Lectura bíblica: Gn. 3:1-7; Ro. 7:17-18a, 21, 23; Ef. 2:1, 12; 4:18
En esta lección acerca de la vida, queremos ver el complot de Satanás para destruir al hombre.
Satanás es el adversario de Dios. Mateo 13:28a es casi el único versículo del Nuevo Testamento que nos dice que Satanás es el enemigo de Dios. En Mateo 13:28 se usa la palabra enemigo, pero debemos tener en cuenta que Satanás no sólo es el enemigo de Dios, sino también Su adversario. Esto se debe a que se halla en el círculo en el que está Dios (Job 1:6). El nombre Satanás, de origen hebreo, significa “adversario”. Él era y sigue siendo no sólo un enemigo, uno que ataca desde fuera, sino también un adversario, uno que se opone desde dentro. Es menester hacer notar que en el universo Dios tiene un enemigo y al mismo tiempo un adversario que se encuentra dentro de Su reino.
Génesis 3:1 muestra que Satanás se esconde en la serpiente astuta. Esto también lo vemos en 2 Corintios 11:3 y en Apocalipsis 12:9. Satanás siempre se oculta en alguna cosa, en algún asunto o en alguna persona. En Mateo 16 Satanás se hallaba escondido en Pedro, de tal modo que el Señor Jesús llamó a Pedro “Satanás” (v. 23). Cuando Satanás vino al hombre por primera vez, lo hizo escondiéndose en una serpiente. Por haberse escondido en una serpiente, a la postre, en Apocalipsis 12:9 se le llama la serpiente antigua.
En esta coyuntura tenemos que dejar en claro que la intención de Dios era entrar en el hombre para ser su vida. Sin embargo, en la Biblia podemos ver que cuando Satanás se da cuenta de que Dios tiene la intención de hacer algo, se adelanta para impedir que Dios lleve a cabo lo que desea. Así que, antes que Dios viniera para entrar en el hombre, Satanás intervino. Puesto que Dios es tan grande, no obliga al hombre a que le escoja ni a que le reciba. Satanás se le adelantó a Dios al ser el primero en entrar en el hombre a fin de impedir que Dios efectuara lo que deseaba hacer con respecto al hombre.
Parecería que Dios siempre llega más tarde de lo que se espera. Juan 11 nos dice que cuando el Señor se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba (v. 6). En ese lapso de tiempo murió Lázaro; así que cuando el Señor llegó allí para resucitarlo, tanto Marta como María le dijeron al Señor: “Si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto” (vs. 21, 32). En la Biblia hay muchos ejemplos que nos muestran que Dios no actúa con rapidez. Sin embargo, no debemos hacer mucho énfasis en esto, ya que si lo hacemos, podríamos confundir a los santos. Debemos recalcar que Satanás llegó a contactar al hombre antes que Dios.
El astuto enemigo de Dios se acercó a la mujer, el vaso más frágil, incitando su mente. En Génesis 3:1b le preguntó a la mujer: “¿Es cierto que Dios ha dicho: No comeréis de ningún árbol del huerto?”. La serpiente puso este interrogante en la mente de Eva, donde suscitó dudas. Éste es un punto crucial que debemos recalcar. Satanás siempre se acerca a una persona, incitando su mente, la cual está llena de dudas. En este caso él puso en duda algo que Dios había dicho, y dicha acción obviamente estimuló la mente de Eva. Satanás hizo esto para alejar a Eva de su espíritu e impedir que lo usara. Cuando Dios viene a nosotros, siempre toca nuestro espíritu. Pero cuando Satanás viene a nosotros, siempre viene a nuestra mente. Nuestro espíritu es el lugar al cual Dios se dirige, mientras que nuestra mente es el lugar al cual Satanás se dirige. Satanás siempre se acerca buscando cómo incitar nuestra mente.
Después que Satanás vino e incitó la mente de la mujer, hizo que ésta dudara de la palabra de Dios (v. 4). En el versículo 1 de Génesis 3, él estimuló la mente de Eva; luego en los versículos 2 y 3, Eva empezó a hablar con él, lo cual indica que Eva había caído en la trampa. Ella no debía haber hablado con la serpiente ni debía haberle respondido; debía haberse apoyado firmemente en la palabra de Dios y alejado rápidamente del tentador. En vez de hacer esto, ella contestó diciendo: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, ha dicho Dios: No comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis” (vs. 2-3). Esta pequeña conversación es evidencia de que Eva había caído en la trampa. Su respuesta abrió la puerta para que la serpiente le dijera: “¡Ciertamente no moriréis!” (v. 4). Éste es un paso más que Satanás dio para tratar con la mente de la mujer. Él no sólo quería incitar la mente humana, sino que además hizo que la mente humana dudara de la palabra de Dios. Esto significa que el veneno de la serpiente entró en la mente de la mujer, ya que las palabras de Satanás habían entrado en ella. Cuando las palabras tienen acceso, la persona que las profiere también tiene acceso. De este modo, la mente humana recibió el veneno y se contaminó.
