Dondequiera que estén los obreros, ellos deben perfeccionar a los santos. Si los obreros reemplazan a los santos, en vez de perfeccionarlos, la iglesia no será edificada. Perfeccionar a los santos equivale a edificar la iglesia. Si queremos perfeccionar a los santos, no debemos hacer la obra solos; en vez de ello, debemos laborar con los santos para enseñarles que hagan lo mismo que nosotros hacemos. Nuestra meta debe ser perfeccionar a los santos hasta que ellos puedan reemplazarnos. Al comienzo nosotros hacemos la obra, pero al cabo de algún tiempo los santos podrán laborar con nosotros y ser aún mejores que nosotros. A medida que perfeccionamos a los santos, nosotros les transmitimos la responsabilidad. Al comienzo nosotros somos responsables por la obra; pero después de cierto tiempo los santos son los que tienen la responsabilidad. Una vez que los santos llevan la responsabilidad por la obra, nosotros podremos marcharnos. Esto suena sencillo, pero el principio es muy crucial. El resultado de este tipo de obra es la edificación de la iglesia.
Según mi observación nuestra obra se queda corta en el perfeccionamiento de los santos. En otras palabras, el elemento de laborar con otros para perfeccionarlos no es el adecuado. Hay otro asunto que debemos considerar seriamente delante del Señor. Cuando vinimos a Taiwán, obramos conforme al principio de que un obrero sirviera en una localidad por largo tiempo, a fin de cuidar de la iglesia. Procedimos de esta manera porque resultaba conveniente. Éste puede haber sido el camino correcto para nosotros en el pasado, pero seguir laborando de esta manera puede crear problemas.
Aunque es beneficioso que un obrero se quede por largo tiempo en un lugar, esto también presenta ciertas desventajas. Cuanto más tiempo se quede un obrero en un mismo lugar, más probabilidad hay de que reemplace a los santos en su función. En otras palabras, gran parte de su obra resultará en reemplazar a los santos en vez de perfeccionarlos.
Además, algunos obreros tienden a aislarse o incluso a volverse peculiares después de estar en un lugar por largo tiempo, porque hacen las cosas solos y no son equilibrados por los demás. Carecen de una perspectiva equilibrada de las iglesias y de los demás obreros porque ellos por su propia cuenta han tomado decisiones y guiado y animado a los santos.
Por un lado, puede haber cierta pérdida cuando un obrero viaja con frecuencia; pero, por otro, hay muchos beneficios. Cuanto más viaja un obrero, más ve y más se amplía su perspectiva. Una perspectiva más amplia a menudo llega a ser un factor que nos equilibra y una salvación para nosotros. Un obrero que permanece en un lugar está destinado a volverse localista, estrecho, superficial y peculiar en su criterio. Por consiguiente, fácilmente deja de tener una perspectiva equilibrada. Un obrero también se vuelve más subjetivo cuanto más tiempo permanece en un lugar. Según nuestra práctica actual, en la mayoría de los lugares hay un obrero principal. No sería nada bueno que este obrero se torne subjetivo. Una persona que es subjetiva se vuelve peculiar y tiene un criterio muy estrecho. En todos los lugares que he visitado, raras veces he conocido a alguien que goce de una perspectiva amplia. Cuando viajamos, se ensancha nuestra perspectiva y somos equilibrados por los demás.
Más aún, cuando un colaborador permanece en un mismo lugar, los santos de la localidad tienen menos oportunidad de recibir ayuda de las otras personas dotadas. Cuando el suministro en una localidad siempre proviene de una sola persona dotada, no es fácil que los santos reciban el suministro de las otras personas dotadas.
Pese a estas consideraciones, es difícil decidir cómo tratar este asunto. No sabemos cómo el Señor ha de guiarnos. Es posible que en lugar de permanecer en un lugar, algunos de los obreros deban viajar frecuentemente para tener comunión con los santos y brindarles un suministro. Sin embargo, todavía tiene ventajas el que un obrero sirva en un solo lugar. Un obrero que permanece en un mismo lugar llevará más responsabilidad y es más probable que realice cargas específicas en una localidad. En contraste, un obrero que viaja constantemente puede acabar no llevando ninguna responsabilidad ni realizando ninguna carga particular. Así que ambos aspectos tienen sus méritos y desventajas.
