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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 1 Juan»
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Mensaje 32

EXPERIMENTAR Y DISFRUTAR AL ESPÍRITU TODO-INCLUSIVO

  Lectura bíblica: 1 Jn. 4:1-6

  Nuestra carga en el recobro del Señor es ministrar al Dios Triuno como vida y como el todo para nosotros a fin de que podamos disfrutar de todo lo que Él es. Al hacer esto, nos apoyamos en los hombros de los grandes maestros de la Biblia que nos han precedido. Hemos aprendido mucho de las experiencias de otros. Hemos estudiado la historia de la iglesia, diferentes biografías y los escritos más importantes de los grandes maestros comenzando desde los primeros siglos hasta el presente. Todo esto ha sido de mucha ayuda para nosotros. Por supuesto, también hemos estudiado la Biblia por nosotros mismos. Por consiguiente, ciertamente sabemos dónde estamos y estamos seguros de la exactitud de lo que el Señor nos ha guiado a decir en el ministerio.

LA INTENCIÓN DE DIOS

  Después de muchos años de experiencia y de estudio, hemos llegado a ver que, según la revelación de la Biblia en su integridad, la intención de Dios es forjarse a Sí mismo en nosotros para ser nuestra vida, y para que nosotros vivamos por Él para ser Su expresión. Ésta es la intención de Dios. Para cumplir Su intención, le es necesario a Dios ser triuno. Si Él no fuese triuno, es decir, si Él no fuese el Padre, el Hijo y el Espíritu, no podría forjarse en nosotros. Para forjarse en nosotros, Dios primeramente tiene que impartirse en nosotros. Si no pudiera hacer esto, Él no podría forjarse en nosotros ni ser nuestra vida. Al Dios Triuno le sería imposible ser nuestra vida si simplemente permaneciera como una persona que está fuera de nosotros, en quien creemos, a quien adoramos y para quien laboramos. De manera que para poder ser nuestra vida, le es necesario a Dios impartirse en nosotros, y para que esta impartición se realice, le es necesario ser el Padre, el Hijo y el Espíritu.

EL HIJO VINO EN EL NOMBRE DEL PADRE Y CON EL PADRE

  Dios creó al hombre a Su propia imagen con el propósito de impartirse en el hombre a fin de que llegara a ser Su expresión. El propósito de Dios al crear al hombre era que éste le contuviera al disfrutarle como vida a fin de expresarle. Sin embargo, el hombre cayó. Después de la caída del hombre Dios mismo se hizo hombre. Fue Dios el Hijo, y no Dios el Padre ni Dios el Espíritu, quien se hizo hombre. No obstante, el Hijo vino en el nombre del Padre y con el Padre. Muchos cristianos únicamente recalcan que el Hijo vino, y pasan por alto el hecho de que el Hijo vino en el nombre del Padre y con el Padre. Algunos teólogos incluso han dicho que cuando el Hijo de Dios vino, el Padre se quedó en los cielos. En contraste con este concepto humano natural, el Nuevo Testamento revela que cuando el Hijo vino, Él nunca dejó al Padre. El Señor Jesús dijo claramente que Él no estaba solo, porque el Padre estaba con Él. En Juan 8:29 Él dijo: “Porque el que me envió, conmigo está; Él no me ha dejado solo”. Luego, en Juan 16:32 el Señor dijo: “He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo”. Durante Su vida en la tierra, el Padre estaba con Él. Por consiguiente, cuando el Hijo se hizo hombre, Él vivió como hombre en el nombre del Padre y con el Padre.

