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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Marcos»
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Mensaje 69

UNA VIDA QUE CONCUERDA CON LA ECONOMIA NEOTESTAMENTARIA DE DIOS Y QUE LA CUMPLE

(18)

  Lectura bíblica: Ap. 1:4-5, 11-13, 20; 2:7, 11, 17, 26-28; 3:5-6, 12-13, 21-22; 4:5; 5:6; 14:13-16; 21:1-3, 9-12, 14, 18-19, 21; 22:1-2, 14, 17

  En los mensajes anteriores de este estudio-vida vimos que los discípulos del Señor le siguieron desde el inicio de Su ministerio. El Señor los llevó consigo por dondequiera que fue; incluso los introdujo en Su muerte y Su resurrección, lo cual quiere decir que los discípulos experimentaron el mismo proceso por el que pasó el Salvador-Esclavo.

  Los discípulos, al experimentar la muerte y la resurrección del Señor, llegaron a ser Su continuación, la cual se revela en Hechos. Hicimos notar que en el primer capítulo de dicho libro los discípulos figuran como la continuación del Señor. Ellos, al igual que El, llevan una vida que concuerda con la economía neotestamentaria de Dios.

  En Hechos vimos también dos aspectos del Espíritu: el aspecto esencial y el económico. El Espíritu de Dios, quien ahora es el Espíritu de Jesús y el Espíritu de Jesucristo, tiene un aspecto esencial y uno económico. El esencial tiene que ver con nuestro ser espiritual, y el económico, con nuestra obra. Como creyentes, poseemos un ser espiritual, una persona espiritual, que es producto del Espíritu en Su aspecto esencial. Nosotros también llevamos a cabo una obra espiritual, y ésta proviene del Espíritu en Su aspecto económico. Así que, para nuestro ser espiritual tenemos al Espíritu en Su aspecto esencial, y para nuestra obra que lleva a cabo la economía de Dios, al Espíritu en Su aspecto económico.

  En este mensaje y en el que sigue vamos a examinar la consumación de la vida que concuerda con la economía neotestamentaria de Dios. Esta consumación se revela plenamente en el último libro de la Biblia, Apocalipsis.

EL CONTENIDO DEL NUEVO TESTAMENTO

  Antes de estudiar la consumación de la economía neotestamentaria de Dios, quisiera presentar una visión básica del Nuevo Testamento en su totalidad. Para ello quisiera pedirles que estudien el diagrama impreso en este mensaje. Este diagrama, cuyo título es la economía neotestamentaria de Dios presenta una visión del contenido del Nuevo Testamento.

  Muchos cristianos clasifican los veintisiete libros del Nuevo Testamento en tres secciones: los libros de historia, que incluyen los cuatro evangelios y el libro de Hechos; las epístolas, que abarcan de Romanos a Judas; y el libro de Apocalipsis. No obstante, por medio del Estudio-vida de Marcos vimos recientemente que hay otra manera de subdividir el Nuevo Testamento. Esta manera está relacionada con la persona viviente del Señor Jesús, ya que El, como corporificación del Dios Triuno, es el centro del Nuevo Testamento. Según esta clasificación, también tenemos tres secciones: los cuatro evangelios; el libro de Hechos y las epístolas; y el libro de Apocalipsis.

LA PRIMERA SECCION: LOS CUATRO EVANGELIOS

El Hijo viene con el Padre

  ¿Qué revela la primera sección, compuesta de los cuatro evangelios? Los evangelios revelan al Hijo. Cuando el Hijo vino, no vino solo; el Padre vino con El. El Evangelio de Juan en particular confirma esto (Jn. 8:29). El Hijo dijo que no estaba solo, que el Padre siempre estaba con El (Jn. 16:32). El Hijo aun expresó que El estaba en el Padre y que el Padre estaba en El (Jn. 14:10), lo cual muestra que el Padre y el Hijo no sólo coexisten, sino que moran el uno en el otro.

El Hijo vino por medio del Espíritu

  Los cuatro evangelios también revelan que el Hijo vino por medio del Espíritu. El fue concebido y nació por obra del Espíritu Santo en cuanto a Su esencia. Al respecto, Mateo 1:18 dice que María “se halló que estaba encinta por obra del Espíritu Santo”. Mateo 1:20 narra lo que el ángel del Señor dijo a José: “No temas recibir a María tu mujer, porque lo engendrado en ella, del Espíritu Santo es”. Además, en Lucas 1:35 el ángel dijo a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso también lo santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. Cuando el Señor Jesús tenía treinta años de edad, el Espíritu, en Su aspecto económico, descendió sobre El, ungiéndole así para Su ministerio (Lc. 3:21-23).

  El Señor Jesús fue concebido y nació por obra del Espíritu Santo. Por esta razón, El tenía la esencia divina, la cual recibió del Espíritu Santo, y la esencia humana, la cual recibió de la virgen María. Por tanto, El nació como Dios-hombre, el Dios completo y el hombre perfecto. Cuando a la edad de treinta años salió a ministrar, el Espíritu de Dios descendió sobre El, no en Su aspecto esencial, sino en el económico. Así que, mientras ministraba en la tierra, El vivía por causa del Espíritu en Su aspecto esencial y ministraba por medio del Espíritu en Su aspecto económico. Con base en esto decimos que en los evangelios el Hijo vino por medio del Espíritu; tanto en el aspecto esencial como en el económico.

