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Mensajes del libro «Lecciones básicas acerca de la vida»
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LECCIÓN DIECIOCHO

EJERCITAR NUESTRO ESPÍRITU PARA LA PIEDAD

  Lectura bíblica: 1 Ti. 1:3-4; 3:15-16; 4:7-8; 6:11; 5, 2 Ti. 3:12; 4:22; 2:22

BOSQUEJO

  1. La economía de Dios—1 Ti. 1:3-4.
  2. El misterio de la piedad—3:15-16:
    1. Dios manifestado en la carne.
    2. La iglesia del Dios viviente.
  3. Ejercitarnos para la piedad—4:7-8:
    1. El ejercicio corporal para poco es provechoso.
    2. La piedad para todo aprovecha:
      1. De la vida presente.
      2. De la vida venidera.
  4. Seguir la piedad para ser hombres de Dios—6:11.
  5. Vivir piadosamente en Cristo—2 Ti. 3:12.
  6. Tener el poder de la piedad—v. 5.
  7. El Señor está con nuestro espíritu—4:22:
    1. Tenemos contacto con el Señor ejercitando nuestro espíritu.
    2. Recibimos así la gracia.
  8. Invocar al Señor—2:22:
    1. Con un corazón puro.
    2. Con los que invocan al Señor.

  En esta lección queremos ver lo que es ejercitar nuestro espíritu para la piedad. Los versículos que enumeramos en la lectura bíblica se tomaron de 1 y 2 Timoteo. Hablando con propiedad, la palabra ejercicio se usa en el Nuevo Testamento una sola vez, en 1 Timoteo, en el sentido de ejercitar el espíritu para la piedad. En 1 Timoteo 4:7-8 leemos: “Desecha los mitos profanos y de viejas. Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera”. El ejercicio para la piedad aprovecha para todas las cosas de la vida presente y de la venidera.

  En el Nuevo Testamento aparentemente hay varias contradicciones. En realidad, no son contradicciones. Por un lado, el Nuevo Testamento revela que no debemos tener nuestras propias obras, ni actuar por nuestra cuenta ya sea para participar de la bendición de Dios o para cumplir el propósito de Dios. Pero, por otro, el Nuevo Testamento usa una palabra fuerte como ejercicio. En Colosenses Pablo dijo que trabajaba, laboraba, contendía y luchaba intensamente (1:29; 2:1). Estas expresiones son fuertes y aluden a algo que es difícil de hacer. Todos necesitamos ver estos dos aspectos. No hacer nada se refiere a que no debemos actuar por nuestra propia cuenta valiéndonos de nuestra carne o de nuestra vida natural. Pero, por el lado positivo, debemos laborar, esforzarnos, contender y luchar en nuestro espíritu. En realidad, el ejercicio de nuestro espíritu comprende e implica todas estas palabras: labor, esfuerzo, lucha, pelea y contienda.

  Hoy en día, todo lo que hagamos positivamente en nuestro espíritu es una especie de ejercicio. La palabra griega traducida “ejercicio” es la base de la palabra gimnasia. Para practicar gimnasia, uno debe usar toda su energía a fin de ejercitar todos los miembros del cuerpo. Nosotros debemos ejercitar nuestro espíritu de la misma manera. Nuestras circunstancias no nos ayudan a ejercitarnos, pues tratan de oprimirnos continuamente. Nada de lo que nos rodea nos ayuda a continuar en la labor, sino que tiende a hacernos ociosos y a hacernos retroceder. Es una corriente que va para abajo. La corriente nos arrastra consigo; nos lleva. Pero si queremos salir a flote, debemos ejercitarnos y esforzarnos intensamente.

  En esta lección hemos extraído la esencia vital que se presenta en 1 y 2 Timoteo. Estos dos libros en efecto tratan de la piedad, un vivir que expresa a Dios, como resultado de la impartición divina que se lleva a cabo con miras a cumplir la economía divina. En esta lección hice lo posible por escoger todos los versículos necesarios que nos muestran lo que es una vida de piedad.

