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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Job»
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Mensaje 12

LA ECONOMÍA ETERNA DE DIOS COMO LA RESPUESTA AL LIBRO DE JOB

  Lectura bíblica: Job 10:2, 8-9, 13; Ef. 3:9

  Ya señalamos que los cuarenta y dos capítulos del libro de Job nos plantean una pregunta doble sobre el propósito de Dios al crear al hombre y el propósito que Dios tiene en el trato que aplica a Su pueblo escogido. La respuesta a esta pregunta no se encuentra en el Antiguo Testamento, sino en el Nuevo Testamento. La respuesta es la economía eterna de Dios, cuya finalidad es que Dios se imparta en Su pueblo escogido.

LOS DIEZ ÍTEMS PRINCIPALES EN LA ECONOMÍA DE DIOS

  La economía de Dios se compone de diez ítems principales. Los primeros tres ítems son la encarnación del Dios Triuno, el vivir del Dios Triuno en la humanidad aquí en la tierra y la muerte todo-inclusiva de Cristo, quien murió en la cruz para resolver todos los problemas y poner fin a todas las cosas negativas que hay en el universo. El cuarto ítem es la resurrección de Cristo, una resurrección que imparte vida; en dicha resurrección Cristo en Su humanidad fue engendrado para ser el Hijo primogénito de Dios a fin de que muchos otros hijos fuesen producidos después de Él, el Dios Triuno en humanidad llegó a ser el Espíritu vivificante con miras a la impartición divina y todos los creyentes en Cristo fueron regenerados para ser hijos de Dios y miembros de Cristo. El quinto ítem es la ascensión de Cristo con el derramamiento del Espíritu consumado a fin de producir la iglesia. Los otros cinco ítems son la iglesia de Dios, el Cuerpo de Cristo, el nuevo hombre, el organismo del Dios Triuno procesado y consumado y la Nueva Jerusalén. Todos los otros ítems revelados en el Nuevo Testamento están relacionados con estos diez ítems, ya sea de manera directa o indirecta.

LAS DIVISIONES SON EL RESULTADO DE QUE LOS CREYENTES ENFATICEN ALGO DIFERENTE A LOS DIEZ ÍTEMS EN LA ECONOMÍA DE DIOS

  Siempre que los cristianos enfatizan algo diferente a estos diez ítems que constituyen la economía de Dios, surgen diversas escuelas de opinión que producen divisiones entre los creyentes. Por ejemplo, algunos recalcan el bautismo por inmersión, que si bien es una enseñanza del Nuevo Testamento, no es uno de los diez ítems básicos en la economía de Dios. Tal énfasis no solamente ha resultado en una denominación dedicada al bautismo por inmersión, sino también en muchas discusiones sobre la clase de agua que se debe usar, sobre si uno debe ser bautizado inclinándose hacia atrás, hacia delante o hacia abajo, y sobre si el bautismo debe ser realizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo o simplemente en el nombre de Jesús. Otros creyentes discuten sobre asuntos tales como el presbiterio (la administración de la iglesia ejercida por los ancianos) y la clase de instrumentos musicales —si es permitido— que se deben usar en las reuniones de la iglesia. Hace algunos años me enteré del caso de una congregación de la Asamblea de los Hermanos que se dividió por el tema de tocar el piano o el órgano durante las reuniones. Hoy en día esto es común que suceda entre los cristianos. Casi nadie está asido de la economía eterna de Dios con miras a la impartición divina.

APRENDER LOS ÍTEMS DE LA ECONOMÍA DE DIOS SUBJETIVAMENTE Y EN NUESTRA EXPERIENCIA

  Todos necesitamos aprender los ítems de la economía de Dios no sólo objetivamente, de manera doctrinal, sino también subjetivamente, en nuestra experiencia. Debemos considerar cómo experimentar todos estos ítems. ¿Cómo podemos experimentar la encarnación de Cristo, Su vivir humano, Su crucifixión, Su resurrección y Su ascensión? ¿Cómo podemos experimentar ser parte de la iglesia, del Cuerpo de Cristo, del nuevo hombre y del organismo del Dios Triuno? ¿Cómo podemos nosotros, de manera concreta, en nuestra experiencia, llegar a ser parte de la Nueva Jerusalén en la eternidad?

