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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Marcos»
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Mensaje 56

UNA VIDA QUE CONCUERDA CON LA ECONOMIA NEOTESTAMENTARIA DE DIOS Y QUE LA CUMPLE

(5)

  Lectura bíblica: Mr. 1:1, 4, 9-10

  En el mensaje anterior vimos el significado de las palabras: “Principio del evangelio de Jesucristo” (Mr. 1:1). Examinemos ahora la palabra bautismo mencionada en el versículo 4.

SE PONE FIN PARA DAR UN NUEVO COMIENZO

  En el versículo 4 dice: “Apareció Juan en el desierto bautizando y predicando el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados”. Bautizar a alguien es sepultarlo en agua, lo cual le pone fin. No hay mejor manera de deshacerse de algo que la sepultura. Al bautizar Juan a los que venían a él, les sepultaba, les anulaba.

  Juan el Bautista anunció un bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados, y a cualquiera que venía a él con un arrepentimiento auténtico le bautizaba; sepultaba a todos los arrepentidos.

  En 1:1 se habla de un comienzo, mientras que en 1:4, de un fin. No puede haber el uno sin el otro. ¿Por qué nos bautizamos después de creer en el Señor Jesús? Nos bautizamos a fin de sepultar nuestra vida pasada, incluyendo todo lo que somos. Cuando alguien se arrepiente y cree en el Señor debemos ponerle fin a su vida pasada y a su viejo yo bautizando a la persona, es decir, sepultándola. Esto se hace con el fin de que experimente un nuevo comienzo.

EL BAUTISMO DEL SEÑOR JESUS

  Marcos 1:9 habla del bautismo del Señor Jesús: “Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán”. El Señor Jesús estuvo dispuesto a bautizarse, es decir, permitió que se le sepultara.

  ¿Por qué se bautizó el Señor Jesús? Se bautizó porque, aunque en un sentido El no tenía nada que requiriera ser sepultado, en particular nada viejo, El era un hombre, y por ende, parte de la vieja creación. Sin tener ninguna relación con la vieja creación, ¿cómo podría ser el Salvador de ella?

  Según Juan 1:1 y 14, el Verbo, quien es Dios, se hizo carne. En las Escrituras la palabra carne es un término negativo. Dios no creó la carne, sino al hombre. ¿Por qué no dice entonces que el Verbo se hizo hombre? Juan 1:14 dice claramente que el Verbo se hizo carne. Cuando Jesús, procedente de Nazaret, vino a Juan el Bautista, Su cuerpo era de carne.

  Pablo fue muy precavido al hablar de esto, y en Romanos 8:3 dice que Cristo vino en semejanza de carne de pecado. El hombre caído había llegado a ser la carne de pecado. Pero el Señor Jesús tenía únicamente la semejanza de ésta; no tenía pecado. Al igual que la serpiente de bronce que fue levantada en el desierto para la redención de los Israelitas caídos, la cual sólo tenía la semejanza, la forma, de una serpiente, mas no la naturaleza de la misma, asimismo el Señor Jesús sólo tenía la semejanza de la carne de pecado, mas no la naturaleza de ésta.

  Cuando el Señor Jesús se hizo hombre, el linaje humano estaba caído. No obstante, en el Señor Jesús no había pecado. Con todo y esto, Su humanidad aún se hallaba en la semejanza de la carne de pecado.

  Por un lado, el Señor era Hijo de Dios, lo cual tiene que ver con Su deidad. Por el otro, era Hijo del Hombre, lo cual se relaciona con Su humanidad. En cuanto a Su deidad, no necesitaba bautizarse, pero con relación a Su humanidad, a que era un hombre que se hallaba entre el linaje humano, sí le era necesario dar este paso. El Señor Jesús como hombre necesitaba que se le pusiera fin, que se le sepultara.

  Por supuesto, la Biblia no dice que el Señor Jesús se arrepintió cuando fue bautizado, pues no tenía nada de que arrepentirse; ni tenía pecado ni nunca había pecado. No obstante, poseía una humanidad que estaba relacionada con la vieja creación, y por esta razón necesitaba ser bautizado. Al bautizarse, el Señor estuvo dispuesto a que se le diera muerte.

EL ESPIRITU DESCIENDE SOBRE EL SEÑOR JESUS

  Marcos 1:10 narra lo que aconteció cuando el Señor Jesús subió del agua: “E inmediatamente, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos y al Espíritu descender como paloma sobre El”. Antes de este acontecimiento el Señor Jesús ya poseía a Dios el Padre como esencia. Después de ser bautizado, Dios el Espíritu descendió sobre El. Así que, por dentro poseía la esencia divina y sobre El reposaba el Espíritu de Dios. Al poseer al Padre como esencia y al Espíritu como poder para llevar a cabo Su obra, el Señor Jesús comenzó a ministrar, no simplemente como una persona moral, ética y religiosa, sino como una persona totalmente llena de Dios.