I. LA ECONOMÍA DE DIOS

  En 1 Timoteo 1:3 y 4 se nos dice: “Como te exhorté, al irme a Macedonia, a que te quedases en Éfeso, para que mandases a algunos que no enseñen cosas diferentes, ni presten atención a mitos y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que la economía de Dios que se funda en la fe”. Estos versículos indican que 1 Timoteo trata sobre la economía de Dios. En los tiempos de Pablo, algunos ya enseñaban cosas diferentes a la economía de Dios; así que él nos dice que debemos hacer a un lado estas enseñanzas diferentes y volver a la economía de Dios. La economía de Dios es Su administración doméstica, Su plan, de impartirse en nosotros. Esta impartición produce una vida de piedad. De hecho, la piedad es el resultado de la impartición divina.

  Tal vida que expresa a Dios en el vivir de uno es el fruto de la impartición de Dios y depende de la medida en que ejercitemos nuestro espíritu. Esto es lo que en todo el libro de 1 Timoteo se nos muestra. Dicha vida proviene de la impartición de Dios, pero Él no se imparte a Sí mismo en vasos muertos. En una farmacia los remedios se depositan en botellas inertes y, debido a que son inertes, no se requiere su cooperación. Sin embargo, Dios se imparte en nosotros, vasos vivientes que ya tenemos nuestro propio parecer, nuestras preferencias, sentimientos, pensamientos, mentalidad, voluntad, etc. Si no ponemos empeño en ejercitar nuestro espíritu para cooperar con el Señor, Dios no puede impartirse en nosotros. Nuestro espíritu no sólo es el órgano receptor, el órgano de retención, sino también la puerta por la cual Dios se imparte en nosotros. Cuando nuestro espíritu se abre sin reservas, todo nuestro ser se abre. Entonces, Dios puede impartirse a nuestro ser. La impartición de Dios depende de nuestra coordinación, y nuestra coordinación es el ejercicio de nuestro espíritu.

  Es por esto que debemos orar. Así como caminar ejercita los pies y las piernas, es sólo cuando oramos que ejercitamos nuestro espíritu. Cuando oramos, no debemos preocuparnos por lo material ni por asuntos personales como si fuesen nuestra meta. Debemos orar en el espíritu para tener contacto con Dios, tocarle y adorarle. Este tipo de oración hace que nuestro espíritu se ejercite y se abra, y permite que allí encontremos a Dios. Entonces la impartición divina fluye inmediatamente a nuestro espíritu. La vida cristiana es una vida de piedad, de expresar a Dios en nuestro vivir, y esto proviene de la impartición que Dios mismo realiza en nuestro ser, lo cual depende de que nuestro espíritu sea plenamente ejercitado.

II. EL MISTERIO DE LA PIEDAD

A. Dios manifestado en la carne

  El misterio de la piedad es Dios se manifestado en la carne (3:15-16). Nosotros somos la carne en la cual Dios puede manifestarse hoy. Dios se manifiesta en la carne, pero debemos tener presente que Él nunca puede manifestarse por la carne, pues ella es simplemente el vaso de barro. No es el elemento crucial con el cual se lleva a cabo la manifestación de Dios. Dicho elemento, el que sirve a Dios para manifestarse en nosotros es nuestro espíritu.

B. La iglesia del Dios viviente

  La iglesia del Dios viviente es la culminación del misterio de la piedad, ya que la vida de iglesia apropiada es la manifestación corporativa de Dios en la carne. Para conducir a todos los santos a ejercitar su espíritu debidamente, debemos presentar estos aspectos básicos y explicarlos de tal modo que se deja en ellos una profunda impresión.

III. EJERCITARNOS PARA LA PIEDAD

  En 1 Timoteo se nos exhorta a ejercitarnos para la piedad (4:7-8). La piedad es la vida cristiana, una vida que expresa a Dios como resultado de que Dios se imparta en nosotros, lo cual es un misterio. Tal vida requiere un gran ejercicio de parte nuestra.

