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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 1 Tesalonicenses»
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CARACTERÍSTICAS DE UNA VIDA SANTA PARA LA VIDA DE IGLESIA

  Lectura bíblica: 1 Ts. 1:4-10

  Cuanto más leemos el libro de 1 Tesalonicenses, más nos damos cuenta de que fue escrito para creyentes recién convertidos. En esta epístola Pablo se dirige a nuevos creyentes.

ELEGIDOS POR DIOS

  En 1 Tesalonicenses 1:4 él dice: “Porque conocemos, hermanos amados por Dios, vuestra elección”. La elección se refiere a la elección que Dios hizo antes de la fundación del mundo con miras a Su propósito eterno (Ef. 1:4). Los apóstoles sabían que los hermanos, amados por Dios, habían sido escogidos por Dios de esta manera para el cumplimiento del deseo de Su corazón. Los apóstoles sabían que los tesalonicenses formaban parte del pueblo elegido por Dios, de Sus escogidos. La elección de ellos se había hecho manifiesta de tal manera que los apóstoles tenían la certeza de que los creyentes tesalonicenses habían sido escogidos por Dios.

  El hecho de que los tesalonicenses habían sido elegidos por Dios se hizo evidente en la manera en que respondieron al evangelio. ¿Cómo sabemos que fuimos elegidos? Lo sabemos por la manera en que respondimos al evangelio. Si una persona rechaza el evangelio, eso es una señal de que ella no ha sido elegida por Dios. Pero si acepta el evangelio de buena gana y de manera positiva, eso es una señal, un indicio, de que ciertamente había sido elegida por Dios.

  Dios nos el igió en la eternidad, antes de la fundación del mundo, y luego, en el tiempo, Él viene a nosotros cuando el evangelio nos es predicado. En ese momento todo depende de nuestra respuesta. Si nuestra respuesta es positiva, eso constituye una señal positiva, una señal de que fuimos elegidos. Pero si nuestra respuesta es negativa, eso es una señal negativa, una señal de que no fuimos elegidos. Los apóstoles supieron que los tesalonicenses habían sido elegidos por Dios por la manera presta, ávida y positiva en que ellos recibieron el evangelio.

  Sin duda lo que Pablo dice en 1:4 con respecto a la elección, está dirigido a nuevos creyentes. Los nuevos cristianos necesitan que los ayudemos a saber que Dios los eligió. El fundamento para nuestra salvación no fue puesto en esta era; antes bien, fue puesto en la eternidad pasada. Dios nos salva sobre la base de Su elección. Aun más, el Espíritu, teniendo como fundamento la elección de Dios, nos lleva a creer en Cristo. Esta acción del Espíritu está basada en la elección que fue puesta como un fundamento en la eternidad. Debemos hacer lo posible por ayudar a los nuevos creyentes a que comprendan que la elección de Dios es el fundamento eterno de su salvación. Es crucial que todos veamos que en la eternidad pasada Dios nos eligió, y que el hecho de que estemos en la iglesia hoy es una señal de dicha elección eterna. Ésta fue la razón por la cual Pablo dijo en 1:4: “Porque conocemos, hermanos amados por Dios, vuestra elección”.

PREDICAR CON PODER, EN EL ESPÍRITU SANTO Y CON PLENA CERTIDUMBRE

  En el versículo 5 Pablo dice además: “Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis qué clase de personas fuimos entre vosotros por amor de vosotros”. Los apóstoles no sólo predicaban el evangelio, sino que también lo vivían. Ministraban el evangelio no sólo en palabras, sino también con una vida que exhibía el poder de Dios, una vida en el Espíritu Santo y en la certidumbre de su fe. Ellos eran el modelo de las buenas noticias que divulgaban.

  Todos debemos aprender que el evangelio debe ser predicado en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre. Cuando predicamos el evangelio, debemos tener la certeza de que es un evangelio que salva. El evangelio que predicamos es poderoso para salvar a otros. Antes de que los pecadores lleguen a creer en el evangelio, es preciso que primero nosotros mismos creamos que es eficaz. Debemos creer que el evangelio es poderoso para salvar a los pecadores. Al predicar el evangelio, no debemos fijarnos en aquellos que se oponen a nuestro mensaje. Si los miramos es posible que nuestra fe mengue. Por lo tanto, en lugar de mirar los rostros de los que se oponen, debemos mirar el evangelio. En realidad, la expresión del rostro de los que se oponen es una mentira. Debemos tener la certeza de que el evangelio que predicamos puede salvar incluso a dichos opositores.

