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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 1 Corintios»
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Mensaje 49

LA MESA DEL SEÑOR

(1)

  Lectura bíblica: 1 Co. 10:14-22

  En 10:14-22 Pablo habla de preservar la mesa del Señor de la idolatría. En los versículos 14-18 él trata el tema de la comunión de la sangre y del cuerpo del Señor, mientras que en los versículos 19-22 habla de que la mesa del Señor debe estar separada de la mesa de los demonios.

HUIR DE LA IDOLATRIA

  En el versículo 14 Pablo dice: “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría”. Las palabras “Por tanto” indican que la siguiente sección, que se extiende hasta el versículo 30, concluye la sección anterior, que inicia en 8:1 y que trata del comer de lo sacrificado a los ídolos, a lo cual Pablo llama: idolatría.

  Pablo entendía la Palabra santa de tal manera que podía ver a Cristo a través de lo físico y de lo escrito. Por ejemplo, en 10:4 habla de una roca física y dice que la roca es Cristo. Esto indica que él veía a Cristo en esa roca. Bajo el mismo principio, cuando usa la palabra idolatría, no se refiere únicamente a imágenes talladas, sino a algo más extenso y completo. Como veremos más adelante, la idolatría implica muchas cosas.

  En el versículo 15 Pablo añade: “Como a prudentes os hablo; juzgad vosotros lo que digo”. El deseo de Pablo era que los que recibieran sus palabras no sólo trataran de entenderlas literalmente, sino que profundizaran en ellas, las estudiaran, las discernieran, y entonces las juzgaran. El quería que examinaran y juzgaran cuidadosamente lo que les decía.

LA COMUNION DE LA SANGRE Y DEL CUERPO

  En el versículo 16 Pablo repentinamente habla de la copa de bendición: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?” Aparentemente no se observa una continuidad apropiada entre los versículos 15 y 16. Sin dar una introducción, Pablo empieza a hablar de la copa de bendición, refiriéndose a la comunión de la sangre de Cristo, y menciona el pan, lo cual alude a la comunión del cuerpo de Cristo. No debemos dar por sentado que entendemos el versículo 16, cuando en realidad lo que entendemos es muy poco, y esto, si es que lo entendemos. Debemos estudiar el significado de las expresiones: “la comunión de la sangre de Cristo” y “la comunión del cuerpo de Cristo”.

  La palabra griega traducida “comunión” significa también participación mutua, y se refiere a la comunión que los creyentes tienen en la participación mutua de la sangre y el cuerpo de Cristo. Esta comunión hace que nosotros, los que participamos de la sangre y del cuerpo del Señor, seamos uno, no sólo entre nosotros, sino también con el Señor. Al participar de dichos elementos nos identificamos con el Señor en la comunión de Su sangre y Su cuerpo. La intención del apóstol era mostrar a los creyentes que cuando una persona come y bebe, llega a ser uno con lo que ingiere. Los corintios debían darse cuenta de que comer de lo sacrificado a los ídolos los hacía uno con los demonios que estaban detrás de los sacrificios.

UN SOLO PAN, UN SOLO CUERPO

  En el versículo 17 Pablo habla firmemente de que hay un solo pan y un solo Cuerpo: “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un Cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan”. Todos somos un solo pan, un solo Cuerpo, porque participamos de un solo pan. Al participar juntos de este pan, llegamos a ser uno. Esto indica que comer a Cristo nos constituye Su Cuerpo único. El mismo Cristo, de quien todos participamos, nos constituye Su Cuerpo.

  Participar (es decir, comer, vs. 28-30) de ese único pan nos identifica con el pan. Esto indica que al participar de Cristo, al disfrutarlo, nos identificamos con El y llegamos a ser uno con El.

EL ALTAR Y LA MESA

  En el versículo 18 Pablo vuelve a hacer referencia de Israel: “Mirad a Israel según la carne; los que comen de los sacrificios, ¿no están en comunión con el altar?” Hemos visto que en 10:1-13, Pablo presenta a Israel como tipo de los creyentes. Sin embargo, no debemos pensar que el resto del capítulo diez no tiene nada que ver con dicho tipo. Al contrario, la segunda parte del capítulo da continuidad a la primera.

  La expresión griega traducida “están en comunión” significa también, participan juntamente. Los que comen de los sacrificios del altar, no sólo tienen comunión unos con otros y con el altar, sino que también participan juntamente de lo que comen. Al participar de los sacrificios del altar, llegan a ser uno con ellos. Esto muestra también cómo el comer hace que la persona se una a lo que come. Participar de lo sacrificado a los ídolos produce lo mismo: identifica a los participantes con los demonios que están detrás de los sacrificios.

