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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 2 Corintios»
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LA COMUNIÓN DEL APÓSTOL EN CUANTO A LA MINISTRACIÓN A LOS SANTOS NECESITADOS

(3)

  Lectura bíblica: 2 Co. 8:15; 9:1-15

  En el capítulo nueve de 2 Corintios, Pablo presenta algo adicional sobre la ministración a los santos necesitados. Tal vez nos parezca que este capítulo es innecesario, pues quizás pensemos que lo que dice Pablo en el capítulo ocho es suficiente. Según lo que entienden ustedes, ¿por qué Pablo presentaría algo adicional en el capítulo nueve? Si volvemos a leer estos dos capítulos, quizás consideremos que en cuanto a la ministración a los santos necesitados, la primera parte del capítulo ocho basta, y que realmente no se necesitan la última parte del capítulo ocho y todo el capítulo nueve. Debemos preguntarnos por qué Pablo le dedicó tanto tiempo a este asunto. Como veremos, le motivaban algunos pensamientos profundos.

RECOGER Y SEMBRAR

  El pensamiento que Pablo presenta al escribir los capítulos ocho y nueve es profundo. La clave para entender el profundo pensamiento de Pablo se encuentra en dos asuntos. Primero, en 8:15, Pablo concluye, diciendo: “Como está escrito: Al que recogió mucho, no le sobró, y al que poco, no le faltó”. Ésta es una cita de Éxodo 16:18, que habla de recoger el maná para el abastecimiento diario. ¿Por qué relaciona el apóstol Pablo lo de proveer bienes materiales a los santos con la recolección del maná? Si consideramos detenidamente este asunto, nos daremos cuenta de que el ministrar bienes materiales a los santos necesitados ciertamente sirve para el suministro diario. El maná era recogido para el suministro diario de los hijos de Israel, y los bienes materiales se ministraban a los santos necesitados para su suministro diario. La cita que Pablo hace de Éxodo 16:18 es un factor crucial que nos ayuda a captar el profundo pensamiento de Pablo.

  El segundo asunto relacionado con el profundo pensamiento que Pablo presenta en los capítulos ocho y nueve, tiene que ver con lo que él dijo en 9:6 acerca de la siembra: “Pero considerad esto: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra con bendiciones, con bendiciones también segará”. Aquí Pablo compara la ministración de bienes materiales a los santos necesitados con la siembra. La siembra, tal como la recolección del maná, sirve para la suministración diaria. Por ende, tanto la recolección del maná como la siembra sirven el mismo propósito, pues ambas sirven para nuestra subsistencia.

DOS MANERAS EN QUE EL PUEBLO DE DIOS PUEDE VIVIR

  En la Biblia, vemos dos maneras en que el pueblo de Dios puede vivir. La primera concuerda con la ley natural ordenada por Dios y consiste en sembrar semilla y recoger la cosecha. En Génesis 3, Dios estableció que el hombre labrara el suelo para que tuviera algo de qué vivir. La siembra de semilla produce el sustento del hombre. Esto concuerda con la ley natural establecida por Dios. Ninguna raza o nacionalidad puede sobrevivir sin la siembra, sin el cultivo. El cultivo consiste en sembrar la semilla y segar la cosecha.

  La segunda manera en que el pueblo de Dios puede vivir es por los milagros efectuados a manos de Dios. Cuando los hijos de Israel estaban en Egipto, ellos vivían según lo natural. Pero cuando salieron de Egipto y vagaban en el desierto, vivieron de otro modo; por los milagros de Dios. El pueblo no sembró ninguna semilla, sino que recogió el maná. Podríamos decir que cosecharon sin sembrar, porque el hecho de que recogieran el maná equivale a una cosecha. En el desierto, los hijos de Israel segaban continuamente sin sembrar. La lluvia de maná del cielo sustituía la siembra. Los seres humanos pueden sembrar semilla, pero sólo Dios puede hacer que llueva maná. En el desierto, los hijos de Israel recogieron el maná que Dios les envió.