  En el versículo 5, las expresiones “poder”, “Espíritu Santo” y “plena certidumbre” están relacionadas con la frase “qué clase de personas fuimos entre vosotros por amor de vosotros”. Quizás nos parezca que lo que Pablo escribe aquí no tenga lógica, y tal vez nos preguntemos qué relación hay entre ambas partes de este versículo. En realidad este versículo revela que si deseamos predicar el evangelio con poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, tenemos que llevar una vida que corresponda a esta clase de predicación del evangelio. Nuestro modo de vivir debe corresponder al poder, al Espíritu Santo y a la certidumbre.

  Una persona que vive descuidadamente, es decir, alguien que no vive a Cristo, no puede predicar el evangelio en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre. Para predicar el evangelio de esta manera se requiere que primero vivamos a Cristo y que llevemos una vida que sea acorde con el poder, el Espíritu Santo y la certidumbre. En otras palabras, para tener el poder, el Espíritu Santo y la certidumbre se requiere que vivamos de cierta manera. Si nuestro vivir no es apropiado, no tendremos el poder, el Espíritu Santo, ni certidumbre alguna cuando prediquemos el evangelio, ya que nuestro modo de vivir no corresponde a estas características.

IMITADORES DE LOS APÓSTOLES Y DEL SEÑOR

  En el versículo 6 Pablo añade: “Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, habiendo recibido la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo”. Ya que los predicadores eran el modelo del evangelio, los creyentes llegaron a ser sus imitadores. Esto a su vez hizo que los creyentes siguieran al Señor al tomarle como su modelo (Mt. 11:29).

  Primero, los tesalonicenses, quienes eran nuevos creyentes, llegaron a ser imitadores de los apóstoles, y después, vinieron a ser imitadores del Señor. Esto indica que debemos ser un ejemplo, un modelo, para otros. En primera instancia los creyentes no ven al Señor, sino a nosotros. Por tanto, si no somos un ejemplo o modelo apropiado para ellos, les será difícil ver al Señor. Como representantes del Señor, nosotros debemos ser ejemplos idóneos. Entonces los demás podrán imitar al Señor al imitarnos a nosotros. Esto significa que lo imitan a Él por medio de nosotros.

  En los versículos 7 y 8 Pablo declara: “De tal manera que habéis sido modelo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído. Porque partiendo de vosotros ha resonado la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe para con Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de decir nada”. Aquí vemos que los imitadores de los apóstoles llegaron a ser un modelo para todos los demás creyentes. Ellos imitaron este modelo, y luego ellos mismos llegaron a ser un modelo para los creyentes de las provincias romanas de Macedonia y Acaya.

EL ORIGEN DE UNA VIDA SANTA PARA LA VIDA DE IGLESIA

  El tema del libro de 1 Tesalonicenses es una vida santa para la vida de iglesia. En 1:1-3, se nos describe la estructura de esta vida. Esta estructura se compone de la obra de fe, el trabajo de amor y la perseverancia en la esperanza. Eso significa que la vida santa para la vida de iglesia se construye con la obra de fe, el trabajo de amor y la perseverancia en la esperanza. Luego, vemos en 1:4-10 la manera en que se origina esta vida santa para la vida de iglesia. Se origina por la predicación de la palabra y por la aceptación de la palabra predicada. Por consiguiente, debemos ayudar a los nuevos creyentes, presentándoles la palabra de Dios en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, y teniendo un modo de vivir que corresponda a nuestra predicación. Entonces los nuevos creyentes aceptarán esta palabra y seguirán al Señor al seguirnos a nosotros y, de este modo, se convertirán en un modelo para otros creyentes. Es así como tiene su origen la vida santa que se lleva con miras a la vida de iglesia.

