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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Filipenses»
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Mensaje 47

LA SALVACION CONSTANTE EN NUESTRA VIDA DIARIA

  Lectura bíblica: Fil. 1:19-21; 2:12-16

  Filipenses habla de una salvación constante que podemos aplicar a nuestra vida diaria. Decimos que es constante porque la podemos experimentar cada día, cada hora y aun a cada instante.

UNA SALVACION SUBJETIVA PARA MAGNIFICAR A CRISTO

  En Filipenses 1 y 2 Pablo usa la palabra salvación dos veces. Leamos Filipenses 1:19: “Porque sé que por vuestra petición y la abundante suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi salvación”. Luego, en Filipenses 2:12 él declara: “Llevad a cabo vuestra salvación con temor y temblor”. Filipenses 1:19 se refiere a la salvación que Pablo experimentó durante su encarcelamiento en Roma. El era un judío típico y se hallaba prisionero, lejos de su patria. En términos modernos, diríamos que Pablo fue encarcelado por los imperialistas romanos. Para un judío, estar encarcelado en una prisión romana representaba una vergüenza y una deshonra. Probablemente, Pablo pasaba la mayor parte del día encadenado a un guardia, lo cual debía ser un gran insulto para un judío de tan alto nivel social y educativo. Sin duda alguna, era muy deshonroso que tal apóstol del Señor Jesús estuviera preso de esta manera. Pero aun así, Pablo pudo testificar que sus circunstancias resultarían en su salvación.

  En Filipenses 1:19 Pablo no se refiere a la salvación eterna que nos libra del infierno y del juicio de Dios, sino a una salvación muy subjetiva y práctica, que podemos experimentar, no una vez y para siempre, sino a cada instante.

  Cuando el apóstol declaró que su situación resultaría en su salvación, no se refería a ser liberado de la cárcel. Tal vez algunos, cuando leen este pasaje, piensen que el anhelo de Pablo consistía en salir libre mediante de las oraciones de los santos, especialmente las de los filipenses. Sin embargo, la construcción gramatical de Filipenses 1:19-21 comprueba que esta interpretación es incorrecta, pues la salvación mencionada en el versículo 19 tiene que ver con el deseo que Pablo expresó en el versículo 20, de no ser avergonzado en nada y de magnificar a Cristo en su cuerpo, ya fuera por vida o por muerte. De ahí que, el versículo 20 define la clase de salvación que se menciona en el versículo 19. Por consiguiente, vemos que aquí la salvación consistía en no ser avergonzado en nada, sino en magnificar a Cristo en todo.

  Como hemos dicho, la salvación en este pasaje no se refiere al hecho de ser liberado de la cárcel, sino a que Pablo no fuera avergonzado en medio de las dificultades y de la humillante situación en la que se hallaba y a que Cristo fuera magnificado en su cuerpo. Ni siquiera el estar encadenado a un guardia le podía impedir magnificar a Cristo. Esto es lo que queremos decir por salvación constante.

  En realidad, la palabra constante no describe adecuadamente la salvación mencionada en Filipenses 1:19. Las palabras de nuestro idioma provienen de nuestra cultura, es decir, que si algo no forma parte de nuestra cultura, no disponemos de una palabra para ello. La salvación aquí es realmente maravillosa, y no existe ninguna palabra que pueda describirla plenamente. Ni siquiera en la cárcel Pablo sería avergonzado; en lugar de ello, él estaba seguro de que magnificaría a Cristo. Esta era la salvación a la que Pablo se refería.

  Supongamos que en vez de regocijarse en el Señor, Pablo hubiera llorado y se hubiera quejado de su situación, diciendo: “Soy un judío educado y además soy un apóstol del Señor Jesucristo, llamado, comisionado y enviado por El. Pero ahora estoy encarcelado y encadenado a un guardia. ¡Qué situación más horrible!” Si Pablo hubiera tenido esta actitud, ciertamente habría sido avergonzado. No obstante, en vez de lamentarse, se regocijaba en el Señor, de tal forma, que todo el que lo visitara en la cárcel se habría sorprendido y maravillado. Probablemente, Pablo inclusive le testificó al carcelero, diciéndole que estaba contento en el Señor y que se regocijaba en El. También es muy posible que el disfrute de Pablo hubiera contribuido a la salvación de Onésimo, un esclavo fugitivo. Cualquiera que hubiera visto a Pablo en la cárcel, habría visto a un hombre alabando al Señor y regocijándose en El.

  Cuando Pablo estuvo encarcelado en Filipos, él y Silas estuvieron cantando alabanzas al Señor (Hch. 16:23-26). Los filipenses ciertamente sabían de la experiencia que había tenido Pablo en la prisión. Habían escuchado que las alabanzas de Pablo y de Silas provocaron un gran terremoto. No cabe duda que mientras Pablo estaba encarcelado en Roma debe de haber cantado alabanzas al Señor. En vez de llorar o quejarse, los demás lo hallaban disfrutando al Señor, cantándole alabanzas y testificando acerca de El. En esto consiste la salvación constante.