  Según Éxodo 16, los hijos de Israel recogían el maná cada mañana, excepto el día de sábado. En el sexto día, juntaban una doble porción para tener provisión suficiente para el día de sábado. Éxodo 16:17 y 18 dicen: “Y los hijos de Israel lo hicieron así: y recogieron unos más, otros menos; y lo medían por gomer, y no sobró al que había recogido mucho, ni faltó al que había recogido poco; cada uno recogió conforme a lo que había de comer”.

DIOS EQUILIBRA EL SUMINISTRO ENTRE SU PUEBLO

  En el desierto, los hijos de Israel no cultivaron, no sembraron, ni realmente cosecharon; ellos simplemente recogieron el maná. Algunos quizás fuesen avaros e intentaran juntar una gran cantidad de maná, mucho más de lo que necesitaban. No obstante, al final del día, lo que quedaba, ya no servía. Éxodo 16:19 y 20 dicen: “Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana. Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés”. En el caso de los que juntaron demasiado maná, quizás con la intención de almacenarlo por días o por semanas, Dios destruyó el exceso.

  A los que eran un tanto débiles y que no podían recoger mucho maná, no les faltó nada. La manera divina consiste en que a los que recogieron poco, no les faltó nada, y a los que juntaron mucho, no les sobró nada. Ésta es la manera celestial en que Dios equilibra el suministro entre Su pueblo. Dios ejerció Su habilidad milagrosa para equilibrar el suministro de maná entre el pueblo. Dios equilibra el suministro diario entre Sus hijos con Su mano soberana y milagrosa.

  Pablo, al escribir 2 Corintios, combina el hecho de recoger el maná con el hecho de que los creyentes dieron bienes materiales a los santos necesitados. En Éxodo 16 se trataba de recoger, mientras que en 2 Corintios 8 se trata de dar. En cuanto a recoger el maná, el resultado fue el mismo independientemente de que los hijos de Israel recogieran más o menos. Esto indica que no debían haber sido avaros cuando recogían el maná. Su deber era recoger el maná, y ellos habían de cumplir con su deber sin ser avaros.

  Supongamos que algunos de los hijos de Israel hubiesen dicho: “Dios es misericordioso, soberano y milagroso. Él lo controla todo. Puesto que no me sobrará nada si recojo mucho, ni me faltará nada si recojo poco, en realidad no necesito salir a recoger nada”. Si alguien de entre el pueblo de Dios hubiera hecho esto, esa persona no habría tenido nada que comer ese día. Dios no haría el deber de esa persona. Dios tampoco trabajaría por él ni lo alimentaría. Los hijos de Israel tenían que cumplir con su deber. Mientras que ellos cumplieran con su responsabilidad conforme a lo que Dios había ordenado, ellos tendrían suficiente suministro por mucho o por poco maná que recogieran.

  En 2 Corintios 8, Pablo compara la acción de dar a los necesitados con el hecho de recoger el maná. Según nosotros, damos y no recogemos. Pero lo que dice Pablo indica que dar equivale a recoger. Las palabras de Pablo implican, a lo mínimo, que nosotros los hijos de Dios no debemos ser avaros. No debemos imaginarnos que si ganamos una gran suma de dinero, podremos conservarlo todo para nosotros. Debemos ver que si damos o no, el resultado será finalmente el mismo.

