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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 1 Corintios»
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Mensaje 44

LO TOCANTE A COMER DE LO SACRIFICADO A LOS IDOLOS

(1)

  Lectura bíblica: 1 Co. 8:1-13

  Ya vimos que 6:12-20 puede considerarse una introducción de lo que Pablo dice tocante a la vida matrimonial y a comer de lo sacrificado a los ídolos. Tanto el matrimonio como el alimento fueron ordenados por Dios, y por ende, somos libres de participar de ambos. No obstante, debemos hacerlo en la manera que Dios dispuso y con miras a Su propósito; no para satisfacer nuestras lujurias. Además, el matrimonio y el alimento están relacionados con nuestro cuerpo físico. En 6:13 Pablo dice que el cuerpo es para el Señor; en 6:15, que nuestros cuerpos son miembros de Cristo; y en 6:19, que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo.

  Como seres humanos, somos una entidad compuesta de espíritu, alma y cuerpo, y las tres partes participan en el hecho de que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo; ninguna debe quedar fuera. En cierto sentido, de las tres partes, el cuerpo es miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo, pero también nuestro espíritu está incluido. De ahí que en el pasaje que subraya que nuestro cuerpo es miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo, Pablo dice que somos un solo espíritu con el Señor (6:17).

  En el capítulo siete Pablo aborda el tema del matrimonio. Este indudablemente tiene que ver con todo nuestro ser. Según lo que Pablo dice en dicho capítulo, debemos estar dedicados incondicionalmente al Señor, ser uno con El, estar sujetos a El, comprometidos con El y contentos en El con todas nuestras circunstancias. Debemos tomar la actitud de que todas nuestras circunstancias provienen del Señor, y debemos estar con El en todo lo que nos suceda. Esto requiere que ejercitemos nuestro espíritu y que experimentemos el hecho de que somos un solo espíritu con el Señor, e implica llevar una vida en la cual nuestros cuerpos son miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo. Si tocamos las profundidades del capítulo siete, descubriremos que, en esencia, las respuestas a las preguntas referentes al matrimonio nos brindan la descripción de una persona que está unida al Señor y que vive de tal manera que todo su ser constituye la morada del Señor. Esta persona está consciente de que su cuerpo es miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo, por lo cual no lo usará para ningún otro propósito aparte del que Dios dispuso. Además, se someterá al Señor y a Su dirección, sin iniciar ningún cambio sino permaneciendo siempre en las circunstancias que el Señor ordenó. Una persona así es uno con el Señor y está dedicada a Su propósito.

  En el capítulo ocho Pablo aborda el tema del alimento, un asunto aún más práctico que la vida matrimonial, pues uno puede vivir sin casarse, pero no puede subsistir sin comer. Nosotros dependemos totalmente del alimento. Dios nos creó de tal manera que necesitamos comer para subsistir. Así lo dispuso El.

  Conforme avanzamos del capítulo uno al ocho, descubrimos que los temas que Pablo aborda se vuelven cada vez más prácticos. El tema del alimento en el capítulo ocho es más práctico que el de la filosofía al que se refiere el capítulo uno. La filosofía tiene que ver con conceptos abstractos, mientras que el alimento es algo sumamente concreto y práctico.

  Ya vimos que los cuatro primeros capítulos de 1 Corintios revelan muchos temas espirituales. Este principio también se ve en lo tocante a comer de lo sacrificado a los ídolos, lo cual se abarca en tres capítulos. Estos capítulos contienen muchos puntos espirituales que son importantes y sobresalientes.

  En el capítulo ocho Pablo habla de una forma de comer no recomendable, y hace notar, en los versículos 1-3, que dicha forma no es según el amor, el cual edifica. Los versículos 4-7 muestran que los ídolos nada son, y el versículo 8 afirma que la comida no nos hace recomendables ante Dios. Finalmente, en los versículos 9-13 Pablo habla de no poner tropiezo a los hermanos débiles.

I. UNA FORMA DE COMER NO RECOMENDABLE

A. No según el amor, el cual edifica

  En 8:1 Pablo escribe: “En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica”. En este capítulo se usan dos palabras griegas con respecto a saber o conocer. Una es oida y se refiere a estar consciente interior y subjetivamente, al conocimiento intuitivo, según se usa en Juan 8:55 (la segunda vez); 1 Corintios 12:2; 2 Timoteo 1:12. Es la raíz donde se deriva la palabra conciencia. La otra palabra es ginosko (vs. 2, 3) y se refiere al conocimiento externo y objetivo. La palabra conocimiento, en los versículos 1, 7 y 10 es la forma sustantiva de ginosko y se refiere al conocimiento exterior y objetivo, el cual es común y general para todos.

