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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 2 Corintios»
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ADHERIDOS, UNGIDOS, SELLADOS, CAPTURADOS, SOMETIDOS Y GUIADOS PARA ESPARCIR EL INCIENSO DE CRISTO

(2)

  Lectura bíblica: 2 Co. 1:21-22; 2:14-16

  Pablo es un modelo de uno que vive a Cristo por causa de la iglesia. Conforme a lo que escribe en 2 Corintios, si queremos vivir a Cristo por causa de la iglesia, debemos ser adheridos, ungidos, sellados, capturados, sometidos y guiados para poder esparcir el incienso de Cristo. En 2:14 Pablo declara: “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en el Cristo, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de Su conocimiento”. En este versículo Pablo usa dos metáforas: la de ser cautivos en el desfile triunfal y la de ser portadores de incienso que esparcen el incienso en dicho desfile. Por ser portadores de incienso, los apóstoles esparcen el olor del conocimiento de Cristo en el ministerio triunfal de Cristo como en un desfile triunfal. Los apóstoles son tales portadores de incienso en el ministerio de Cristo y son también cautivos en el séquito de Su triunfo. Pablo fue adherido, ungido, sellado, capturado, sometido y guiado para que esparciera el incienso de Cristo. Nosotros también debemos experimentar todos estos asuntos para que podamos esparcir el incienso de Cristo.

ESPARCEN EL INCIENSO

  Los versículos 1:21 y 22, y 2:14-16 de 2 Corintios son versículos maravillosos. Estos cinco versículos contienen varias verdades maravillosas. Según 1:21 y 22, debemos ser adheridos firmemente a Cristo, debemos ser ungidos por Dios y debemos ser sellados con el Espíritu. Además, según 2:14-16, debemos ser capturados, sometidos y guiados. Todo eso tiene como fin que esparzamos el incienso de nuestro Salvador, el incienso de Aquel a quien amamos a lo sumo. En mi ministerio, yo no soy meramente un maestro o un predicador; soy uno que esparce el incienso de mi Señor. Casi no puedo contenerme del amor que siento por Él, y deseo esparcir Su incienso. Todo aquel que está en el recobro del Señor debe ser una persona que esparce el incienso de Cristo. Adondequiera que vayamos, debemos esparcir este incienso.

  Algunos se han preguntado por qué muchos cristianos de este país han recibido con solicitud mi ministerio. La razón es que esparzo el incienso de Cristo. Ésta es mi única ocupación, mi única profesión. Mi especialidad en la universidad celestial fue en esparcir el incienso de Cristo. Espero que en los años venideros muchos de entre nosotros, y particularmente los jóvenes, respondan al Señor y esparzan el incienso de Cristo. Jóvenes, su aspiración debe ser esparcir el incienso de Cristo. Con respecto a esto, deben decir: “Por la gracia del Señor, me convertiré en uno que esparce el incienso de Cristo por dondequiera que vaya”.

  Tengo fe de que en los próximos diez años, muchos jóvenes se convertirán en personas que esparcen el incienso de Cristo. Tengo la convicción de que todavía habrá tiempo para que los jóvenes crezcan y sean usados por el Señor. A causa de la inmadurez de los cristianos, la novia todavía no está preparada para la venida del Señor. El Señor no vendrá por la novia hasta que ésta sea madura y esté lista para Él. Mientras que la novia no esté lista, el Señor seguirá ejecutando el gobierno de Dios y llevando a cabo Su ministerio celestial para acelerar el proceso de nuestra madurez. No podemos alcanzar la madurez de la noche a la mañana. Todo lo que tiene vida necesita tiempo para crecer. Uno puede confeccionar centenas de flores artificiales en un día, pero las flores auténticas necesitan tiempo para crecer. Soy de la creencia de que durante el tiempo requerido para que la novia crezca y madure, muchos jóvenes esparcirán el incienso de Cristo. En los años venideros, el Señor quizás enviará a algunos a distintos lugares. Adondequiera que vayamos, debemos esparcir el incienso.

