ahora que somos salvos, hay una parte de nuestro ser que es vida.

A. Cristo en vosotros

  Tenemos que recalcar firmemente que Cristo está en nosotros. La vida no es la buena conducta. La vida es Cristo. Ninguna virtud, por sublime que sea, es vida, puesto que la vida es una persona, es Cristo mismo, y Cristo está en nosotros. Debemos recalcar esto firmemente, pues ningún énfasis es suficiente para declarar: “Cristo en vosotros”. No tenemos palabras para resaltar este hecho. En todo el universo no hay nada más grande que este hecho: Cristo está en nosotros. La maravilla suprema, la maravilla de las maravillas del universo es que Cristo está en nosotros. Debemos dejar una profunda impresión en los santos de lo que Cristo es. Él es Dios y hombre; es divino y humano. Debemos recalcar reiteradamente todas las admirables riquezas de Cristo. Pues tal persona ahora está en nosotros.

  No debemos tomar a la ligera el capítulo 8 de Romanos. No es insignificante que fuese escrito Romanos 8 y que se encuentre en la Biblia. Sin contar con Romanos 8, ¿qué haríamos nosotros los cristianos? Debemos permitir que esta maravilla de que Cristo está en nosotros deje una huella profunda tanto en nosotros como en los demás santos.

B. El espíritu es vida

  Ya que Cristo está en nosotros, nuestro espíritu es vida. La regeneración es una obra en la cual Cristo se mezcla con nuestro espíritu. Ahora Cristo es vida, y nuestro espíritu también es vida. Esto se debe a que nuestro espíritu fue hecho uno con Cristo, quien es vida. En 1 Corintios 6:17 se nos dice: “El que se une al Señor, es un solo espíritu con Él”. Sin duda este espíritu se compone tanto de Cristo como de nuestro espíritu; así que tanto Cristo como nuestro espíritu son vida. Es por eso que necesitamos ejercitar nuestro espíritu. Si ejercitamos nuestro espíritu, la vida será infundida en los demás porque nuestro espíritu es vida. Si ejercitamos nuestro espíritu al ministrar a otros, nuestro espíritu como vida llegará a ellos.

III. IMPARTIDA EN NUESTRA MENTE

  Romanos 8:6 dice que la mente puesta en el espíritu es vida. No sólo nuestro espíritu es vida; incluso nuestra mente puede ser vida. Pero esta mente tiene que ser puesta en el espíritu. Esto significa que, esta mente debe ser inundada y saturada con el espíritu y llena del mismo para llegar a ser la mente del espíritu. Con el tiempo, el espíritu llega a ser el espíritu de nuestra mente, según se menciona en Efesios 4:23. Ya que ponemos nuestra mente en nuestro espíritu, éste satura nuestra mente y hace que llegue a ser la mente del espíritu. Con el tiempo, nuestro espíritu llega a ser el espíritu de nuestra mente. La renovación se produce a medida que este espíritu sature nuestra mente. Siempre debemos hacerles notar a los santos que este espíritu es el espíritu mezclado. Es nuestro espíritu mezclado con Cristo, el Espíritu vivificante.

  Ya que nuestra mente es uno con nuestro espíritu, está conectada, unida, saturada e infundida con nuestro espíritu, también llega a ser vida. Tal mente puede ministrar vida a otros. Nuestra mente natural no puede ministrar vida a otros porque no es vida. Sin embargo, cuando nuestra mente se une a nuestro espíritu y es saturada con nuestro espíritu, el cual es vida, en ese instante nuestra mente también llega a ser vida.

A. La mente puesta en el espíritu

  Para entender esto, tenemos que decir que la mente puesta en el espíritu significa que la mente está unida con el espíritu y está apoyada en él. El espíritu puede compararse con el esposo, y la mente con la esposa. La mente, como esposa, siempre debe apoyarse en el espíritu, el esposo. La mente debe depender continuamente del espíritu. Así como la esposa y el esposo constituyen una pareja, la mente y el espíritu son verdaderamente una unidad, y no están separados.

