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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Marcos»
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Mensaje 36

LA PREPARACION DEL SALVADOR-ESCLAVO PARA SU SERVICIO REDENTOR

(3)

  Lectura bíblica: Mr. 11:27-33; 12:1-44

ESTAR EN LA MUERTE, LA RESURRECCION Y LA ASCENSION DE CRISTO

  Cuando el Señor Jesús partió de Galilea rumbo a Judea, Su intención era ir a Jerusalén para entrar en Su muerte y Su resurrección e introducir en ellas a Sus seguidores más cercanos, los cuales fueron representados por Pedro, Juan y Jacobo. Los tres habían seguido al Señor muy de cerca desde el comienzo de Su ministerio. Al leer el Evangelio de Marcos, nos damos cuenta que ellos le siguieron paso a paso hasta que al final los introdujo en Su muerte que lo incluye todo. Por supuesto, ellos no murieron con el Señor literalmente; pero sí pasaron por el proceso de Su muerte. Ellos vieron cómo el Señor se preparó para morir, cómo dispuso las circunstancias necesarias para Su muerte y cómo preparó aun a los opositores que lo mataron. Además, observaron cómo el Señor fue arrestado y juzgado conforme a la ley judía y por el gobernador romano según la ley de los gentiles, cómo fue escarnecido, perseguido y llevado como un cordero al matadero. Vieron cómo fijaron al Señor en la cruz y cómo permaneció ahí por seis horas.

  El Señor pasó por la muerte, y los discípulos la experimentaron junto con El. La única diferencia fue que ellos no murieron físicamente. El Señor sufrió la muerte de manera personal, pero los discípulos solamente pasaron por el proceso de la muerte. Por supuesto, ellos no fueron puestos en la tumba ni tampoco fueron al Hades. Pero podemos decir que los días que transcurrieron entre la muerte y la resurrección del Señor fueron una “tumba” para los discípulos, y que, en cierto sentido, ellos pasaron por el Hades. Luego, en la mañana del día que resucitó el Señor, algunos de los discípulos hallaron la tumba vacía y supieron que el Jesús crucificado había resucitado de entre los muertos.

  No debemos leer el Evangelio de Marcos como si fuera un simple libro de historias, ni únicamente para aprender doctrinas. Al leerlo necesitamos recibir una visión tras otra. Debemos tener la impresión de que estamos mirando la televisión celestial.

  En el día de Pentecostés, el Espíritu fue derramado sobre los ciento veinte. Mediante la muerte y la resurrección, el propio Salvador-Esclavo que se revela en Marcos fue hecho el Espíritu vivificante que se derramó sobre los discípulos. El Señor se derramó sobre los que habían recibido las visiones que se relatan en el Evangelio de Marcos. Por medio del derramamiento del Espíritu, los ciento veinte discípulos recibieron la realidad de todas las visiones que habían tenido.

  Espero que estos mensajes del Estudio-vida de Marcos le ayuden a recibir las visiones contenidas en este evangelio. A su tiempo, el Cristo resucitado, en calidad de Espíritu viviente, se derramará sobre usted y hará que todo lo que ha visto le sea una realidad. Entonces estará de hecho en la muerte, la resurrección y la ascensión de Cristo. Le disfrutará verdaderamente como el reemplazo total y universal.

LA NUEVA CREACION SE PRODUCE EN SEIS DIAS

  En este mensaje vamos a examinar la última parte del capítulo once de Marcos. Este capítulo describe acontecimientos que ocurrieron durante los últimos seis días de la vida que el Señor llevó en la tierra. Estos seis días tuvieron como fin producir la nueva creación. Según el libro de Génesis, Dios completó la primera creación en un período de seis días. Luego, en el día séptimo, el sábado, descansó. Asimismo, el Señor tomó seis días para producir la nueva creación, y después hubo otro sábado. El Señor fue crucificado un viernes, y el siguiente día fue sábado. Con esto vemos que al Señor le tomó seis días para completar los preparativos y producir la nueva creación. En los seis días, los cuales concluyeron con Su muerte, efectuó todo lo necesario para que la nueva creación llegara a existir. Luego, después de estos seis días, descansó en el séptimo, el sábado. En estos mensajes procuramos entender lo que aconteció durante esos seis días.