  El conocimiento exterior y objetivo que envanece proviene del árbol del conocimiento del bien y del mal, el cual es la fuente de la muerte. El amor espiritual (no el carnal), el cual es una expresión de la vida, como se describe en el capítulo 13, edifica; este amor proviene del árbol de la vida, la fuente de la vida. Este es el amor de Dios (1 Jn. 4:16) infundido en nosotros por la fe, la cual nos ha introducido en la unión orgánica con Dios. Con este amor amamos a Dios (v. 3) y a los hermanos (1 Jn. 4:21), y conforme a este amor debemos andar (Ro. 14:15). De este modo, nuestro andar edifica (10:23). La expresión edifica se refiere no sólo a la edificación de los creyentes individuales, sino también a la edificación del Cuerpo de Cristo como entidad corporativa de Cristo (14:4-5, 12; Ef. 4:16). Esta epístola pone énfasis en la edificación (3:9-10, 12; 10:23).

  Hemos dicho que el conocimiento que envanece y el amor que edifica están relacionados con los dos árboles del huerto del Edén. En este contexto, el conocimiento se refiere al árbol del conocimiento, y el amor, al árbol de la vida. Cuando Pablo escribía esta epístola es casi seguro que él tenía presente estas cosas. Además, en ella se ve una aplicación de los dos árboles, aunque no se hace mención directa de ellos. De hecho, 1 Corintios trata del árbol de la vida, el cual vivifica, y del árbol del conocimiento, el cual mata. Así que, en esta epístola vemos dos líneas: la línea de la vida y la línea del conocimiento. El conocimiento envanece y mata, pero el amor suministra vida a los demás y los edifica con ella. El propósito de la vida es edificar; la edificación es la meta de la vida.

  Leamos los versículos 2 y 3: “Y si alguno cree que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por El”. En estos versículos, la palabra griega traducida sabe es ginosko. El versículo 3 habla del amor más elevado y noble. Este amor tiene que ser espiritual, y no carnal, aunque para experimentarse requiere que el hombre ejercite todo su ser (Mr. 12:30).

  En el versículo 3 Pablo parece decir a los corintios, que no necesitan tanto conocimiento, sino amar a Dios. Amar a Dios es la base de nuestra vida cristiana. Si no tenemos tal amor, no disponemos de la base, la posición, para llevar la vida cristiana. Con relación a dicha vida, el conocimiento es como un vapor; puede desaparecer rápidamente. Pero amar a Dios es algo sólido y substancial, y por ende, constituye la base de la vida cristiana.

  En el versículo 3 Pablo dice que si amamos a Dios, somos conocidos por El. Ser conocidos por Dios es más necesario que conocer a Dios. La expresión conocido por El es muy importante y significa ser poseído por El, ser Su propiedad. El que es conocido por Dios se convierte en Su posesión, gozo, diversión y placer. Nuestro conocimiento no complace a Dios. Pero si le amamos, lo pondremos feliz y El nos conocerá, disfrutará de nosotros y estará contento con nosotros. Inclusive encontrará en nosotros Su diversión. Las palabras conocido por El implican todo esto.

  En el versículo 3 Pablo parece decir a los corintios: “Creyentes corintios, dense cuenta que Dios no les conoce; no está complacido con ustedes. Con esto quiero decir que no aprueba la manera en que ustedes se conducen”. Según Mateo 7:22, muchos dirán al Señor Jesús cuando regrese: “Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchas obras poderosas?” El contestará: “Nunca os conocí; apartaos de Mí, hacedores de iniquidad” (v. 23). ¿Cómo puede decir el Señor omnipotente y omnipresente que no conoce a alguien, cuando El conoce todo acerca de nosotros? Puede decirlo porque en Mateo 7:23 las palabras: Nunca os conocí significan: “Nunca aprobé lo que hicieron. Nunca estuve contento con ustedes ni los consideré mi gozo ni mi tesoro”. Ser conocido por Dios implica que El nos aprueba, nos disfruta y nos posee como un tesoro.

B. Los ídolos nada son

  En el versículo 4 Pablo añade: “En cuanto a comer, pues, de lo sacrificado a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios”. La palabra griega traducida sabemos es oida y se refiere a una percepción interna y subjetiva. Para darse cuenta de que un ídolo no es nada y que no hay más que un Dios, necesitamos una percepción interna y subjetiva que provenga de nuestro espíritu y pase a nuestra mente. Esta percepción es mucho más profunda que el simple conocimiento externo y objetivo que proviene de nuestra mente.