  Supongamos que un hermano gana $40,estudio-vida-de-biblia/estudio-vida-de-2-corintios dólares al año y que lo que realmente necesita para vivir es una cantidad mucho menor que ésa. Como es bastante avaro, él desea reservar una gran cantidad para sí. Da su diezmo, o sea, $4.estudio-vida-de-biblia/estudio-vida-de-2-corintios dólares, con la intención de conservar los otros $36,estudio-vida-de-biblia/estudio-vida-de-2-corintios dólares. Diezmar es una buena práctica, pero este hermano podría seguir un camino aún mejor, según el cual él podría conservar lo que necesita para su vivir, digamos $20,estudio-vida-de-biblia/estudio-vida-de-2-corintios dólares, y dar el resto. Indudablemente, en términos humanos, casi todos seguirían la primera opción, la de diezmar, en lugar de la segunda, la de dar todo lo que uno pueda. Si el hermano decide diezmar y retener para sí los $16,estudio-vida-de-biblia/estudio-vida-de-2-corintios dólares extras, un día aprenderá que Dios, en Su soberanía, tiene muchas formas de hacer desaparecer ese dinero extra. Tal vez se dé alguna enfermedad, algún accidente o alguna calamidad. Si el dinero no desaparece en esta generación, desaparecerá en la siguiente, o definitivamente en la tercera. Dios ejercerá Su mano poderosa y soberana para efectuar un equilibrio celestial sobre las riquezas que hay entre Su pueblo.

  Durante aproximadamente setenta años, he observado la situación que impera entre los cristianos. Puedo dar testimonio de que no conozco una sola familia cristiana que haya podido retener sus riquezas continuamente por tres generaciones. Quizás la primera generación de una familia cristiana llegue a ser muy rica y ahorre grandes riquezas para la segunda generación. Pero en la segunda o en la tercera generación, el dinero desaparece misteriosamente; parece crecerle alas, y vuela. Conozco algunos casos en los que la próspera tercera generación perdió todas sus riquezas a manos de otras personas. Aunque los miembros de esa generación heredaron grandes riquezas, todas les fueron quitadas. Por tanto, al final se comprueba que es verdad que el que recoge mucho, no le sobra. He visto que los que recogen poco, no les hace falta nada, y que los que recogen mucho, no les sobra nada. Verdaderamente he presenciado cómo la mano milagrosa y soberana de Dios equilibra las riquezas que hay entre Su pueblo.

  Quizás usted se considere muy sabio en asuntos monetarios. Sabe cómo ganar dinero, cómo ahorrarlo y cómo preservarlo para sus hijos y nietos. Pero por muy sabio que usted sea en el manejo del dinero, Dios es más sabio. Como piloto celestial Él sabe cómo hacer volar el dinero de usted. Él hizo esto con el maná en el Antiguo Testamento, y lo hace con el dinero hoy en día. La cuestión con la que nos enfrentamos es ésta: ¿Queremos equilibrar el suministro material voluntariamente u obligará a Dios a hacerlo de una manera milagrosa y soberana? Puedo asegurarles que tarde o temprano usted será equilibrado con respecto a los asuntos financieros. En cuanto a esto, debemos entender el corazón de Dios. En lo profundo de Su corazón, Dios desea que Su pueblo sea equilibrado en el suministro diario. Por tanto, debemos decirle: “Señor, gracias por permitirme recoger el maná. Pero Señor, en lugar de ahorrar esto para mí, deseo compartirlo con los demás”. Debemos recordar que estemos o no dispuestos a compartir con los demás, el resultado final será el mismo. El resultado será que al que recoja poco, no le faltará nada, y al que recoja mucho, no le sobrará nada. Es una insensatez no compartir con los demás lo que tenemos.

SEMBRAR CON BENDICIONES

  ¿Y qué de sembrar las semillas? Según el capítulo nueve, dar equivale no solamente a recoger, como en el capítulo ocho, sino también a sembrar. La acción de dar equivale a recoger y a sembrar. La recolección del maná es algo milagroso. Hemos recalcado que milagrosamente había cierto equilibrio en esta recolección, en el sentido de que a nadie le faltaba nada ni a nadie le sobraba nada. Ahora de lo que leemos en el capítulo nueve, debemos ver que el dar también se asemeja a sembrar.