Debemos evaluar cada aspecto de nuestra situación. Algunos obreros pueden permanecer en un lugar por largo tiempo, mientras que otros pueden pasar más tiempo visitando diferentes localidades. Independientemente de si permanecemos en un solo lugar o viajamos con frecuencia, nuestra meta debe ser perfeccionar a los santos. Algunos hermanos dirán que puesto que son obreros, lo que ellos hacen perfecciona a los santos. Esto puede ser cierto, pero incluso los pastores y predicadores en las denominaciones dicen que su obra consiste en perfeccionar a los creyentes. Sin embargo, su perfeccionamiento es diferente del nuestro. Cuando nosotros hablamos de perfeccionar a los santos, nos referimos al perfeccionamiento de Efesios 4:12, el cual capacita a los santos perfeccionados para que participen en la obra del ministerio de edificar la iglesia. No es a esto que el cristianismo se refiere cuando habla de la edificación. Muchos creyentes en el cristianismo son edificados por sus pastores y predicadores, pero no son perfeccionados. El perfeccionamiento del que hablamos no consiste simplemente en edificar a los creyentes en su fe; es más que una edificación personal porque tiene el elemento de la edificación corporativa.
Edificar en el nivel individual significa mejorar algo, es decir, afinar. Dicha edificación también implica hacer algo útil. Sin embargo, la edificación corporativa no significa únicamente mejorar algo o hacerlo útil, sino edificar algo como parte de la casa. Supongamos que tenemos un trozo de madera. Debemos trabajar la madera no sólo para quitarle las asperezas, sino también para usarla de modo que sirva de viga o columna en la casa. Ésta debe ser edificada como parte de la casa. Éste es el significado de perfeccionar según se menciona en Efesios 4:12.
Nosotros dejamos de usar la expresión la reunión de edificación individual y empezamos a hablar de la reunión de edificación corporativa, porque no simplemente estamos edificando a los santos en su fe. Una persona que hace esculturas de madera o de piedra está realizando una obra de esta índole. Después que talla la madera o la piedra, la pieza es exhibida para que la gente la admire. Esta clase de obra es incompleta. La mayor parte de la obra que se realiza en el cristianismo en cuanto a predicar el evangelio, realizar campañas de avivamiento y conducir estudios bíblicos simplemente edifica a los creyentes en su fe para que su condición mejore. Esta obra no contiene mucho perfeccionamiento ni produce la edificación corporativa. Como resultado, muchos cristianos son edificados espiritualmente y son embellecidos, pero no son edificados unos con otros.
Podemos cortar una piedra preciosa y hacerla hermosa para que la gente la aprecie, pero eso no significa que la piedra haya sido edificada como parte del edificio. Algunos creyentes son aptos para ser admirados por la iglesia o por el cristianismo, pero no son capaces de coordinar con otros para llegar a ser la morada de Dios en el espíritu. No pueden ser edificados con otros. Son cristianos que son buenos y hermosos individualmente, pero no pueden ser edificados con otros creyentes para ejercer su función y servir en coordinación.
Hay una gran diferencia entre la edificación individual y la edificación corporativa. En las reuniones de distritos, no queremos tener hermanos y hermanas que meramente sean espirituales. En vez de ello, queremos que en todas las reuniones haya hermanos y hermanas que estén siendo perfeccionados para ejercer su función y ser edificados unos con otros. Al respecto aún tenemos mucho que aprender.
No debemos entender esto en el sentido organizativo y pensar que necesitamos aprender a planear y organizar las reuniones de distritos. Es inútil organizar las reuniones de distritos, porque la edificación no consiste en organizar las cosas. La obra de la que estamos hablando debe hacerse en cada localidad y en cada reunión. Hemos aprendido algo de parte del Señor, y sabemos cómo laborar; pero mientras laboramos, debemos perfeccionar a otros para que sean edificados como parte de la casa. Entonces cada santo podrá llevar la responsabilidad y manifestar su función, y también podrá coordinar con los demás santos. Es de esta manera que la iglesia podrá desarrollarse y crecer, y al mismo tiempo satisfacer la necesidad del Señor en sus múltiples aspectos a nivel local.
Si se necesita predicar el evangelio, una iglesia local que es edificada puede predicar el evangelio. La iglesia asimismo podrá apoyar, pastorear y cuidar de los nuevos creyentes. Habrá una expresión genuina del Cuerpo en esa localidad, de tal manera que los santos que desean aprender a servir estarán en la coordinación. Esta iglesia es la casa de Dios, a la cual el pueblo de Dios pertenece y en la cual encuentran su hogar. Éstas son las funciones más evidentes de una iglesia que ha sido edificada. También hay otras funciones más profundas. Todas las funciones resultan de un grupo de hermanos y hermanas que han sido perfeccionados y edificados en una localidad. Por consiguiente, no debemos desestimar el perfeccionamiento y la edificación.