A. El ejercicio corporal para poco es provechoso

  Pablo dijo que el ejercicio corporal para poco es provechoso. Esto se debe a que sólo aprovecha en ciertos aspectos a una pequeña parte de nuestro ser y, además, el beneficio es temporal. La palabra corporal, en este contexto, nos indica que el ejercicio para la piedad debe ser el ejercicio de nuestro espíritu. Pablo indica que el ejercicio al que se refiere no es el ejercicio del cuerpo. Sin duda, no nos exhorta a que ejercitemos nuestra alma. El ejercicio al que se refiere debe ser el ejercicio de nuestro espíritu. Incluso dice que uno debe ejercitarse a sí mismo. El que uno se ejercite a sí mismo ciertamente no es una referencia al yo que reside en el cuerpo o en el alma, sino a la nueva persona en el espíritu.

B. La piedad para todo aprovecha

  Pablo dice que “la piedad para todo aprovecha” (v. 8). Esta piedad es en realidad el ejercicio de nuestro espíritu. Esto no es una revelación expresada, sino implícita. Pablo dice que el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero que la piedad para todo aprovecha. Esta piedad debe de ser el ejercicio de nuestro espíritu, el cual, en contraste con el ejercicio físico, aprovecha para todas las cosas. Para todo indica que no sólo afecta una parte de nuestro ser, sino todo nuestro ser, o sea, lo físico, lo psicológico y lo espiritual, tanto temporal como eternamente.

1. De la vida presente

  La promesa de la vida presente, la cual experimentamos en esta era, es semejante a las promesas mencionadas en Mateo 6:33, Juan 16:33, Filipenses 4:6-7 y 1 Pedro 5:8-10. La vida presente en 1 Timoteo 4:8 no alude a nuestra vida física, porque se usa la palabra griega zoé, la cual se refiere a la vida divina e increada de Dios. Tenemos zoé en esta era. El ejercicio de nuestro espíritu, con el cual se lleva a cabo la piedad, aprovecha para todo y cumple así la promesa de la vida divina presente que hemos recibido y que disfrutamos ahora.

2. De la vida venidera

  La promesa de la vida venidera, la vida que experimentaremos en la próxima era y en la eternidad, corresponde a las promesas mencionadas en 2 Pedro 1:10-11, 2 Timoteo 2:12, Apocalipsis 2:7, 17; 21:6-7, etc. La piedad aprovecha para todo lo relacionado con la vida presente y también con la vida venidera, la cual se refiere a nuestra vida espiritual, y no a nuestra vida física ni la vida del alma.

IV. SEGUIR LA PIEDAD PARA SER HOMBRES DE DIOS

  Pablo le dijo a Timoteo: “Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia, la mansedumbre” (1 Ti. 6:11). Entre todas las virtudes que Timoteo debía seguir, la principal es la piedad. Necesitamos seguir la piedad para ser hombres de Dios. Efectivamente, la piedad es simplemente expresar la semejanza de Dios; denota ser semejante a Dios, ser como Él y expresarle. En otras palabras, la piedad es expresar a Dios en nuestro vivir. Quien expresa a Dios en su vivir es un hombre de Dios. Debido a que expresa a Dios en su vivir, es semejante a Dios, o sea, tiene Su semejanza, así que es un hombre de Dios. El hombre de Dios tiene que seguir y buscar la piedad, o sea, procurar expresar a Dios en su vivir.

V. VIVIR PIADOSAMENTE EN CRISTO

  En 2 Timoteo 3:12 se habla de los que “quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús”. Vivir piadosamente significa que nuestra vida debe girar en torno a la piedad, a un vivir que expresa a Dios. La piedad debe ser la forma en que vivimos, lo cual, como ya dijimos, depende de la medida en que ejercitemos nuestro espíritu.

VI. TENER EL PODER DE LA PIEDAD

  En 2 Timoteo 3:5 se menciona el poder de la piedad. Pablo dice que en la degradación de la iglesia, algunos sólo tienen apariencia de piedad, mas no el poder de ella. El poder procede del ejercicio de nuestro espíritu. Algunas personas religiosas tal vez tengan reglas acerca de vestirse de tal forma que den apariencia de piedad, pero carecen del poder interior de la piedad. Tenemos que ejercitar nuestro espíritu en todo lo relacionado con nuestra vida diaria, y así tendremos el poder de la piedad. Cuando ejercitamos nuestro espíritu, lo que hacemos no es una simple actuación ni cierta forma, sino una exhibición de la piedad verdadera y del poder interior de la misma. Este poder, que procede del ejercicio interior de nuestro espíritu, es la virtud verdadera y práctica que influye en nosotros de manera viviente para que Dios sea expresado.