TRES CARACTERÍSTICAS DE LA VIDA CRISTIANA

  En los versículos 9 y 10 encontramos las características de esa vida: “Porque ellos mismos cuentan de vosotros cómo fue nuestra entrada entre vosotros, y cómo os volvisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a Su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera”. En estos versículos encontramos tres detalles que son el propio contenido de una vida santa para la vida de iglesia: volverse de los ídolos a Dios, servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a Su Hijo. Volverse de los ídolos a Dios, servir al Dios vivo y verdadero y esperar de los cielos a Su Hijo, son las tres substancias básicas de la vida cristiana, vistas desde otra perspectiva. Volverse de los ídolos a Dios es volverse no sólo de los dioses falsos, que incluyen al diablo y los demonios que se esconden tras ellos, sino también de todas las cosas que no sean Dios. Esto es logrado mediante la fe que se infunde en los recién convertidos cuando oyen la palabra del evangelio. Servir al Dios vivo y verdadero es servir al mismo Dios que es triuno —el Padre, el Hijo y el Espíritu— quien ha sido procesado para ser la vida de los creyentes y el suministro de vida que ellos pueden disfrutar. Ellos deben experimentarle no sólo como el objeto de su adoración, sino también como el Suministrador todo-inclusivo que vive en ellos. Esta experiencia es producida por medio del amor, el cual es producido en los creyentes por medio del dulce sabor del rico suministro del Padre que viene a nosotros a través del Hijo y en el Espíritu. Esperar de los cielos al Hijo de Dios es buscar a Aquel que pasó por la encarnación, el vivir humano y la crucifixión, y que entró en resurrección y ascendió a los cielos, y que regresará para recibir a Sus creyentes en la gloria. Ésta es la esperanza que fortalece a los creyentes para que permanezcan firmes en su fe.

Volverse de los ídolos a Dios

  La primera característica de la vida cristiana consiste en volverse de los ídolos a Dios. Algunas personas profesan ser ateas. Declaran que no creen en Dios ni lo adoran. Pero en realidad, todo ser humano adora algo. Todos tienen un espíritu, es decir, un “estómago espiritual”. Nuestro estómago físico apetece el alimento, mientras que nuestro estómago espiritual apetece a Dios. Si no necesitáramos comer para sobrevivir, no tendríamos un estómago físico. Nuestro espíritu, nuestro “estómago espiritual”, tiene la función de adorar a Dios, de tener contacto con Él, de recibirle y de contenerle. Tanto nuestro estómago físico como nuestro estomago espiritual fueron creados por Dios. Durante el día, todos necesitamos comer varias veces para saciar el hambre de nuestro estómago físico. Del mismo modo, todos adoran algo para satisfacer el hambre de su “estómago espiritual”, es decir, de su espíritu. Ésta es la razón por la cual todo el mundo adora algo. No estamos hablando de que si lo que adoramos es un dios falso o el Dios verdadero. Lo que estamos diciendo es que todos, incluyendo a los ateos, adoramos algo. Ya sea que comamos alimentos saludables o no, el hecho es que todos comemos algún tipo de alimento. Bajo el mismo principio, todo el mundo adora algo, aun sin importar si se trata de un dios falso.

  ¿Saben ustedes qué adoran los ateos? Ellos se adoran a sí mismos, pues ellos mismos son su propio dios. En Filipenses 3:19 Pablo habla de personas cuyo dios es su vientre. Otros adoran la educación, la fama o una posición; todas estas cosas son ídolos. Dios es el único objeto apropiado de adoración. Toda persona, asunto o cosa que adoremos que no sea Dios, es un ídolo.

  Cuando era joven, pensaba que los estadounidenses no tenían ídolos. Había muchos ídolos en China, pero según mi concepto, Estados Unidos era una tierra libre de ídolos. No obstante, cuando vine a este país, siendo ya mayor, me di cuenta de que había ídolos por todas partes. En China, los ídolos eran visibles, pero en Estados Unidos, estaban ocultos, encubiertos. Muchas personas de este país, en el intenso amor que tienen por el placer y el entretenimiento, adoran ídolos. Es acertado decir que Estados Unidos es una tierra de entretenimientos. Cuando las personas procuran ciertas formas de entretenimiento mundano, actúan sin ninguna restricción; incluso pareciera que se olvidaran de su propio nombre. De este modo, su deseo por los entretenimientos llega a ser una forma de idolatría. Dios dispuso el domingo, el día del Señor, para que Su pueblo lo adorase. Pero, ¿qué es lo que la mayoría de la gente hace en este día de la semana? De una manera u otra, adora ídolos. ¿Cuántos hay que verdaderamente adoran al Dios verdadero? Sin duda alguna, el número de los que adoran ídolos es mayor que el de los que adoran al Dios verdadero.