Satanás también estimuló la parte emotiva del ser humano para que no guste de Dios. Esto se comprueba en el versículo 5, donde Satanás le dijo a Eva: “Sabe Dios que el día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”. Estas palabras eran malignas y agitaron los sentimientos de Eva haciendo que no gustara de Dios. Tal vez ella pensó que Dios le impedía participar de algo que sería bueno para ella. Ésta es la astucia del enemigo con la cual envenenó la parte emotiva del ser humano.
Satanás sedujo la voluntad humana induciéndola a escoger el árbol del conocimiento. Después de lo dicho por Satanás en el versículo 5, el versículo 6 dice: “Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer y que era deleitoso a los ojos, y árbol deseable para alcanzar la sabiduría, tomó de su fruto y comió”. Fue así como la voluntad humana fue seducida para que decidiera tomar del fruto del conocimiento del bien y del mal.
Para entonces, Satanás ya había contaminado toda el alma humana: la mente, la parte emotiva y la voluntad. La mente fue envenenada, la parte emotiva fue envenenada y la voluntad fue envenenada. Así que, todas las partes del alma fueron contaminadas.
Cuando Eva y Adán tomaron del fruto del árbol del conocimiento, Satanás entró en el cuerpo humano y vino a ser el mal que mora en la carne del hombre. Para ver esto, vamos a Romanos 7:17-18a, donde Pablo dice: “De manera que ya no soy yo quien obra aquello, sino el pecado que mora en mí. Pues yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien”. Pablo afirma que no hay nada bueno en su carne. Luego, en 7:21 añade: “Así que yo, queriendo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está conmigo”. “El mal” debe de referirse a la vida, la naturaleza y el carácter malignos de Satanás, quien es el pecado que mora en nosotros. Cuando el pecado está inactivo dentro de nosotros, es meramente el pecado, pero cuando lo despertamos queriendo hacer nosotros el bien, el pecado se convierte en “el mal”. El versículo 23 dice: “Pero veo otra ley en mis miembros, que está en guerra contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”. El pecado y el mal se hallan en los miembros del hombre, en la carne. Esto nos muestra que cuando el hombre tomó del árbol del conocimiento, Satanás se apoderó de todo su ser.
Satanás capturó al hombre valiéndose de la mujer (Gn. 3:6b). Primero se apoderó del vaso más frágil, la mujer, y luego la usó para tomar cautivo también al hombre. En 1 Timoteo 2:14 se nos dice: “Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión”. No fue al hombre a quien Satanás engañó, sino a la mujer. La historia nos dice que Satanás usa con frecuencia a la mujer para llegar al hombre y corromperlo.
Satanás se hizo uno con el hombre y lo alejó de Dios trayendo muerte al espíritu humano. Esto se ve en Efesios 2:1, 12 y 4:18, donde vemos que el espíritu del hombre quedó sumergido en una condición de muerte. De este modo, el hombre quedó alejado de Dios, privado también de la vida de Dios. Podemos ver que el hombre cayó hasta lo más bajo, ya que su mente, su parte emotiva, su voluntad y su cuerpo fueron envenenados; además su espíritu quedó sumido en una condición de muerte. El ser completo del hombre quedó contaminado, en muerte y alejado de Dios.
Satanás usurpó al hombre para impedir que Dios cumpliera Su propósito. Hoy la humanidad se encuentra en las manos de Satanás, y éste la utiliza para hacer su voluntad a fin de no dejar que Dios lleve a cabo Su propósito. Dios hizo al hombre para que cumpliera Su propósito. Pero el hombre cayó en las manos usurpadoras de Satanás, de modo que es usado por Satanás para cumplir su propósito. En esto consiste el complot de Satanás, cuyo fin es arruinar al hombre.
Tenemos que recalcar que Satanás arruinó al hombre contaminando su alma y trayendo muerte a su espíritu. También tenemos que señalar que el cuerpo del hombre fue dañado de tal modo que se convirtió en la carne. En la carne, o sea, en el cuerpo arruinado del hombre, mora el pecado, el cual al actuar se le llama “el mal” (Ro. 7:21). El pecado y el mal son lo mismo. La palabra pecado denota principalmente la naturaleza, mientras que el mal se refiere más que todo a la actividad de aquél. En realidad, tanto el pecado como el mal son el propio Satanás. El mismo Satanás que mora en nuestra carne es el pecado. Cuando el pecado obra, es el mal. Podemos ver que el ser del hombre en su totalidad cayó al máximo cuando comió del árbol del conocimiento, debido a que su alma se corrompió, su espíritu quedó sumido en muerte y su cuerpo fue arruinado.
Debemos orar para tener las palabras exactas a fin de presentar estas verdades a los que son nuevos entre nosotros y a los jóvenes. Creo que esto es bastante crucial para las siguientes lecciones acerca de la vida divina.