DISFRUTAR DE UNA SALVACION CONSTANTE PARA VIVIR A CRISTO

  Muchos de nosotros hemos sido cristianos por muchos años, pero jamás hemos oído hablar de la salvación constante. Por supuesto, conocemos la salvación eterna, pero ésta es una salvación objetiva. Quisiera aclarar aquí que de ningún modo intento menospreciar la salvación eterna; de hecho, la valoro grandemente porque a través de ella Dios nos rescató del infierno y del justo juicio de Dios. No obstante, debemos proseguir y experimentar una salvación constante en nuestra vida práctica. Mientras Pablo estaba en la cárcel, no sólo disfrutaba de la salvación eterna de Dios y la esperanza que ésta le proporcionaba, sino que también disfrutaba una salvación constante, hora tras hora. Si hemos de disfrutar tal salvación, debemos vivir a Cristo. En realidad, vivir a Cristo significa disfrutar de la salvación constante en nuestra vida diaria.

  Cada aspecto de la salvación que Dios nos brinda, nos rescata de algo negativo y nos introduce en algo positivo. En el caso de Pablo, por el lado negativo, él fue salvo de ser avergonzado, y, por el lado positivo, Cristo fue magnificado en él. ¡Qué salvación tan maravillosa!

SALVOS DE ASUNTOS ORDINARIOS

  En 2:12 Pablo les dice a los santos de Filipos: “Llevad a cabo vuestra salvación con temor y temblor”. La salvación constante de 1:19 se aplica a un determinado creyente que se halla en una situación específica, mientras que la salvación constante de 2:12 se aplica a cualquier creyente, en medio de situaciones comunes. En 1:19 vemos que Pablo fue salvo de una situación específica durante su encarcelamiento, al grado de magnificar a Cristo y no ser avergonzado. Ahora, conforme al contexto de 2:12, debemos ver que la salvación constante tiene como fin librar a los creyentes de los asuntos ordinarios de la vida diaria.

  En los versículos 14 y 15 vemos que algunos de estos asuntos incluyen las murmuraciones, los argumentos, todo lo que es reprensible, tiene mancha, es torcido, perverso y oscuro. Estas palabras describen la condición general del hombre caído. Dondequiera que estemos, enfrentaremos tales cosas; no sólo en la sociedad en general sino incluso en nuestra vida familiar. Es muy común que las esposas murmuren y que los maridos argumenten. La esposa se queja con su esposo y el esposo tratará de justificarse. Como resultado de ello, ni la esposa ni el marido serán irreprensibles, sencillos y sin mancha. Incluso en ocasiones pueden tratarse de una manera torcida y perversa. ¿Quién se atreve a decir que jamás se ha comportado de una manera torcida con los demás? Aun los hijos pueden comportarse de esta manera con sus padres. A pesar de haber recibido la salvación eterna de Dios, es posible que sigamos siendo torcidos en cierta medida, y que no seamos totalmente sinceros y francos. Por consiguiente, necesitamos la salvación constante a fin de ser rescatados de todos los asuntos negativos mencionados en los versículos 14 y 15.

  Pablo nos exhorta a llevar a cabo nuestra propia salvación. A medida que llevemos a cabo nuestra salvación, seremos salvos de las murmuraciones, de los argumentos, de todo lo que sea reprensible, impuro, torcido, perverso y oscuro. Por supuesto que no es fácil ser salvo de estas cosas. Pablo las mencionó con la intención de poner en evidencia la condición caída que todos tenemos.

ENARBOLAR LA PALABRA DE VIDA

  Así como la salvación mencionada en Filipenses 1:19 tiene un aspecto negativo y otro positivo, la salvación mencionada en 2:12 también tiene dos aspectos. El lado negativo se encuentra en los versículos 14 y 15, y el lado positivo en el versículo 16, donde Pablo habla de “enarbolar la palabra de vida”. La palabra griega traducida enarbolar significa aplicar, presentar y ofrecer. Enarbolar la palabra de vida es presentarla y ofrecerla a los demás, aplicándola a su situación. Dondequiera que estemos, debemos enarbolar la palabra de vida, presentándola a los demás. No debemos ofrecerles murmuraciones ni argumentos, ni nada torcido o perverso, sino únicamente la palabra de vida.

  Enarbolar la palabra de vida equivale a vivir a Cristo. Siempre que vivimos a Cristo, enarbolamos la palabra de vida. Recordemos que la epístola de Filipenses trata sobre la manera de experimentar y vivir a Cristo. Todo lo que Pablo escribió en ella tiene que ver con este hecho.

  Espero que verdaderamente veamos la necesidad de disfrutar la salvación constante en nuestra vida práctica día tras día. Necesitamos una salvación a la que podamos llamar nuestra propia salvación. Tal salvación no tiene como fin librarnos del infierno ni del pecado, sino de las murmuraciones, de los argumentos, y de todo lo que sea reprensible, impuro, torcido, perverso y oscuro. Una vez que experimentamos dicha salvación, espontáneamente enarbolamos la palabra de vida, es decir, la presentamos y la aplicamos a todos aquellos que nos rodean. Esto es vivir a Cristo.