  Según 9:6, el que siembra escasamente, también segará escasamente, y el que siembra con bendiciones, con bendiciones también segará. En el versículo 6, encontramos el pensamiento de sembrar para el beneficio de los demás. ¿Pero qué cultivador, cuando siembra semilla en su campo, tiene el pensamiento de sembrar para beneficio de los demás? Ciertamente, la mayoría de los sembradores tiene el concepto de sembrar para sí mismo. Esta clase de siembra, sin embargo, no acarrea bendiciones. Sembrar con bendiciones equivale a dar a los demás. Esto es sembrar con bendiciones para los demás. Cuando damos nuestro dinero, sembramos, y esta siembra no es para nosotros mismos, sino para otros. Si sembramos con bendiciones para los demás, segaremos con bendiciones de parte de Dios.

APRENDER A DAR

  Como hijos de Dios, todos debemos aprender a dar. Dar es recoger. La cantidad de maná que podemos recoger depende de la cantidad que damos. En Lucas 6:38, el Señor Jesús dice: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, se os volverá a medir”. Este versículo indica que si queremos recibir, es decir, recoger, primero debemos dar. Lo que damos es lo que recogemos, lo que recibimos. Todos debemos recoger el maná cada día. Puesto que lo que recogemos es lo que damos, todos debemos dar para recoger. Recogemos poco porque damos poco. Que quede grabado en nuestro ser el hecho de que lo que damos es lo que recogemos.

  Con respecto a dar y recoger, se suponen los milagros divinos. No debemos creer de forma superficial que cuanto más demos, más recibiremos. Si ésta es la manera en que entendemos este asunto, daremos con la intención de ganar riquezas para nosotros mismos. Lo que debemos ver en todo esto es la mano equilibrante de Dios. Él distribuye el suministro con el fin de que no seamos ni pobres ni ricos. Ciertamente Él ejerce un equilibrio divino y celestial. Él sabe cómo equilibrar las riquezas que hay entre Su pueblo.

  Por más de cincuenta años he vivido por fe en el Señor. En ocasiones me he visto muy pobre, pero puedo testificar que aun cuando he estado en extrema pobreza, nunca me ha faltado nada. Recogía poco, pero no me hacía falta nada. En otras ocasiones, tenía un suministro abundante, incluso grandes sumas de dinero. No obstante, tengo que dar testimonio de que nada me sobraba. Por tanto, por mi experiencia puedo proclamar que cuando he recogido mucho, no me ha sobrado nada, y cuando he recogido poco, no me ha faltado nada. ¿Quién equilibra el suministro de esta manera? Dios lo hace con Su equilibrio celestial.

  Si intentamos recoger más de lo necesario, al final veremos volar ante nuestros ojos el excedente. Si conservamos demasiado excedente, nos parecerá que nuestro dinero haya crecido alas y volará lejos de nosotros. Esto sucede porque el Dios que está en los cielos equilibra el bien social de Sus hijos.

  Hemos visto que dar está relacionado con recoger y con sembrar. La siembra produce la cosecha. La ley natural dicta que primero se siembra y después se cosecha. Cuando sembramos, debemos sembrar generosamente, y no escasamente. Si sembramos escasamente, segaremos escasamente, pero si sembramos generosamente, segaremos también generosamente. Cuando se trata de sembrar, nosotros somos los generosos y liberales; pero cuando segamos, nos damos cuenta de que el generoso es Dios.

  ¿Por qué añadió Pablo el capítulo nueve? Él añadió este capítulo para proveernos un ejemplo adicional de lo que es dar. Hemos hecho notar que en 2 Corintios 9, Pablo usa la siembra para ejemplificar lo que es dar. Por tanto, en los capítulos ocho y nueve vemos que dar es recoger y también es sembrar. Estos dos conceptos que moraban profundamente en el ser de Pablo, gobernaron lo que él escribió en estos dos capítulos.