  En el primer día, el Señor Jesús triunfantemente entró en Jerusalén montado en un pollino. La gente gritaba: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (v. 9). El Señor recibió una bienvenida de parte de la gente. Después de hacer Su entrada en Jerusalén de la manera que lo hizo, entró en el templo “y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya era avanzada la hora, se fue a Betania con los doce” (v. 11).

  Al día siguiente regresó a la ciudad, maldijo la higuera y purificó el templo. Con la intención de que percibamos la seriedad de lo que hizo el Señor, comparémoslo con una persona que entra a la capital de un país, le prende fuego a la bandera, y luego entra a uno de los principales edificios de gobierno y causa grandes disturbios. Seguramente estas acciones se publicarían en los periódicos.

  Después de maldecir la higuera, la cual era símbolo de la nación judía, el Señor entró en el templo y volcó las mesas de los cambistas. Debido a que la gente lo había recibido bien, nadie se atrevió a detenerlo. En aquel momento, todos los líderes tuvieron que callar. No obstante, planeaban privadamente cómo matar al Señor Jesús.

  Según 11:19, “al llegar la noche, salían de la ciudad”. Esto ocurrió en la noche del segundo día. Sin duda, en aquella noche los discípulos deben haber hablado entre ellos en cuanto a lo que el Señor había hecho en Jerusalén. Probablemente en toda la ciudad de Jerusalén se hablaba de lo que hizo el Señor al purificar el templo.

  En la mañana del tercer día, los discípulos vieron que la higuera se había secado desde las raíces (v. 20). Luego, volvieron de nuevo a Jerusalén. El versículo 27 dice: “Vinieron de nuevo a Jerusalén; y andando El por el templo, se le acercaron los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos”. Si el pueblo no hubiera acogido al Señor, El no habría podido andar en el templo como lo hizo. Al contrario, inmediatamente habría sido arrestado y muerto. Pero debido a que el pueblo le había recibido, El tenía libertad para andar en el templo.

EXAMINADO POR LOS PRINCIPALES SACERDOTES, LOS ESCRIBAS Y LOS ANCIANOS

  Los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos —las tres categorías de personas que formaban el sanedrín— vinieron al Señor y le dijeron: “¿Con qué autoridad haces estas cosas o quién te dio tal autoridad para hacer estas cosas?” (v. 28). Los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos parecían decir: “Maldijiste la higuera, y luego volcaste las mesas en el templo. ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te dio autoridad para hacerlo? Lo que has hecho es sumamente delicado. Así que, queremos saber acerca de tu origen y tu autoridad”.

  Al enfrentarse con los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, el Señor Jesús manifestó Su dignidad. No mostró ningún temor al confrontar esta situación, sino que contestó las preguntas de ellos con valentía.

La pregunta del Señor

  El Señor Jesús les dijo: “Os haré Yo una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme” (vs. 29-30). Por un lado, el Señor Jesús no temía ser examinado por los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos. Por el otro, El los examinó a ellos con dignidad.

  Antes de contestar la pregunta que el Señor les hizo, los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos tomaron consejo entre ellos. “Ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Pero ¿vamos a decir: De los hombres...? Temían a la multitud, porque todos consideraban que verdaderamente Juan era profeta” (vs. 31-32). Al darse cuenta de que no había manera de contestar la pregunta del Señor sin perder el caso, decidieron mentir, y dijeron al Señor Jesús: “No sabemos” (v. 33). El Señor sabía lo que había en los corazones de ellos, sabía que mentían.

La respuesta del Señor

  El Señor Jesús dijo a los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos: “Tampoco Yo os digo con qué autoridad hago estas cosas” (v. 33). Esto indica que El sabía que los líderes judíos no querían decirle lo que sabían; así que, El tampoco les iba a contestar. Ellos le mintieron al decir: “No sabemos”. Pero el Señor sabiamente les habló la verdad y así dejó en evidencia la mentira que dijeron y a la vez evitó su pregunta.

  En cuanto a la respuesta del Señor, debemos prestar atención a la palabra “tampoco”. Esta palabra indica que los líderes judíos le mentían al Señor. Ya que ellos no querían decirle lo que sabían en cuanto a Juan el Bautista, tampoco El les contestaría.