  Puedo testificar que la oposición al recobro del Señor de hecho es una señal positiva. Es una señal de que el recobro verdaderamente es del Señor y que es Su mover en la tierra. ¡Aleluya, estamos en el recobro del Señor! Estamos creciendo y estamos siendo preparados para esparcir el incienso de Cristo.

ADHERIDOS CORPORATIVAMENTE AL UNGIDO

  En 1:21 Pablo declara: “Y el que nos adhiere firmemente con vosotros a Cristo, y el que nos ungió, es Dios”. Pablo no fue adherido a Cristo de una forma individual. Más bien, él declara que los apóstoles fueron adheridos junto con todos los demás creyentes. La palabra griega traducida “con” en el versículo 21 significa juntamente con. Los apóstoles fueron adheridos a Cristo, el Ungido, juntamente con los demás creyentes. Esto demuestra que Pablo no era individualista. Aunque era el apóstol más destacado, aún necesitaba a todos los demás creyentes. Fue junto con los creyentes de Corinto que él fue adherido a Cristo. Por consiguiente, él fue adherido a Cristo corporativamente, y no de manera individualista.

  Aquel a quien fuimos adheridos es Cristo, el Ungido de Dios. La Biblia revela que todo el ungüento de Dios fue derramado sobre el Ungido de Dios. Sin Él, no hay ungüento, no hay unción. Cuando la unción fue derramada sobre Cristo, el proceso de ungimiento fue completado. No existe ningún ungüento además del que fue derramado sobre Cristo, el Ungido. Dios ya no unge a nadie. Lo que hace ahora con relación a nosotros es adherirnos al Ungido. Por haber sido adheridos a Él, estamos adheridos a la unción. Por esta razón, la unción sigue a la adhesión. Dios nos ha adherido, y también nos ha ungido. Una vez que somos adheridos, somos ungidos espontáneamente.

  ¿Sabe usted qué significa ser ungido por Dios? Significa que se nos ubica en todas las riquezas del Dios Triuno. Las riquezas del Dios Triuno son ahora el ungüento, y el ungüento ha sido derramado sobre Cristo. Cuando somos adheridos a Cristo, estamos bajo la unción y, de esta manera, somos ungidos, o sea, somos introducidos en el disfrute práctico de todas las riquezas del Dios Triuno.

POSEÍDOS POR EL SEÑOR

  En 1:2 Pablo añade que Dios también nos ha sellado y nos ha dado en arras el Espíritu en nuestros corazones. La unción del versículo 21 es el sellar. Puesto que Dios nos ha ungido en Cristo, Él también nos ha sellado en Él. Este sello es una marca que Dios pone sobre nosotros. Podemos comparar esta marca con la firma de una persona. Cada vez que compro un nuevo libro, escribo inmediatamente mi nombre en él. Cada libro que me pertenece lleva mi firma. La acción de escribir mi firma en un libro es un ejemplo de lo que significa ser sellado por Dios. Si deseamos vivir a Cristo, debemos ser adheridos a Él y disfrutar la unción. Entonces esta unción llegará a ser un sello que indica que somos posesión del Señor. Habiendo sido ungidos y sellados, ya no pertenecemos a Satanás ni al mundo, ni siquiera nos pertenecemos a nosotros mismos. Pertenecemos al Señor, a Cristo, quien es el Ungido de Dios. ¡Aleluya, somos de Él!

  Si hemos de vivir a Cristo, primero debemos tener a Cristo. Esto es igual, en principio, a gastar dinero. Para gastar dinero es necesario primero tenerlo. Si estamos endeudados y no tenemos dinero en nuestra cuenta, no tendremos dinero que gastar. Asimismo, si no tenemos a Cristo, no es posible vivirlo. Pero puesto que fuimos adheridos al Ungido, ungidos con las riquezas del Dios Triuno y también sellados, tenemos las riquezas espirituales necesarias para girar “cheques” y para retirar de las riquezas de nuestra cuenta bancaria espiritual. Podemos vivir a Cristo porque tenemos a Cristo, y tenemos a Cristo porque hemos sido adheridos, ungidos y sellados. Pablo, el modelo de una persona que vive a Cristo por causa de la iglesia, fue adherido, ungido y sellado. Una persona así tiene abundancia de riquezas que usar por el bien de la iglesia.

