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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Marcos»
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Mensaje 61

UNA VIDA QUE CONCUERDA CON LA ECONOMIA NEOTESTAMENTARIA DE DIOS Y QUE LA CUMPLE

(10)

  Lectura bíblica: Mr. 9:1-8; 16:20; Fil. 1:21; Gá. 2:20; Col. 3:4

  El Nuevo Testamento en su totalidad trata de una persona: el Señor Jesucristo. Los evangelios presentan biografías de Su persona, y el resto del Nuevo Testamento la define y la explica. Damos gracias a Dios por la biografía del Señor que presenta Marcos. Sin embargo, para recibir la definición de la vida que se narra en este evangelio, debemos dedicar mucho tiempo a la lectura de las epístolas. Si sólo leemos el Evangelio de Marcos, veremos muchos de los eventos que ocurrieron en la vida del Señor, mas no conoceremos su significado. Pero al leer las epístolas, somos iluminados al respecto.

CRISTO, SU MUERTE, SU RESURRECCION Y SU ASCENSION

  En las epístolas de Pablo encontramos una visión amplia de Cristo, Su muerte y Su resurrección. En ellas, Pablo indica claramente que Cristo lo es todo. Por ejemplo, él dice que Cristo no sólo es la Cabeza del nuevo hombre universal, sino también el Cuerpo (1 Co. 12:12). En Col. 3:11 afirma que en el nuevo hombre, Cristo es todos los miembros y que está en todos ellos. Por medio de estos versículos vemos que Cristo, el Ungido de Dios, lo es todo.

  Pablo también revela claramente que la muerte de Cristo lo incluye todo. El dice que fuimos crucificados con Cristo y en El (Gá. 2:20). En Romanos 6:6 afirma que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo. Estos versículos muestran que la muerte de Cristo en la cruz no fue simplemente la muerte de un individuo. Así como Cristo es todo inclusivo, Su muerte también fue todo inclusiva. ¿Cómo podría una persona que lo incluye todo morir como un individuo y no experimentar una muerte que incluyera todas las cosas? El Evangelio de Marcos no da ningún indicio que muestre que la muerte de Cristo fue todo inclusiva. Pero en las epístolas, que son la definición y explicación que Dios dio por inspiración acerca de Cristo, Su muerte y Su resurrección, vemos que Su muerte ciertamente lo incluyó todo.

  En las epístolas de Pablo también vemos que se nos incluyó en la resurrección y ascensión de Cristo. En Efesios 2:6 Pablo dice que Dios “juntamente con El nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales en Cristo Jesús”. Así que, ante Dios, nosotros estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales. Como escogidos de Dios, todos fuimos puestos en Cristo (1 Co. 1:30). Y puesto que Cristo está en los lugares celestiales, nosotros también lo estamos. Todos necesitamos ver en las epístolas que Cristo, Su muerte, Su resurrección y Su ascensión, lo abarcan todo.

INCLUIDOS EN LA MUERTE Y LA RESURRECCION DE CRISTO

  Según Marcos 10:32, el Señor Jesús llevó consigo a Sus discípulos al subir a Jerusalén. Les incluyó en todo lo que hizo. Judas fue el único que no continuó con El hasta el fin. Después de la fiesta de la Pascua, el Señor Jesús sacó a relucir que Judas lo traicionaría, y éste partió de ahí posteriormente. Por ser judío, tenía derecho a disfrutar de la Pascua. Pero debido a que Dios no lo había escogido para que permaneciese con el Señor, no participó en Su cena. Los otros discípulos participaron de la cena y también fueron incluidos en la muerte y la resurrección del Señor.

  Cuando arrestaron al Señor en el huerto de Getsemaní, Sus discípulos estaban con El. Y Pedro, audaz como él era, sacó su espada y le cortó la oreja al esclavo del sumo sacerdote (14:47). En su audacia provocó un problema para el Señor, requiriendo así que éste sanara la oreja del esclavo del sumo sacerdote. En un sentido, Pedro fue crucificado antes que el Señor Jesús. Este experimentó la crucifixión en Gólgota, pero aquel fue crucificado en el atrio del Pretorio.

  Lo que queremos recalcar aquí es que el Señor Jesús llevó consigo a Sus discípulos a través de todos los pasos que lo condujeron a Su muerte y Su resurrección, y que posteriormente los incluyó en ellas. Si entendemos la narrativa del Evangelio de Marcos según lo que revelan las epístolas de Pablo, veremos que los discípulos no fueron los únicos en ser incluidos en la muerte y la resurrección de Cristo, sino que también a nosotros se nos incluyó.

  Al oír algunos que fuimos incluidos en la muerte y la resurrección de Cristo, tal vez digan: “¿Cómo es posible que se nos incluyera si cuando ocurrieron estos eventos ni siquiera habíamos nacido todavía?”. Según la perspectiva humana, esto no puede ser. Pero la perspectiva de Dios, la cual es conforme al panorama eterno, es diferente. Según el concepto divino, nosotros fuimos crucificados y resucitados con Cristo aun antes de nacer. Aunque no podamos entenderlo con nuestra mente natural, no deja de ser un hecho.

