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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hebreos»
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Mensaje 6

UNA SALVACIÓN TAN GRANDE

  El tema de este mensaje es: “Una salvación tan grande” (2:3). Muchos se han basado en este versículo para predicar acerca de “ir al cielo”. Según ellos, la “salvación tan grande”, se refiere al hecho de irnos al cielo. Este concepto de la salvación es demasiado bajo. Ciertamente la “salvación tan grande” no puede referirse a algo tan bajo. ¿A qué se debe que las personas utilicen un tema tan elevado para predicar el evangelio con un concepto tan bajo? Se debe a que la experiencia que tienen de la salvación es muy baja. Aunque utilizan la expresión una salvación tan grande, no perciben lo profunda que es esta frase en el libro de Hebreos. Por tanto, si queremos entender el significado profundo de “una salvación tan grande”, tenemos que cruzar el río; debemos abandonar la orilla del entendimiento tradicional de la salvación de Dios y pasar a la otra orilla, a una comprensión más profunda de lo que es la gran salvación de Dios.

  El concepto básico del libro de Hebreos es cruzar el río a fin de pasar de una región a otra. Lo primero que significa es abandonar la orilla del judaísmo para pasar a la otra orilla, a la orilla de “una salvación tan grande”. La antigua religión judía se había convertido en una región vieja, la región del otro lado del río que todos debemos abandonar. Si bien es cierto que no somos creyentes judíos, en un sentido muy real puede ser que nos encontremos en la región llamada “el otro lado”, en la región del cristianismo viejo. Me preocupa que algunos de los que leen este mensaje todavía se encuentren en la región del viejo cristianismo o que todavía sigan aferrándose a los viejos conceptos de la cristiandad. Quizás ustedes estén en la vida de iglesia porque escuchan mejores cosas, pero todavía sigan valorando muchas cosas positivas de su pasado y no estén dispuestos a olvidarlas. Quizá, incluso en este mismo momento, ustedes se encuentren titubeando y preguntándose: “¿Debo seguir adelante o debo permanecer aquí?”. Puede ser que no estén retrocediendo, pero que sí estén contemplando la posibilidad de quedarse donde están. De ser así, ustedes necesitan el libro de Hebreos. Necesitan ser animados a cruzar el río y abandonar la orilla donde se encuentran.

  Todos los días tenemos que cruzar ríos; por lo menos cada día nos encontramos con un riachuelo. Tal vez usted tenga que cruzar un río después de haber ofendido a su esposa, ya que sintió que después de ofenderla se hallaba en una región vieja. Así que usted ahora tiene que cruzar este río. Si no está dispuesto a pagar el precio, entonces se quedará titubeando. Es necesario que cruce aquel arroyo. Aunque se trate de un simple riachuelo, éste lo separa del Lugar Santísimo, le impide disfrutar de “una salvación tan grande”. Todo río que usted cruce será una salvación para usted, mientras que todo río que se niegue a cruzar, llegará a ser un velo. Mientras usted no haya cruzado el río, se encontrará afuera frente al velo y no estará en el Lugar Santísimo, participando de “una salvación tan grande”. No obstante, si usted cruza el río, traspasará más allá del velo y participará de esta salvación tan grande.

  En el pasado, al estudiar el libro de Hebreos utilizamos dos frases a manera de lemas. La primera frase fue “fuera del campamento”, la cual se encuentra en Hebreos 13:13, que dice: “Salgamos, pues, a Él, fuera del campamento, llevando Su vituperio”. Todos debemos salir del campamento. ¿Qué representa el campamento? En el pasado, el campamento representaba el judaísmo, pero hoy en día, bien puede referirse al cristianismo, al catolicismo o cualquier otro asunto religioso o mundano que nos impida disfrutar de la gran salvación de Dios. Salgamos, pues, fuera del campamento. ¿Adónde debemos ir entonces? Esto nos conduce al segundo lema, “dentro del velo”, esto es, dentro del Lugar Santísimo, de acuerdo con Hebreos 6:19-20. Jesús, nuestro Precursor, ha penetrado dentro del velo y se encuentra en el Lugar Santísimo. Podemos estar seguros de que Él no está en ningún campamento.