SITUACIONES PARTICULARES Y SITUACIONES COMUNES

  Los dos primeros capítulos de Filipenses hablan de una salvación que, por un lado, es aplicable a un determinado creyente que se encuentra en una situación específica y, por otro, se aplica a todos los creyentes de una manera general, en medio de sus situaciones cotidianas. Por la soberanía de Dios, podemos encontrarnos en una situación específica, al igual que Pablo cuando fue encarcelado en Roma. Tal encarcelamiento lo puso en una situación sumamente difícil. No obstante, esa situación le proporcionó una excelente oportunidad para experimentar y disfrutar la salvación constante. De la misma manera, nosotros podemos encontrarnos en situaciones muy particulares. Por ejemplo, tal vez un hermano se quede sin trabajo repentinamente. En este caso, él necesitará de la salvación mencionada en 1:19.

  Sin embargo, por lo general afrontamos situaciones ordinarias. Como dijimos anteriormente, las características generales del hombre caído son las murmuraciones, los argumentos y muchas otras cosas negativas. En nuestra vida matrimonial, necesitamos de una salvación constante que nos libre de las murmuraciones y de los argumentos. También necesitamos de una salvación constante que nos guarde de actuar de una manera torcida y perversa. Por ejemplo, si un hermano no es sincero ni franco con su esposa, necesitará de esta clase de salvación. De lo contrario, no podrá enarbolar la palabra de vida.

  Diariamente requerimos de una salvación que nos rescate de todo lo que no es Cristo. Dicha salvación nos llevará a vivir a Cristo espontáneamente, y como resultado, presentaremos la palabra de vida a los demás en nuestra vida diaria. La palabra de vida que enarbolamos es también Cristo; por eso decimos que enarbolar la palabra de vida equivale a vivirlo a El.

  ¡Cuánto necesitamos experimentar la salvación constante del Señor en nuestra vida matrimonial! Supongamos que una hermana le avisa a su esposo que la cena está lista, y que él no le contesta porque está muy ocupado haciendo una reparación en la casa. Puede ser que después de llamarlo varias veces, la hermana comience a murmurar y a quejarse, y que luego su esposo discuta con ella queriendo justificarse. En ese momento, la manera en que ambos se tratan llega a ser torcida y perversa. Esto indica que ellos necesitan una salvación constante.

  Estoy muy agradecido con el Señor porque en Su recobro El ha obtenido a muchos santos que lo aman y lo buscan. Pero aunque buscamos al Señor, debemos reconocer que al menos en cierta medida, seguimos siendo perversos en la manera en que nos relacionamos con los demás, y especialmente con nuestra familia. Es posible que los padres y los hijos no se relacionen entre sí con franqueza. Esto demuestra que necesitamos una salvación que nos rescate diariamente de nuestra situación caída.

  Pablo conocía muy bien la condición del hombre caído. En Filipenses 1, él presentó su propio caso con el fin de ilustrar la salvación constante, y luego en el capítulo dos, indicó que esta salvación también se aplica a los creyentes en las situaciones ordinarias de su vida diaria. Puede ser que la salvación mencionada en 1:19 no siempre se aplique a usted de una manera específica, pero nunca podrá decir que no necesita la salvación mencionada en 2:12. Tal vez no tengamos ningún problema específico, pero ciertamente todos afrontamos problemas ordinarios, como las murmuraciones, los argumentos, la deshonestidad y la perversidad. Por consiguiente, diariamente necesitamos experimentar la salvación constante.

LA DEFINICION DE VIVIR A CRISTO

  Necesitamos que esta salvación no sólo nos rescate de los asuntos negativos, sino que también nos conduzca a una condición gloriosa, en la cual presentemos la palabra de vida a los que nos rodean. La salvación de Filipenses 1:19 hace posible que Cristo sea magnificado en nosotros, y la salvación de 2:12 nos permite enarbolar al Cristo viviente, quien es la palabra de vida. Disfrutar de esta salvación es vivir a Cristo de una manera práctica.

  ¿Sabe usted lo que significa vivir a Cristo? Es permitir que El sea magnificado en nosotros en cualquier situación, de modo que no seamos avergonzados en nada. Por lo tanto, la salvación mencionada en 1:19 equivale a vivir a Cristo. Si queremos disfrutar y experimentar esta salvación, debemos vivir a Cristo. Además, vivir a Cristo también implica, por un lado, ser salvos en nuestra vida diaria de las murmuraciones, los argumentos, la deshonestidad y la perversidad, y por otro, presentar a nuestro Señor viviente como la palabra de vida a todos los que nos rodean. ¡Que salvación tan grande! Todos necesitamos experimentar la salvación diaria y constante, que no es otra cosa que Cristo mismo.

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