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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Lucas»
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Mensaje 34

EL SALVADOR-HOMBRE LLEVA A CABO SU MINISTERIO EN SUS VIRTUDES HUMANAS CON SUS ATRIBUTOS DIVINOS DE GALILEA A JERUSALEN

(12)

  Lectura bíblica: Lc. 15:1-32

  En 9:51—19:27 tenemos un relato del Salvador-Hombre que va desde Galilea hasta Jerusalén. El Señor iba a Jerusalén para morir, a fin de traer el jubileo por medio de Su muerte y Su resurrección. En camino a Jerusalén se encontró con los religiosos, especialmente los fariseos y los intérpretes de la ley, que le estorban. Muchos de los casos que sucedieron en el camino de Galilea a Jerusalén tienen que ver con los obstáculos que presentan las personas religiosas. Por ejemplo, los casos mencionados en el capítulo catorce tienen que ver con los fariseos. En el capítulo quince aunque el Señor sacó a la luz los pensamientos oscuros y los razonamientos absurdos de los fariseos, la situación siguió igual.

LA TRINIDAD DESCRITA EN TRES PARABOLAS

  En Lucas 15:1 y 2 dice: “Se acercaban a Jesús todos los recaudadores de impuestos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos, diciendo: Este a los pecadores acoge, y con ellos come”. Los recaudadores de impuestos y los pecadores estaban agradecidos con el Salvador-Hombre y se acercaban a El. Pero esto molestó a los religiosos y murmuraron diciendo que el Señor acogía a los pecadores y comía con ellos. Debido a las murmuraciones (v. 3), el Señor contó tres parábolas en el capítulo quince.

  Como respuesta a los fariseos y a los escribas, quienes eran justos en su propia opinión y condenaban al Salvador por comer con los pecadores, El les refirió tres parábolas, que revelan y describen cómo la Trinidad divina actúa para devolver los pecadores al Padre, por medio del Hijo y por el Espíritu. El Hijo vino en Su humanidad como el Pastor que busca al pecador, la oveja perdida, y lo trae a casa (vs. 4-7). El Espíritu busca al pecador tal como la mujer busca cuidadosamente la moneda perdida hasta encontrarla (vs. 8-10). Y el Padre recibe al pecador arrepentido que regresa, tal como aquel hombre recibe a su hijo pródigo (vs. 11-32). La Trinidad divina en Su totalidad valora inmensamente al pecador y participa en traerlo de nuevo a Sí. Las tres parábolas recalcan al amor de la Trinidad divina más que la condición caída y el arrepentimiento del pecador. El amor divino es claramente expresado en el cuidado tierno del Hijo como el buen pastor, en la detallada búsqueda del Espíritu como quien valora el tesoro, y en la calurosa acogida del Padre como un padre amoroso.

  Cuando yo era joven oí mucho acerca de cómo el padre amoroso recibía al hijo pródigo, y también oí sobre el buen samaritano. Pero no me dijeron que en estas tres parábolas podíamos ver la Trinidad, ni que cada parábola se refería a uno de la Trinidad. Claramente, el Pastor se refiere al Hijo, la mujer al Espíritu, y el padre al Padre celestial. Por lo tanto, vemos claramente los tres de la Trinidad en esta parábola.

  La secuencia de la Trinidad mencionada en Lucas 15 es diferente a la de Mateo 28:19. La secuencia de Mateo 28:19 es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pero en Lucas vemos primero al Hijo como el pastor, luego al Espíritu como la mujer, y finalmente al Padre como el padre que recibe al hijo que regresa. Por lo tanto, en Lucas 15 la secuencia comienza con el Hijo, va al Espíritu, y llega al Padre. Esta secuencia es exactamente la misma que la de Efesios 2:18: “Porque por medio de El los unos y los otros tenemos acceso en un mismo Espíritu al Padre”. Según este versículo, tenemos acceso primero por medio del Hijo y luego, en el Espíritu. Por medio del Hijo y en el Espíritu tenemos acceso al Padre. Es así como tenemos acceso al Dios Triuno: por medio del Hijo, en el Espíritu y al Padre.

  Es importante entender por qué en Lucas 15 se menciona primero al Hijo. La razón se debe a que en la obra salvadora de Dios, Aquel que viene es, en realidad, el Hijo. Este viene para llevar a cabo la redención, que es lo que uno necesita primero, ya que la redención es el cimiento de nuestra salvación. La redención que la muerte de Cristo llevó a cabo en la cruz es la base de la obra salvadora de Dios. Una vez que se pone este cimiento, podemos edificar sobre él. Para llevar a cabo la redención, viene primero el Hijo descrito de Lucas 15 como el buen pastor.

