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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Marcos»
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Mensaje 35

LA PREPARACION DEL SALVADOR-ESCLAVO PARA SU SERVICIO REDENTOR

(2)

  Lectura bíblica: Mr. 11:1-26

  En este mensaje seguiremos examinando la preparación que el Salvador-Esclavo llevó a cabo para Su servicio redentor. En el mensaje anterior vimos que el primer paso de Su preparación fue entrar en Jerusalén de manera gloriosa y recibir el reconocimiento y la bienvenida por parte del pueblo.

MALDICE LA HIGUERA Y PURIFICA EL TEMPLO

  En Mr. 11:12-26 se habla de la maldición de la higuera y la purificación del templo. El Señor vio que la higuera no tenía nada excepto hojas, y en el versículo 14 le dijo: “Nunca jamás coma nadie fruto de ti”. Después de maldecir la higuera, entró en el templo y “comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y los asientos de los que vendían palomas” (v. 15). Entonces les dijo: “¿No está escrito: ‘Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones’? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (v. 17).

  Las dos acciones, la maldición de la higuera y la purificación del templo, indican que toda la nación de Israel, a la cual Dios había elegido para Su propósito, se había vuelto estéril y corrupta. La higuera que el Señor maldijo estaba llena de hojas pero no tenía fruto, lo cual significaba que en aquel entonces la nación de Israel exhibía muchas cosas exteriormente, pero no tenía fruto. En ella no había realidad, no había nada que satisficiera a Dios.

  El templo que debía ser casa de oración para todas las naciones, es decir, para gentiles y judíos, había llegado a ser cueva de ladrones. Ante Dios, los que adoraban en el templo eran ladrones. La casa de Dios se había convertido en cueva de ladrones. Así que, después de maldecir la higuera para quitarle la vida, el Señor purificó el templo para eliminar la corrupción.

  Mientras el Señor hacía estas cosas, nadie se atrevió a oponerse abiertamente, pues el pueblo ya le había dado una calurosa bienvenida. En cuanto a esto, el versículo 18 dice: “Y lo oyeron los principales sacerdotes y los escribas, y buscaban cómo matarlo; porque le tenían miedo, por cuanto toda la multitud estaba admirada de Su enseñanza”.

  El hecho de que la higuera fuese maldecida significa que se le dio fin a la vida de Israel como nación. Desde entonces, la nación de Israel no tuvo nada que ver con la economía neotestamentaria de Dios. Además de maldecir la higuera, el Señor también purificó la corrupción de la casa de Dios.

  En los primeros diez capítulos de este evangelio el Señor se mostró benévolo, misericordioso y compasivo. Pero en 11:12-26 parece mostrar otra actitud: primero maldice la higuera y luego purifica el templo, aun volcando las mesas de los cambistas. Según el versículo 16, El “no permitía que nadie llevase vasija alguna a través del templo”. El Señor se mostró osado, agresivo y aun severo. No parecía mostrar misericordia en lo más mínimo.

  Debemos comprender que la maldición de la higuera y la purificación del templo formaban parte de la preparación del Salvador-Esclavo para Su muerte redentora. El preparó el camino para que los fariseos y los escribas le dieran muerte.

  Cuando el Señor purificó el templo, ya era la última parte del día. El versículo 19 dice: “Al llegar la noche, salían de la ciudad”. Es muy probable que durante la noche El posaba en Betania.

UNAS PALABRAS ACERCA DE LA FE Y LA ORACION

  Marcos 11:20 dice: “Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces”. Pedro, acordándose de lo que el Señor Jesús había dicho un día antes, expresó: “Rabí, mira, la higuera que maldijiste se ha secado” (v. 21). El Señor respondió, diciendo: “Tened fe en Dios. De cierto os digo que cualquiera que diga a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dude en su corazón, sino que crea que lo que está hablando sucede, lo obtendrá” (vs. 22-23). Luego el Señor habló en cuanto a la oración. En particular hizo hincapié en la necesidad que tenemos de perdonar a los demás: “Y cuando estéis de pie orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas” (v. 25). En este versículo vemos que perdonar a los demás sus ofensas es la base para que nuestro Padre celestial nos perdone. Esto es verdad especialmente mientras oramos. De hecho, no debemos orar si nuestro corazón tiene algo en contra de otra persona, es decir, si se siente ofendido por alguien o si se acuerda de que alguien lo ofendió.