La corporificación del Dios Triuno en Jesucristo

  Según los cuatro evangelios, el Hijo vino con el Padre y por medio del Espíritu. Es importante entender esto. Debemos abandonar la idea de que cuando el Hijo vino a la tierra, dejó al Padre en los cielos. No, el Hijo vino con el Padre y por medio del Espíritu. En efecto, Jesucristo, el Hijo, es la corporificación del Dios Triuno. El Hijo vino con el Padre y por medio del Espíritu para ser la corporificación del Dios Triuno en el Hombre Jesucristo.

El tabernáculo de Dios y Su templo

  Jesucristo, la corporificación del Dios Triuno, es el tabernáculo de Dios y Su templo. Juan 1:1 y 14 dicen que el Verbo, que era Dios, se hizo carne y fijó tabernáculo entre nosotros. La frase fijó tabernáculo en 1:14 indica que cuando Cristo estaba en la carne, El era el tabernáculo de Dios. En El habitó Dios entre los hombres. Luego, en Juan 2 vemos que el Señor era el templo de Dios, la morada de Dios (vs. 19, 21). Como corporificación del Dios Triuno, Jesucristo era la morada de Dios a fin de expresarle entre los hombres.

Vive la vida de Dios para llegar a ser el reino de Dios

  El Señor Jesús, quien como corporificación del Dios Triuno era el tabernáculo y el templo de Dios, experimentó la vida de Dios. Llevó una vida en el nivel más elevado, superior a la ética y la moralidad. Esta vida era en efecto el propio Dios. Además, la meta que tenía al llevar esa vida era que ésta se desarrollara para ser el reino de Dios.

  Según la revelación contenida en los cuatro evangelios, la vida que llevó esta persona maravillosa dio por resultado el reino de Dios. Puesto que el reino es el desarrollo de la vida de Dios, el Señor Jesús no sólo predicó el evangelio de Dios, sino también el evangelio del reino de Dios (Mr. 1:14; Lc. 4:43; 8:1).

  Espero que todos comprendamos este breve bosquejo de los cuatro evangelios. En ellos vemos que el Hijo vino con el Padre y por medio del Espíritu para ser la corporificación del Dios Triuno en Jesucristo. Esta persona, la corporificación del Dios Triuno, es el tabernáculo y el templo de Dios como morada del mismo, y llevó la vida de Dios, una vida que se desarrolló para ser el reino de Dios.

LA SEGUNDA SECCION: DESDE HECHOS HASTA JUDAS

  Como lo indica el diagrama, la segunda sección del Nuevo Testamento incluye los veintidós libros de Hechos a Judas. Estos también revelan a una persona: al Espíritu como el Hijo con el Padre para ser la consumación del Dios Triuno en la iglesia.

El Espíritu como el Hijo con el Padre

  En esta sección no vemos al Espíritu solo; lo vemos como el Hijo. En 1 Corintios 15:45 Pablo dice que el postrer Adán, Jesucristo, fue hecho Espíritu vivificante. No simplemente dice que Cristo se hizo el Espíritu, sino que fue hecho Espíritu vivificante. Esta palabra modificativa indica que el Espíritu es el que da vida. Existe únicamente un Espíritu que da vida, y éste es el Espíritu divino. Nunca debemos pensar que además del Espíritu Santo exista otro Espíritu vivificante. No, el Espíritu vivificante de 1 Corintios 15:45 es el Espíritu divino que da vida. Mediante la resurrección, Cristo se hizo este Espíritu.

  En 2 Corintios 3:17 Pablo dice claramente: “El Señor es el Espíritu”. Como hicimos notar, el Señor en este pasaje es Cristo el Señor. Así que, este versículo dice claramente que Cristo es el Espíritu. Con respecto a esto, la Biblia de estudio de Ryrie dice que lo que ahí consta es una afirmación clara de que Cristo y el Espíritu Santo son uno en esencia. Por tanto, en la segunda sección del Nuevo Testamento se ve al Espíritu como el Hijo.

  Cuando el Espíritu vino, vino como el Hijo y con el Padre. El Padre siempre está con el Hijo. En Juan 14:23 el Señor Jesús dijo que si le amamos, el Padre nos amará, y tanto el Padre como el Hijo vendrán a nosotros y harán morada con nosotros. Esto demuestra que el Padre viene con el Hijo, y puesto que el Espíritu viene como el Hijo, el Padre también está presente.

La consumación del Dios Triuno

  El Espíritu que viene como el Hijo y con el Padre es la consumación del Dios Triuno. En los evangelios, el Hijo con el padre y por medio del Espíritu es la corporificación del Dios Triuno, mientras que de Hechos a Judas, el Espíritu como el Hijo con el Padre es Su consumación.