VII. EL SEÑOR ESTÁ CON NUESTRO ESPÍRITU

  Al final de 2 Timoteo, Pablo dice: “El Señor esté con tu espíritu” (4:22). La conclusión de este libro hace hincapié en que el Señor está con nuestro espíritu.

A. Tenemos contacto con el Señor cuando ejercitamos nuestro espíritu

  El Señor está con nuestro espíritu, pero nosotros tenemos que responder, cooperar, al ejercitar nuestro espíritu. El aire está con nosotros, pero tenemos que respirarlo para disfrutarlo. Podemos disfrutar el aire continuamente porque tenemos un órgano respiratorio con el cual obtenemos el beneficio que nos ofrece el aire. De la misma forma, el Señor, el Espíritu, está con nosotros, pero nosotros debemos ejercitar nuestro espíritu, nuestro órgano respiratorio, para inhalar al Señor como nuestro aire espiritual (Jn. 20:22). Si no ejercitamos nuestro espíritu, no podemos recibir los beneficios que el Señor nos concede. Obviamente, el hecho de que el Señor esté con nuestro espíritu implica que debemos ejercitar nuestro espíritu.

B. Recibimos así la gracia

  En 2 Timoteo 4:22 Pablo expresa dos oraciones. Primero, Pablo dice: “El Señor esté con tu espíritu” y, luego, dice: “La gracia sea con vosotros”. Si ejercitamos nuestro espíritu para contactar al Señor, para respirarle, recibimos gracia para estar firmes contra la corriente de la degradación de la iglesia y para llevar a cabo la economía de Dios. La gracia es el Señor recibido, disfrutado y experimentado por nosotros. En 2 Timoteo 4:22 se presenta una experiencia subjetiva, y no una bendición objetiva. El hecho de que el Señor está con nuestro espíritu es algo que podemos experimentar al ejercitar nuestro espíritu.

VIII. INVOCAR AL SEÑOR

  En 2 Timoteo 2:22 Pablo encarga a Timoteo que huya de las pasiones juveniles y que siga la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón puro invocan al Señor. Esto indica que los que buscan al Señor son los que le invocan.

A. Con un corazón puro

  Invocamos el nombre del Señor con nuestro espíritu, pero debemos hacerlo con un corazón puro. Nuestro corazón tiene que ser puro. Un corazón puro es aquel cuyo motivo, intención, propósito y voluntad son puros así como sus decisiones, impresiones, sentimientos y pensamientos. Si lo que tenemos en nuestro corazón no es puro, nuestro corazón tampoco es puro. Por consiguiente, no podremos invocar al Señor con un corazón puro. El corazón puro sólo busca a Dios; su única meta es Dios mismo (Mt. 5:8). Si buscamos algo que no sea Dios, nuestros motivos no son puros y, por ende, nuestro corazón tampoco lo será. Debemos invocar al Señor con un espíritu ejercitado y con un corazón puro. Nuestro corazón tiene que ser purificado, y el corazón contiene todo lo siguiente: motivos, intenciones, propósitos, voluntad, decisiones, impresiones, sentimientos y pensamientos. El corazón debe ser puro igual que todos sus constituyentes. Cuando así sea, podemos invocar al Señor de modo puro.

B. Con los que invocan al Señor

  En 2 Timoteo 2:22 está implícito que necesitamos invocar al Señor con los que le invocan. Algunas veces invocamos al Señor solos. Esto ejercita nuestro espíritu, y así recibimos más del Señor, pero no tanto como cuando lo hacemos en compañía de otros. Invocar corporativamente al Señor ayuda mucho. Para ejercitar nuestro espíritu, debemos recobrar la práctica de invocar el nombre del Señor. Necesitamos ejercitar nuestro espíritu para recibir más del Señor. Así podremos llevar una vida piadosa que manifiesta a Dios.

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