  El Señor Jesús incluso dijo que, mientras estaba en la tierra como hombre, Él estaba en el Padre y el Padre estaba en Él. En Juan 10:38 Él dijo: “Aunque no me creáis a Mí, creed a las obras, para que sepáis y conozcáis que el Padre está en Mí y Yo en el Padre”. Luego, en Juan 14:10 y 11 Él dijo, en respuesta a la petición de Felipe de que les mostrara el Padre: “¿No crees que Yo estoy en el Padre, y el Padre está en Mí? Las palabras que Yo os hablo, no las hablo por Mi propia cuenta, sino que el Padre que permanece en Mí, Él hace Sus obras. Creedme que Yo estoy en el Padre, y el Padre está en Mí”. En esto no sólo vemos la coexistencia del Padre y del Hijo, sino también la coinherencia entre el Padre y el Hijo. Esto significa que el Padre y el Hijo existen el uno en el otro; por tanto, el Padre y el Hijo coexisten en una relación de coinherencia. Puesto que el Hijo vino con el Padre y en el nombre del Padre, y puesto que Él coexiste al vivir en coinherencia con el Padre, a Él se le llama Padre eterno (Is. 9:6). Es imposible analizar esto o estructurarlo dentro de un sistema teológico. En lugar de tratar de analizar al Dios Triuno o de estructurarlo en un sistema teológico, simplemente debemos aceptar los hechos tal y como los revela la Biblia.

  ¿Alguna vez llegó usted a oír que cuando el Hijo vino, vino en el nombre del Padre y con el Padre? Como ya dijimos antes, algunos cristianos se imaginan que cuando el Hijo de Dios vino, vino solo y dejó al Padre en el trono. A estos cristianos no se les ha enseñado que, según las Escrituras, cuando el Hijo de Dios vino como hombre, Él vino con el Padre. El Padre estaba en Él, y Él estaba en el Padre. Es por eso que dijo que no estaba solo, ya que el Padre estaba con Él, aun durante el tiempo de Su persecución. Como ya señalamos, en el Evangelio de Juan vemos que el Padre estaba con el Hijo en una relación de coinherencia.

  Es posible que quienes están bajo la influencia de la teología tradicional todavía piensen que cuando el Hijo de Dios vino, dejó al Padre en el trono. Según este concepto, mientras el Hijo vivía en Nazaret y mientras llevaba a cabo Su ministerio, el Padre estaba en el trono en los cielos observándole. Pero lo que se revela acerca del Padre y el Hijo en el Evangelio de Juan es muy diferente. Juan 1:1 dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”. Esto indica que Cristo, el Verbo, no solamente estaba con Dios, sino que Él mismo era Dios. Según Juan 1:14, el Verbo se hizo carne, lo cual quiere decir que Cristo se hizo hombre, el Dios encarnado. El Señor después afirmó en Su enseñanza y predicación que Él había venido en el nombre del Padre y con el Padre. También les dijo a los judíos religiosos y a Sus discípulos que Él no estaba solo, porque el Padre estaba siempre con Él. Asimismo, les reveló a Sus discípulos que Él estaba en el Padre y el Padre en Él. Por consiguiente, es completamente erróneo decir que cuando el Hijo vino, dejó al Padre en el trono.

UNA REVELACIÓN DEL HIJO CON EL PADRE

  Cuando el Hijo estaba en la tierra, Él vivía en el Padre, y el Padre vivía en Él. El Hijo nunca habló Sus propias palabras, sino que habló las palabras del Padre. Tampoco hizo Su propia obra, sino que hizo la obra del Padre, ni buscó Su propia gloria, sino que buscó la gloria del Padre. Por lo tanto, lo que el Evangelio de Juan nos presenta es una revelación del Hijo con el Padre. Es por eso que Isaías 9:6 dice que el Hijo que nos era dado sería llamado Padre eterno. Juan 3:16 dice que Dios amó tanto al mundo que dio a Su Hijo unigénito. En efecto, Dios nos dio a Su Hijo; ¡pero Su Hijo es llamado Padre eterno! Algunos, tratando de explicar Isaías 9:6, han dicho que el Hijo es simplemente llamado Padre pero que en realidad no lo es. ¡Qué absurdo! El Hijo vino con el Padre y en el nombre del Padre; también vivió en el Padre, y el Padre en Él. De manera que tenemos tanto al Hijo como al Padre, puesto que el Hijo está siempre con el Padre. Por supuesto, sigue existiendo una distinción entre el Padre y el Hijo; pero a pesar de ello, el Evangelio de Juan claramente revela que el Hijo está en el Padre y que el Padre está en el Hijo. Ésta es la razón por la cual el Hijo dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:30).