  A muchos cristianos les encanta acampar en sus mentes analíticas. La mente se ha convertido en el campamento de ellos. De hecho, nuestra mente puede convertirse en nuestra Caldea, en nuestra Mesopotamia, que era la región donde Abraham se encontraba antes de entrar en la buena tierra. Mientras aún no estemos en la buena tierra, tenemos que cruzar el río. ¡Cuánto necesitamos cruzar el río para entrar en la buena tierra! ¿Cuál es su Caldea? Casi todos los cristianos tienen alguna clase de Caldea. Algunos, por ejemplo, se aferran a su conocimiento bíblico; insisten en el asunto de estudiar la Biblia, creyendo que ellos la conocen a la perfección. Sin embargo, su conocimiento bíblico se ha convertido en su Caldea. Algunos hermanos de entre nosotros tuvieron que cruzar el río para abandonar la orilla del conocimiento tradicional de la Biblia, otros tuvieron que dejar la orilla de su pasado religioso, y aun otros tuvieron que abandonar la orilla de sus experiencias pasadas. ¡Cuánto necesitamos entender el libro de Hebreos como un libro acerca de cruzar ríos! Jamás debemos aferrarnos a nada que no se conforme a la norma de esta “salvación tan grande”.

  Años atrás, estuve rodeado de un buen número de colaboradores. Al principio no tuvimos ningún problema, debido a que no estaban aferrados a nada. Sin embargo, al cabo de pocos años algunos de ellos comenzaron a aferrarse a ciertas cosas. A pesar de que eran cosas buenas, éstas se convirtieron en su Caldea. Si ellos hubiesen estado con Josué mientras él guiaba a los israelitas a cruzar el río Jordán, algunos de ellos probablemente lo habrían detenido, diciendo: “No hagas esto. Cuando salimos de Egipto y cruzamos el mar Rojo, nadie nos dijo que teníamos que cruzar el Jordán”. El conocimiento y las experiencias pasadas que aquellos colaboradores habían acumulado, llegaron a ser su Caldea, y por eso no estaban dispuestos a cruzar el río. No obstante, el Señor avanza día tras día. Él no se ha detenido. Por tanto, ninguno de nosotros debe permanecer en las experiencias que ha tenido en el pasado. Tenemos que proseguir. Sigamos adelante. Un hebreo es alguien que siempre avanza.

  Ahora debemos ver por qué esta salvación es “una salvación tan grande”. Esta salvación no es grande porque nos lleva al cielo o porque abarca asuntos tales como el perdón de los pecados y la justificación por la fe. Ciertamente valoro mucho el perdón de los pecados y la justificación por la fe, pero el libro de Hebreos, al hablar de “una salvación tan grande”, se refiere a algo superior. El perdón y la justificación por la fe constituyen en sí una salvación, pero no son “una salvación tan grande”. La “salvación tan grande” ni siquiera se refiere a la regeneración. ¿En qué sentido, entonces, es esta salvación tan grande?

I. ESTA SALVACIÓN ES GRANDE CON RESPECTO A LO QUE CRISTO ES

  En primer lugar, esta salvación es grande con respecto a lo que Cristo es. El escritor de Hebreos usó la expresión “tan grande”, lo cual es difícil de definir. ¿Qué tan grande es “tan grande”? Aunque no podamos describir adecuadamente la expresión “tan grande”, esta “salvación tan grande” es grande con respecto a lo que Cristo es. ¿Sabe usted lo que Cristo es? Es posible que conozca al Cristo de los Evangelios, pero ¿conoce a Cristo según Hebreos?