PLENAMENTE CAPTURADOS Y SOMETIDOS

  Aunque hemos sido adheridos, ungidos y sellados, aún necesitamos ser plenamente capturados por Cristo. ¿Acaso no es cierto que por lo menos parte de nuestro ser todavía no ha sido capturado por el Señor? Quizás un gran porcentaje de nuestro ser interior todavía no ha sido capturado por Él. Un hermano que ha sido parcialmente capturado por Cristo tal vez piense así: “Mañana es día del Señor una vez más, y no quiero ir a la reunión de la iglesia, aunque es necesario que vaya. Lamento haberme hecho cristiano, pues ahora que soy salvo, sé que no puedo escaparme del Señor. Me gustaría alejarme de Él, pero es imposible porque Cristo no me dejaría. Además, mi esposa ama al Señor y está entusiasmada por la vida de iglesia. Ella lleva a nuestros hijos a la iglesia. Por mi parte, preferiría hacer algo diferente en lugar de asistir a la reunión de mañana, pero en esto mi familia me ha dominado. Todos quieren que yo asista a la reunión; así que, no me queda otra alternativa. Debo ir a la reunión de mañana a sufrir y sentirme mal”. Ésta es la actitud de una persona que ha sido capturada por Cristo en un grado muy limitado.

  Si no hemos sido capturados por Cristo, no podremos vivirle. Yo ciertamente he aprendido este secreto. No piensen que yo siempre estoy dispuesto a ser capturado por el Señor; a veces hay una parte de mi ser que no quiere ser capturada por Él. He aprendido que si deseamos ser capturados, necesitamos la gracia. Cada vez que usted siente que una parte de su ser no está dispuesta a ser capturada por el Señor, recuerde que usted ha sido adherido, ungido y sellado. A veces, cuando siento que algo dentro de mí no está dispuesto a ser capturado, recuerdo el hecho de que he sido adherido, ungido y sellado. Entonces me doy cuenta de que mi destino es ser capturado y sometido para vivir a Cristo. Sólo aquellos que han sido capturados y sometidos por Cristo pueden vivirle por causa de la iglesia. Éste es nuestro destino, y, al final, no nos queda otra opción, elección, preferencia u opinión al respecto. Es imprescindible que seamos capturados y sometidos.

  ¿Ha sido usted sometido por el Señor? Conozco algunas esposas que finalmente fueron sometidas por sus maridos. Después de un período de varios años, estuvieron dispuestas a reconocer que el marido era la cabeza. No obstante, el hecho de ser sometido por el marido no es tan agradable como ser sometido por Cristo. Cristo siempre es amable, pero a la vez fuerte y persistente. Él puede esperar lo que sea necesario hasta que estemos dispuestos a ser sometidos por Él. Si no estamos dispuestos a ser sometidos hoy, Él puede esperar otro año o aun más. Si no somos sometidos en esta era, Él sabe que seremos sometidos en la próxima era o en la Nueva Jerusalén. Un día, todos seremos sometidos por el Señor, pero es mucho mejor ser sometidos hoy. El hecho de que seamos sometidos ahora es tanto sabio como muy provechoso. Esperar para someternos, aunque sea poco tiempo, podría causarnos pérdida.

  Puedo testificar que no lamento el haber sido sometido por Cristo. Cuando yo era joven, tenía un buen trabajo con un buen sueldo. Un día, Cristo lo interrumpió todo exigiendo que dejara mi trabajo y que le sirviera a Él a tiempo completo. Sin embargo, yo tenía muchas preguntas, a lo cual el Señor me dijo que simplemente creyera en Él. Le dije al Señor que estaba dispuesto a padecer hambre por Él siempre y cuando Él cuidara a mi esposa e hijos. El Señor me alentó y me pidió que le encomendara a Él todo lo concerniente a mi esposa y a mis hijos. Con todo, me preocupaba lo que sería de mi familia si yo dejara mi trabajo para servir al Señor. Sabía que el Señor es el Todopoderoso, pero todavía me parecía a mí que era más seguro que mi familia estuviera bajo mi cuidado. Luché con el Señor por mucho tiempo. Me preguntaba por qué me había dado una esposa e hijos si Su intención era que le sirviera. Pero al poco tiempo, cedí al Señor. Esto fue hace casi cincuenta años, y puedo testificar que el Señor me ha recompensado al ciento por uno. Lo que quiero decir es que cada vez que el Señor exige que hagamos algo, Él ciertamente nos suplirá lo necesario para aquello que nos exige. El que vivamos a Cristo no es solamente una exigencia; es un requisito que implica una promesa. Toda exigencia contenida en el Nuevo Testamento implica que el Señor suplirá lo que necesitemos para satisfacer aquella exigencia. Cuanto más nos exija, más nos suplirá.