Entre nosotros no hay gigantes espirituales. Cada uno de nosotros es un don nadie. Si comparamos lo que tenemos externamente con lo que está en el cristianismo, veremos que tenemos muy poco, y que nuestra condición es muy insatisfactoria. Ciertamente sentimos que estamos carentes en muchos aspectos y que en muchos aspectos somos incompetentes, por lo que Dios puede bendecirnos sólo de forma limitada. No obstante, la bendición que recibimos excede a la que reciben otros grupos cristianos.
Tomemos por ejemplo a la iglesia en Taipéi. Aunque las reuniones de distritos son débiles, la iglesia ha podido establecer veintinueve reuniones donde un buen número de hermanos y hermanas se reúnen y sirven juntos regularmente. En una ocasión les informamos a los santos que íbamos a tener una conferencia al día siguiente, y más de dos mil santos asistieron a la conferencia. En contraste, muchas organizaciones cristianas pueden usar anuncios publicitarios y sólo lograr reunir a doscientas o trescientas personas en una conferencia. ¿Cuál es la fuente de nuestra bendición? Somos bendecidos, no porque tengamos gigantes espirituales o predicadores famosos entre nosotros, sino porque tenemos los elementos de la coordinación y la edificación. Si quitáramos los elementos de la coordinación y la edificación, nuestra situación sería más desolada que la situación del cristianismo.
Somos bendecidos porque prestamos atención a la coordinación y a la edificación. La pequeña cantidad de coordinación y edificación que hay entre nosotros hace que Dios nos bendiga. La coordinación y la edificación retienen la bendición de Dios. Esta comunión tiene como objetivo fortalecer la impresión que tenemos de la edificación. Los obreros tal vez piensen que es suficiente tener el árbol de la vida, pero eso no es suficiente.
Yo llevo al menos veinticinco años en la obra del Señor, y he sufrido mucho durante este tiempo. Es por ello que en cuanto surge una situación, yo sé si va a ser de ganancia o pérdida. Por ejemplo, debido a que yo sabía que íbamos a sufrir una gran pérdida cuando el hermano T. Austin-Sparks estuvo aquí en la primavera pasada, yo hice lo posible por evitar que tal cosa sucediera. Reconozco que el hermano Sparks es espiritual. Es difícil encontrar a otra persona en la tierra hoy que sea tan espiritual como él. Por esta razón, en los pasados treinta años el hermano Nee, algunos santos y yo lo hemos apreciado. También estuvimos observándolo por treinta años, y nos preguntábamos si su entendimiento del Cuerpo de Cristo era apropiado.
El tesoro y el vaso de barro (2 Co. 4:7) deben corresponder. El recipiente es importante. Es por ello que dedicamos bastante tiempo el año pasado para recalcar el terreno de la iglesia. Es por esa misma razón que estamos teniendo comunión sobre la edificación de la iglesia. Si el terreno y la edificación de la iglesia no son apropiados, nuestra obra no producirá resultados, y la bendición del Señor no permanecerá. No podemos dejar que esto suceda. Por consiguiente, la bendición y el recipiente deben corresponder.
Si tenemos la intención de formar un grupo aparte dentro del cristianismo y convertirnos en una secta, merecemos ser maldecidos; el Señor jamás nos bendecirá. Asimismo merecemos ser maldecidos si siempre contendemos con otros creyentes y tratamos de ser diferentes. Sin embargo, debido a que la iglesia se halla en un estado de confusión, debemos encontrar la manera de obtener la bendición de Dios y encontrar el terreno apropiado que habrá de retener la bendición de Dios. Más aún, tenemos que encontrar la manera en que los creyentes que están firmes en este terreno podrán ser edificados para que la bendición de Dios no se esfume.
No podemos cambiar la condición del cristianismo. Dios permite que este estado de confusión continúe, y nosotros no podemos cambiarlo. Cualquier esfuerzo por cambiarlo es una necedad. Sin embargo, puesto que deseamos seguir al Señor, vivir en Su presencia y serle útiles, debemos encontrar la forma de retener lo que sabemos y hemos experimentado. Necesitamos el terreno y la edificación a fin de conservar la bendición que hemos recibido. De lo contrario, el fruto de toda nuestra labor desaparecerá.