A. Cristo, como Hijo de Dios, como Dios

  ¿Conoce usted a Cristo como Hijo de Dios? Probablemente usted sepa que Él es el Hijo de Dios, pero es posible que lo sepa de manera incompleta. Quizás de manera subconsciente usted tenga el concepto de que el Padre es un Dios y el Hijo es otro. Tal vez no lo diga en estos términos, pero en lo profundo de su ser puede retener ese concepto. Es por eso que les digo que la “salvación tan grande” es grande en cuanto a lo que Cristo es como Hijo de Dios, esto es, como Dios mismo. Cuando decimos que Cristo es el Hijo de Dios queremos decir que Él es Dios. Él no es nada menos que Dios mismo.

  Esto nos trae una vez más al asunto de la Trinidad. De acuerdo con la Biblia, podemos hablar sobre la Trinidad de dos maneras: desde el ángulo de la experiencia o desde la perspectiva doctrinal. Cierto día Felipe, uno de los discípulos del Señor, le dijo: “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta” (Jn. 14:8). Ésta era una cuestión doctrinal, pues, en términos doctrinales, el Hijo es el Hijo y el Padre es el Padre. Tal vez Felipe pensaba: “El Hijo está ahora hablándonos, pero aún no hemos visto al Padre. Así que, le rogaré al Hijo que nos muestre al Padre”. Sin embargo, el Señor Jesús no le contestó a Felipe de una forma doctrinal, sino conforme a la experiencia: “Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? Él que me ha visto a Mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (Jn. 14:9). Si Felipe había visto al Hijo, había visto también al Padre. En cuanto a la doctrina se refiere, el Padre y el Hijo son dos, pero de acuerdo con la experiencia, cuando usted ve al Hijo, ve al Padre. Muchos cristianos hablan de la Trinidad únicamente como conocimiento mental y doctrinal, descuidando el aspecto de la experiencia. Como indiqué en un mensaje anterior, la Biblia revela que el Padre, el Hijo y el Espíritu están en nosotros. En términos doctrinales, tenemos al Padre en nosotros, al Hijo en nosotros y al Espíritu en nosotros. Sin embargo, en términos de nuestra experiencia, comprendemos que en nosotros sólo mora una Persona. Por tanto, una cosa es hablar de forma doctrinal, y otra muy distinta, hablar desde la perspectiva de la experiencia.

  Desde mi juventud, debido a que mi familia sostuvo una estrecha relación con misioneros estadounidenses, yo oí mucho acerca de los Estados Unidos. Así, pues, yo tenía un entendimiento doctrinal de este país. Me imaginaba cómo serían las ciudades de San Francisco, Los Ángeles, Chicago, Pittsburg, Detroit, Washington D. C. y Nueva York. En 1958 vine por primera vez a los Estados Unidos y pude conocer estas ciudades personalmente, en términos de mi propia experiencia. ¡Qué diferencia! Esas ciudades eran muy distintas de como yo las concebía doctrinalmente. Mi experiencia fue totalmente diferente de mi doctrina. No confíen en sus doctrinas; ustedes necesitan la experiencia.

  En el libro El Progreso del Peregrino de Juan Bunyan, hay un lugar llamado “la feria de vanidades”. La doctrina separada de la experiencia es una “feria de vanidades”, es un bazar de vanidades donde no se vende nada de valor. Aquel entendimiento intelectual de las doctrinas sin la experiencia, es sólo vanidad. Yo estuve en ese bazar de vanidades por siete años y medio, y sólo obtuve doctrinas y cierta terminología; fue muy poco lo que gané que se pudiera practicar. Aquel bazar de vanidades era mi Caldea. Pero un día crucé el río y entré a la buena tierra para experimentar a Cristo y la vida de iglesia.

  Esto no sólo se aplica a las doctrinas, sino también a los dones. Durante cierto tiempo, un grupo de varios colaboradores sentimos que debíamos probar y conocer las llamadas cosas pentecostales. Así que, empecé a hablar en lenguas. Con el tiempo descubrí que esto ni siquiera era un bazar de vanidades, sino más bien un bazar de confusión, un mercado de confusión. Si usted quiere saber cuán confuso es ese bazar, simplemente visítelos. Allí todo es confusión. Las cosas verdaderas y las cosas falsas, así como las cosas buenas y malas, se hallan mezcladas por completo. No existe otro rincón del cristianismo donde haya tanta confusión como en el llamado “movimiento pentecostal”. Por tanto, juntamente con mis colaboradores tuvimos que cruzar el río nuevamente.