Un único Dios

  Si hemos de conocer estos diez ítems en términos de nuestra experiencia, necesitamos ver que todos ellos se refieren a un único Dios. Tenemos un solo Dios, pero este único Dios es triuno: el Padre, el Hijo y el Espíritu. El Padre, el Hijo y el Espíritu son uno. El Padre está en el Hijo; el Hijo está en el Padre; el Espíritu está tanto en el Padre como en el Hijo; y tanto el Padre como el Hijo están en el Espíritu. Los tres no solamente coexisten (existen juntos a la misma vez), sino que también son coinherentes (moran el uno en el otro). No hay separación entre ellos. Entre el Padre, el Hijo y el Espíritu hay distinción, pero no hay separación. Debido a que el Padre, el Hijo y el Espíritu coexisten y son coinherentes, cuando el Padre está presente, el Hijo y el Espíritu también están presentes.

El Dios Triuno ha sido procesado

  Antes de la encarnación, el Padre, el Hijo y el Espíritu eran un solo Dios en la eternidad, quien todavía no había sido procesado. Pero al pasar por la encarnación, el vivir humano, la crucifixión, la resurrección y la ascensión, este único Dios fue procesado. Estos cinco pasos son las cinco secciones de Su proceso. Al pasar por estas cinco secciones de Su proceso, el único Dios, el Dios Triuno, fue procesado y alcanzó Su consumación para ser el Dios Triuno actual.

El Dios Triuno alcanza Su consumación como Espíritu

  Hoy en día, el Dios Triuno ha alcanzado Su consumación en el Espíritu. El Espíritu es el último de los tres de la Trinidad Divina. Este Espíritu consumado es en realidad la consumación del Dios Triuno. Como Espíritu todo-inclusivo, Él es la consumación, la totalidad, del Dios Triuno. Cuando le recibimos, recibimos al Hijo y al Padre. Este Espíritu es el Hijo y es también el Padre. Los tres —el Padre, el Hijo y el Espíritu— son el Espíritu todo-inclusivo. Nuestro Padre, nuestro Señor, nuestro Amo, nuestro Redentor y nuestro Salvador hoy es el Espíritu vivificante. Este Espíritu vivificante es todo-inclusivo, compuesto y consumado. Ahora mismo Él está dentro de nosotros.

Hacerlo todo conforme al Espíritu

  El Nuevo Testamento nos insta a ser regenerados por este Espíritu y a recibir la vida divina mediante este Espíritu. Luego, debemos vivir, andar, por este Espíritu, y debemos experimentar a Cristo, disfrutar a Dios el Padre e incluso disfrutar la plenitud del Dios Triuno haciéndolo todo conforme al Espíritu. Siempre y cuando lo hagamos todo conforme al Espíritu, podremos experimentar la encarnación de Cristo, Su vivir humano, Su muerte, Su resurrección y Su ascensión con el derramamiento del Espíritu. Esto hará de nosotros la iglesia de Dios, el Cuerpo de Cristo, el nuevo hombre y el organismo del Dios Triuno, el cual halla su consumación en la Nueva Jerusalén.

  En nuestra vida diaria no debiéramos permanecer en la esfera correspondiente al árbol del conocimiento del bien y del mal, sino en la esfera del Espíritu vivificante. No debiéramos hacer nada conforme al bien y el mal; más bien, debiéramos hacerlo todo conforme al Espíritu siendo un espíritu con el Señor. Por ejemplo, es necesario que seamos un espíritu con el Señor al hablar. Antes de hablar por el Señor, suelo hacer una oración muy sencilla: “Señor, sé un espíritu conmigo para que yo pueda ser un espíritu contigo. Señor, habla en mi hablar y haz que mi hablar sea Tu hablar”. En esto consiste vivir en la impartición de la economía eterna de Dios. Si vivimos y hablamos de esta manera, disfrutaremos de la impartición divina, y Cristo aumentará en nosotros. Cristo crece en nosotros, y nosotros crecemos en Cristo. Finalmente, este crecimiento alcanzará su plenitud.

  Supongamos que surge algún conflicto entre usted y su cónyuge. Usted no debiera hacer nada al respecto, pues todo cuanto haga estará en la esfera correspondiente al árbol del conocimiento del bien y del mal. Usted simplemente debiera orar-leer Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. No le preste atención al conflicto ni a la ira; sólo preste atención al Cristo que vive en usted. Ésta es la manera de proceder en todas las cosas.

  El libro de Job contiene muchas palabras vanas, palabras de acusación y de vindicación. A medida que leamos este libro debemos tener presente la economía de Dios. Debemos ver que la economía eterna de Dios, la cual es la respuesta a la pregunta planteada por Job, consiste en que Dios mismo en Su Trinidad Divina —en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu— se imparte a nosotros por medio de la encarnación, el vivir humano, la crucifixión, la resurrección y la ascensión con el derramamiento del Espíritu para producir la iglesia, el Cuerpo de Cristo, el nuevo hombre y el organismo del Dios Triuno, cuyo resultado final será la Nueva Jerusalén en el cielo nuevo y la tierra nueva por la eternidad.

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