EL SEÑOR DISCIPLINA A ISRAEL

  Lo que queremos realzar respecto a la maldición pronunciada sobre la higuera es que esto indica que Dios había determinado abandonar a la nación de Israel y tomar a otro pueblo, la iglesia, la cual se compone de personas que han sido introducidas en la muerte y la resurrección de Cristo para participar de El como el pleno disfrute. La iglesia incluye tanto a judíos como a gentiles.

  Marcos 11:12 dice que el Señor tuvo hambre. Esto significa que El deseaba recibir fruto de los hijos de Israel para que Dios fuera satisfecho. Sin embargo, la higuera no tenía fruto. Como vimos, esta higuera es un símbolo de la nación de Israel (Jer. 24:2, 5, 8). El hecho de que el árbol estuviere lleno de hojas pero que no tuviere fruto significaba que en aquel entonces la nación de Israel exhibía muchas cosas exteriormente, pero no tenía nada que satisficiera a Dios.

  En 11:12-26, se combinan el relato de la maldición que el Salvador-Esclavo pronunció sobre la higuera y la narración de cómo purificó el templo. Esto indica que trató simultáneamente diferentes aspectos de la nación de Israel, la cual era corrupta y rebelde. La higuera era símbolo de la nación de Israel, y el templo era el centro de la relación entre Israel y Dios. Como higuera plantada por Dios, la nación de Israel no le dio fruto, y como centro de la relación entre Israel y Dios, el templo estaba lleno de corrupción. Así que, el Salvador-Esclavo maldijo la higuera infructífera y purificó el templo contaminado. Esto puede considerarse un presagio de la destrucción predicha en 12:9 y 13:2.

LA DIGNIDAD Y AUTENTICIDAD HUMANAS DEL SEÑOR Y SU SABIDURIA Y AUTORIDAD DIVINAS

  En el ministerio que el Salvador-Esclavo llevó a cabo en Galilea para la extensión del evangelio, según se narra en 1:14—10:52, Su obra consistía en proclamar el evangelio, enseñar la verdad, echar fuera demonios, y sanar a los enfermos. En dicha obra, el Señor expresó Sus virtudes humanas y Sus atributos divinos, los cuales eran Su competencia y belleza en el servicio divino que rindió a los pecadores de parte de Dios. Al prepararse en Jerusalén para Su obra redentora (11:15—14:42), Su tarea principal era enfrentar a los líderes judíos, los cuales debían haber sido los edificadores del edificio de Dios (12:9-10), pero habían sido usurpados por el enemigo de Dios, Satanás, e incitados a conspirar para matar al Salvador-Esclavo. En esta confrontación bajo las preguntas, las pruebas y la examinación sutiles y maliciosas de dichos líderes, la dignidad humana del Señor se expresó en Su autenticidad humana (11:15-18), y Su sabiduría y Su autoridad divinas se manifestaron en Su conducta y perfección humanas (11:27—12:37), de tal modo que al final Sus críticos mismos llegaron a ser los que comprobaron Su aptitud. Esto preparó el camino para que manifestara a estos opositores ciegos que El, el Cristo, el Hijo de David, era el Señor de David, es decir, el propio Dios (12:35-37), a fin de que conocieran Su deidad en Su humanidad, es decir, que El como Dios vivía en el hombre.

  Al enfrentarse a los opositores, la dignidad humana del Señor se expresó claramente en Su autenticidad humana. Mientras era examinado por ellos, expresaba Su dignidad y autenticidad. Además, al mismo tiempo, Su sabiduría y Su autoridad divinas eran expresadas en Su conducta y perfección humanas. Al final, los que vinieron con la intención de encontrarle faltas, fueron los mismos que comprobaron lo competente que era el Señor.

UNA GRAN SORPRESA PARA LOS DISCIPULOS

  En 11:1-26 ocurren tres eventos principales: entra en Jerusalén y posa en Betania, maldice la higuera, y purifica el templo. Estas tres acciones deben haber asombrado profundamente a los seguidores del Salvador-Esclavo. Pedro, Juan, Jacobo y los otros discípulos habían seguido al Señor Jesús por tres años y medio, durante los cuales habían observado cómo el Señor se conducía, obraba y se relacionaba con la gente. Habían venido con El de Galilea, una región menospreciada, a Judea, a la ciudad de Jerusalén, el lugar más importante de la nación. Jerusalén era el sitio donde estaba localizado el templo y donde se reunía el sanedrín, el concilio más prominente de los judíos. En Jerusalén vivían muchas personas importantes. Ahora, a aquella importante ciudad había venido un grupo de menospreciados galileos guiados por un carpintero.