  No hay duda de que en el versículo 18 Pablo desea expresar que la comunión del altar es, en tipología, la comunión de la sangre y del cuerpo de Cristo; un tipo de la comunión de la mesa del Señor. Por consiguiente, los que están en comunión con el altar constituyen un tipo de los que participan de la mesa del Señor. Israel tenía un altar, nosotros, una mesa. Sobre el altar estaban las ofrendas, sobre la mesa vemos la sangre y el cuerpo. El primero es el tipo, y el segundo, el cumplimiento. Los hijos de Israel tenían comunión en torno al altar, nosotros la tenemos en torno a la mesa.

LOS IDOLOS Y LOS DEMONIOS

  En los versículos 19-20 Pablo dice: “¿Qué digo, pues? ¿Que lo sacrificado a los ídolos es algo, o que un ídolo es algo? No, sino digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios: y no quiero que vosotros entréis en comunión con los demonios”. La redacción de Pablo pasa a otro tema sin ninguna transición aparente.

  En los versículos 19-20 Pablo habla de los ídolos, de lo sacrificado a los ídolos y de los demonios. Un ídolo y lo que se sacrifica a éste no son nada (8:4). Pero detrás de ellos están los demonios, los cuales son abominables y aborrecibles para Dios. Los creyentes, quienes adoran a Dios, no deben identificarse con los demonios ni tener comunión con ellos, comiendo de lo sacrificado a los ídolos. Puesto que los demonios son la realidad de los ídolos, los que comen de lo sacrificado a los ídolos entran en comunión con los demonios, participan conjuntamente y se hacen uno con ellos.

DOS MESAS

  En el versículo 16 Pablo habla de la comunión de la sangre del cuerpo de Cristo; en el versículo 18, de los que están en comunión con el altar; y en el versículo 20, de los que entran en comunión con los demonios. Posteriormente, en el versículo 21, añade: “No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios”. En este pasaje vemos dos mesas: la mesa del Señor y la mesa de los demonios. Participar de la mesa es comer de lo que hay en ella. Beber la copa del Señor y participar de Su mesa es identificarnos con el Señor. Asimismo, beber la copa de los demonios y participar de su mesa equivale a unirnos a ellos.

  En el versículo 22 Pablo concluye este pasaje del capítulo diez, diciendo: “¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que El?” El Señor es un Dios celoso (Ex. 20:5), y la idolatría le es totalmente abominable y aborrecible. Si participamos de la comunión de los demonios, haciéndonos uno con ellos, provocaremos a celos al Señor. Por tanto, debemos huir de la idolatría.

EL SIGNIFICADO DE LA IDOLATRIA

  ¿Comprende usted adecuadamente 1 Corintios 10:14-22? Quizás usted diga que en estos versículos Pablo habla acerca de la mesa del Señor, pero entonces, ¿por qué introduce esta sección en la cual nos ordena que huyamos de la idolatría? En el versículo 14 él no dice: “Por tanto, amados míos, asistid a la mesa del Señor cada día del Señor”; más bien, dice: “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría”. Para entender correctamente esta sección, debemos ver que Pablo habla de la mesa del Señor usando la idolatría como trasfondo.

  Hemos dicho que en 10:15 Pablo alienta a los santos, como a hombres prudentes, a que juzguen lo que él dice. Apela a ellos como a personas capaces de discernir, investigar, comprender y percibir. Si leemos con discernimiento lo que Pablo dice, querremos entender por qué nos pide que huyamos de la idolatría. Desearemos también conocer a qué se refiere cuando usa la palabra idolatría. ¿Se refiere acaso a la adoración de una imagen tallada? Ciertamente no se limita a eso. En 10:7 él dice: “Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: ‘Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar’”. Esto es lo que significa la idolatría.

  Existe una diferencia entre adorar un ídolo y la idolatría. Adorar un ídolo implica inclinarse ante él y rendirle culto, mientras que la idolatría abarca mucho más, pues incluye comer, beber y jugar. En este país, es posible que las personas no adoren ídolos, pero tal vez sí practiquen la idolatría. Durante los días festivos y fines de semana, ellas se entregan a diversas formas de diversión y entretenimiento; comen, beben y se levantan a jugar. Esto es la idolatría. Incluso comer en exceso de lo sacrificado a los ídolos equivale a practicar la idolatría. No debemos adorar ídolos ni relacionarnos con la idolatría. Como ya hemos visto, la idolatría tiene un significado mucho más extenso que simplemente adorar ídolos.

EL DISFRUTE QUE NOS BRINDA LA BUENA TIERRA

  Teniendo este entendimiento de la idolatría, debemos preguntarnos qué quiere decir Pablo con la expresión la mesa del Señor. Es posible que entendamos esto de manera limitada. ¿Qué es la mesa del Señor? La versión china de la Biblia habla de la fiesta del Señor. Conforme a esta traducción, la mesa es una fiesta. No obstante, ni siquiera la palabra fiesta comunica el significado pleno de la mesa del Señor. Lo que incluye la expresión: la mesa del Señor tiene un gran significado. Como veremos en el siguiente mensaje, en realidad la mesa del Señor es la buena tierra.