  En los versículos 5-6 Pablo dice: “Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para El”. En el versículo 6, las palabras para nosotros se refieren a los creyentes de Cristo, los cristianos. En el versículo 6, el único Dios está en contraste con muchos dioses del versículo 5. Nuestro Dios es uno solo. En este versículo, la palabra Padre es un título de nuestro Dios, quien es el origen de todas las cosas. Esta designación hace que nuestro Dios sea completamente distinto de los muchos dioses falsos. El título Padre no alude a Dios en calidad de Padre de los regenerados, sino como fuente de todas las cosas. Esto queda demostrado por las palabras del cual proceden todas las cosas. Ya que todas las cosas proceden de Dios como origen, a El se le llama Padre. El no es solamente el Padre de nosotros los regenerados, sino también de todas las cosas creadas, pues todo procede de El.

  El Padre es el origen de todas las cosas; así que todas ellas proceden de El. No obstante, nosotros los creyentes somos los únicos que volvemos a El. Esto quiere decir que aunque todos procedemos de Dios, sólo nosotros regresaremos a El y seremos para El; esto alude a nuestra unión con El. La palabra del indica fuente, pero la preposición para hace alusión a la unión. Nosotros los cristianos procedemos de Dios y somos para Dios.

  En el versículo 6 Pablo dice también que para nosotros, “sólo hay ... un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de El”. La expresión un Señor en este versículo está en contraste con las palabras muchos señores del versículo 5. Nuestro Señor también es uno solo. Jesucristo es el título divino y humano de nuestro Señor que lo distingue de los muchos señores. Nuestro Dios, el Padre, es el único origen de todas las cosas, y nuestro Señor Jesucristo, es el único medio por quien todas las cosas llegaron a existir. Jesucristo no es el origen, sino el medio. De ahí que Pablo emplea la preposición por medio cuando dice: “por medio del cual son todas las cosas”. Según Juan 1:3, todas las cosas llegaron a existir por medio de El. Así que, de hecho el Señor no es el Creador, sino el medio por el cual fueron creadas todas las cosas.

  Cuando Pablo se refiere al Padre, usa las preposiciones del y para, pero cuando habla del Señor, usa la preposición por medio de en dos ocasiones. Esto es muy significativo, pues el Padre es el origen de todas las cosas, y nosotros procedemos de El y somos para El. Todas las cosas provienen de la fuente, el Padre, y por el medio, el Señor. Además, por medio de la regeneración volvemos al Padre y somos para El. Por una parte, todas las cosas proceden del Padre, por medio del Señor. Por otra parte, nosotros los creyentes regenerados volveremos al Padre por medio del Señor. Como dice Juan 14:6, el Señor es el camino, y nadie puede ir al Padre sino por medio de El. Con relación al origen, se necesitan las preposiciones del y para. Por consiguiente, Pablo dice que procedemos de El y que somos para El. Pero en cuanto al Señor, él expresa que todas las cosas existen por medio de El, y que nosotros volvemos al Padre por medio de El. Así que, todas las cosas proceden del Padre mediante el Señor, y nosotros también somos para el Padre por medio del Señor. Nosotros llegamos a existir por medio del Señor, y regresamos al Padre por medio del Señor. De ahí que cuando Pablo se refiere al Padre, dice que todas las cosas proceden de El y que nosotros somos para El. Pero cuando habla del Señor, dice que todas las cosas existen por medio de El y que nosotros, en el sentido de que volvemos al Padre, existimos por medio de El.

  En el versículo 7 Pablo dice: “Pero no en todos hay este conocimiento; algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina”. Una conciencia es débil por que le falta el debido conocimiento, lo cual indica que el conocimiento tiene mucho que ver con nuestra conciencia. Los que antes adoraban ídolos y que ahora son creyentes de Cristo, por haber estado acostumbrados a los ídolos hasta ahora, no saben que un ídolo no es nada (v. 4). Por consiguiente, con respecto a los ídolos, su conciencia es débil, y ésta se contamina al tener contacto con cualquier cosa de la cual no tiene un conocimiento adecuado.

C. La comida no nos hace recomendables ante Dios

  El versículo 8 dice: “Pero la comida no nos hace recomendables ante Dios; pues ni porque no comamos, seremos menos, ni porque comamos, seremos más”. Los que comen de lo sacrificado a los ídolos sin tener un conocimiento adecuado contaminarán su conciencia. Después de aclarar esto, Pablo dice que la comida no nos hace recomendables ante Dios. Una vez más, Pablo revela su espíritu. En lo profundo de él se da cuenta de que lo que hacemos debe recomendarnos ante Dios, de lo contrario, es fútil. Sí, somos libres para hacer ciertas cosas, pero tal vez no nos hagan recomendables ante Dios. Lo importante no es si aquello es bueno o malo, sino que nos recomiende ante Dios. Por ejemplo, quizás no tenga nada de malo que un hermano use el pelo largo, pero según el principio del versículo 8, esto no nos hace recomendables ante Dios. En cuanto a estilos de pelo, no tenemos ninguna regla, pero todos debemos usar un estilo que nos haga recomendables ante Dios. La idea de Pablo es que la comida no nos hace recomendables ante Dios. Tal vez nos sintamos libres de comer de lo sacrificado a los ídolos, pues sabemos que los ídolos no son nada. No obstante, esta comida no nos hace recomendables ante Dios. Debemos aprender a hacer aquello que nos recomienda ante Dios. Según Pablo: “Ni porque no comamos, seremos menos, ni porque comamos, seremos más”. Siendo este el caso, ¿qué necesidad tenemos de comer de lo sacrificado a los ídolos?