  Ahora que el Hijo efectuó la redención, el Espíritu viene a buscarnos, lo cual se indica en el libro de los Hechos. En los evangelios el Hijo vino a llevar a cabo la redención. Después de que el Hijo efectuara la redención, vemos en el libro de los Hechos que el Espíritu viene a buscarnos y nos halla. Debido a esto, nos arrepentimos y regresamos a Dios el Padre. Luego, conforme a la tercera parábola de Lucas 15, el Padre nos espera a nuestro regreso.

  ¡Qué maravillosa secuencia tenemos en Lucas 15! La secuencia no corresponde a las Personas de la Trinidad, sino a las etapas de la salvación, la cual se basa en la redención. La obra salvadora de Dios se lleva a cabo por el Hijo, mediante el Espíritu y conduce al Padre.

LA PARABOLA DEL BUEN PASTOR

  Lucas 15:4 dice: “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?” Aquí el desierto representa el mundo. El pastor que va al desierto en busca de la oveja perdida indica que el Hijo vino al mundo para estar con los hombres (Jn. 1:14).

  Lucas 15:5 y 6 añade: “Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido”. Aquí vemos tanto la fortaleza del Salvador como Su amor.

LA PARABOLA DE LA MUJER QUE BUSCA UNA MONEDA

  En 15:8 el Señor añade: “¿O qué mujer que tiene diez monedas de plata, si pierde una moneda, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca cuidadosamente hasta encontrarla?” Literalmente la palabra griega traducida monedas de plata es “dracmas” (así también en el v. 9), que tiene casi el mismo valor que el denario romano. Una dracma equivalía al salario de un día.

  La lámpara representa la palabra de Dios (Sal. 119:105, 130), la cual el Espíritu usa para alumbrar y exponer la posición y la condición del pecador para que se arrepienta.

  Según el versículo 8, la mujer barre la casa y busca cuidadosamente hasta que encuentra la moneda perdida. La palabra barre indica que escudriña y limpia el interior del pecador. En el versículo 4 el Hijo encuentra al pecador, lo cual ocurre fuera de éste y se completa en la cruz por medio de la muerte redentora del Hijo. Aquí la búsqueda del Espíritu es algo interior, y se lleva a cabo por Su obra dentro del pecador arrepentido.

  Los versículos 9 y 10 dicen: “Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la moneda de plata que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. Nótese que en el versículo 9 las palabras griegas amigas y vecinas difieren de amigos y vecinos en el versículo 6.

LA PARABOLA DEL PADRE AMOROSO

  En 15:11-32 tenemos la parábola del padre amoroso. Los versículos 11 y 12 dicen: “Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde; y les repartió su sustento”. La parte se refiere a la herencia que el hijo tiene por nacimiento. La palabra griega sustento es bíos (vida) y denota la condición en que uno vive, como se menciona en 8:14; por ende, se refiere a los medios de supervivencia, como se ve aquí y en Marcos 12:44. “Su sustento” se refiere a los medios de subsistencia que tiene el padre, sus bienes y posesiones (v. 30).

  El versículo 13 añade: “No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue de viaje a una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo disolutamente”. La provincia apartada es el mundo satánico. La palabra griega traducida disolutamente también significa “en derroche”. Dicha palabra en griego se usa para indicar una vida corrupta y libertina.

  Los versículos 14 y 15 dicen: “Y cuando lo hubo gastado todo, vino una gran hambre por toda aquella provincia, y comenzó a padecer necesidad. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a sus campos para que apacentase cerdos”. Los cerdos son animales inmundos (Lv. 11:7). Alimentar cerdos es un trabajo sucio y representa los negocios inmundos del mundo satánico.

  El versículo 16 dice: “Y ansiaba llenarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba”. En vez de “llenarse”, algunos manuscritos dicen “llenar su estómago”. El hijo menor ansiaba llenarse de las algarrobas. El algarrobo es un árbol perenne. Su vaina, también llamada algarroba, era usada como forraje para alimentar a los animales y a los que están en la miseria. Un interesante dicho rabínico dice que “cuando los israelitas son reducidos a vainas de algarrobo, entonces se arrepienten”. Cierta tradición dice que Juan el Bautista se alimentaba de vainas de algarrobo en el desierto; por eso se le llama “el pan de San Juan”.

  El versículo 17 nos dice: “Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!” Esto se debió a la iluminación y búsqueda del Espíritu (v. 8) dentro de él.

  Según el versículo 18, el hijo pródigo añadió: “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti”. La decisión de levantarse e ir a su padre fue el resultado de la búsqueda del Espíritu mencionada en el versículo 8. “Contra el cielo” equivale a “ante ti” (Dios el Padre). Esto significa que pecar contra el cielo equivale a pecar ante Dios, puesto que Dios el Padre está en el cielo (11:2).

