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Capítulos de libros «El Evangelio de Juan»
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  • En el principio significa en la eternidad pasada. Como introducción a este evangelio, este capítulo empieza en la eternidad pasada con Dios, quien tenía divinidad pero no humanidad (v. 1). Luego pasa por Su obra de creación cuando hizo todas las cosas (v. 3), Su encarnación (v. 14), el llegar a ser el Cordero que quita el pecado del mundo (v. 29), y el hecho de ser el Espíritu, quien hace que los creyentes sean transformados en piedras vivas para Su edificio (vs. 32, 42). Después continúa hasta la eternidad futura, en la cual el Hijo del Hombre, poseedor de divinidad y humanidad, es el centro por el cual los cielos y la tierra se comunican, y por el cual Dios y el hombre se unen por la eternidad. Después, el cap. 2 muestra que el principio básico de la vida, la cual es el Dios Triuno, consiste en cambiar la muerte en vida (Jn. 2:1-11) y que el propósito de la vida es edificar la casa, el templo, de Dios (Jn. 2:13-22). En los caps. 3—11, se presentan nueve casos que muestran la manera en que Dios como vida suple las necesidades de las diferentes clases de personas. Como resultado, al principio del cap. 12 se produce una miniatura de la iglesia (Jn. 12:1-11). Desde Jn. 12:12 hasta el final del Jn. 17, se nos explica cómo se produce la iglesia mediante la multiplicación y el aumento del Dios-hombre encarnado, por medio de Su muerte y resurrección. Los caps. 18—20 muestran el cumplimiento de la multiplicación y el aumento, lo cual hace que Él tenga muchos hermanos (Jn. 20:17) y le permite entrar en ellos (Jn. 20:22), para ser la vida y el todo de ellos, a fin de que constituyan Su Cuerpo, el cual es Su aumento y expresión. Finalmente, el Jn. 21 revela que Él estará con ellos de una manera invisible hasta Su regreso (Jn. 21:22).

  • La Palabra es la definición, explicación y expresión de Dios; por lo tanto, es Dios definido, explicado y expresado.

  • La Palabra no está separada de Dios. El caso no es que la Palabra sea la Palabra, y Dios sea Dios, y que ambos sean entidades separadas. Al contrario, los dos son uno solo; por lo tanto, la siguiente cláusula afirma que la Palabra era Dios.

  • Esto implica que Dios en Su persona no es sencillo; Él es triuno.

  • No solamente Dios el Hijo, sino el Dios Triuno en Su totalidad.

  • O, Éste.

  • En el principio, es decir, desde la eternidad pasada, la Palabra estaba con Dios. Esto es contrario a lo que algunos suponen, que Cristo no estaba con Dios y que no era Dios desde la eternidad pasada, y que en cierto momento Cristo llegó a ser Dios y a estar con Dios. En efecto, la deidad de Cristo es eterna y absoluta. Desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura, Él está con Dios y es Dios. Es por eso que este evangelio, a diferencia de los de Mateo (Jn. 1) y Lucas (Jn. 3), no presenta la genealogía de Cristo (He. 7:3).

  • Puesto que el v. 3 se refiere a la creación que se menciona en Gn. 1, aquí la vida debe de referirse a la vida representada por el árbol de la vida mencionado en Gn. 2. Esto es confirmado por el hecho de que en Ap. 22 Juan menciona el árbol de la vida. Puesto que la vida está en Él, Él es vida (Jn. 11:25; 14:6), y Él vino para que el hombre tuviera vida (Jn. 10:10b). Este capítulo es la introducción de este evangelio; comienza con la vida (v. 4) y concluye con un edificio (vs. 42, 51), es decir, con la casa de Dios (véase la nota Jn. 1:421a, la nota Jn. 1:512a y la nota Jn. 1:513). Por lo tanto, este capítulo es una introducción a la vida y la edificación.

  • La luz de la vieja creación era la luz física (Gn. 1:3-5, 14-18). La luz de la nueva creación es la luz de vida aquí mencionada.

  • Enviado tiene el sentido de ser mandado como mensajero con una comisión especial.

  • Creer es recibir.

  • Llegar a ser hijo de Dios es poseer la vida y la naturaleza divinas.

  • Lit., a partir de.

  • Sangre (lit., sangres) aquí se refiere a la vida física; voluntad de carne denota la voluntad del hombre caído después de venir a ser carne; y voluntad de varón se refiere a la voluntad del hombre creado por Dios.

  • La Palabra, quien es Dios, se hizo carne con el fin de que Dios tuviese la vida y la naturaleza humanas.