D. Un tropiezo para los hermanos débiles

  En los versículos 9-13 Pablo habla de no poner tropiezo a los hermanos débiles. En el 9 dice: “Más mirad que este derecho vuestro no venga a ser tropezadero para los débiles”. Los débiles son aquellos cuya conciencia es debilitada por la falta de conocimiento. En el versículo 10 Pablo añade: “Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, reclinado a la mesa en un templo de ídolos, ¿no será animada su conciencia, si él es débil, a comer de lo sacrificado a los ídolos?” La palabra griega traducida animada literalmente significa edificada. La conciencia de los creyentes débiles será alentada a hacer con confianza lo que antes no se atrevía a hacer. Esta es una edificación repentina que carece de un fundamento lógico y sólido. Por eso, es inapropiada y en realidad destruye. Aunque la conciencia de los creyentes débiles es animada a comer de lo sacrificado a los ídolos, finalmente tal práctica los arruinará porque no tienen el conocimiento adecuado, capaz de respaldar su consciencia que ha sido animada pero que todavía es débil.

  Leamos el versículo 11: “Y por el conocimiento tuyo, es destruido el débil, el hermano por quien Cristo murió”. Las palabras es destruido denota perecer, no por la eternidad, sino en la vida cristiana. El creyente débil es destruido por la negligencia de parte del creyente fuerte que tiene conocimiento. La comida que comemos puede llegar a destruir en la vida cristiana a un hermano por quien Cristo murió.

  En el versículo 12 Pablo afirma: “De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis”. La palabra griega que se traduce hiriendo significa literalmente golpeando (hasta causar daño). Cristo murió por los hermanos, y pecaríamos contra El, si los herimos y les ponemos tropiezo.

  En el versículo 13 Pablo concluye: “Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano”. En griego, la palabra que se traduce poner tropiezo es skandaliso y significa poner lazo o trampa. Así que, poner tropiezo a un hermano significa ponerle lazo o trampa en su camino. Con tal de no poner tropiezo a un hermano, Pablo dice: “no comeré carne jamás”. La palabra carne se refiere a la carne animal, lo cual alude a la carne ofrecida a los ídolos. Puesto que la carne es más apetitosa que cualquier otra comida, el apóstol la mencionó específicamente.

  Es importante percibir el espíritu de Pablo según se revela en este capítulo. La carga que había en su espíritu está totalmente relacionada con Cristo y Su Cuerpo. Ya que Pablo estaba entregado a Cristo y a todos los miembros del Cuerpo, al dar instrucciones tocante a comer de lo sacrificado a los ídolos, no dijo si esto era correcto o incorrecto, bueno o malo. La perspectiva que tenía de la situación era completamente diferente. Su visión se centraba en Cristo y el Cuerpo. En cuanto a comer de lo sacrificado a los ídolos, Pablo lo juzgó teniendo presente el efecto que repercutiría en los miembros de Cristo; si les edificaría o les pondría tropiezo. Con esto vemos que la preocupación que había en el corazón y en el espíritu de Pablo eran Cristo y Sus miembros. Los ídolos y lo sacrificado a éstos le tenían sin cuidado. Se daba cuenta plenamente de que los ídolos, incluyendo lo que a éstos se les ofrece, no son nada. No obstante, la manera en que manejó este asunto demuestra que la perspectiva que tenía del asunto estaba relacionada con Cristo y el Cuerpo. Quería que los santos comprendieran que debían discernir si lo que comían pondría tropiezo a los miembros de Cristo o los edificaría. Pablo quería que respetasen a Cristo y a los miembros de Cristo. Así que, contestó las preguntas y dio instrucciones partiendo de la perspectiva de Cristo y el Cuerpo.

  Todos deberíamos aprender de Pablo a tener presentes a Cristo y Su Cuerpo cuando tomamos decisiones respecto a los diversos asuntos. Sin embargo, a menudo hablamos con los demás sin tener esta perspectiva, y en lugar de ello, nos centramos en nuestros intereses, beneficios o pérdidas. Si esto es lo que vemos, estamos muy lejos de la visión central de la economía de Dios. En el capítulo ocho vemos una vez más que Pablo no se desviaba de la línea central de la economía de Dios. Incluso al dar instrucciones tocante a comer de lo sacrificado a los ídolos, se esforzaba por hacer que los creyentes volvieran a la línea central, es decir, a Cristo y al Cuerpo.

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