LA BIOGRAFIA DE LOS CREYENTES

  Al estudiar el Evangelio de Marcos realmente estudiamos nuestra propia biografía, lo cual significa que la biografía de Jesús también es la nuestra. Como dice un himno, “El es mi historia”, y “Su vida es mi experiencia”. Así que, la biografía que narra Marcos no sólo es la de Jesús, sino también la de los creyentes.

  El Evangelio de Marcos narra específicamente la biografía de Pedro, nuestro representante. El está presente en el primer capítulo, y su nombre se menciona específicamente en el último: “Pero id, decid a Sus discípulos, y a Pedro, que El va delante de vosotros a Galilea” (16:7). Además, los casos que presenta este evangelio muestran un cuadro de nosotros, representados por Pedro. Por ejemplo, en el monte de la transfiguración, Pedro dijo: “Rabí, bueno es que nosotros estemos aquí; hagamos tres tiendas, una para Ti, otra para Moisés, y otra para Elías” (9:5). Ya que él es nuestro representante, sus palabras también son las nuestras. De la misma manera, cuando negó al Señor tres veces, nosotros también lo negamos. Lo que el ángel dijo acerca de Pedro en 16:7 también lo dijo acerca de nosotros. Al leer este versículo, es correcto reemplazar el nombre de Pedro con el nuestro, ya que él es nuestro representante.

  Desde el momento en que Pedro fue llamado por el Señor Jesús en 1:16-17, quedó cautivado y siempre permaneció con El. Junto con Jacobo y Juan, él estuvo con el Señor en el monte de la transfiguración. Esto muestra que Pedro fue adondequiera que el Señor Jesús iba, pues éste le llevó consigo.

  ¿Cree usted que el Señor Jesús abandonó a Pedro y a los otros discípulos cuando fue crucificado? Claro que no. Cuando El fue crucificado y sepultado, Pedro, representante de todos nosotros, fue crucificado con El. Además, el Señor Jesús no resucitó solo. Según la perspectiva divina, que va más allá de los factores del tiempo y el espacio, a todos se nos incluyó en Su resurrección.

DIOS NOS PUSO EN CRISTO

  En 1 Corintios 1:30 dice que por Dios estamos en Cristo. ¿Cuándo nos puso Dios en Cristo? Efesios 1:4 afirma que Dios nos escogió en El antes de la fundación del mundo, lo cual alude a la eternidad. Esto debe haber sido el primer paso. Así que, Dios nos puso en Cristo al escogernos en El antes de la fundación del mundo.

  Un día, el Cristo en quien fuimos escogidos por Dios en la eternidad, vino a nosotros y nos llamó. En el capítulo uno del Evangelio de Marcos llamó a Pedro (1:16-18). El Señor parecía decir: “Pedro, Yo soy el Cristo en quien tú fuiste escogido por Dios el Padre. Ahora vengo a ti para llevar a cabo Su elección. El ya te puso en Mí. ¿Por qué permaneces ahí pescando? Ven, sígueme”.

  El Padre había elegido a Pedro en Cristo antes de la fundación del mundo. Así que, desde la perspectiva de Dios Pedro ya estaba en Cristo. Pero en Marcos 1, el Señor vino a él para llevar a cabo la elección del Padre.

  Desde el momento en que el Señor llamó a Pedro, lo llevó con El adondequiera que fue. Cuando arrestaron al Señor y lo juzgaron, Pedro también fue arrestado y juzgado. Cuando el Señor fue crucificado, resucitado y exaltado, Pedro también experimentó lo mismo.

  Si únicamente tuviéramos el Evangelio de Marcos no sería posible entender de esta manera la relación que Pedro tenía con el Señor. Pero en las epístolas vemos que Cristo murió en la cruz como una persona que lo incluye todo, y como tal incluyó en Sí mismo a todos los que Dios había elegido. Así que, los escogidos fueron incluidos en la muerte, la sepultura, la resurrección, y la ascensión de Cristo. Todos debemos comprender esto.

LA CONTINUACION DEL SEÑOR

  La vida que el Señor Jesús llevó es nuestra ahora. Nosotros somos la extensión, el aumento y la continuación del Señor, y debemos darle continuidad a Su vida.

  Después de que Cristo ascendió, Sus discípulos continuaron la vida que El llevó, una vida que predica, enseña, echa fuera demonios, sana enfermos, y limpia leprosos. Esto es lo que significa 16:20: “Y ellos salieron y predicaban en todas partes, obrando con ellos el Señor y confirmando la palabra con las señales que los acompañaban”. En este versículo se aprecia la continuación de la vida del Señor Jesús que se narra en el Evangelio de Marcos. Esta vida, la cual concuerda con la economía neotestamentaria de Dios y la cumple, no ha cesado, pues la han continuado los creyentes del Señor.

  Durante los pasados diecinueve siglos, en la vida de los cristianos se han introducido muchos elementos que obstruyen, dañan y aun reemplazan la vida única que concuerda con la economía neotestamentaria de Dios. Estos obstáculos comprenden la cultura, la religión, la ética, la moralidad, la filosofía, el buen carácter, y el esfuerzo por ser espiritual, ortodoxo, santo y victorioso.