DAR Y RECOGER

  Pablo no escribía de manera superficial; por el contrario, él era un escritor profundo, así como también sus pensamientos fueron profundos. Pablo se dio cuenta, al leer el Antiguo Testamento, que Éxodo 16 habla de que el pueblo de Dios recogía lo que necesitaba para su suministro diario. Según el concepto de Pablo, hoy nosotros nos encontramos en el desierto. A diario trabajamos; pero de hecho, lo que hacemos es recoger maná. Sin embargo, lo que recogemos debe convertirse en lo que damos. Si no damos, no seguiremos recogiendo. Trabajamos para ganar dinero, pero debemos dar de lo que ganamos. Entonces, lo que demos, se convertirá en lo que recogemos, como lo ejemplifica el hecho de que los hijos de Israel recogían el maná en el desierto. Ahora podemos ver que Pablo hace una comparación entre lo que damos y lo que recogemos del maná. Este pensamiento es muy profundo.

DAR Y SEMBRAR

  En el capítulo nueve Pablo continúa su discurso diciendo que cuando damos es como si estuviéramos sembrando. Puesto que en el capítulo ocho él no expresó de manera completa su profundo pensamiento, escribió otro capítulo relacionado con el acto de dar. Este capítulo revela otro aspecto de la dádiva, el aspecto de la siembra. El pensamiento que Pablo expresa aquí es que debemos sembrar, y luego, segar. Además, cuando sembremos, no sólo debemos sembrar para nosotros mismos, sino de manera que traiga bendiciones a los demás.

  Muchas traducciones de la Biblia no traducen literalmente el versículo 6. En lugar de decir “con bendiciones”, algunas versiones hablan de abundancia o de sembrar abundantemente. Según estas traducciones, si sembramos abundantemente, o con abundancia, segaremos abundantemente, o con abundancia. No obstante, esto es tener un entendimiento natural de este asunto. Lo que Pablo dice aquí literalmente es que debemos sembrar con bendiciones. Debemos dar de manera que traiga bendiciones a los demás.

  Otros pasajes de las Escrituras nos ayudan a entender la palabra bendiciones de 9:6. En el Antiguo Testamento podemos ver que el acto de dar era una bendición. Cuando Jacob se encontró con su hermano Esaú, le dio algo. Esa dádiva fue una bendición. Con respecto a esto, Génesis 33:11 declara: “Acepta, te ruego, mi bendición que te he traído, porque Dios me ha hecho merced, y todo lo que hay aquí es mío” (heb.). Otros versículos que indican que la acción de dar es una bendición son 2 Reyes 5:15, Jueces 1:15 y Ezequiel 34:16. Cuando damos a los demás le impartimos una bendición.

  Cuando sembremos de manera que traiga bendiciones a los demás, segaremos con bendiciones de parte de Dios. Además, la cosecha siempre superará la cantidad de semilla sembrada. Tal vez se multiplicará treinta o incluso cien veces. Esto no sucede de manera milagrosa; se produce conforme a la ley natural. Dios controla con milagros el suministro de vida que hay entre Sus hijos. Es por eso que ninguna familia cristiana puede retener sus riquezas por muchas generaciones. Pero la siembra opera conforme a la ley natural, y no conforme a milagros. En cuanto a esto, no es necesario que Dios efectúe nada milagroso. Todos debemos sembrar, o sea, dar. Cuanto más demos, más segaremos. Sin embargo, no debemos hacerlo de manera supersticiosa, con el propósito de obtener riquezas para nosotros mismos.

  Los dos ejemplos relacionados con recoger y sembrar, tienen que ver con los profundos pensamientos que Pablo presenta en estos capítulos. En el capítulo nueve, el pensamiento profundo consiste en que nosotros los cristianos damos en el sentido de sembrar. Si no damos, no estamos cultivando nada, no estamos sembrando. Además, no debemos sembrar escasamente. Si sembramos escasamente, entonces, según la ley natural, segaremos escasamente. Debemos sembrar de manera que impartamos bendiciones a otros. Si sembramos de forma que otros reciban bendiciones, entonces, según la ley natural, segaremos con bendiciones de parte de Dios para nosotros. Esta bendición será mucho más de lo que hemos sembrado. Puedo testificar que en mi vida cristiana, jamás he visto a un creyente que ha dado a Dios, que no sea grandemente bendecido por Él. El Señor siempre honrará la ley natural que Él ha establecido.