No debemos laborar de forma insensata. Nuestra obra puede ser comparada a sacar agua de un pozo con un balde. Si derramamos el agua en el suelo, ésta desaparecerá. Por consiguiente, debemos considerar cómo traer la bendición, el terreno apropiado que puede contener la bendición y la edificación que resguarda la bendición.
La bendición de Dios, que está entre nosotros, tiene mucho que ver con el camino que seguimos y con el terreno sobre el cual estamos afirmados. También está relacionada con nuestro servicio en coordinación. Aparte de este camino, este terreno y este servicio en coordinación, no tendríamos la bendición de Dios. Sin embargo, si la edificación y la coordinación entre nosotros fueran más fuertes, habría al menos cinco mil santos en las reuniones.
Aunque no hacemos hincapié en el resultado de nuestra obra, sería mejor tener cinco mil santos que puedan escuchar los mensajes que son liberados en lugar de tener sólo dos mil santos. Incluso sería mejor que diez mil santos escucharan estos mensajes. Lo que deseamos no es tener un gran número de personas, sino más bien que la palabra de Dios alcance a muchos. Por lo tanto, es importante que sepamos cómo retener a los creyentes después que son salvos. Bautizamos entre siete mil y ocho mil personas, pero sólo una cuarta parte de este número estuvo en la conferencia. Esto nos muestra que la coordinación y la edificación entre nosotros son débiles. Si nuestra coordinación fuera fuerte, unos cinco mil santos asistirían a las conferencias.
En comparación con otros grupos cristianos, nosotros hemos recibido más de la bendición de Dios. Sin embargo, nuestro número de asistencia es un indicio de nuestra debilidad e incompetencia. La bendición que recibimos se debe a nuestra coordinación. Aunque nuestra coordinación no es la adecuada, todavía tenemos cierta medida de coordinación. Otros creyentes no experimentan la bendición de Dios porque no tienen esta coordinación. Nosotros somos bendecidos por Dios, pues tenemos cierta medida de coordinación y edificación, aunque sean débiles. Damos gracias al Señor por esto.
La obra tiene muchos aspectos. No existe nada que apenas tenga un solo aspecto. Por ejemplo, al edificar una casa hay que tener en cuenta muchos aspectos. Una casa tiene no sólo paredes sino ventanas; tampoco puede tener ventanas y puertas en todas las paredes. No es nada sencillo planear dónde deberán ir las puertas y ventanas. Esto también se aplica a la obra espiritual. No debemos pensar que es suficiente ayudar a los santos a ser espirituales. Ciertamente necesitamos ser espirituales, pero también necesitamos estar en coordinación. La necesidad más obvia que tenemos es perfeccionar a los santos para la obra del ministerio de edificar el Cuerpo de Cristo. Éste es el aspecto más importante de la obra.
Si yo siempre hiciera todo por mí mismo y no perfeccionara a los santos, ¿cuál sería el resultado? Sólo unos treinta o cincuenta santos serían ayudados a ser espirituales, y a la postre ellos vendrían a ser reliquias espirituales. Serían cristianos hermosos y espirituales que sólo sirven para ser exhibidos. Si se organizara una exhibición cristiana, mi obra podría ser la mejor. Sin embargo, mi obra no tendría ninguna utilidad en la edificación. Es por ello que no laboré de esta manera.
Cuando empezamos a laborar, optamos por el camino de perfeccionar a los santos. Si se organizara una exhibición, ninguno de los santos sería lo suficientemente bueno para ser exhibido, porque nuestra obra no es para exhibición. Únicamente teníamos materiales de baja calidad que de algún modo logramos reparar y juntar. Sin embargo, damos gracias al Señor porque aunque los materiales eran deficientes y no eran agradables a la vista, miles de creyentes, al ser juntados, aprendieron a servir al Señor y ya traen la bendición. Éste es el principio correcto que hemos usado para nuestra obra.