  Romanos 1:28 describe la mente caída como una mente reprobada, o sea una mente que rechaza a Dios y que es rechazada por Él. Dicha mente no aprueba el conocimiento de Dios, y Dios, a su vez, no la aprueba a ella. Ésa era la condición original de nuestra mente caída.

  Romanos 7 nos muestra que una persona salva que procura servir a Dios se vale de su mente natural para guardar la ley y es derrotada (vs. 23, 25). En el capítulo 7 la mente ya no es la mente reprobada, pero sí es independiente; que vive como una viuda que tiene en su corazón el deseo de actuar bien, pero no tiene un esposo en quién apoyarse. En el capítulo 1 se presenta una mente reprobada, pero en el capítulo 7 la mente busca a Dios y trata de agradarle, excepto que lo hace sin apoyarse en el espíritu.

  Romanos 8 también menciona la mente, pero en este capítulo la mente está puesta en el espíritu. Ahora la mente que estaba viuda se ha casado con otro esposo. Ya no es simplemente la mente que procura servir a Dios, sino una mente que está casada con el espíritu. Esta mente llega a ser uno con el espíritu y, debido a eso, también llega a ser vida. Hay un cuarto pasaje que menciona la mente; se trata de Romanos 12:2, que habla de la renovación de la mente. La mente que depende del espíritu tiene que ser renovada. Así que, en Romanos vemos la mente reprobada, la mente que procura servir a Dios, la mente dependiente y, por último, la mente renovada. A fin de que nuestra mente sea renovada, debemos apoyarnos en el espíritu y depender de él.

B. La mente es vida

  Primero nuestro espíritu llega a ser vida y luego nuestra mente llega a ser vida. Esto significa que la vida divina se extiende desde nuestro espíritu hasta nuestra alma para saturar nuestra mente. En esta coyuntura, debemos decirles a los santos que nuestra mente en realidad representa nuestra alma. No exageramos al decir que la mente aquí descrita es el alma. La mente es el representante del alma porque es su parte principal. Cuando nuestra mente se casa con nuestro espíritu, es puesta en el espíritu, se apoya en él para ser uno con él, tal mente llega a ser vida.

IV. IMPARTIDA EN NUESTRO CUERPO

  Romanos 8:11 dice que el Espíritu del propio Dios que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivifica nuestro cuerpo mortal, nuestro cuerpo moribundo, por el Espíritu que mora en nosotros. La palabra mortal usada en este versículo no sólo implica muerte, sino también debilidad. El cuerpo mortal es un cuerpo debilitado y moribundo. Romanos 7 llama a nuestro cuerpo caído el cuerpo de esta muerte (v. 24). Aun a este cuerpo débil, moribundo y mortal, un cuerpo de muerte, puede dársele vida.

  Hasta ahora, podemos ver que la vida divina mencionada en Romanos 8:2 es impartida o depositada en nuestro espíritu en el versículo 10 y se extiende a nuestra mente en el versículo 6. Luego, se imparte a nuestro cuerpo mortal en el versículo 11. Por consiguiente, la vida divina se imparte a las tres partes de nuestro ser.

A. Por el Espíritu de Dios que mora en nosotros

  La impartición de la vida a nuestro cuerpo mortal la lleva a cabo el Espíritu que mora en nosotros. Sin que el Espíritu more en nosotros, la vida no puede extenderse del centro de nuestro ser a la circunferencia del mismo. El centro de nuestro ser es nuestro espíritu, y nuestro cuerpo es nuestra circunferencia. Por consiguiente, la vida divina primero es impartida en el centro de nuestro ser, y de ahí se extiende a la circunferencia. Entonces nuestro cuerpo es vivificado mediante el Espíritu que mora en nosotros.