  • Romanos 8:3 indica que esta carne, aunque era la carne de pecado, sólo tenía la semejanza de carne de pecado, pero no tenía el pecado de la carne. Fue la Palabra quien se hizo carne, y ésta era Dios, el Dios Triuno completo (v. 1). El hecho de que la Palabra se hiciera carne significa que el Dios Triuno se hizo un hombre de carne en la semejanza de un hombre pecaminoso. Al hacer esto Dios entró en el hombre pecaminoso y se hizo uno con él. Sin embargo, Él tenía sólo la semejanza del hombre pecaminoso pero no tenía el pecado de éste. Así que, Él era un Dios-hombre sin pecado, el Dios completo y el hombre perfecto, con dos naturalezas: la naturaleza divina y la naturaleza humana. Aunque estas dos naturalezas se mezclaron y produjeron el Dios-hombre, las características individuales de las dos naturalezas permanecieron distintas; las dos naturalezas no se combinaron formando una tercera naturaleza. Más bien, la naturaleza divina habitó en la naturaleza humana y fue expresada a través de ésta, llena de gracia, la cual es Dios disfrutado por el hombre, y llena de realidad, la cual es Dios obtenido por el hombre. De esta manera, el Dios invisible fue expresado para que el hombre le alcanzara y le disfrutara como su vida para el cumplimiento de la economía neotestamentaria de Dios.

    El hecho que Dios se hiciera carne contradecía la enseñanza gnóstica de ese tiempo. Los gnósticos afirmaban que Dios, quien es puro, jamás podría unirse con la carne, porque ésta es una sustancia maligna. Los docetas se basaban en la enseñanza del gnosticismo para negar que Cristo había venido en la carne (1 Jn. 4:2). Juan escribió este evangelio, en parte para refutar la herejía del docetismo y para demostrar contundentemente que Cristo, el Dios-hombre, es en realidad Dios, quien se hizo carne (solamente con la semejanza de carne de pecado, pero sin el pecado de ésta), a fin de, mediante la carne, destruir al diablo (He. 2:14) y quitar los pecados del hombre (He. 9:26); y a fin de unirse al hombre y ser expresado por medio de la humanidad para el cumplimiento de Su glorioso propósito, un propósito que Él planeó en la eternidad pasada para la eternidad futura.

    El pensamiento profundo del Evangelio de Juan es que Cristo, el Dios encarnado, vino como la corporificación de Dios, según se muestra con el tabernáculo (v. 14) y con el templo (Jn. 2:21), para que el hombre pudiera tener contacto con Él y entrar en Él para disfrutar las riquezas contenidas en Dios. Tanto el tabernáculo como el templo tenían atrio, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. Así que Juan hace notar, primero, que Cristo era el Cordero (que quitó el pecado, v. 29) ofrecido en el altar, el cual representa la cruz, y estaba en el atrio del tabernáculo, y luego, que Él era como la serpiente de bronce (que hizo que el hombre tuviera vida) levantada sobre el asta (Jn. 3:14), que representa la cruz. Esto muestra cómo Cristo en Su redención fue recibido por Sus creyentes, quienes así son librados del pecado y obtienen vida, y además entran en Él, quien es la corporificación de Dios, lo cual es tipificado por el tabernáculo, para disfrutar todas las riquezas de Dios. El lavamiento de los pies mencionado en el cap. 13, puede considerarse el lavamiento en el lavacro que estaba en el atrio del tabernáculo, el cual quitaba la contaminación terrenal de aquellos que se acercaban a Dios, a fin de mantener la comunión que ellos tenían con Dios y con los demás. En el cap. 14, aquellos que reciben a Cristo son traídos por Él al Lugar Santo para que le experimenten como el pan de vida (Jn. 6:35), representado por el pan de la Presencia, y como la luz de la vida (Jn. 8:12; 9:5), tipificada por el candelero. Finalmente, en el cap. 17, por la oración más elevada y misteriosa, tipificada por el incienso quemado sobre el altar de oro, aquellos que disfrutan a Cristo como vida y como luz son introducidos por Él al Lugar Santísimo, para entrar con Él en el más profundo disfrute de Dios y para disfrutar la gloria que Dios le ha dado (Jn. 17:22-24).

  • La Palabra, al encarnarse, no sólo introdujo a Dios en la humanidad, sino que también llegó a ser un tabernáculo para Dios, la morada de Dios entre los hombres, en la tierra.

  • Se refiere a la transfiguración de Cristo en el monte (Mt. 17:1-2, 5; Lc. 9:32; 2 P. 1:16-18).

  • Gr. pará, que significa al lado de, lo cual implica con; por lo tanto, literalmente significa “de con”. El Hijo no sólo viene de Dios, sino que también está con Dios. Por un lado, Él procede de Dios, y por otro, todavía está con Dios (Jn. 8:16, 29; 16:32b).

  • La gracia es Dios en el Hijo como nuestro disfrute; la realidad es Dios hecho real para nosotros en el Hijo. La palabra griega traducida realidad, es la misma que se traduce verdad en Jn. 5:33; 8:32 y Jn. 17:17, 19.