  Cuando el Señor y Sus discípulos “se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de Sus discípulos, y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y tan pronto como entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado todavía; desatadlo y traedlo”. Los discípulos obedecieron al Señor sin decir ni una sola palabra. Ellos habían sido adiestrados a no expresar su opinión. Si el Señor hubiese hecho esta petición antes, tal vez le habrían preguntado por qué quería que hicieran aquello. Pero ahora, después de pasar por tantas experiencias, en especial, lo que vivieron cuando se realizó la sanidad en Jericó, ellos simplemente obedecieron al Señor cuando éste les dijo que fueran a la aldea, desataran al pollino y lo trajeran. Esto muestra que el entrenamiento que el Señor les brindó a los discípulos en los capítulos anteriores fue efectivo. El Señor dio a los dos discípulos un mandato no común, un mandato que la mayoría de las personas no hubieran creído o aceptado. A pesar de esto, habiendo sido adiestrados por el Señor, los discípulos no expresaron ninguna opinión en cuanto a lo que el Señor les mandó.

  Marcos 11:7 dice: “Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él”. En un mensaje anterior hicimos notar que cuando el ciego Bartimeo oyó que el Señor le llamaba, arrojó su capa. En este versículo vemos que los discípulos arrojan sus mantos sobre el pollino, lo cual indica que ya no les interesaba la posición, que estaban dispuestos a que el Señor tuviera la preeminencia. Lo único que les interesaba era que El fuera exaltado.

  El versículo 8 dice que “muchos tendían sus mantos por el camino”. Podemos decir que la multitud siguió el ejemplo de los discípulos. Posteriormente el pueblo dio al Señor una calurosa bienvenida, alzando la voz y diciendo: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino venidero de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!” (vs. 9-10).

  La bienvenida que se le dio al Salvador-Esclavo debe haber sorprendido a los discípulos. Seguramente nunca se imaginaron que el Señor Jesús, un carpintero de Galilea, recibiría una acogida tan calurosa por parte de la multitud de Jerusalén.

  El hecho de que el Señor maldijera la higuera también debe haber sorprendido a los discípulos. Los seguidores del Señor, los cuales eran galileos, tal vez dijeron entre sí: “Hemos seguido al Señor por tres años y medio, y nunca lo vimos hacer semejante cosa. ¿Por qué maldijo la higuera? La higuera es símbolo de nuestra nación, la cual tenemos muy en alto. Pero el Señor la maldijo. No cabe duda que ha cambiado Su manera de conducirse, y ahora es muy diferente a lo que fue en el pasado”.

  El Señor, después de maldecir la higuera, entró en el templo y comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban ahí. También volcó las mesas de los cambistas y los asientos de los que vendían palomas (v. 15). Imagínese lo que deben haber pensado los discípulos cuando vieron esto. Deben haber dicho entre ellos: “¿Es éste nuestro Maestro? Siempre había sido benévolo, amable y compasivo. ¿Qué es lo que hace?” Por supuesto, los discípulos no se atrevieron a decirle nada al Señor.

EL SEÑOR PREPARA LAS CIRCUNSTANCIAS, A LOS OPOSITORES Y A SUS SEGUIDORES

  Ya vimos que al maldecir la higuera y purificar el templo, el Señor hacía los preparativos necesarios para Su servicio redentor. Específicamente, el hecho de purificar el templo provocó a los principales sacerdotes y a los escribas, los cuales buscaban cómo matarlo (v. 18). De hecho, lo que hizo el Señor llevó a Sus opositores a apresurar sus esfuerzos para darle muerte. Esta obra de preparación, la cual aceleró la actividad de los opositores, aseguró que el Señor muriera en el día de la Pascua. Así que, la purificación del templo ciertamente fue una preparación que propició la muerte redentora del Señor.

  Supongamos que el Señor Jesús hubiera entrado en el templo y simplemente hubiera mirado lo que ahí ocurría y se hubiera conducido de manera diplomática. Luego Sus discípulos le dicen: “Señor, todo está excelente. Vamos por ahí a descansar”. Si ésta hubiera sido la situación, no creo que los opositores hubiesen tomado tan en serio sus esfuerzos por darle muerte al Señor Jesús. Quizás no lo habrían molestado por mucho tiempo. En ese caso, el Señor no habría sido crucificado en la Pascua. Así que, el Señor preparó la situación al purificar el templo, pues al hacer esto, provocó a los opositores con el fin de que le dieran muerte en el tiempo que Dios había dispuesto.

