En esta lección queremos ver lo que es el sentir del espíritu y conocer el espíritu. Espíritu aquí se refiere al espíritu en el cual mora el Espíritu de Dios, así que es el espíritu mezclado. Una vez más, vamos a referirnos a Romanos 8:2 y 6. El versículo 2 habla de la ley del Espíritu de vida, y el versículo 6 dice que la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el espíritu es vida y paz.
En estos dos versículos tenemos cuatro asuntos principales a los cuales debemos prestar atención. Debemos prestar atención en el versículo 2 a las palabras vida y ley, y en el versículo 6, a las palabras paz y muerte. A fin de conocer el sentir del espíritu, debemos conocer estos cuatro asuntos: la ley, la vida, la paz y la muerte. De hecho, el sentir del espíritu se percibe por medio de estas cuatro cosas.
En la lección anterior vimos que la expresión el Espíritu de vida significa en realidad que el Espíritu es vida. ¿Qué es la vida? Es el Espíritu; es por eso que se le llama el Espíritu de vida. Dicha vida no es la vida física ni la vida de nuestra alma, sino la vida divina, la vida de Dios, la cual es eterna e increada y nos fue impartida en nuestro espíritu para que sea nuestra vida.
En todos los cristianos verdaderos, hay tres clases de vida, a saber: la vida física, la vida psicológica y la vida espiritual y divina. Hay tres palabras griegas que corresponden a cada una de estas clases de vida: bíos, o sea la vida física; psujé, que es la vida del alma; y zoé, la vida espiritual. En estas lecciones nos referimos sólo a zoé, que es la vida divina, la vida eterna, la vida de Dios, la cual llega a ser nuestra vida espiritual. Dicha vida es el propio Espíritu de Dios.
Debemos recalcar que la vida a la cual nos referimos es la que contiene el Espíritu, y el Espíritu pertenece, a su vez, a dicha vida. Muchos cristianos piensan que la vida eterna es una especie de condición o atmósfera eterna y bendita. Para ellos, es un lugar donde disfrutarán el bien eternamente. Esta idea es totalmente errónea. Debemos recalcar que la vida divina es una persona, quien es el Espíritu mismo.
Muchas personas, al referirse a la vida, no saben que en la Biblia hay tres palabras griegas diferentes que se traducen “vida”. Les parece que cada vez que encuentran este término, se refiere a nuestra vida. Entre la mayoría de los cristianos este tema es algo ambiguo. El Evangelio de Juan dice que cuando creemos en el Señor, recibimos vida eterna (3:16, 36a). Esta vida es una persona y dicha persona ahora es el Espíritu. La vida es el contenido de esta persona, y esta persona pertenece a esta vida.
En esta coyuntura debemos referirnos a Romanos 8:6b, donde se dice que la mente puesta en el espíritu es vida y paz. Esto indica que el Espíritu es la fuente de la vida, y que la vida es el producto del Espíritu. En otras palabras, la vida está en completa unidad con el Espíritu y no puede separarse de Él. El Espíritu es el recipiente y la vida es el contenido; el Espíritu es la fuente, y la vida es el producto de dicha fuente.
Romanos 8:2a habla de “la ley del Espíritu de vida”, lo cual muestra que el Espíritu no sólo pertenece a la vida, sino que además tiene la vida como ley, o sea, la ley de vida.
La vida es el contenido y el producto del Espíritu, mientras que la ley de vida es la función y la acción del Espíritu. Cuando el Espíritu desempeña Su función, dicha función es la ley. Cuando el Espíritu actúa, dicha acción es la ley.
Aprehendemos al Espíritu al tocar la vida y al percibir la ley. En esto podemos ver que la expresión la ley del Espíritu de vida es algo compleja. La ley, el Espíritu y la vida se encuentran en una sola unidad. La vida es el contenido y el producto del Espíritu, y la ley es la función y la acción del Espíritu. Así que, cuando tocamos la vida, tocamos al Espíritu, y cuando percibimos la ley, percibimos al Espíritu. Esto se debe a que la vida y la ley son uno con el Espíritu.
Romanos 8:6b dice que poner la mente en el espíritu es vida y paz. Además de la vida, también la paz es el producto del espíritu.
No debemos olvidar que ésta es la continuación de lo que venimos compartiendo en la lección 11 acerca del sentir de vida. Debemos hacer notar que sentir paz interiormente es tener tranquilidad, consuelo, armonía, reposo, gozo y libertad. Cuando tocamos el espíritu, tocamos la vida y al mismo tiempo tocamos la paz.
Romanos 8:6a dice que la mente puesta en la carne es muerte. Así como la vida es el producto del espíritu, la muerte es el producto de la carne. La muerte procede de la carne.
El sentir de muerte nos da a conocer las cosas de la carne. Conocemos la muerte por el sentir, la conciencia, que tenemos de la muerte. Las sensaciones interiores de descontento, vaciedad, vejez, aridez, oscuridad y depresión son aspectos del sentir de muerte, en contraste con el sentir de vida. Además, las sensaciones interiores de conflictividad, discordia, incomodidad, desasosiego, dolor, cautividad y aflicción son aspectos de la muerte, y es lo opuesto al sentir de paz.
Por estos cuatro asuntos —la vida, la ley de vida, la paz y la muerte— podemos percibir el sentir del espíritu. Luego, por el sentir del espíritu, podemos conocer el espíritu. Éste puede compararse con la electricidad, la cual nadie ve, aunque sí se ven sus efectos. Sabemos que la electricidad está presente en una habitación por la luz que la ilumina. Lo mismo sucede con el espíritu. Nadie puede ver el espíritu, pero éste tiene muchas manifestaciones, tales como la vida, la ley de vida, la paz y el sentir de muerte. Este último es una indicación negativa que nos hace dirigirnos al lado positivo. Al estar conscientes de la vida, de la ley de vida, de la paz y de la muerte, podemos percibir el espíritu. Podemos conocer el espíritu al percibir el sentir del espíritu.