  Aun los que están en la vida de iglesia necesitan cruzar el río y salir de su condición de vejez. Lo que usted tenía hace quince o veinte años atrás era bueno en ese entonces, pero ya se ha envejecido. En aquel tiempo usted cruzó el mar Rojo, pero ahora tiene que cruzar el río Jordán. Recientemente, me encontré con un hermano que estuvo bajo mi entrenamiento hace veinte años. Al verlo, me preocupé por él, pues me pareció que todavía se encontraba en la misma región de antes. ¿No conocen este principio? Originalmente, todo lo establecido según los oráculos divinos en Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio era válido; sin embargo, después de cierto tiempo llegó a ser un sistema que había caducado: el judaísmo. Aquellos que estaban en ese sistema tenían que cruzar el río. De igual modo, lo que ustedes recibieron hace veinte años era bueno en ese entonces, pero ahora tienen que cruzar el río para salir de esa región. Les insto a que crucen el río y salgan de su vejez.

  Cristo es el Hijo de Dios y también es Dios mismo. Si ustedes tratan de entender la Trinidad según su propia mentalidad, ¿cómo explicarían Hebreos 1:8-9? Estos versículos dicen: “Mas del Hijo dice: ‘Tu trono, oh Dios; por el siglo del siglo; cetro de rectitud es el cetro de Tu reino. Has amado la justicia, y aborrecido la iniquidad, por lo cual te ungió Dios, el DiosTuyo, con óleo de júbilo más que a Tus compañeros’”. El versículo 8 dice: “Mas del Hijo dice: ‘Tu trono, oh Dios”, y el versículo 9 dice: “Te ungió Dios, el Dios Tuyo”. Las expresiones Oh Dios y el Dios Tuyo se refieren ambas al Hijo. ¿Qué significa esto? Aparentemente se habla del Dios de Dios, al decir: “Oh Dios [...] el Dios Tuyo”. Necesitamos ver que, puesto que el Hijo es Dios mismo, Él es Dios; por eso, el versículo 8 dice: “Oh Dios”. Por otra parte, debido a que el Hijo es también hombre, Dios es Su Dios; es por eso que el versículo 9 dice: “el Dios Tuyo”. Cristo no es fácil de entender, pues Su persona encierra muchos aspectos. Él es el Hijo de Dios; de hecho, es Dios mismo. Él es también el Hijo del Hombre, un hombre auténtico. Así que para revelarnos esta “salvación tan grande”, Hebreos primero se refiere a Cristo como el Hijo de Dios y aun como Dios mismo. El Hijo de Dios, quien es Dios mismo, es uno de los elementos que componen esta “salvación tan grande”. Todo lo que Dios es, hace que la salvación sea “tan grande”. Esta salvación es grande porque incluye a toda la plenitud de la Deidad.

B. Cristo, como Hijo del Hombre, como hombre

  En primer lugar, antes de 2:3 donde se menciona “una salvación tan grande”, Hebreos nos revela cómo Cristo es el Hijo de Dios e incluso Dios mismo. Luego, después de 2:3 y con el fin de mostrarnos cuán grande es la salvación que hemos obtenido en Cristo, este libro nos muestra cómo Él es también el Hijo del Hombre, un hombre auténtico. La salvación que hemos recibido en Cristo no sólo incluye algunos asuntos, tales como el perdón de los pecados, la justificación, la reconciliación, la redención, la regeneración, etc., sino también a una Persona maravillosa e ilimitada, la cual es tanto Dios en la eternidad como hombre en el tiempo. Es esta Persona maravillosa la que hace que Su salvación sea “tan grande”.