  El Señor no sólo preparó a Sus opositores, sino también a Sus seguidores. Sin duda, la maldición de la higuera y la purificación del templo dejaron una profunda impresión en ellos. Por supuesto, ellos no entendieron el significado de todo esto en el momento en que ocurrió. Pero más tarde, después de la crucifixión y la resurrección del Señor, deben haberse acordado de todo. Entonces empezaron a entender por qué el Señor maldijo la higuera y purificó el templo.

  En el capítulo once de Marcos vemos que Pedro, Juan, Jacobo y los otros discípulos estaban bajo la influencia de la tradición. Para ellos, Jerusalén era una ciudad bendecida por Dios, y la higuera, un símbolo de la nación de Israel, una nación elegida por Dios. Sus mentes estaban llenas del entendimiento tradicional, y deben haberse asombrado al ver que el Señor maldijo la higuera y purificó el templo. Ahora debemos comprender que al hacer esto, el Señor no sólo provocó a Sus opositores para que le dieran muerte, sino que también dejó grabado en Sus seguidores el hecho de que Dios cortaba absolutamente toda relación con la nación de Israel. La nación de Israel fue maldecida, condenada y estaba próxima a ser derribada.

  Los discípulos no entendieron lo que había acontecido cuando el Señor Jesús maldijo la higuera y purificó el templo. Pero más tarde sin duda comenzaron a recordar estos eventos y pudieron entender que Dios había abandonado a Israel. Así que, la maldición de la higuera y la purificación del templo por parte del Señor prepararon a los que habrían de matar al Señor así como también a los seguidores del Señor; a éstos para que tomaran Su muerte y recibieran Su resurrección.

  Lo que describe el capítulo once es muy diferente a lo que narran los capítulos del uno al diez. En los primeros diez capítulos de Marcos, el Señor Jesús se mostró manso, misericordioso, amable y compasivo. Pero en el capítulo once se condujo de manera totalmente diferente. El objetivo del Señor en este capítulo era preparar las circunstancias, a los opositores y a Sus seguidores para el gran acontecimiento, a saber, Su muerte redentora.

  Esta obra preparatoria duró seis días, lo mismo que le tomó a Dios para crear el universo. Durante seis días, el Señor preparó las circunstancias y a las personas involucradas con Su muerte. El no llevó a cabo dicha preparación por medio de la enseñanza ni la predicación, sino mediante Sus acciones.

LA REACCION DE LOS DISCIPULOS

  Mientras posaban los discípulos en Betania, tal vez comentaron entre sí de lo que hizo el Señor al maldecir la higuera y purificar el templo. Quizás Pedro le dijo a Juan y a Jacobo: “¿Por qué maldijo la higuera el Señor, y purificó el templo? La higuera es un símbolo de nuestra nación, pero El la maldijo. Luego entró inmediatamente en el templo, hizo cesar toda actividad y volcó las mesas. Incluso dijo que los que estaban allí habían hecho del templo cueva de ladrones. ¿Qué significa todo esto? Es mejor que no le preguntemos nada al Señor. Esperemos hasta mañana y veamos qué pasa, pues no sabemos qué otra cosa hará mañana”. Yo creo que los discípulos tuvieron alguna conversación privada al respecto.

  Si usted hubiera estado con los discípulos, ¿no habría conversado con ellos acerca de lo acontecido? Si yo hubiera estado allí, dudo que habría podido comer o dormir. Habría hablado con los demás y les habría preguntado cuál era su impresión de lo que había acontecido en aquel día. Además, seguramente habría esperado con ansia que llegara el siguiente día, expectante a lo que el Señor haría. Lo que quiero decir es que el Señor, de manera muy poco común, fue preparando todas las cosas y las personas, especialmente a Sus seguidores, con motivo de Su muerte.

  Cuando muchos cristianos leen la Biblia, todo lo dan por sentado. Quizás leen el relato de cómo el Señor entró en Jerusalén, maldijo la higuera y purificó el templo, sin inquirir en cuanto al significado de estos eventos. Aprendamos a estudiar la Biblia no dando nada por sentado. Profundicemos en estos asuntos, examinémoslos y procuremos entenderlos. Al examinar el significado de los acontecimientos que se narran en 11:1-26, vemos que el Señor efectuaba los preparativos para llevar a cabo el hecho más prominente del universo: Su muerte redentora.

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