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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 1 Corintios»
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Mensaje 8

CRISTO CRUCIFICADO: PODER DE DIOS Y SABIDURIA DE DIOS

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  Lectura bíblica: 1 Co. 1:18-25

  En este mensaje examinaremos de manera más profunda cómo el Cristo crucificado es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. En 1:23-24 Pablo dice: “Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos tropezadero, y para los gentiles necedad; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios”.

I. EL CRISTO CRUCIFICADO

  Como creyentes de Cristo, todos debemos saber contestar la siguiente pregunta: ¿Por qué era necesario que Cristo fuese crucificado? Pablo debe haber marcado el por qué en su predicación a los griegos filosóficos de Corinto. Tal vez, la respuesta más común a esta pregunta es decir que Cristo tuvo que ser crucificado para salvarnos. Sin la crucifixión de Cristo, Dios no puede salvarnos. Según el Nuevo Testamento, Dios no puede salvar a nadie aparte de la cruz de Cristo. Examinemos brevemente por qué esto es así.

  En el universo existen muchos problemas. Están los problemas de Satanás, el mundo y el pecado. Está también el problema del hombre, pues el hombre que Dios creó para Su propósito cayó y se volvió pecaminoso. La carne y la vida natural son otros problemas relacionados con el hombre. Además, todo lo que hay en el universo se ha envejecido, es decir, se ha corrompido. Si algo se envejece es porque está corrupto, pues la vejez manifiesta la falta de vida. Cuando un árbol crece, tiene vida, pero cuando empieza a secarse, le empieza a faltar la vida. A causa de Satanás, el mundo y el hombre con su pecado, su carne y su vida natural, todo el universo, incluyendo los cielos y la tierra, se ha envejecido, corrompido, arruinado, y está lleno de muerte.

  Además de todos estos problemas, se añade el de las ordenanzas y regulaciones que Dios dio para moderar la vida del hombre. Así que, la cruz pone fin a los problemas de Satanás, el mundo, el pecado, el hombre, la carne, la vida natural, la vejez y las ordenanzas. Cristo fue crucificado porque era necesario eliminar todos estos problemas.

  Antes de ser crucificado y así solucionar todos estos problemas, Cristo tuvo que vestirse de la naturaleza humana, tuvo que hacerse hombre, o sea, una criatura. El obtuvo la naturaleza humana no solamente con el fin de morir por nosotros y derramar Su sangre por nuestros pecados, sino también para eliminar a Satanás, el mundo, el pecado, el hombre caído, la vida natural, la carne, la vejez y las ordenanzas.

  Aunque Cristo pudo haber rehusado morir en la cruz, El fue crucificado. Según la perspectiva humana, a Cristo lo ejecutaron otras personas. Pero El tenía una perspectiva diferente. En Juan 10:11 el Señor Jesús dice: “Yo soy el buen Pastor; el buen Pastor su vida da por las ovejas”. En Juan 10:18 añade: “Nadie me la quita, sino que Yo de Mí mismo la pongo. Tengo potestad para ponerla, y tengo potestad para volverla a tomar”. A El no le fue quitada Su vida, sino que la dio por nosotros. Si Cristo no hubiese estado dispuesto a poner Su vida, nadie habría podido ejecutarlo. Si embargo, en lugar de defenderse, aceptó la muerte de cruz. Estuvo dispuesto a ser crucificado a fin de efectuar la redención y eliminar los problemas del universo. El Cristo crucificado constituye una ofensa para los que piden señales, y una necedad para los que buscan sabiduría. Pero para nosotros los que creemos, El es poder y sabiduría de Dios.