  Para poder vivir a Cristo, primero debemos ser capturados por el Señor, y luego, sometidos por Él. Si yo me hubiera quedado con mi trabajo y no lo hubiera dejado para servir al Señor a tiempo completo, eso habría sido una señal de que no había sido capturado ni sometido por Él. Si ése hubiera sido el caso, el Señor no habría podido usarme para establecer iglesias en Su recobro. El establecimiento de tantas iglesias dependía de que una persona fuera capturada y sometida. Lo que el Señor pueda hacer a través de usted depende también de cuán dispuesto esté a ser capturado y sometido por Él. Por tanto, el hecho de ser capturado y sometido por Cristo es algo muy importante.

GUIADOS POR CRISTO

  Pablo podía decirle al Señor: “Gracias, Señor Jesús, porque me has adherido a Ti, me has ungido, sellado, capturado y sometido. Ahora estoy listo para ser guiado por Ti”. Entonces el Señor pudo guiar a Pablo en Su desfile triunfal. Como apóstol, Pablo no hizo nada conforme a su propia elección, preferencia o gusto. Por el contrario, él verdaderamente fue guiado por el Señor. Pablo tomó la dirección del Señor, cualquiera que ésta fuese. En cuanto a la dirección del Señor, Pablo no tenía ninguna alternativa. Como lo indica la metáfora de 2:14, él se consideraba un cautivo que había sido colocado en el desfile triunfal de Cristo, un desfile que celebraba la victoria de Cristo. ¿Cómo podía un cautivo tal como él tener otra alternativa? Los cautivos no tienen ninguna alternativa. Debido a que Pablo, un cautivo, estaba dispuesto a ser guiado, a dondequiera que iba, ésa era la dirección del Señor. Pablo no viajó en Asia Menor para llevar a cabo una obra de evangelización. Su viaje constituía un avance en el desfile de Cristo. El desfile triunfal de Cristo avanzaba a Asia Menor y de allí a Macedonia y a Acaya. Pablo se encontraba en un desfile que Dios dirigía para celebrar la victoria del Hijo de Dios.

  No creo que mi llegada a este país podría asemejarse en lo más mínimo a una especie de obra misionera. Como Pablo mi llegada fue también un avance en el desfile de Cristo, en la celebración que el Señor hacía de Su victoria en Su recobro. Por ser yo uno que ha sido capturado, sometido y guiado, soy un cautivo que marcha en este desfile. ¡Alabado sea el Señor porque el desfile que celebra la victoria de Cristo en el recobro ha llegado a este país!

  Por haber sido adheridos, ungidos, sellados, capturados, sometidos y guiados, esparcimos el incienso de Cristo. De hecho, este esparcimiento de incienso equivale a vivir a Cristo. El Cristo a quien vivimos tiene incienso, e incluso Él mismo es este incienso. Por tanto, cuando esparcimos el incienso de Cristo, esparcimos a Cristo mismo.

  Este esparcimiento de Cristo como incienso tiene un efecto: es un asunto de vida o muerte. Para los que han sido escogidos por Dios, el esparcimiento de incienso es para vida; pero para los demás, es para muerte. Éste es un asunto muy serio, y Pablo pregunta: “Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2:16).

  Alabamos al Señor porque es posible ser los que esparcen el incienso de Cristo. Una vez que hayamos sido adheridos, ungidos, sellados, capturados, sometidos y guiados, esparciremos el incienso de Cristo.

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