  Cristo es Dios mismo y también un hombre verdadero (2:6). Pese a que yo ya había sido salvo, pasaron muchos años antes de que supiera que mi Salvador es tanto Dios como hombre; únicamente sabía que Él es el Hijo de Dios. Ni siquiera entendía claramente el hecho de que Él es Dios mismo, mucho menos entendía que Él también es hombre. Nuestro Señor Jesús es tanto Dios como hombre.

  Algunos cristianos, incluso algunos obreros cristianos, han argumentado que, aunque Cristo murió como un hombre, después que resucitó y ascendió a los cielos dejó de ser un hombre. Ellos afirman que el Jesús que está en los cielos ya no es un hombre. Según este concepto, cuando Jesús resucitó, Él se despojó de Su humanidad. Debido a que tales argumentos iban dirigidos en mi contra, intencionalmente compuse un himno que contiene las siguientes líneas:

  ¡Ved a Jesús sentado en el cielo!     Cristo el Señor al trono ascendió, Como un hombre fue exaltado,     Con gloria Dios lo coronó.

  Respondiendo a tales argumentos, hice la siguiente pregunta: “Si Jesús en los cielos ya no es el Hijo del Hombre, ¿cómo es que Esteban lo vio como el Hijo del Hombre?” (Hch. 7:56). Además, Mateo 26:64 nos muestra que Él es el Hijo del Hombre, quien ahora está sentado en los cielos y regresará en el futuro. Incluso Apocalipsis nos dice que Él es el Hijo del Hombre que está en medio de las iglesias locales (1:13) y que Él regresará como el Hijo del Hombre (14:14). Por tanto, 1 Timoteo 2:5, un pasaje escrito después de Su ascensión, todavía lo llama “Cristo Jesús hombre”. Nuestro Salvador es un hombre. Aunque Él ha resucitado, Jesús es todavía un hombre, un hombre resucitado, un hombre que fue levantado, un hombre que, en ascensión, está sentado en el trono en los cielos. Jesús está calificado para ser nuestro Salvador porque Él es tanto Dios como hombre. Es por eso que Su salvación es “tan grande”; no sólo es grande en lo que respecta al elemento divino sino también en cuanto al elemento humano. Todos los atributos divinos y todas las virtudes humanas son los ingredientes de esta “salvación tan grande”. En esta “salvación tan grande” disfrutamos de la plenitud de la Deidad y de la elevada humanidad del hombre Jesús. En esta “salvación tan grande” poseemos tanto la naturaleza divina como la naturaleza humana de Cristo. ¡Qué maravillosos son los elementos que componen esta “salvación tan grande”! No hay palabras humanas que puedan describirla adecuadamente. ¡No es de extrañar que el escritor usara la expresión “tan grande” para describirla!

C. El Capitán de la salvación

  Ahora hablaremos del Capitán de la salvación (2:10). Para ser salvos del infierno, no necesitamos un capitán; pero si queremos entrar en la gloria, en la buena tierra del reposo, necesitamos al Capitán. La salvación de Dios no consiste solamente en rescatarnos del infierno y ponernos en el cielo. Su salvación tiene como fin salvarnos de todo lo negativo e introducirnos en la gloria, en un reposo glorioso. Como veremos más adelante, esta clase de salvación no se produce de la noche a la mañana, sino que es un proceso que dura toda la vida. Debemos seguir a nuestro Capitán durante toda nuestra vida.

  Los hijos de Israel salieron de Egipto en una sola noche. Fue algo que ciertamente ocurrió de la noche a la mañana. Sin embargo, para que ellos pudiesen entrar en la buena tierra del reposo, tenían que seguir a su capitán. Al comienzo ellos siguieron a Moisés y, posteriormente, siguieron a Josué. Ellos contaban con un capitán para su salvación. Después que cruzaron el mar Rojo, ellos ciertamente fueron salvos, pero sólo en una pequeña medida. Puesto que sólo habían avanzado una pequeña parte del trayecto, ellos debían seguir a su capitán el resto del camino. Ésta es la razón por la que ellos contaban con tal capitán de salvación.