Debemos ver este principio y ceñirnos al mismo. Esto no significa que no necesitemos ser espirituales, sino que, en todo cuanto hagamos, debemos aprender a perfeccionar a otros. Debemos perfeccionar a los santos cada vez que hagamos algo. Nuestros dones y nuestra capacidad varían; pero, aun así, debemos echar mano de este principio para que los hermanos y hermanas a quienes guiamos aprendan a hacer todo lo que nosotros hacemos. Permítanme repetirles: aunque podemos diferir en nuestros dones y capacidad, no está bien que los hermanos y hermanas que son guiados por nosotros no entiendan lo que hacemos. El principio de nuestra obra debe ser ayudar a los hermanos y hermanas que guiamos a que hagan todo lo que nosotros podemos hacer, aunque ellos no tengan nuestra capacidad ni sepan tanto como nosotros.
Al igual que el apóstol Pablo en Hechos 20:27, en nuestra labor no debemos rehuir anunciar todo el consejo de Dios a los santos. Debemos anunciarles a los santos todo lo que sabemos y enseñarles todo lo que podemos hacer. No debemos reservarnos nada. Queremos que los santos sepan lo que nosotros sabemos y que sean mejores en hacer lo que nosotros hacemos. Esto es lo que significa perfeccionar a otros. Debemos ceñirnos a este principio cuando laboremos. El resultado de esto será la edificación de la iglesia.
Cuando la iglesia en una localidad haya sido edificada, podremos irnos. Mientras estamos con la iglesia, ella recibe la ayuda adicional de un par de manos; y cuando nos vayamos, la iglesia sólo perderá ese par de manos. Esto no será una gran pérdida. Sea que estemos presentes o ausentes, el servicio en la iglesia seguirá adelante. El servicio en la iglesia no debe detenerse cuando nos vayamos. Esto no es lo que sucede en algunos grupos del cristianismo donde el servicio de los domingos se suspende cuando el pastor se marcha. Nuestra labor no debe tener este resultado. Una iglesia fuerte y un servicio fuerte deben permanecer cuando nos vayamos de la localidad. Ésta es la obra apropiada que es según el principio apropiado.
Esta clase de obra nos obligará a aprender muchas cosas y a cambiar nuestras viejas costumbres. Nunca debemos contentarnos simplemente con conducir personas a la salvación ni con ayudarlas a que amen al Señor. Mientras conducimos las personas a la salvación y a que amen al Señor, debemos aprovechar cada oportunidad que tengamos para enseñarles todo lo que nosotros podemos hacer a fin de perfeccionarlas y hacerlas vasos útiles. Debemos laborar con los santos individualmente y hacerlos vasos útiles a fin de que puedan ejercer su función conforme a su medida. Esto equivale a edificarlos. Además, ellos podrán coordinar con otros santos en el servicio. Si laboramos de esta manera, seremos un obrero apropiado que realiza una buena obra. Entonces el Señor podrá obtener un vaso corporativo en la localidad donde laboramos. Este vaso corporativo posee una capacidad que es mayor y más útil que la nuestra. El resultado espiritual y la bendición de esta labor son ilimitados. Nosotros somos una sola persona, pero el resultado es una iglesia que procede de nuestra labor y perfeccionamiento continuo de los santos. Debemos ver este principio y aprender a laborar de esta manera.
Tenemos que entender claramente la edificación mencionada en Efesios 4. El versículo 13 claramente dice que la finalidad de la edificación es que nosotros lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios de modo que tengamos la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Por consiguiente, mientras perfeccionamos a los santos, nosotros los ayudamos a conocer al Hijo de Dios y a crecer hasta alcanzar la estatura de Cristo. Perfeccionamos a los santos con el árbol de la vida, el Dios vivo, y con el Cristo resucitado, el Hijo de Dios.
Por consiguiente, no debemos tener carencias en nuestro conocimiento y experiencia del árbol de la vida. Si no experimentamos el árbol de la vida, si no inhalamos al Dios vivo y si no conocemos las riquezas de Cristo, el Hijo de Dios, ni nos apropiamos de dichas riquezas, no podremos edificar a otros con estas cosas. El número de mensajes que podamos dar no tiene ninguna importancia. Lo que realmente importa es cuánto podamos impartir las riquezas de Cristo a los santos, cuánto podamos darles a comer del árbol de la vida y cuánto podamos ayudarlos a inhalar al Dios vivo. Ello requiere que primero nosotros mismos experimentemos estas cosas; de lo contrario, ¿cómo podremos ayudar a otros a que conozcan y disfruten estas cosas?