  Comúnmente pensamos que la meta del evangelio consiste en hacer volver a las personas, del pecado a Dios. Pero la predicación de Pablo hizo además que la gente se volviera de los ídolos a Dios. No es suficiente hacer que otros se vuelvan del pecado a Dios. Si nuestra predicación del evangelio solamente consigue esto, entonces será débil e inadecuada. Una predicación del evangelio más eficaz hará que la gente se vuelva del pecado y de los ídolos. Es relativamente fácil hacer que la gente se vuelva del pecado a Dios, pero es mucho más difícil hacer que se vuelva de los ídolos a Dios.

  ¿Sabe usted qué es lo que marca el comienzo de la vida cristiana? La vida cristiana comienza cuando nos volvemos de los ídolos a Dios. Cuando nos apartamos de los ídolos, nos apartamos también del pecado, porque el pecado se esconde tras los ídolos. Detrás de los entretenimientos y diversiones de hoy abunda el pecado. Tal vez no pequen los que no adoran ídolos; pero siempre que alguien adore algún ídolo, le será imposible no pecar.

  En realidad, los ídolos están ligados al diablo, pues son demonios. Detrás de cada ídolo se esconde por lo menos un demonio. Eso significa que detrás de los entretenimientos, diversiones y placeres de hoy hay demonios. Por consiguiente, la vida cristiana debe ser una vida cuyo punto de partida sea el de volvernos de los ídolos a Dios.

  Muchos de nosotros todavía necesitamos seguir volviéndonos de ciertos ídolos a Dios. Si usted desea algo que no es Dios mismo, eso es un ídolo. Un ídolo es cualquier cosa aparte de Dios que nos atrae y nos distrae de Dios. Si alguien se distrae de esta manera, eso indica que necesita volverse más de sus ídolos a Dios. La primera característica de la vida cristiana debe ser el volverse de los ídolos a Dios. La vida cristiana es una vida libre de ídolos.

Servir al Dios vivo y verdadero

  En el versículo 9 Pablo habla también de servir al Dios vivo y verdadero. Literalmente, la palabra griega traducida “servir” significa servir como esclavos. El Dios vivo y verdadero está en contraste con los ídolos falsos y muertos. En este versículo se menciona la palabra “vivo” antes de la palabra “verdadero”. Es relativamente fácil servir al Dios verdadero; pero no es tan fácil servir al Dios vivo. Con todo, debemos servir al Dios vivo. Dios debe ser viviente para nosotros y en nosotros, en nuestra vida diaria. Él debe ser viviente en nuestro hablar, en nuestra conducta y en cada aspecto de nuestra vida diaria.

  ¿Cómo podemos comprobar que Dios es viviente? Esto lo comprobamos en nuestra vida diaria. Si Dios no fuera un Dios vivo, nuestra vida cotidiana sería muy diferente. La manera en que vivimos hoy es un testimonio de que el Dios a quien servimos es un Dios vivo. Él es viviente en nosotros; Él nos controla, nos dirige y nos disciplina. Él no nos pasará nada por alto; más bien, nos corregirá y nos regulará en muchas cosas. El hecho de que Dios nos controle y nos dirija, aun en cosas tan insignificantes como nuestros pensamientos y motivos, comprueba que Él es un Dios vivo. Además, es con nuestro andar diario que podemos demostrar a nuestros parientes, vecinos y amigos que nuestro Dios es viviente.

  Nosotros vivimos bajo el control, dirección y corrección del Dios vivo. Un ídolo, en cambio, no dirige ni corrige a nadie. En presencia de un ídolo, una persona puede apostar o robar, y no recibir ninguna corrección. Sin embargo, no podemos hacer cosas semejantes delante del Dios vivo. Por ejemplo, si Dios es un Dios vivo para nosotros, Él nunca nos dejará decir ninguna mentira. Si nuestro Dios es viviente, no podremos mentir en Su presencia. Por consiguiente, servir al Dios vivo es la segunda característica de la vida cristiana. Debemos llevar una vida que sea un testimonio de que el Dios a quien adoramos y servimos es viviente incluso en los detalles de nuestra vida diaria.