  Un capitán no es solamente un líder sino también un guerrero. Un capitán es un líder que no solamente abre el paso y prepara el camino, sino que al mismo tiempo combate al hacerlo. Si leemos la Biblia con detenimiento, veremos que desde que Israel salió de Egipto hasta cuando entró en la buena tierra, tuvo que combatir a lo largo de la travesía. Es por eso que los hijos de Israel fueron llamados las huestes o ejércitos de Jehová (Éx. 12:41). Ellos combatieron abriendo camino hasta que entraron en la buena tierra. Es por eso que ellos necesitaban de un capitán que los guiase en el combate. Avanzar para ellos significaba combatir. Así pues, ellos fueron organizados y entrenados como un ejército santo, y adondequiera que iban, tenían que combatir. Puesto que no tenían otro camino, tenían que abrirse paso combatiendo.

  De igual manera, desde el día en que fuimos salvos, perdonados, justificados y volvimos a nacer, se ha estado librando una batalla. En cierto sentido, nosotros en el recobro del Señor somos un ejército que combate para abrirse camino. No tenemos otra opción que combatir. Todos nosotros debemos pelear la batalla siguiendo a nuestro Capitán. Jesús nuestro Salvador es un Capitán dispuesto al combate. Él está combatiendo y nosotros tenemos que seguirlo, combatiendo incesantemente todo el camino. Cristo es el Capitán de la salvación. Si nuestra salvación no contara con un Capitán como Él, no sería tan grande. La “salvación tan grande” no sólo incluye a Cristo como el Hijo de Dios, es decir, como Dios, y como el Hijo del Hombre, esto es, como hombre, sino también como el Capitán de nuestra salvación, quien va adelante combatiendo, a fin de que nosotros le sigamos a la gloria. Así pues, el Capitán de la salvación es uno de los factores que hacen que nuestra salvación sea “tan grande”.

D. El Sumo Sacerdote

  Mientras Cristo combate como nuestro Capitán, Él también nos ministra como nuestro Sumo Sacerdote. No debemos sentirnos turbados. Por un lado, Él es el Capitán que combate; por otro es un Sumo Sacerdote que ministra. Él nos ministra todo lo que necesitamos. Por tanto, no careceremos de nada, pues Cristo nos lo ha de ministrar.

  Después que Abraham peleó contra el enemigo y liberó a Lot, Melquisedec, el Sumo Sacerdote, vino a él a ministrarle pan y vino (Gn. 14:14-20). Más adelante en nuestro estudio de Hebreos, veremos que nuestro Jesús es Melquisedec. Si queremos disfrutar del ministerio de Melquisedec, debemos combatir. Es sólo cuando combatimos que Él viene a ministrarnos. Si no combatimos, no debemos esperar que Cristo venga a nosotros como Melquisedec para ministrarnos pan y vino. Pero si estamos dispuestos a combatir, puedo asegurarles que después de cualquier batalla, Cristo vendrá a nosotros como Melquisedec que nos ministra, y disfrutaremos de Su suministro de pan y vino. Esto es maravilloso. Éste es otro factor que hace que nuestra salvación sea tan grande.

  Esta “salvación tan grande” no sólo incluye un Redentor y un Salvador, sino también un Capitán que combate por nosotros y un Sumo Sacerdote que nos ministra. ¡Podemos estar alentados! Ahora bien, si no combatimos, seremos derrotados y no tendremos pan ni vino para alimentarnos; pero si combatimos, no sólo obtendremos la victoria, sino que además recibiremos pan y vino. ¡Aleluya por esta salvación tan grande! Esta salvación es grande en cuanto a lo que Cristo es.

