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Mensajes del libro «Lecciones de vida, tomo 2»
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LECCION DIECISIETE

LA REUNION DEL PARTIMIENTO DEL PAN

(2)

B. Asistir a la mesa del Señor

  1) “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un Cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Co. 10:16-17).

  En 1 Corintios 11:23-25 se nos muestra que el énfasis de comer la cena del Señor es el hacer memoria del Señor, mientras que 1 Corintios 10:16-17 y 21 nos dice que el énfasis de asistir a la mesa del Señor es la comunión con los santos.

  En la reunión del partimiento del pan, comemos el único pan, el cual significa el cuerpo de Cristo, y bebemos la única copa, la cual significa la sangre de Cristo. Comer y participar de un pan, y beber y compartir de una copa, implica una comunión mutua. Es debido al cuerpo y a la sangre del Señor que tenemos esta comunión. Por lo tanto, tal comunión llega a ser la comunión de la sangre de Cristo y la comunión del cuerpo de Cristo. De esta manera, cuando comemos y bebemos juntos, compartiendo el pan del Señor y la copa del Señor, “participamos de la mesa del Señor” (1 Co. 10:21). En esta mesa, participamos en el cuerpo del Señor y en la sangre del Señor con todos los santos y tenemos comunión unos con otros. La sangre de Cristo, la cual disfrutamos juntos, quita todas las barreras entre los santos. El pan que compartimos, el cual simboliza el cuerpo individual de Cristo, entra en nosotros para hacernos un pan, el cual significa el único Cuerpo corporativo de Cristo. En el aspecto de comer la cena del Señor, el pan se refiere al cuerpo individual del Señor, el cual El dio por nosotros en la cruz, mientras que en el aspecto de asistir a la mesa del Señor, el pan indica el Cuerpo corporativo del Señor, el cual El constituyó con todos los santos regenerados por medio de Su resurrección de entre los muertos. El primero era físico, y fue entregado a muerte y dado por nosotros; el segundo es místico y está constituido con todos los santos en la resurrección del Señor. Por lo tanto, cada vez que partimos el pan, por un lado, hacemos memoria del Señor y lo disfrutamos por medio de recibir el cuerpo que El dio por nosotros en la cruz; por otro, disfrutamos del Cuerpo místico que El produjo por medio de Su resurrección de entre los muertos, teniendo comunión con todos los santos en este cuerpo místico y testificando la unidad de este cuerpo místico. No hay solamente una relación entre nosotros y el Señor, sino también una relación entre nosotros y todos los santos.

II. ADORAR AL PADRE CON EL PADRE COMO CENTRO

  La reunión del partimiento del pan es una reunión de adoración por parte de los creyentes. Según el proceso de la salvación de Dios, primero recibimos al Señor y luego nos acercamos al Padre. Así, en esta reunión de adoración, primero debemos hacer memoria del Señor y luego adorar al Padre. El centro de la sección de hacer memoria del Señor es la conmemoración del Señor, y el centro de la sección para adorar al Padre es la adoración al Padre, en la cual todas las oraciones, himnos y palabras deben ser dirigidas hacia el Padre.

  1) “Tomó Jesús pan y bendijo, y lo partió, y dio a los discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es Mi cuerpo. Y tomando la copa ... les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es Mi sangre del pacto ... y cuando hubieron cantado un himno, salieron al monte de los Olivos” (Mt. 26:26-30).

  En aquel día, después que el Señor Jesús partió el pan y cantó un himno con los discípulos, los guió al monte de los Olivos para reunirse con el Padre. Se implica y se establece un principio aquí, es decir, que después que hayamos partido el pan para hacer memoria del Señor, debemos ser guiados por El a adorar juntos al Padre.

  2) “Anunciaré [Yo, el Cristo resucitado] a Mis hermanos Tu nombre [el del Padre], en medio de la iglesia [la reunión con los discípulos después de la resurrección] te cantaré himnos de alabanzas” (He. 2:12).

  Esto se refiere a lo que el Señor hizo cuando se apareció a Sus discípulos y se reunió con ellos después de Su resurrección. El los consideró como hermanos y les declaró el nombre del Padre. También los consideró como la iglesia y cantó himnos de alabanza al Padre en medio de ellos. Aunque el Señor es el Hijo unigénito de Dios, a través de la muerte y la resurrección, regeneró a los que creímos en El (1 P. 1:3) para que pudiéramos ser hechos los muchos hijos de Dios. Entonces, llegó a ser el Hijo primogénito de Dios (Ro. 8:29) quien guía a los muchos hijos, que somos nosotros, con El al Padre. Después de resucitar, vino entre los discípulos (Jn. 20:19-29) y declaró el nombre del Padre a Sus hermanos. Luego, en la posición del Hijo primogénito de Dios, El guió a Sus muchos hermanos, quienes son los muchos hijos de Dios, a cantar juntos alabanzas al Padre, esto es, a adorar juntos al Padre. Según este hecho, después que nosotros hemos partido el pan en memoria del Señor, debemos ser guiados por el Señor a adorar al Padre. En esta sección de la reunión, tomamos al Padre como centro, y todas las alabanzas que cantamos al Padre es el Señor mismo en nosotros guiándonos a cantar alabanzas al Padre.

III. LAS PERSONAS QUE PARTEN EL PAN

  1) “Tomo Jesús pan ... y dio a los discípulos” (Mt. 26:26).