  La sabia respuesta del Señor puso en vergüenza a los líderes de la nación judía. Quedaron en evidencia como un grupo de mentirosos. El Señor, al enfrentarse a ellos, manifestó tanto Su dignidad como Su sabiduría. Podemos decir que Su dignidad era humana y Su sabiduría, divina. Esta combinación de dignidad humana y sabiduría divina subyugó a los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos.

  Los discípulos deben haber estado muy contentos con la manera que el Señor confrontó a los líderes judíos. Tal vez se miraron el uno al otro, movieron la cabeza en señal de asentimiento y se sonrieron. Ellos vieron la dignidad y la sabiduría del Salvador-Esclavo en medio de aquella situación que ocurrió en el templo. ¡Cuán alegres deben haberse sentido al ver que los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos fueron subyugados por el Señor Jesús!

PUESTO A PRUEBA POR LOS FARISEOS Y LOS HERODIANOS

  Después que el Salvador-Esclavo fue examinado por los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, fue puesto a prueba por los fariseos y los herodianos (12:13-17). Marcos 12:13 dice: “Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra”. Los herodianos eran partidarios del régimen del rey Herodes y le ayudaron a implantar las costumbres griegas y romanas en la cultura judía. Aunque estaban del lado de los saduceos, se oponían a los fariseos. No obstante, aquí se unieron a ellos para tratar de enredar al Señor Jesús.

  Los fariseos eran muy fieles a su nación, estaban completamente dedicados a la nación judía. Los herodianos estaban en pro de los imperialistas romanos. Así que, estos dos partidos no podían trabajar unidos. Pero al enfrentarse a esta persona maravillosa, el Salvador-Esclavo, los que eran enemigos se unieron para hacerle una sutil pregunta al Señor, una pregunta relacionada tanto al patriotismo como al imperialismo.

  Viniendo ellos, le dijeron: “Maestro, sabemos que eres veraz, y que no te cuidas de nadie, porque no haces acepción de personas, sino que enseñas con verdad el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?” (v. 14). Esta era verdaderamente una pregunta capciosa. Todos los judíos se oponían a dar tributo a César. Si el Señor Jesús hubiera dicho que era lícito hacer esto, habría ofendido a todos los judíos, cuyos líderes eran los fariseos. Si hubiera dicho que no era lícito, los herodianos, quienes apoyaban al gobierno romano, habrían tenido una base sólida para acusarle.

  Quizás nos parezca que no había posibilidad de que el Señor pudiera contestar esta pregunta. Supongamos que El hubiera dicho: “No, no debemos dar tributo a César”. Entonces los herodianos hubieran dicho: “Tú estás en contra de los romanos. Debes ser arrestado y encarcelado”. Pero supongamos que el Señor hubiera dicho: “Sí, es correcto dar tributo a César”. En este caso los fariseos hubieran dicho: “Tú traicionas tu nación, porque trabajas para los imperialistas romanos”. ¡Cuán diabólica y sutil fue la pregunta que hicieron los fariseos y los herodianos!

  A pesar de que el Señor fue examinado de modo diabólico y sutil, El no tuvo miedo. Al contrario, manteniendo Su dignidad, les dijo: “¿Por qué me tentáis? Traedme un denario para que lo vea” (12:15). El Señor Jesús no mostró la moneda romana, sino que les pidió que ellos se la mostraran. Por poseer una de las monedas romanas, ellos fueron sorprendidos.

  Después de que le trajeron la moneda, les dijo: “¿De quién es esta imagen y la inscripción?” (v. 16). Cuando ellos respondieron: “De César”, el Señor añadió: “Devolved a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (v. 17). Devolver a César lo que es del César es dar tributo a César conforme a sus reglamentos gubernamentales. Devolved a Dios lo que es de Dios es pagar el medio siclo a Dios conforme a Exodo 30:11-16, y ofrecerle todos los diezmos conforme a Su ley.

  La sección del Evangelio de Marcos que habla de que el Salvador-Esclavo fue puesto a prueba por los fariseos y los herodianos concluye con estas palabras: “Y se maravillaron mucho de El”. El Señor les contestó con sabiduría divina, y ellos quedaron sin palabras y subyugados.

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