En la iglesia

  El Espíritu como consumación del Dios Triuno está presente en la iglesia. En esta sección del Nuevo Testamento vemos la iglesia como Cuerpo de Cristo (Ef. 1:22-23) y como templo de Dios (Ef. 2:21; 1 Co. 3:16). El Cuerpo de Cristo es el reino de Dios, mientras que el templo de Dios es la casa de Dios (1 Ti. 3:15). Por tanto, decir que la iglesia es ambos el Cuerpo de Cristo y el templo de Dios equivale a decir que la iglesia es el reino de Dios y la casa de Dios. Romanos 14:17 dice que el reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Según el contexto de Romanos 12 al 15, el reino de Dios debe referirse a la iglesia actual, la cual es tanto el reino de Dios como Su casa.

Vive a Cristo y llega a ser la plenitud de Dios

  Como personas que conformamos la iglesia, debemos vivir a Cristo y llegar a ser la plenitud de Dios. En la primera sección vemos que la corporificación del Dios Triuno experimenta la vida de Dios y produce el reino de Dios. Ahora vemos que la consumación del Dios Triuno está en la iglesia, la cual vive a Cristo y llega a ser la plenitud de Dios. La expresión la plenitud de Dios se revela en Efesios 3:19. ¡Cuán maravilloso es el cuadro que nos presentan los veintidós libros que componen la segunda sección del Nuevo Testamento!

  ¿Qué vemos desde Hechos hasta Judas? Vemos a una persona viva maravillosa: el Espíritu como el Hijo y con el Padre, la consumación del Dios Triuno hecho real en la iglesia, la cual vive a Cristo y llega a ser la plenitud de Dios.

LA TERCERA SECCION: APOCALIPSIS

Los siete Espíritus que proceden del Eterno y que son del Redentor

  Analicemos ahora la tercera sección del Nuevo Testamento, la cual contiene sólo un libro, Apocalipsis. En este libro vemos los siete Espíritus que proceden del Eterno y que son del Redentor (Ap. 1:4-5). En la primera sección tenemos al Hijo; en la segunda, al Espíritu, y en la tercera, a los siete Espíritus. En el libro de Apocalipsis el Espíritu llega a ser los siete Espíritus, los cuales proceden del Eterno, el que es, que era, y que ha de venir. El Eterno es Jehová Dios, quien en Exodo 3 se revela como Aquel que era, que es y que ha de venir. Así que, Apocalipsis 1:4 en efecto se refiere al Jehová Dios del que habla Exodo 3, al Dios eterno, al Eterno Yo soy.

  La secuencia de la Trinidad en Apocalipsis 1:4-5 es diferente a la de Mateo 28:19. En Mateo 28:19 el Espíritu se menciona en tercer lugar, pero en Apocalipsis 1:4-5 los siete Espíritus se mencionan en segundo lugar, lo cual indica que los siete Espíritus proceden del Eterno y que son del Redentor. Puesto que Apocalipsis 5:6 dice que los siete Espíritus son los siete ojos del Cordero, los siete Espíritus seguramente también son del Cordero, del Redentor. La intensificación del Dios Triuno

  En Apocalipsis los siete Espíritus están relacionados con el Dios Triuno. En el diagrama indicamos que los siete Espíritus, los cuales proceden del Eterno y que son del Redentor, son la intensificación del Dios Triuno. El Hijo es Su corporificación, el Espíritu es Su consumación y los siete Espíritus son Su intensificación.

En la iglesia que vence

  Los siete Espíritus como intensificación del Dios Triuno están presentes en la iglesia que vence. En los capítulos dos y tres del libro de Apocalipsis se hace reiterada mención de los vencedores. Además, en esos capítulos se repite siete veces las siguientes palabras: “El que tenga oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22). Las palabras dirigidas al que vence y la mención séptuplo del Espíritu que habla a las iglesias indican que lo que el Señor desea durante la sección de la intensificación del Dios Triuno es obtener la iglesia que vence, es decir, la iglesia que se impone a la degradación. En dicha iglesia no sólo están presentes la corporificación del Dios Triuno y Su consumación, sino también Su intensificación; el Dios Triuno intensificado siete veces.

Tiene Su consumación en los candeleros de oro y en la Nueva Jerusalén

  Según el libro de Apocalipsis, la iglesia vencedora tiene su consumación en los candeleros de oro, y finalmente en la Nueva Jerusalén. Los siete candeleros existen en esta edad, y la Nueva Jerusalén estará presente en la eternidad. Así que, el libro de Apocalipsis empieza hablando de los siete candeleros y concluye con la Nueva Jerusalén.

INICIACION, DESARROLLO Y FINALIZACION

  En la primera sección del Nuevo Testamento tenemos la iniciación de la economía neotestamentaria de Dios; en la segunda, Su desarrollo; y en la tercera, Su finalización. Esto significa que los siete Espíritus como intensificación del Dios Triuno en la iglesia que vence constituyen la finalización de la economía neotestamentaria. El Espíritu intensificado finaliza la economía neotestamentaria de Dios en dos etapas: primero, en la edad actual, con los candeleros de oro; y finalmente, en la eternidad, en la Nueva Jerusalén.

  Esto constituye un breve bosquejo de todo el Nuevo Testamento relacionado con la economía neotestamentaria de Dios.

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