  La primera sección del capítulo diez muestra que la historia de Israel es un tipo de la iglesia. En los versículos 1-11 Pablo describe los diversos aspectos de dicho tipo. En el versículo 12 escribe: “Así que, él que piensa estar firme, mire que no caiga”. En el versículo 13 añade unas palabras de aliento y consuelo. Si estudiamos detenidamente este capítulo nos daremos cuenta de que existe un intervalo entre los versículos 13 y 14. Al final del versículo 12 Pablo parece detenerse repentinamente, y luego da unas palabras de aliento. No obstante, quien lea este capítulo con detenimiento se dará cuenta de que Pablo no ha terminado de describir cómo la historia de Israel tipifica la iglesia. Por consiguiente, es muy obvio que Pablo no ha concluido el tema. Quizás no disponía de tiempo para entrar en más detalles. No obstante, definitivamente tenía el deseo de presentar la idea de que Israel era un tipo; específicamente su entrada en la buena tierra y el disfrute que tuvieron de ella.

  La meta de la salvación que Dios efectúa consiste en que disfrutemos de la buena tierra. ¿Estaría usted satisfecho con un Dios que simplemente saca a Su pueblo de Egipto, lo lleva al desierto y lo deja sucumbir ahí? Yo no lo estaría, porque éste no sería un Dios que salva. Dios había prometido sacar a Su pueblo de la tierra de Egipto y llevarlo a una buena tierra, una tierra donde fluía leche y miel. Esta promesa fue hecha a Abraham, Isaac y Jacob. Si Dios no hubiera llevado al pueblo a la buena tierra, no habría cumplido Su promesa.

  Para los hijos de Israel, disfrutar de la tierra donde fluye leche y miel, constituía la meta final de la salvación efectuada por Dios. Pero del lado de Dios, la meta final no se cumplía solamente con que ellos disfrutaran de la tierra. Todavía se necesitaban el reino y el templo. Los hijos de Israel necesitaban el disfrute, pero Dios necesitaba el reino y el templo.

  Pablo escribía de manera concisa. Al redactar este capítulo, él pasa del fracaso que experimentó el pueblo de Israel en el desierto al deleite que tuvo en la buena tierra. Si profundizamos en esto, comprenderemos que éste era el concepto de Pablo. Tanto el significado de la idolatría como el de la mesa del Señor abarcan mucho más de lo que aluden las palabras escritas.

SOMOS LOS QUE COMEMOS

  Debemos recordar que 1 Corintios 10:12-22 forma parte de una extensa sección que trata del comer. La comida y el disfrute están ligados. Cada vez que usted come algo, lo disfruta. Además, lo que comemos se convierte en nosotros mismos. Por una parte, la comida nos trae disfrute; por otra, nos convertimos en lo que comemos. Debemos aplicar estos conceptos fundamentales para entender este pasaje. Comer de lo sacrificado a los ídolos realmente significa disfrutar de los ídolos y finalmente hacernos uno con ellos. Bajo el mismo principio, participar de la mesa del Señor es disfrutarla y hacernos uno con ella, es decir, disfrutar al Señor y hacernos uno con El. En estos versículos, Pablo habla primero de una mesa, y más adelante, aparentemente habla de una mesa diferente. En el versículo 21 dice: “No podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios”. En realidad, este pasaje contiene tres mesas: el altar (v. 18), la mesa de los demonios y la mesa del Señor. Todas estas palabras abarcan mucho y debemos entenderlas en todo su significado.

UNA RICA REVELACION DE CRISTO

  Cuando leemos esta epístola nos damos cuenta de que Pablo era un excelente escritor. Al escribir 1 Corintios, su objetivo, su propósito, era hacer que los distraídos creyentes de Corinto volvieran a Cristo y al centro de la economía de Dios. Como hemos visto, al mismo tiempo que Pablo hacía frente a la división, revelaba mucho acerca de Cristo. Ningún otro libro revela a Cristo de manera tan rica como lo hacen los primeros cuatro capítulos de 1 Corintios. Pablo revela a Cristo maravillosamente, aun mientras hace frente a un pecado tan abominable como lo es el incesto. Además, hicimos notar que al hablar de la vida matrimonial, Pablo abarca también algunos asuntos importantes relacionados con el hecho de que somos un solo espíritu con el Señor. Sin embargo, en los capítulos ocho, nueve y diez, una sección que abarca lo tocante a comer de lo sacrificado a los ídolos, la revelación llega a la cumbre, a su punto culminante. La mayoría de los que leen 1 Corintios, incluyendo maestros bíblicos y teólogos, no han comprendido el pleno significado de lo que Pablo abarca en dicha sección. Por tanto, es crucial que no pasemos por alto estos capítulos, sino que profundicemos exhaustivamente en ellos para que veamos la maravillosa revelación que allí se presenta.

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