EL ESPÍRITU COMO LA REALIDAD DEL HIJO

  Después que el Hijo murió en la cruz y fue sepultado, en la resurrección llegó a ser el Espíritu vivificante. Esto quiere decir que el Padre está en el Hijo y que el Hijo llegó a ser el Espíritu vivificante. Éste es el Espíritu mencionado en Juan 7:39, que dice: “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él; pues aún no había el Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado”. Ahora cuando predicamos el evangelio acerca de Cristo el Hijo, y la gente cree en Él e invoca Su nombre, recibe no solamente al Hijo, sino también al Padre y al Espíritu, puesto que los tres son uno. El Hijo vino con el Padre, y el Espíritu viene no solamente con el Hijo sino como la realidad del Hijo con el Padre. Por tanto, debemos entender claramente que el Hijo vino con el Padre, y que el Espíritu vino no solamente con el Hijo sino como la realidad del Hijo. Además, estos tres —el Padre, el Hijo y el Espíritu— viven en coinherencia. Éste es el Dios Triuno —el Padre, el Hijo y el Espíritu como un solo Dios— según lo revela la Biblia.

EL DIOS TRIUNO MORA EN NOSOTROS COMO LA UNCIÓN

  Cuando el Dios Triuno viene a nosotros hoy, viene como el Espíritu, y el mover de este Espíritu es la unción interna (1 Jn. 2:27). El Dios Triuno mora en nosotros como el Espíritu vivificante, compuesto y todo-inclusivo, y este Espíritu es el ungüento que se mueve en nosotros. No tenemos únicamente una tercera parte del Dios Triuno, es decir, no tenemos al Espíritu Santo solamente, y no al Hijo y al Padre. No debemos tener el concepto de que una tercera parte del Dios Triuno está en nosotros y que las otras dos terceras partes están en los cielos. El Dios Triuno en Su totalidad —el Espíritu como la realidad del Hijo con el Padre— mora en nosotros como el aceite de la unción. Además, Él no está inactivo; más bien, está vivo, se mueve y actúa en nosotros. Ésta es la unción, la cual es el propio Dios Triuno como el Espíritu todo-inclusivo que se mueve en nosotros para saturarnos de la esencia divina. Primeramente este Espíritu es vida para nosotros, y después llega a ser el todo para nosotros, inclusive nuestra naturaleza, elemento constitutivo, virtudes, atributos, poder, sabiduría, justicia, santificación, redención, bondad y humildad.

  Lo que hemos venido diciendo en este mensaje constituye la visión central de toda la revelación divina presentada en los sesenta y seis libros de la Biblia. Al respecto, la Primera Epístola de Juan es la continuación del Evangelio de Juan. El Evangelio de Juan revela que Cristo vino para realizar todo lo relacionado con la economía de Dios, y que ahora Él está listo para que nosotros le recibamos al creer en Él. Después de recibirle, debemos amarle, y mediante Su amor debemos amar a los hermanos. La Primera Epístola de Juan nos dice cómo disfrutar al Dios Triuno, quien es la vida divina para nosotros. Nosotros le disfrutamos al permanecer, habitar, morar, en la comunión divina. Mientras permanezcamos en esta comunión, disfrutaremos al Dios Triuno como amor y como luz. El Dios Triuno está en nosotros para que lo disfrutemos.

HEREJÍAS RELACIONADAS CON LA PERSONA DE CRISTO

  Cuando Juan escribió su primera epístola, ya circulaban ciertas enseñanzas heréticas tocante a la persona de Cristo. Una de ellas afirmaba que Jesús no era Cristo. Esta herejía negaba la deidad de Jesús. Tal enseñanza herética anula el disfrute que tenemos del Dios Triuno.