  Cuando el Señor estableció el partimiento del pan, El dio el pan y la copa a Sus discípulos, es decir, a los que habían creído en El, que tenían Su vida y que le pertenecían. Por supuesto, solamente los que tienen tal relación con el Señor y conocen al Señor como su Salvador personal pueden hacer memoria del Señor al comer Su pan y al beber Su copa, y pueden exhibir la muerte del Señor por Su pan y por Su copa.

  2) “Todos los que habían creído ... partiendo el pan” (Hch. 2:44-46).

  Los que parten el pan deben ser “los que habían creído”, es decir, los que han creído y recibido la salvación del Señor, que tienen la vida del Señor y pertenecen al Señor. Solamente tales creyentes pueden y deben partir el pan. Por lo tanto, solamente los que son salvos, que se han unido al Señor, y que no viven en pecado, están capacitados para comer el pan y beber la copa. Ningún otro puede tomar parte del pan y de la copa del Señor.

IV. EL TIEMPO PARA EL PARTIMIENTO DEL PAN

  1) “Y perseveraban ... en el partimiento del pan” (Hch. 2:42).

  Aquí dice que los primeros creyentes perseveraban en el partimiento del pan; esto es, sin cesar continuaban partiendo el pan, haciéndolo todo el tiempo. Nosotros debemos seguir tal modelo.

  2) “Cada día ... partiendo el pan” (Hch. 2:46).

  Tal era la perseverancia de los primeros creyentes en el partimiento del pan, que lo hacían diariamente. En aquel entonces, debido a que eran fervientes hacia el Señor y porque le amaban profundamente, ellos espontáneamente partían el pan cada día. Esto nos dice que, si es posible, cuanto más partamos el pan en memoria del Señor, tanto mejor.

  3) “El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para partir el pan” (Hch. 20:7).

  Los primeros creyentes comenzaron partiendo el pan diariamente. Después, gradualmente adquirieron el hábito de hacerlo una vez por semana, en el primer día de la semana, el cual es el día del Señor. Este es el día de la resurrección del Señor y es el comienzo de una nueva semana, lo cual significa que las cosas viejas han pasado y la vida nueva ha comenzado. Por lo tanto, lo más apropiado es partir el pan para hacer memoria del Señor en este día. Además, aunque exhibimos Su muerte cuando partimos el pan, realmente estamos haciendo memoria del Señor quien está en resurrección.

  4) “Es la cena del Señor la que coméis” (1 Co. 11:20).

  Puesto que el partimiento del pan es comer la cena del Señor, es mejor que sea conducido por la noche. Además, por la noche, habiendo terminado todo nuestro trabajo y habiéndonos desocupado de nuestras cargas, estamos aliviados de corazón y refrescados en espíritu. Este es el tiempo apropiado en el cual podemos hacer memoria del Señor sin ansiedad, y es cuando es fácil sentir la presencia del Señor. Esto, sin embargo, no es un asunto legal. Si es difícil o inconveniente tenerlo en la noche, podemos evaluar la situación y cambiar el tiempo a la mañana o a la tarde.

V. EL LUGAR PARA EL PARTIMIENTO DEL PAN

  1) “Partiendo el pan de casa en casa” (Hch. 2:46).

  Los primeros creyentes partieron el pan de casa en casa, en cada hogar. Está claro que el lugar para el partimiento del pan era sus hogares.

  2) “Cuando, pues, os reunís vosotros en el mismo lugar ... es la cena del Señor la que coméis” (1 Co. 11:20).

  Según esta palabra, los primeros creyentes también se reunían en un solo lugar para comer la cena del Señor. Esto debe haber ocurrido en un lugar más grande. En una reunión pequeña, cuando nos reunimos para partir el pan en los hogares, hay un sabor dulce e íntimo; en una reunión grande, cuando nos reunimos todos en un solo lugar, hay una atmósfera rica y elevada. Los creyentes pueden partir el pan en hogares individuales o en un solo lugar, pero esto debe ser decidido por la iglesia conforme a la necesidad y situación.

VI. DESPUES DEL PARTIMIENTO DEL PAN

  1) “Pues, todas las veces que comáis este pan, y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que El venga” (1 Co. 11:26).

  Los que parten el pan en memoria del Señor deben ser los que anhelan al Señor, esperan Su venida y aman Su manifestación (2 Ti. 4:8). Por lo tanto, después que partimos el pan, debemos vivir una vida en espera de la venida del Señor.

  2) “No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios” (1 Co. 10:21).

  Aquí dice que si participamos de la mesa del Señor, no podemos participar de la mesa de los demonios, y si bebemos la copa del Señor, no podemos beber la copa de los demonios. Según el texto que precede a este versículo, la mesa de los demonios y la copa de los demonios son los sacrificios a los ídolos. Por eso, después que partimos el pan, no podemos comer lo sacrificado a los ídolos.

  3) “Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Co. 5:8).

  Aquí, la palabra levadura se refiere a todo lo malo y a todo lo que corrompe al hombre. En el Antiguo Testamento, inmediatamente después de que los israelitas celebraron la Pascua, observaron la fiesta del pan sin levadura, quitando toda levadura de su vivir (Dt. 16:1-4). El partimiento del pan en el Nuevo Testamento reemplaza la Pascua del Antiguo Testamento. Así que, después de partir el pan, debemos celebrar la fiesta del pan sin levadura como lo hicieron los israelitas, quitando de nuestra vida todo lo malo y todo lo que nos corrompe. Nosotros debemos vivir solamente una vida santa que está libre del pecado. Por medio de la vida del Señor que es santa y sin pecado, y la cual es el pan sin levadura de sinceridad y verdad, seremos los que verdaderamente celebran la fiesta del pan sin levadura.

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