II. ESTA SALVACIÓN ES GRANDE CON RESPECTO A LO QUE CRISTO HA HECHO, ESTÁ HACIENDO Y HARÁ

A. Él efectuó la purificación de nuestros pecados

  ¿Qué cosas ha hecho Cristo? Él efectuó la purificación de nuestros pecados (1:3). Podemos estar en paz; ya fuimos purificados de nuestros pecados. Es cierto que debemos aborrecer nuestros pecados, pero no debiéramos permitir que éstos nos perturben. Cristo nos purificó una vez y para siempre de nuestros pecados (7:27).

B. Él gustó la muerte por nosotros

  Cristo gustó la muerte por todos nosotros (2:9). Ya que Él gustó la muerte, ésta ha sido abolida (2 Ti. 1:10). La muerte fue anulada. No debemos creer en la muerte; niéguela. ¿Existe la muerte en su iglesia? Niéguela. ¿Tiene alguna enfermedad en su cuerpo físico que indica que la muerte está presente? No crea en ella; no la acepte, pues es una mentira.

C. El Señor destruyó a Satanás al participar de nuestra naturaleza para librarnos de la esclavitud

  Cristo destruyó a Satanás. Él participó de nuestra naturaleza a fin de destruir al diablo, quien tiene el imperio de la muerte (2:14-15). Él logró esto en la cruz, y ahora Satanás ha sido anulado. Cada vez que Satanás venga a usted, dígale: “Satanás, has venido al lugar equivocado. ¿No sabes que has sido destruido? ¿Quién te liberó? ¡Regresa a tu lugar!”. La mejor manera de derrotar a Satanás es avergonzándolo. Debemos decirle: “Satanás, ¿no sabes que ya fuiste derrotado? Tú fuiste destruido. Regrésate y quédate en tu lugar”. Entonces él se irá. Al participar de nuestra naturaleza y destruir a Satanás, Cristo nos liberó de la esclavitud. La muerte fue abolida, Satanás, quien tiene el imperio de la muerte, ha sido destruido, y nosotros fuimos liberados de la esclavitud.

D. El Señor está santificándonos

  Actualmente, Cristo nos está santificando (2:11). Él es el que santifica y nosotros los que somos santificados. Él está santificándonos día tras día (1 Ts. 5:23-24). Nosotros estaremos continuamente bajo Su obra santificadora hasta que seamos plenamente transformados a Su imagen (2 Co. 3:18).

E. El Señor es poderoso para socorrernos

  Cristo es poderoso para socorrernos (2:18). Él es poderoso para ayudarnos en todo hasta el final. No presten atención a las mentiras; no hagan caso a sus circunstancias, debilidades o problemas, ni aun a sus cónyuges, ya que es posible que a momentos actúen como pequeños mentirosos. Sus enfermedades, sus debilidades y su medio ambiente pueden también ser engañosos. No crean ninguna mentira. Los hermanos que llevan la delantera jamás deberían escuchar mentiras. A menudo, el enemigo usa a los hermanos o hermanas para hablar mentiras a los hermanos responsables. Por ejemplo, alguien podría decir: “El nivel de las reuniones de la iglesia ha descendido mucho”. Cuando alguien dice esto, no es necesario entrar en argumentos con él; simplemente debemos cerrar nuestros ojos y decir: “Eso es una mentira. ¡Apártate! Yo creo que la iglesia es viviente y que está en lo alto”. Esto es fe. Ensaye esto y vea los resultados. Hermanas, si ustedes dicen que su esposo no es bueno, les aseguro que él seguirá siendo un inútil simplemente porque usted así lo ha profetizado. Usted debe cruzar el río. No piense que su esposo es inútil; en lugar de ello diga: “Mi esposo es el mejor de entre todos los hombres”. Si usted dice esto, el Señor vendrá, escuchará su profecía y hará que su esposo sea el mejor. El Señor es capaz de ayudarnos en todas las cosas. Él es poderoso para socorrernos en cualquier situación.

  Todo lo que Cristo hizo en el pasado, lo que está haciendo en el presente y lo que hará en el futuro, está todo incluido en esta “salvación tan grande”, y todos éstos son factores que hacen que Su salvación sea “tan grande”.