  • Lit., a partir de.

  • La ley hace exigencias al hombre conforme a lo que Dios es; la gracia le suministra al hombre lo que Dios es a fin de satisfacer las exigencias divinas. La ley, en su mayor expresión, era solamente un testimonio de lo que Dios es (Éx. 25:21), pero la realidad es la aprehensión de lo que Dios es. Por medio de la ley ningún hombre puede participar de Dios, pero la gracia capacita al hombre para que disfrute a Dios. La realidad es Dios hecho real para el hombre, y la gracia es Dios disfrutado por el hombre.

  • Lit., llegaron a ser.

  • El Hijo unigénito del Padre dio a conocer a Dios por medio de Sí mismo como Palabra, vida, luz, gracia y realidad. La Palabra es Dios expresado; la vida es Dios impartido; la luz es el resplandor de Dios; la gracia es Dios disfrutado, y la realidad es Dios hecho real, es decir, aprehendido por nosotros. Dios se da a conocer plenamente en el Hijo por medio de estas cinco cosas.

  • O, explicado.

  • Esta Betania se encuentra en el lado oriental del Jordán, y no es la Betania de Jn. 11:1, que era una aldea ubicada en el lado occidental del Jordán.

  • Basándose en las Escrituras, los religiosos esperaban un gran líder (vs. 19-25), alguien como el Mesías, Elías, o el Profeta (Dn. 9:26; Mal. 4:5; Dt. 18:15, 18). Pero Jesús les fue presentado como un pequeño cordero con una pequeña paloma (vs. 29-33). El Cordero quita el pecado del hombre, y la paloma trae a Dios como vida al hombre. El Cordero efectúa la redención, es decir, redime al hombre caído llevándolo de regreso a Dios, y la paloma da vida, unge al hombre con lo que Dios es, introduciendo a Dios en el hombre y al hombre en Dios, y une en Dios a los creyentes. El Cordero y la paloma son necesarios para que el hombre participe de Dios.

  • Aquí el mundo se refiere a la humanidad, así como en Jn. 3:16.

  • Véase la nota Jn. 1:291a.

  • Es decir, las diez de la mañana, hora romana. La hora romana se usa en todo el libro.

  • Mesías es una palabra hebrea; Cristo es la traducción al griego. Estas dos palabras significan el ungido. Cristo es el Ungido de Dios, Aquel que Dios designó para llevar a cabo Su propósito, Su plan eterno.

  • Significa una piedra. En Mt. 16:18, el Señor hizo referencia a lo dicho aquí cuando le habló a Pedro acerca de la edificación de la iglesia. Seguramente aquí adquirió Pedro el concepto de que se necesitan piedras vivas para la edificación de una casa espiritual (1 P. 2:5), que es la iglesia. Aquí la piedra denota una obra de transformación que produce materiales para el edificio de Dios (1 Co. 3:12).

  • La información que le dio Felipe a Natanael al decir: el hijo de José, de Nazaret, era inexacta. Jesús no nació de José, sino de María (Mt. 1:16) y no en Nazaret sino en Belén (Lc. 2:4-7).

  • El Mesías.

  • En griego: Amén, amén. Así también en todo el libro.

  • Éste es el cumplimiento del sueño de Jacob (Gn. 28:11-22). Cristo, como Hijo del Hombre en Su humanidad, es la escalera puesta en la tierra y que conduce al cielo para mantener el cielo abierto a la tierra y unir la tierra al cielo con miras a la casa de Dios, Bet-el. Jacob derramó aceite (un símbolo del Espíritu Santo, la máxima expresión del Dios Triuno que llega al hombre) sobre la piedra (un símbolo del hombre transformado), para que ésta fuera la casa de Dios. En este capítulo están el Espíritu (v. 32) y la piedra (v. 42) para la casa de Dios junto con Cristo en Su humanidad. Donde está todo esto, allí hay un cielo abierto.

  • Este capítulo, como la introducción a este evangelio, presenta a Cristo como el Hijo de Dios (vs. 34, 49) y como el Hijo del Hombre. Natanael lo reconoció como el Hijo de Dios y se dirigió a Él como tal (v. 49), pero Cristo le dijo que Él era el Hijo del Hombre. El Hijo de Dios es Dios, y como tal tiene la naturaleza divina. El Hijo del Hombre es hombre, y como tal posee la naturaleza humana. Para dar a conocer a Dios (v. 18) y para traer a Dios al hombre, Él es el Hijo unigénito de Dios. Mas para que la habitación de Dios sea edificada en la tierra, entre los hombres, Él es el Hijo del Hombre. El edificio de Dios necesita Su humanidad. En la eternidad pasada Cristo era solamente Dios, el Hijo de Dios, y sólo tenía divinidad; pero en la eternidad futura, Cristo como Dios y hombre, y como el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre, tendrá tanto divinidad como humanidad para siempre.

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