  En el versículo 19 vemos lo que el hijo pródigo quería decirle a su padre: “Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”. Esto indica que el hijo pródigo no conocía el amor del Padre. Un pecador, una vez que se ha arrepentido, tiene siempre el concepto de hacer obras para Dios o de servirle para obtener Su favor, sin saber que este pensamiento va en contra del amor y la gracia de Dios, y que es un insulto a Su corazón y a Su intención.

  El versículo 20 dice: “Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a compasión, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó afectuosamente”. Que el padre viera al hijo no sucedió por casualidad, sino que salía de la casa para esperar el regreso de su hijo pródigo.

  Cuando el padre vio a su hijo, corrió hacia él y se echó sobre su cuello, y le besó afectuosamente. Esto indica que Dios el Padre corre para recibir al pecador que regresa. ¡Qué anhelo muestra esto! El hecho de que el padre se echara sobre el cuello de su hijo y le besara afectuosamente demuestra un caluroso y amoroso recibimiento. El regreso del hijo pródigo al Padre se debe a la búsqueda del Espíritu (v. 8); el Padre recibe al hijo que regresa, lo cual se basa en que el Hijo le halla en Su redención.

  Los versículos 21 y 22 añaden: “Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus esclavos: Sacad pronto el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y sandalias en sus pies”. El versículo 22 comienza con la expresión pero. Qué palabra de amor y de gracia; pues contrarrestó el pensamiento del hijo pródigo y detuvo su conversación absurda.

  El padre dijo a sus esclavos que sacaran pronto el mejor vestido, y vistieran a su hijo. La palabra pronto muestra la prisa del padre (v. 20). El “mejor vestido” indica que un vestido particular fue preparado con este propósito específico y para este momento preciso. Literalmente, la palabra griega traducida mejor significa primero. El mejor vestido aquí representa a Cristo el Hijo, quien es la justicia que satisface a Dios, y cubre al pecador penitente (Jer. 23:6; 1 Co. 1:30; Fil. 3:9 véase Is. 61:10; Zac. 3:4). El mejor vestido, que era el primer vestido, reemplazó los harapos (Is. 64:6) del hijo pródigo que había regresado.

  Según el versículo 22, el padre también dijo a los esclavos que pusieran un anillo en la mano de su hijo y sandalias en sus pies. Este anillo representa al Espíritu que sella al creyente, el sello que Dios le aplica cuando lo acepta (Ef. 1:13; cfr. Gn. 24:47; 41:42). Las sandalias indican el poder de la salvación que separa de la tierra sucia a los creyentes. Tanto el anillo como las sandalias eran señales de un hombre libre. El adorno, constituido por el vestido sobre el cuerpo, el anillo en la mano, y las sandalias en los pies, permitió que el hijo pródigo estuviera al mismo nivel que su padre rico y lo hizo apto para entrar en la casa del padre y festejar con él.

  En el versículo 23 el padre dijo a los esclavos: “Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y regocijémonos”. El becerro gordo representa al rico Cristo (Ef. 3:8) inmolado en la cruz para que los creyentes puedan disfrutarle.

  La salvación tiene dos aspectos: el aspecto objetivo y exterior, representado por el mejor vestido, y el aspecto subjetivo e interior, representado por el becerro gordo. Cristo como nuestra justicia es nuestra salvación externa; Cristo como la vida que disfrutamos es nuestra salvación interna. El mejor vestido hace apto al hijo pródigo para estar al nivel de los requisitos de su padre y satisfacerle; el becerro gordo satisface el hambre del hijo. Por eso, tanto el padre como el hijo pueden alegrarse juntos.

  En el versículo 24 el padre explica: “Porque este mi hijo estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”. La palabra muerto es significativa. Todos los pecadores perdidos están muertos a los ojos de Dios (Ef. 2:1, 5), pero cuando son salvos, reciben vida (Jn. 5:24; Col. 2:13).

  Lucas 15:25-32 describe la conversación en esta parábola entre el padre y el hijo mayor. El versículo 25 nos dice que “su hijo mayor estaba en el campo”. El hijo mayor representa a los fariseos y a los escribas (v. 2), y también a los judíos incrédulos que buscan la ley de justicia (Ro. 9:31-32) por sus obras, lo cual queda implícito con la expresión en el campo.

  En los versículos 29 y 30 el hijo mayor dijo al padre: “He aquí, tantos años te he servido, sin haber desatendido jamás un mandato tuyo, y nunca me has dado ni un cabrito para regocijarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo”. La palabra griega traducida desatendido en el versículo 29 también puede traducirse transgredido. La palabra servido en este versículo indica la esclavitud bajo la ley (Gá. 5:1).

  En los versículos 31 y 32 el padre responde al hijo mayor: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado”. En el versículo 32 el padre dice otra vez que el hijo pródigo estaba muerto y ahora vive, y recalca el hecho de que cuando los pecadores perdidos son salvos, reciben vida.

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