CONVERTIRSE EN FACTORES DE ACCIONES DE GRACIA PARA DIOS

  Debemos reconocer la mano milagrosa del Señor y honrar Su ley natural. Según ambos aspectos, debemos dar. Quizás ahora usted no ve la mano equilibrante de Dios, pero a la larga, tal vez en un período de muchos años, la verá. Entonces usted podrá testificar de cómo Dios equilibra el suministro diario que reciben Sus hijos. También debemos comprender que lo que damos constituye lo que sembramos. Por tanto, si queremos segar, debemos sembrar de manera que impartamos bendiciones a otros. Entonces segaremos con bendiciones de parte de Dios.

  Debemos sembrar más, y a cambio, cosechar más. La meta no es hacernos ricos. El resultado debe ser que se produzca abundancia de acciones de gracias a Dios. Espero que pronto muchos santos se conviertan en factores de acciones de gracias a Dios. Esto significa que el hecho de dar abundará en muchas acciones de gracias a Dios. Tengo la plena confianza de que si los santos en el recobro del Señor están dispuestos a dar, el recobro jamás carecerá de suministración material. En lugar de carencia, habrá abundancia de acciones de gracias al Señor por medio de muchos santos. Por tanto, ejercitémonos todos en repartir lo que hemos recibido, y que este reparto sea llevado a cabo a manera de recoger y sembrar.

VARIOS ASUNTOS RELACIONADOS CON LA ACCIÓN DE DAR

  En 9:5 Pablo dice: “Por tanto, tuve por necesario rogar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra bendición antes prometida, para que así esté lista como bendición, y no como por codicia”. Esta bendición es una abundancia, una dádiva hecha de buena voluntad y con generosidad como una bendición a otros. Dar de buena voluntad y generosamente hace que la dádiva sea una bendición al que la recibe; dar de mala gana guardando rencor, con un corazón codicioso que retiene algo, hace que la dádiva sea un asunto de codicia para el dador.

  En el versículo 7 Pablo dice: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”. Estas palabras provienen de Proverbios 22:9, donde la Septuaginta dice: “Dios bendice al hombre alegre y liberal”. La palabra griega traducida “alegre” significa también hilarante, jubiloso.

  En los versículos 8 y 9 Pablo añade: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde para con vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: ‘Esparció, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre’”. Las palabras “toda gracia” del versículo 8 se refieren a toda clase de gracia. La acción de esparcir, mencionada en el versículo 9, alude al esparcimiento que se hace al sembrar. La palabra “pobres” en este versículo se refiere a alguien que está obligado a hacer trabajos humildes para ganarse la vida a duras penas. No es la palabra que se usa comúnmente con el significado de pobre.

  En el versículo 9 Pablo habla de la justicia que permanece para siempre. Por una parte, dar generosamente es una bendición para los que reciben, y por otra, es justicia delante de Dios y delante del hombre.

  En el versículo 13 Pablo habla de la aprobación de este ministerio, en el sentido de que da suministro material a los santos necesitados. Se refiere al hecho de que los santos necesitados de Judea aprobaron la ministración que recibían de los creyentes gentiles. La palabra griega dokime significa prueba, experimento; por tanto, aprobación, comprobación. Esto indica que la ministración a los santos será probada, comprobada y aprobada por los santos mismos, demostrando así el carácter generoso de la ministración.

  La palabra griega traducida “comunión” en el versículo 13 significa también comunicación (véase “contribuir” en Romanos 12:13 y “participar” en Filipenses 4:15). Se refiere a la ministración de la provisión, la cual era una forma de comunión entre los creyentes gentiles y los de Judea.

  En los versículos 14 y 15, Pablo concluye, diciendo: “Al mismo tiempo, en la oración de ellos por vosotros, os anhelan a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros. ¡Gracias a Dios por Su don inefable!” Este don inefable alude a la gracia que Dios da a los creyentes.

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