II. EL PODER DE DIOS

  En la cruz de Cristo vemos el poder de Dios. Se necesita el poder de Dios para acabar con Satanás, el mundo, el pecado, el hombre caído, la carne, la vida natural, la vieja creación y las ordenanzas. ¿Qué poder supera al Cristo crucificado, quien es el poder de Dios? ¿Qué otro poder puede destruir a Satanás o vencer al mundo? Sólo Dios tiene el poder que lleva a cabo estas cosas. Este poder no es el que se usa para realizar cosas por medio de la palabra, tal como el que Dios ejerció en la creación. Más bien, es el poder de la crucifixión, el poder de la maravillosa muerte de Cristo. Esto significa que la crucifixión de Cristo se ha convertido en el poder de Dios. La muerte de Cristo ha llegado a ser el poder de Dios con el cual destruye a Satanás, anula el problema del mundo, elimina el pecado y pone fin al hombre caído, la carne, la vida natural y la vieja creación. Mediante este poder, Dios soluciona también el problema de las ordenanzas. Con una sola muerte, la muerte de Cristo, todos los problemas del universo fueron eliminados. Por lo tanto, el Cristo crucificado es el poder de Dios que elimina todas las cosas negativas y lleva a cabo el plan de Dios.

III. LA SABIDURIA DE DIOS

  El Cristo crucificado también es la sabiduría de Dios. Para lograr algo, se necesitan poder y sabiduría. Como dijimos, la sabiduría sirve para planear y proponer, mientras que con el poder se realiza lo planeado, lo propuesto. En la economía de Dios, el Cristo crucificado es el poder y la sabiduría de Dios. A veces tenemos poder, pero no tenemos sabiduría. Cuando esto ocurre, corremos el riesgo de utilizar nuestra fuerza de manera insensata. Por consiguiente, necesitamos a Cristo como poder y también como sabiduría.

  Podemos aplicar al Cristo crucificado como poder y sabiduría de Dios al problema del mal genio, el cual, sin excepción, nos afecta a todos. ¿Quién puede decir que nunca se ha molestado? Después de experimentar cierta medida de crecimiento en vida, uno llega a aborrecer el mal genio y a anhelar ser librado de él. Conozco el caso de unas hermanas que poco antes del día de su boda hicieron un voto de que nunca más se volverían a enojar, especialmente con su marido. No obstante, ninguna hermana pudo cumplir su voto. El mal genio nos afecta no solamente en la vida matrimonial, sino en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana.

  Muchos cristianos que aman y buscan al Señor han orado de esta forma: “Señor Jesús, Tú sabes con que facilidad pierdo la calma. Señor, Tú eres Jehová el Salvador. Te pido que me salves de este pecado. Oh Señor, líbrame de él”. Aunque muchos han orado así, ninguno ha sido liberado de su mal genio. Para vencerlo nos hace falta el poder y la sabiduría. Quizás pensemos que la oración nos los proporcionarán y recurrimos a ella. No obstante, aun cuando oramos, no los obtenemos. Sin embargo, cuando invocamos el nombre del Señor, cuando disfrutamos a Cristo y somos llenos del Espíritu vivificante, no tenemos ningún problema con nuestro mal genio; espontáneamente poseemos el poder que lo vence y la manera de hacerle frente. ¿Qué es este poder y esta manera? Es la muerte de Cristo. El Cristo crucificado es el único poder y la única sabiduría que resuelve el problema de nuestro mal genio.

  Podemos aplicar también al Cristo crucificado como poder y sabiduría de Dios a nuestra necesidad de tener paciencia. Todos deseamos ser pacientes, pero nunca he conocido una sola persona que lo sea en verdad. Valoramos la paciencia y deseamos ser pacientes, pero no lo logramos. Sin embargo, cuando experimentamos al Cristo crucificado, automáticamente tenemos paciencia. El Cristo crucificado nos es hecho poder y sabiduría para que obtengamos paciencia. De esta manera se nos proporciona tanto la fuerza como la manera para ser pacientes. En realidad, no es que intentemos ser pacientes, sencillamente lo somos, y esto, debido a la experiencia que tenemos del Cristo crucificado.