  El Señor Jesús, después de ser bautizado y de que el Espíritu descendiera sobre El, era una persona totalmente llena de Dios interior y exteriormente. Por dentro, poseía a Dios el Padre como esencia, y por fuera tenía al Espíritu de Dios como el poder por el cual se conducía, actuaba, ministraba y predicaba. De esta manera llegó a ser una persona que no era regida por la cultura, la religión, ni simplemente la ética o la moralidad. El estaba totalmente lleno de Dios.

SE CONDUJO EN EL REINO DE DIOS

  ¿Qué hizo el Señor Jesús al llevar a cabo Su obra? ¿Predicó ética o moralidad? ¿Hizo hincapié en la religión, la cultura o la educación? ¿Enseñó a la gente que guardara los Diez Mandamientos dados por Dios? El no hizo nada de esto, sino que llevó a cabo Su ministerio en un reino totalmente diferente, el reino de Dios. El no estaba en el reino de la ley, la moralidad, la ética, la religión ni la cultura. El vivió totalmente en el reino de Dios.

  ¿Qué es el reino de Dios? Con mucha osadía podemos decir que el reino de Dios es realmente el propio Dios. Empleemos el reino animal como ejemplo. Este reino, por supuesto, se compone de animales. Si no hubiera animales, no existiría el reino animal. Este principio también aplica al reino humano, al género humano. De igual manera, el reino de Dios es Dios mismo.

  El Señor Jesús era un hombre lleno de Dios. En todo lo que hizo, predicó, enseñó, la manera en que se condujo y ministró, se hallaba en el reino de Dios.

  Confucio enseñó ética, y estaba en el reino de la ética. La ética es buena, pero no es el reino de Dios.

  Moisés hizo hincapié en guardar la ley, y estaba en el reino de la ley. Este reino también es bueno, pero no es el reino de Dios.

  Aarón, el sumo sacerdote, enseñaba a la gente la manera correcta de adorar a Dios. Así que, él estaba en el reino del sacerdocio. Esto también era bueno, mas no era el reino de Dios.

  Cuando el Señor Jesús salió a ministrar, Su enseñanza no se centraba en la ética, la observancia de la ley ni en el servicio sacerdotal. El vivió, se condujo y obró en el reino de Dios. Como ya vimos, el reino de Dios es el propio Dios.

EL CONTENIDO DEL SERVICIO EVANGELICO DEL SEÑOR

  En 1:14-45 se habla del contenido del servicio evangélico del Señor, que consiste en: proclamar el evangelio (vs. 14-20), enseñar la verdad (vs. 21-22) echar fuera demonios (vs. 23-28), sanar a los enfermos (vs. 29-39) y limpiar al leproso (vs. 40-45). Estas actividades no están relacionadas con la ética, la moralidad, la cultura, la filosofía, ni la religión; más bien, constituyen las diversas maneras en que el Señor Jesús servía a Dios. Le sirvió proclamando el evangelio, enseñando la verdad, echando fuera demonios, sanando a los enfermos y limpiando al leproso.

  La Biblia no dice que la obra del Señor consistía en proclamar el evangelio, enseñar la verdad, echar fuera demonios, sanar a los enfermos y limpiar al leproso. Más bien, el Nuevo Testamento indica que todo eso era Su vida. Después de ser bautizado y de que el Espíritu Santo descendiera sobre El, el Señor realizó las actividades mencionadas anteriormente. En Galilea, proclamó el evangelio. Cuando vino a Capernaum, enseñaba. También echó fuera un demonio inmundo, y más tarde sanó a la suegra de Pedro. Además, mientras realizaba Su ministerio, se encontró a un leproso y lo limpió.

NO HABIA DIFERENCIA ENTRE SU VIDA Y SU OBRA

  Todo lo que el Señor hizo, ¿constituía Su obra, Su andar o Su vida? En realidad es muy difícil responder, pues Su vida era Su obra, y Su obra era Su andar. El Señor Jesús continuamente vivía, obraba y llevaba a cabo Sus actividades. Día y noche vivía y realizaba Su obra. Su obra era Su vida, y Sus actividades concordaban con lo que El era. Por esta razón, no podemos decir cuánto obró. El obró en todas partes y en todo momento porque Su obra era Su vida, Su vida era Su andar, y Su andar era Su obra. En El no había discrepancia entre Su vida, Su obra y Sus actividades.

  En cuanto al Señor Jesús, cada aspecto de Su vida era lo mismo. Nosotros, en cambio, tal vez dividimos nuestra vida en la obra, la escuela, la familia y la iglesia. Nos es fácil decir cuántas horas trabajamos cada día. Pero, ¿puede decir usted cuántas horas al día trabajaba el Señor Jesús? ¿Cuáles horas separó para tomar alimentos? Lo que quiero decir es que el Señor Jesús vivía, obraba y llevaba a cabo Su ministerio ininterrumpidamente. Su predicación y Su enseñanza, al igual que echar fuera demonios, sanar enfermos y limpiar al leproso formaban parte de Su vida. En El no había diferencia entre la vida y la obra.