  Necesitamos una clara visión de cómo debemos vivir. ¿Qué caracteriza la vida que usted lleva? ¿Será la cultura y la religión? ¿Será la ética, la moralidad, la filosofía y el buen carácter? ¿Será el esfuerzo por ser espiritual, ortodoxo, santo y victorioso? Todos hemos sido distraídos de la economía de Dios por alguno de estos elementos. ¿Dónde están los cristianos cuya vida no se caracteriza por uno o más de estos diez elementos?

EL BIEN QUE REEMPLAZA AL ARBOL DE LA VIDA

  El bien relacionado con el árbol de la ciencia del bien y del mal ha frustrado y afectado mucho a los cristianos. Este árbol, el cual es contrario al árbol de la vida, no sólo contiene la ciencia del mal, sino también la del bien. En efecto, la palabra bien se menciona antes que el mal en Génesis 2:17, lo cual indica que el bien al igual que el mal puede impedir que disfrutemos el árbol de la vida. En nuestra experiencia como cristianos, lo bueno en realidad nos frustra más que lo malo. Los que aman al Señor tal vez no toquen lo malo, pero es posible que en su experiencia cotidiana permitan que algo bueno reemplace el árbol de la vida. ¿Acaso la cultura, la religión, la ética, la moralidad, la filosofía y el buen carácter no son elementos positivos? Ciertamente lo son. Además, es obvio que esforzarse por ser espiritual, ortodoxo, santo y victorioso es algo bueno. No obstante, cualquier cosa separada del Espíritu vivificante sirve de obstáculo a la vida que concuerda con la economía neotestamentaria de Dios y que la cumple.

  Dios no nos puso en Cristo para que llevemos una vida caracterizada por el bien, sino una vida centrada única y exclusivamente en Cristo. Dios nos puso en El para que le vivamos y cumplamos así Su economía.

  A pesar de que ya han pasado más de diecinueve siglos desde que Cristo ascendió, El no ha vuelto, pues el pueblo de Dios todavía no está preparado para Su venida. Durante muchos siglos, el bien, en sus diferentes formas, ha servido de obstáculo a los que aman y buscan al Señor Jesús. Las cosas buenas los han distraído. Los cristianos que aman a Dios y buscan al Señor no se interesan por lo mundano. Una vez que son cautivados por el Señor y motivados a amarle y buscarle, lo que les estorba tal vez sean las cosas que según ellos tienen que ver con ser espiritual, ortodoxo, santo y victorioso. Algunos son absorbidos por el afán de desarrollar su ética, su moralidad y su carácter; mientras que a otros sus esfuerzos por ser espirituales, ortodoxos, santos y victoriosos, los distraen del Señor. ¡Cuán pocos son los que en verdad se interesan por la persona viva de Cristo!

UNA VIDA QUE CUMPLE LA ECONOMIA DE DIOS

  Hemos destacado que el Evangelio de Marcos presenta el cuadro de una vida que concuerda con la economía neotestamentaria de Dios y que la cumple. En la eternidad pasada Dios el Padre nos puso en la persona que experimentó esta vida. Ahora nosotros debemos continuarla. No debemos llevar una vida caracterizada por la cultura, la religión, la ética, la moralidad, la filosofía y el buen carácter. Ni siquiera debe ser una vida en la que nos esforcemos por ser espirituales, ortodoxos, santos y victoriosos. La vida que llevamos hoy debe ser Cristo mismo. Sólo una vida así concuerda con la economía neotestamentaria de Dios. Cualquier otra vida, sin importar cuán buena sea, no alcanza el nivel de la economía de Dios.

  En Gálatas, Filipenses y Colosenses, Pablo saca a relucir algunos elementos que nos impiden vivir a Cristo. En Gálatas y Filipenses vemos que la religión fundada según la Palabra de Dios impedía que los creyentes vivieran a Cristo. El obstáculo al que se hace frente en Colosenses es la filosofía, una forma de gnosticismo. Gálatas y Filipenses resuelven el obstáculo provocado por el Judaísmo, mientras que Colosenses, el estorbo causado por la filosofía. Podemos decir que dicha religión y dicha filosofía eran el producto sublime de la cultura humana, mismas que impedían que el pueblo escogido de Dios viviera a Cristo. Por tanto, en Filipenses Pablo declaró: “Para mí el vivir es Cristo” (1:21); en Gálatas 2:20 dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”; y en Colosenses 3:4 habló de “Cristo, nuestra vida”.

  Al examinar cómo vivió el Señor según el cuadro que presenta el Evangelio de Marcos y que describen las epístolas de Pablo, debemos ver qué vida necesitamos llevar hoy. Dicho cuadro debe dirigirnos, preservarnos y controlarnos al llevar una vida que concuerde con la economía neotestamentaria de Dios. Habiendo repasado los capítulos del Evangelio de Marcos, debemos ser la continuación de la vida que ahí se presenta.

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