El versículo 15 dice que debemos conducir a todos los santos, incluyéndonos a nosotros mismos, a asirnos a la verdad en amor y a crecer “en todo en Aquel que es la Cabeza, Cristo”. En otras palabras, perfeccionar no es solamente un asunto relacionado con la vida, sino también con la autoridad. “Crezcamos [...] en Aquel” indica el aspecto de la vida, mientras que “crezcamos en [...] la Cabeza, Cristo” indica el aspecto de la autoridad. La frase en todo significa que en cada aspecto de nuestra vida diaria vivimos en Cristo, inhalamos a Dios, comemos del árbol de la vida y disfrutamos al Hijo de Dios. Anteriormente estábamos fuera de Cristo. Después de nuestra salvación quizás estamos en Cristo en ciertas cosas, pero en otras todavía nos encontramos fuera de Él. Ahora necesitamos crecer en Cristo en todas las cosas. En esto consiste el crecimiento. En todas las cosas debemos inhalar, comer, beber y disfrutar a Cristo. Finalmente, debemos someternos a la autoridad de Cristo en todo aquello en que hayamos crecido en Él. Esto se debe a que Aquel en quien crecemos es la Cabeza de la iglesia y también nuestra Cabeza.
Nuestra obra debe corresponder a nuestra experiencia. Debemos aprender a disfrutar y absorber continuamente a Dios, a vivir en Su vida y a disfrutar Sus riquezas. A medida que crecemos en Él en un aspecto tras otro, nos sometemos a Su autoridad como cabeza. Debido a que sometemos todo bajo el gobierno, la autoridad, de la Cabeza, cuando laboremos para perfeccionar y guiar a los santos, espontáneamente los conduciremos a crecer en Dios, esto es, a disfrutar y a absorber a Dios en todas las cosas. A medida que los santos estén unidos a Dios en todas las cosas, ellos espontáneamente someterán cada asunto a la autoridad de la Cabeza y se someterán ellos mismos a la autoridad de la Cabeza. Ésta es la clase de obra que debemos realizar.
Nuestra obra consiste en perfeccionar a los santos para que ellos puedan edificar, ejercer su función y llevar alguna responsabilidad. No obstante, el contenido y el elemento de nuestra obra deben ser Dios, la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, quien es el Hijo de Dios, y la vida y autoridad de la Cabeza. El resultado de tal obra hará que la iglesia sea el Cuerpo de Cristo y logrará que la iglesia se edifique a sí misma en amor.
Los hermanos y hermanas que sirven en las localidades deben saber que en nuestro servicio y labor deben estar presentes los elementos de Dios y la estatura de la plenitud de Cristo. Estos elementos harán que nuestra obra sea sólida. Nunca debemos estar satisfechos ni sentirnos orgullosos porque conducimos a muchas personas a la salvación. No debemos contentarnos porque podemos dar mensajes buenos e interesantes que brindan un suministro a los santos. Tampoco debemos contentarnos porque conducimos a los santos a estar en unanimidad, a amarse unos a otros, a buscar fervorosamente al Señor y a servir en unidad. Estas cosas no son suficientes. Si bien son cosas buenas según el concepto del cristianismo, no debemos contentarnos con ellas.
Nuestra obra consiste en ayudar a los santos a disfrutar a Dios, a conocer al Hijo de Dios y a crecer hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. En todas las cosas debemos guiar a los santos a la vida y a la autoridad de la Cabeza, Cristo. Esto debe impresionarnos. Al mismo tiempo, debemos perfeccionar y edificar a los santos. Entonces los santos en la localidad donde laboremos no sólo aprenderán a absorber y disfrutar a Dios, a crecer en Cristo, a contactar la vida divina en todo y a someterse a la autoridad de Dios, sino que además serán perfeccionados y edificados para ser la iglesia. Ellos serán un suministro para que el Cuerpo de Cristo pueda ser edificado en amor.
Independientemente de si permanecemos en una localidad o nos marchamos, habrá una entidad corporativa que está llena de Dios, posee una medida de la estatura de la plenitud de Cristo y está llena de la vida y la autoridad de la Cabeza. Asimismo habrá una buena coordinación, y muchos serán perfeccionados y edificados para ejercer su función y llevar a cabo la obra del ministerio para la edificación del Cuerpo de Cristo. Ya sea que permanezcamos en esa localidad, seamos arrebatados o nos vayamos a otro lugar, la iglesia será edificada. Ésta es la clase de obra que debemos realizar.