  Hace algunos años, mientras estaba en Manila, me enteré de que ciertas personas podían robar, e inmediatamente después, entrar a una catedral para adorar. Algunos se arrepentían de sus hurtos y luego salían a robar otra vez. Algunos incluso robaban en la catedral misma. Ciertamente estas personas no adoraban a un Dios vivo; al contrario, el dios que ellos adoraban no tenia vida en absoluto.

  ¿Qué puede decir usted de su Dios? ¿Es Él un Dios vivo para usted? La vida cristiana apropiada debe ser un testimonio de que Dios es viviente. La razón por la que no decimos o hacemos ciertas cosas debe ser que Dios vive en nosotros. El Dios que adoramos y servimos no sólo vive en los cielos, sino también en nosotros. Nosotros nos hemos vuelto de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero. Sin lugar a dudas, cuando Dios es viviente para nosotros en nuestra experiencia, Él también es un Dios verdadero.

Esperar al Hijo de Dios

  La tercera característica de nuestra vida cristiana es que esperamos de los cielos al Hijo de Dios. Como cristianos, debemos llevar una vida que declare a los demás que nuestra esperanza no está puesta en esta tierra ni en esta era; antes bien, nuestra esperanza está puesta en el Señor que ha de venir, y nuestro futuro está en Él. En esta tierra, no tenemos futuro ni destino. Nuestro futuro y nuestro destino giran en torno al Señor que ha de venir. Él ha de ser nuestra esperanza, nuestro futuro y nuestro destino. Nosotros vamos al encuentro del Señor, y nuestro destino es encontrarnos con Él. La gente del mundo, por el contrario, lleva una clase de vida que comunica a los demás que su futuro está en la tierra, y que su esperanza y su destino están ligados al tiempo presente. El futuro de ellos se centra totalmente en esta era, pero nuestro futuro no. Puesto que esperamos de los cielos al Hijo de Dios, nuestro futuro gira en torno a Él. No tenemos ninguna esperanza en esta tierra, ni nuestro destino está en esta era.

  Los verdaderos cristianos no tienen ídolos, llevan una vida que testifica que su Dios es viviente y declaran en su modo de vivir que no tienen ninguna esperanza en esta tierra, sino únicamente en Aquel que viene. No debemos aspirar a tener nada que no sea Dios mismo, nuestro Dios debe ser viviente en nuestra vida diaria, y debemos declarar que estamos esperando de los cielos al Hijo de Dios. Espero que los que estén al cuidado de los recién convertidos y de los creyentes jóvenes les ayuden con respecto a estos asuntos que se presentan en 1 Tesalonicenses. Incluso algunos que han estado en el recobro por muchos años, necesitan esta ayuda para suplir carencias que tienen en su vida cristiana. Es posible que algunos de nosotros todavía nos aferremos a ciertos ídolos, a cosas que no son Dios mismo. Además, puede ser que nuestra vida cotidiana no testifique que el Dios a quien servimos es un Dios vivo, y que todavía hagamos muchas cosas sin Su dirección, control o corrección. Si éste es nuestro caso, entonces daremos el testimonio negativo de que nuestro Dios no es muy viviente para nosotros en nuestra vida diaria. Pero si Él es viviente para nosotros, ciertamente estaremos bajo Su control y recibiremos Su corrección. Si nuestro Dios es un Dios vivo, Él nos corregirá y no permitirá que vivamos descuidadamente. Por último, también es posible que muchos de nosotros no mostremos un espíritu expectante, un espíritu que espera el regreso del Señor. Puede ser que nuestro vivir no declare ni testifique que estamos esperando la venida del Señor. Quizás no tengamos esta actitud en nuestro vivir. Espero que todos veamos en 1 Tesalonicenses que la vida cristiana apropiada que se requiere para la vida de iglesia es una vida exenta de ídolos, una vida que testifica que nuestro Dios es viviente y una vida que espera el regreso del Señor.

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