B. Vivifica nuestro cuerpo mortal

  Ya hemos abarcado este asunto, pero cuando presentemos esta lección, debemos detenernos en este punto. Muy pocos cristianos saben que la vida divina puede ser impartida incluso a su cuerpo. Debemos darles a los santos algunos ejemplos que les expliquen esto. Algunas veces en la tarde, después del trabajo, podemos estar cansados y debilitados; así que pensamos que no podemos ir a la reunión. Pero si ejercitamos nuestro espíritu orando a fin de contactar al Señor, eso hará que el Espíritu, quien mora en nosotros, opere en nuestro ser. Espontáneamente la vida divina se impartirá a nuestro cuerpo debilitado y lo vigorizará. Entonces, físicamente tendremos las fuerzas para asistir a la reunión. Ésta es una prueba de que la vida puede ser impartida en nuestro cuerpo debilitado.

  El hermano Watchman Nee ponía esto en práctica. Él tenía problemas cardíacos que mantenían su cuerpo en una condición de extremo agotamiento. Muchas veces mientras compartía, esa dolencia se acrecentaba. Con seguridad, en ese momento ejercitaba su espíritu para permitir que el Espíritu, quien moraba en él, vitalizara o vivificara su cuerpo debilitado a fin de que éste no se presentara como un obstáculo ni un retraso para su ministerio. Sin duda, experimentaba la vida divina impartida de su espíritu a su cuerpo debilitado. También podemos dar testimonio de nuestras experiencias en esta área. Nuestro cuerpo débil, moribundo o enfermo puede ser vitalizado por la vida divina mediante el Espíritu que mora en nosotros.

V. LA IMPARTICIÓN DEL DIOS TRIUNO

  Lo último que necesitamos recalcar en este mensaje es la impartición del Dios Triuno. Debemos reiterar que en Romanos 8 vemos que el Dios Triuno se imparte en nosotros. En los versículos del 8 al 10 se intercambian cuatro títulos: Dios, el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo y Cristo. Dios es el Espíritu de Dios; el Espíritu de Dios es el Espíritu de Cristo y el Espíritu de Cristo es Cristo mismo. Si Dios no fuera el Espíritu, no podría llegar a nosotros. Para que la electricidad llegue a un edificio, es necesario que haya corriente. La corriente eléctrica es la electricidad misma que llega hasta el edificio. Del mismo modo, el Espíritu de Dios es Dios que llega a nosotros.

  Además, para que Dios y el Espíritu de Dios lleguen a nosotros, Él tiene que ser el Espíritu de Cristo. Esto se debe a que en Cristo se hallan dos elementos importantes: la naturaleza humana y la redención. El Espíritu de Dios tiene que ser el Espíritu de Cristo porque es necesario que estén presentes el elemento humano y la redención. La encarnación le añadió el elemento humano, y Su crucifixión efectuó la redención. Mediante el elemento humano y la redención el Espíritu llegó a ser el Espíritu que llega a nosotros. El Espíritu de Dios ahora es el Espíritu de Cristo, el cual tiene humanidad y redención para poder llegar a nosotros.

  No debemos leer todos estos versículos y luego subestimar su importancia. Debemos decir: “Señor, abre nuestros ojos. Necesitamos ver algo aquí”. Romanos 8 nos muestra que el Dios Triuno se imparte como vida divina en las tres partes del hombre. Más adelante, el versículo 11 dice que Dios, quien levantó de los muertos a Cristo Jesús vivifica nuestro cuerpo mortal por el Espíritu que mora en nosotros. Este versículo también nos da un cuadro completo de la manera en que el Dios Triuno imparte vida a nuestro ser partiendo del centro de nuestro ser y extendiéndose hacia la circunferencia. Dicha impartición se ve en los cuatro títulos usados en dicho capítulo: Dios, el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo y Cristo.

  Romanos 8:9-11 nos da un cuadro completo de la impartición que el Dios Triuno lleva a cabo, mediante la cual Él se imparte en nosotros como la vida divina. Primero, Él se imparte en nuestro espíritu; luego, se extiende a nuestra alma y, por último, a nuestro cuerpo mortal. Entonces todo nuestro ser es saturado de la vida divina. En realidad, esta vida divina es el Dios Triuno mismo impartido en nosotros. Debemos entender claramente qué es la vida. En la lección anterior examinamos la función impartidora del Dios Triuno, la cual da por resultado el sentir de vida. En esta lección acabamos de ver que la vida divina es impartida en las tres partes del hombre.

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