Por consiguiente, debemos ser librados de nuestros viejos conceptos. Es posible que tengamos el concepto de que el lugar donde laboramos es nuestro campo, como si la iglesia fuese nuestra empresa personal. Debemos desechar este concepto. No tenemos ningún campo personal y ninguna iglesia es nuestra empresa. El contenido de nuestra obra debe siempre hacer que los santos ganen a Dios; en todo lo que hagamos debemos conducir a los santos a inhalar a Dios, a entrar en la vida de Cristo y a someterse a la autoridad de la Cabeza. Además de esto, nuestra obra debe perfeccionar a los santos y edificarlos.
Si laboramos de esta manera, no importará si permanecemos en una localidad o si nos marchamos a otro lugar, pues siempre habrá un grupo de creyentes que son edificados de manera sólida. Ésta es la clase de obra que estamos realizando. Si no laboramos de esta manera, nos convertiremos en un pastor o en un evangelista viajero; si laboramos en un solo lugar, nos convertiremos en pastores; y si viajamos a diferentes localidades, nos convertiremos en evangelistas viajeros.
Todos los días yo oro, diciendo: “Señor, no quiero ser un pastor ni un evangelista viajero”. Cuando las personas me pregunten cuál es mi ocupación, les diré que no soy ni un pastor ni un evangelista viajero; simplemente les diré que laboro conforme a mi porción. En palabras sencillas, mi porción consiste en impartir a Dios a los santos y en perfeccionarlos para que ellos sean edificados. Si todos podemos hacer esto, no importará si nos quedamos o si nos marchamos. Lo que importará es el contenido de nuestra obra y cómo laboremos. Ya sea que permanezcamos en un solo lugar o viajemos a muchos lugares, lo que en realidad cuenta es si forjamos a Dios en otros y si los perfeccionamos. En esto radican todos nuestros problemas.
El cristianismo se halla en una lamentable condición, pero nosotros hemos recibido la misericordia del Señor para ver la Nueva Jerusalén. Dios nos ha traído a un monte alto para que veamos la Nueva Jerusalén. Asimismo, Él nos ha llevado al desierto para que veamos la condición del cristianismo. El contraste entre la Nueva Jerusalén y el cristianismo me hace sentir una carga pesada. Además, la situación en nuestras reuniones y la condición de los servidores hacen que sienta una carga aún más pesada.
Que el Señor tenga misericordia de nosotros y nos muestre una clara visión que supere la condición del cristianismo y satisfaga Su necesidad. Entonces nuestra obra tendrá valor en esta era. De lo contrario, simplemente seremos pastores y evangelistas viajeros. Cuando realmente veamos una visión, nuestra obra sobresaldrá; no será una obra inferior. Además, tampoco seremos pastores ni evangelistas viajeros, sino ministros designados por Dios. Tendremos una porción y laboraremos conforme a ella.
Debemos ver estos dos puntos cruciales. En primer lugar, debemos ministrar a Dios y a Cristo. En segundo lugar, debemos perfeccionar y edificar a los santos. Si descuidamos estos dos puntos o uno de ellos, nuestro servicio no será conforme a la norma que se espera. En lugar de ser un obrero en la era presente, simplemente seremos un predicador del cristianismo tradicional. Estos dos puntos son muy serios: por un lado, ministramos a Dios, y por otro, todo lo que hacemos tiene por finalidad perfeccionar y edificar a los santos.
Si logramos captar estos dos puntos, las iglesias tendrán futuro y nuestra obra tendrá valor y superará la situación que impera en el cristianismo. En lugar de ser cristianos tradicionales del cristianismo, seremos obreros de la era presente que tienen una clara visión de lo que el Señor desea hacer en esta era. Debemos ser fuertes e impartir continuamente a Dios en los demás y conducirlos a disfrutar las riquezas de Cristo. Además de esto, debemos perfeccionarlos y edificarlos. De este modo, el lugar donde laboramos experimentará el crecimiento de Dios, no tendrá carencias en la edificación y continuamente se llevarán a cabo el perfeccionamiento y la edificación. Entonces un vaso será edificado, el cual podrá atraer y contener la bendición de Dios y distribuirla a otros. Esto es lo que debemos hacer hoy.
Debemos entender que el Señor no nos levantó para pelear con otros creyentes en cuanto a la interpretación de la verdad, ni siquiera en cuanto a los asuntos espirituales. El Señor nos ha levantado y nos ha bendecido por causa de la edificación de la iglesia. Debemos pelear la buena batalla y participar en la guerra espiritual por el bien de la edificación de la iglesia.