  El Cristo crucificado se puede aplicar a toda índole de experiencias humanas. Durante más de cuarenta años, no hemos predicado otra cosa que a Cristo, y éste crucificado. En El se hallan los elementos de la resurrección y la ascensión. Por consiguiente, cuando disfrutamos al Cristo crucificado, disfrutamos también Su resurrección y Su ascensión. La clave se encuentra en Su crucifixión, la cual es el umbral que conduce a las riquezas de Cristo. La cruz constituye la manera de experimentar a Cristo con todas Sus riquezas. Sin la crucifixión de Cristo no tendríamos acceso a Sus riquezas.

  Efesios 1:9 habla del beneplácito de Dios, el cual El se propuso en Sí mismo. En Efesios 3:11 Pablo habla del “propósito eterno que ... [Dios] hizo en Cristo Jesús nuestro Señor”. Además, Efesios 1:11 dice que Dios “hace todas las cosas según el consejo de Su voluntad”. El Cristo crucificado, quien es la sabiduría de Dios, está relacionado con el plan que Dios hizo según Su beneplácito y con la manera en que El cumple Su voluntad. El plan de Dios según Su beneplácito y la manera en que El cumple Su voluntad son cuestiones profundas. Sin embargo, son aplicables a nuestra experiencia.

  Hemos visto que cuando experimentamos al Cristo crucificado, El nos es hecho poder de Dios y sabiduría de Dios. Puesto que tenemos al Cristo crucificado como sabiduría de Dios, no necesitamos buscar la manera de llevar a cabo la voluntad de Dios. Experimentando sencillamente al Cristo crucificado, se nos provee espontáneamente la manera de cumplirla. Llegamos a ser muy sabios. Ya no es necesario proponerse o determinar hacer la voluntad de Dios. Hacer Su voluntad no depende ni siquiera de que oremos: “Señor, hágase Tu voluntad”. En todo el mundo, los cristianos oran para que se haga la voluntad de Dios. En los servicios cristianos oímos con frecuencia la oración que los creyentes hacen: “Señor, que no sea nuestra voluntad, sino la tuya”. Pero a pesar de las numerosas oraciones que ofrecen los creyentes para que se haga la voluntad de Dios, ésta sigue sin cumplirse. Si usted desea hacer la voluntad de Dios, no es necesario que ore con las palabras: “Hágase Tu voluntad”. Si usted experimenta al Cristo crucificado, El le será hecho sabiduría de Dios para que cumpla el plan de Dios. Usted dispondrá de la sabiduría de Dios para hacer Su voluntad. Quizás no lo entenderá al momento, pero si mira hacia atrás después de algunos meses o años, se dará cuenta de que tenía la sabiduría de Dios al llevar a cabo Su plan según Su voluntad. Por supuesto, ésta no es su sabiduría natural; es el Cristo crucificado como sabiduría de Dios.

  Cuando experimentamos al Cristo crucificado, se nos pone fin. Todo lo que somos, lo que tenemos y lo que podemos hacer llega a su fin. Para experimentar esto, usted no necesita crucificarse a sí mismo. Tampoco necesita considerarse muerto. A usted se le da fin sencillamente experimentando al Cristo crucificado. En efecto, es imposible crucificarse uno mismo. Pero cuando invocamos el nombre del Señor Jesús, cuando le disfrutamos y le experimentamos, Su crucifixión nos aniquila. El Cristo crucificado pone fin a todo lo que somos.

  La manera de ser liberados de la carne, la vida natural y la vieja creación es ser crucificados. El Cristo crucificado no sólo es el poder que nos da fin, sino también la manera de experimentarlo. Para los judíos, Cristo constituía una ofensa, y para los griegos una necedad. Pero para nosotros los que fuimos llamados, el Cristo crucificado es el poder y la sabiduría de Dios que nos liberan de todo lo negativo. Damos gracias al Señor y le alabamos porque estamos ahora en el proceso de ser salvos. Cuanto más somos salvos al experimentar al Cristo crucificado, más le disfrutamos.

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