  Otra herejía acerca de la persona de Cristo afirmaba que Cristo era Dios, pero negaba que Él se hizo carne. Según esta herejía, Cristo era Dios, pero no hombre. Debido a la influencia del gnosticismo, los que enseñaban esta herejía decían que la materia es inherentemente maligna. Estos herejes decían además que puesto que Cristo es el Dios santo, no podía haberse hecho carne, y por lo tanto, afirmaban que el cuerpo físico de Cristo era simplemente un fantasma. Esto quiere decir que ellos no creían que Él tenía un cuerpo físico de carne y hueso. Esta herejía también anula el disfrute que tenemos del Cristo todo-inclusivo.

  En la segunda sección de esta epístola (2:12-27), Juan dice a los “hijitos” (v. 12) que ellos tienen la unción del Santo (v. 20) y que esta unción les enseña todas las cosas (v. 27). Juan parece estar diciendo: “La unción es el Dios Triuno que se mueve en vosotros y os satura. Esta unción interna os enseña todo lo relacionado con el Dios Triuno. No hagáis caso a Cerinto y sus seguidores, ni a los docetas, pues son falsos profetas”. Además, estos falsos profetas eran anticristos (vs. 18, 22; 4:3), pues se oponían a algún aspecto de Cristo. Tales anticristos tienen un espíritu que no tiene su origen en Dios, ni procede de Dios: “Y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (v. 3).

  Como ya señalamos en los mensajes anteriores, hay más de un anticristo. Anticristo es todo aquel que se opone a algún aspecto de Cristo. Ser anticristo equivale a estar en contra de Cristo y a reemplazarlo con algo más.

LA SUTILEZA DEL ENEMIGO CONSISTE EN NEGAR QUE CRISTO ES TODO-INCLUSIVO

  En el primer siglo, Satanás en su sutileza usó a los seguidores de Cerinto y a los docetas para impedir que los cristianos disfrutaran al Dios Triuno, e incluso fueran privados por completo de este disfrute. Para el tiempo en que se celebró el concilio de Nicea (325 d. de C.) se había establecido la doctrina sobre el Dios Triuno, la cual aparentemente era ortodoxa. Al Credo de Nicea comúnmente se le considera como una declaración oficial de la doctrina ortodoxa. No obstante, este credo está incompleto en lo que se refiere a la persona de Cristo, pues no especifica claramente que el Hijo vino en el nombre del Padre y con el Padre, y que incluso a Él se le llama Padre eterno. Tampoco aclara que el Hijo en Su resurrección se hizo el Espíritu vivificante, ni dice que al final en Su consumación el Espíritu de Dios llega a ser los siete Espíritus. Asimismo, el Credo de Nicea tampoco incluye una clara declaración de que Cristo es el Primogénito de la creación de Dios. Esto nos muestra que únicamente la Biblia es completa, y que ningún credo es completo.

  Satanás, el enemigo, en su sutileza, ha intentado eliminar ciertos aspectos básicos de lo que Cristo es en Su persona. Por ello, quienes adoptan los credos y las enseñanzas tradicionales recalcan únicamente que Jesucristo es el Hijo del Dios encarnado. Es posible que no vean que Cristo también es el Padre, el Espíritu y el Primogénito de la creación de Dios. El efecto de esta sutileza es que sea presentado un Cristo que no es todo-inclusivo. No obstante, el Cristo que se revela en la Biblia es todo-inclusivo. Él es Dios y es hombre. Él es el Hijo, el Padre y el Espíritu. También es el Creador y el Primogénito de las criaturas. Según la Biblia, Cristo sigue siendo un hombre, y posee un cuerpo espiritual que puede ser tocado (Jn. 20:27). Hasta el día de hoy el Cristo que está en el trono en los cielos sigue poseyendo una naturaleza humana (Mt. 26:64; Hch. 7:56).