  Tal vez pensemos que el Señor Jesús pudo llevar una vida así, pero no nosotros. Hoy todos debemos llevar una vida en la que prediquemos el evangelio, enseñemos la verdad, echemos fuera demonios, sanemos a los enfermos y limpiemos al leproso. Según consta en las Escrituras, la práctica común de contratar predicadores para que obren como profesionales no es correcta. Cada creyente debe llevar una vida que proclama el evangelio, enseña la verdad, echa fuera demonios y sana a los enfermos. Si vivimos de esta manera, no importa adónde vayamos, nuestra vida será nuestra proclamación, ya que desde ahora vivimos así. De igual manera, llevaremos una vida en la que expulsaremos demonios. Muchas personas se involucran en ciertas cosas perversas y mundanas debido a que están poseídas por demonios.

  En esencia, lo que quiero decir es que el Señor Jesús llevó una vida llena de Dios, la cual consistía en proclamar el evangelio, enseñar la verdad, echar fuera demonios, sanar a los enfermos y limpiar al leproso. No se trata de una vida de cultura, religión, filosofía, ni simplemente de ética y moralidad. La vida de Dios automáticamente predica, enseña, echa fuera demonios, sana y limpia. Si todos vivimos así, después de algún tiempo la condición en nuestra localidad será diferente. Sin embargo, nuestro énfasis radica en la vida, la vida de Dios, la cual es una vida que concuerda con la economía neotestamentaria de Dios y que la cumple.

EL RESULTADO DE VIVIR CONFORME A LA ECONOMIA DE DIOS

  Ya vimos que el contenido del servicio evangélico del Señor incluye proclamar el evangelio, enseñar la verdad, echar fuera demonios, sanar a los enfermos y limpiar al leproso. En 2:1—3:6 vimos las diversas maneras de llevar a cabo el servicio evangélico: perdona los pecados (2:1-12), cena con los pecadores (2:13-17), hace que Sus seguidores se alegren y no ayunen (2:18-22), se preocupa por el hambre de Sus seguidores y no por las normas de la religión (2:23-28) y se ocupa de aliviar al que sufre y no de los ritos religiosos (3:1-6). Estas actividades deben formar parte de nuestra vida como cristianos. Si usted lleva una vida llena de Dios, tal vez después de cierto tiempo algunos de sus colegas experimenten el perdón de pecados como resultado de ello. Entonces ellos disfrutarán al Señor Jesús como una cena, al tenerle como la justicia que los cubre y como la vida que los llena y satisface. Luego estas personas serán libres. Antes de que usted se relacionara con ellas, se encontraban bajo condenación y no disfrutaban del gozo, la satisfacción ni la libertad verdaderos. Pero como resultado de la predicación suya, no simplemente con palabras sino con su vida, la verdad resplandece en ellas y obtienen el perdón de pecados. Esto es el fruto de llevar una vida que concuerda con la economía neotestamentaria de Dios.

  Llevar una vida así es muy diferente a la religión, la cual da énfasis al esfuerzo humano. La economía de Dios es una cuestión totalmente orgánica.

ASPECTOS DE UNA VIDA QUE CONCUERDA CON LO QUE DIOS ES

  En 3:7-35 vemos cinco hechos suplementarios del servicio evangélico: evita las multitudes (vs. 7-12), designa a los apóstoles para que prediquen (vs. 13-19), no come por causa de las necesidades (vs. 20-21), ata a Satanás y saquea su casa por medio del Espíritu Santo (vs. 22-30) y no permanece en la relación de la vida natural, sino en la espiritual (vs. 31-35). Si llevamos una vida conforme a la economía neotestamentaria de Dios, evitaremos las multitudes y oraremos a fin de conocer la voluntad de Dios con respecto a que otros vivan de la misma manera que nosotros. Además, nos ocuparemos más de las necesidades de Dios que de nuestra necesidad de comer. También ataremos al enemigo y saquearemos su casa. Al mismo tiempo, negaremos la relación de la vida natural y permaneceremos en la relación de la vida espiritual. Todos estos son aspectos, no de una vida de ética, de moralidad, de religión ni de cultura, sino de una vida llena de Dios y que concuerda con lo que El es. Una vida así no tiene nada que ver con la religión, la cultura y la ética; es una vida que expresa a Dios en todo.

  En necesario que quede grabado en nosotros que el Evangelio de Marcos no es simplemente un libro de historias ni una simple biografía, sino un libro que presenta una vida llena de Dios, una vida que vive a Dios y le expresa, una vida que concuerda con la economía neotestamentaria de Dios y que la cumple.

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