III. ESTA SALVACIÓN ES GRANDE EN CUANTO A LO QUE ABARCA

A. Esta salvación nos hace compañeros del Heredero designado por Dios

  Esta salvación es “tan grande” en cuanto a lo que abarca, pues aun nos convierte en compañeros del Heredero designado por Dios (1:2, 9). Puesto que ya presentamos este asunto adecuadamente en el mensaje cinco, no es necesario repetirlo aquí.

B. Esta salvación nos introducirá en la gloria

  Esta salvación tan grande nos llevará a la gloria (2:10). Tal como mencionamos en ocasiones anteriores, la gloria es Dios mismo manifestado. Nosotros, los hijos de Dios, seremos llevados a aquella manifestación de gloria (Ro. 8:19-21). Éste será el punto culminante de la salvación de la cual participamos en Cristo. Ciertamente éste es otro de los principales factores que hacen que nuestra salvación sea “tan grande”.

C. Esta salvación nos hará poseedores juntamente con Cristo de la tierra habitada en la época venidera

  Esta salvación tan grande, en el futuro nos llevará a poseer la tierra habitada juntamente con Cristo (2:5). No necesitamos hacer una campaña política para ser nombrados como alcaldes, senadores, gobernadores o presidentes, ya que hemos de heredar el mundo venidero. Esto no es un sueño, sino lo que la Biblia lo afirma. Podemos declarar: “Heredaré la tierra. Esto lo sé, pues la Biblia lo dice así”.

D. Esta salvación nos salva por completo

  En esta salvación tan grande seremos salvos por completo (7:25). Esta salvación es ilimitada y nos salva completa, entera y perfectamente, por siempre y hasta el fin. Todo esto es lo que abarca nuestra “salvación tan grande”.

  Así pues, esta “salvación tan grande” es grande con respecto a lo que Cristo es, a lo que Él hace y a todo lo que ella abarca. Su aspecto más precioso consiste en disfrutar a Cristo como la vida que nos salva y como nuestro reposo en esta era, y su aspecto más glorioso es que en la era venidera heredaremos el reino de Cristo con Su gloria.

IV. UNA ADVERTENCIA

A. Atender a lo dicho, con el mayor empeño

  Con respecto a nosotros, Hebreos 2:1 dice que “es necesario que con mayor empeño atendamos a las cosas que hemos oído”. Ustedes han oído muchas cosas a través de estos mensajes y deben atender a lo que han oído. Ya no pueden rehuir esta responsabilidad y decir que no han oído ni han visto nada.

B. No debemos ir a la deriva

  ¿Por qué debemos atender con el mayor empeño a las cosas que hemos oído? La respuesta es: “No sea que vayamos a la deriva”. Atendamos a lo dicho para que no nos desviemos de lo oído. No debemos ser como un madero que flota a la deriva, sin meta ni dirección alguna, sino que sólo es llevado por la corriente. El hecho de que aquí se hable de ir a la deriva, implica que existe algún tipo de corriente. El judaísmo representaba una corriente que quería arrastrar a los creyentes hebreos. Actualmente sí existe una corriente en el mundo, como también en el cristianismo; hay muchas corrientes negativas. Debemos, por tanto, ser cuidadosos, no sea que vayamos a la deriva y nos apartemos de esta “salvación tan grande”. No se dejen llevar por la corriente y, más bien, crucen el río.

C. No debemos descuidar una salvación tan grande

  Asimismo, no debemos descuidar “una salvación tan grande” (2:3). Si la descuidamos, recibiremos una justa retribución por ello (2:2) y sufriremos pérdida (1 Co. 3:15). Esto no significa que seremos condenados eternamente, pero sí que recibiremos una justa retribución debido a nuestra negligencia. Eso significaría una enorme pérdida. Espero que ninguno de nosotros caiga en esta categoría y que, en lugar de ello, todos crucemos el río y avancemos en pos del Capitán de nuestra salvación rumbo a la gloria.

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