  Cristo es el primero en la vieja creación de Dios y también el primero en la resurrección, es decir, en la nueva creación de Dios (Col. 1:15, 18). Esta persona todo-inclusiva es nuestro poder, sabiduría, justicia, santificación, redención, vida, suministro de vida y todas nuestras virtudes, que incluyen bondad, humildad, paciencia y mansedumbre. Esta maravillosa persona es nuestro disfrute, nuestro banquete, nuestra luna nueva, nuestro sábado, nuestra comida, nuestra bebida y nuestro vestido. El Cristo revelado en la Biblia es verdaderamente todo-inclusivo.

  Debido a que ministramos todos los aspectos de lo que Cristo es, tal y como se revelan en la Biblia, algunos nos acusan falsamente de enseñar panteísmo, y dicen que nosotros enseñamos que todo es Dios. Esta acusación es totalmente falsa, y la repudiamos. Con todo, nuestra intención no es disputar por doctrinas, sino por el disfrute que tenemos del Cristo todo-inclusivo.

EXPERIMENTAR Y DISFRUTAR AL DIOS TRIUNO

  Hemos visto que una de las sutilezas del enemigo consiste en negar ciertos aspectos de Cristo, a fin de que se reduzca el número de Sus aspectos y no se le considere todo-inclusivo. Otra de sus sutilezas consiste, por una parte, en negar que al Dios Triuno se le puede experimentar y disfrutar de manera subjetiva, y, por otra, en presentar la Trinidad Divina meramente como una doctrina religiosa y objetiva. La religión de muchos cristianos se basa en los credos. En ciertas denominaciones cada semana recitan el Credo de los Apóstoles en sus servicios. Entre los que recitan este credo, muchos no tienen ninguna experiencia del Dios Triuno. Para ellos, la Trinidad Divina es simplemente una creencia doctrinal. Pero la Biblia revela que el Dios Triuno no es meramente el objeto de nuestra fe, sino que es una persona que podemos experimentar de manera subjetiva, pues mora en nosotros como nuestra vida y suministro de vida. Cada día y a cada hora debemos experimentarle y disfrutarle de esta manera. Esto lo confirma 2 Corintios 13:14, donde se nos habla acerca de disfrutar al Dios Triuno.

  La Biblia revela claramente que el Dios Triuno, después de pasar por el proceso de encarnación, vivir humano, crucifixión, resurrección y ascensión, alcanzó Su consumación y llegó a ser el Espíritu todo-inclusivo, quien ahora mora en nuestro espíritu. ¡Aleluya por el Espíritu maravilloso y todo-inclusivo que mora en nuestro espíritu humano! Pese a que nuestro espíritu es un órgano pequeño, este Espíritu mora en él.

  Podemos comparar el ser humano a un radio transistor. Un radio posee un receptor capaz de captar las ondas radiales. Cuando se sintoniza el radio apropiadamente, se escucha la música. Podríamos decir que nosotros los seres humanos somos como radios transistores, y que nuestro espíritu humano es el receptor. Cuando nuestro receptor está bien sintonizado, disfrutamos la música celestial. Esto es un ejemplo del disfrute que tenemos del Dios Triuno, quien es ahora el Espíritu vivificante que mora en nuestro espíritu humano regenerado. Es por eso que resaltamos tanto la importancia del espíritu humano. Es por medio de nuestro espíritu que tocamos, disfrutamos y experimentamos al Espíritu todo-inclusivo.

  Conforme a las Escrituras, nosotros testificamos firmemente que el Señor hoy en día no es simplemente una parte del Dios Triuno; antes bien, Él es la corporificación misma del Dios Triuno, el Hijo con el Padre y como el Espíritu. En nuestra experiencia hoy, Él es el Espíritu como la realidad del Hijo con el Padre y, como tal, Él puede ser nuestra vida para nuestro disfrute. Debido a que hemos visto que Él es una persona tan maravillosa, no sentimos el menor interés por doctrinas muertas, por religiones vanas, ni por ritos vacíos. Lo único que nos interesa es experimentar y disfrutar diariamente al Dios Triuno.

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