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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 2 Corintios»
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PABLO VINDICA SU AUTORIDAD APOSTÓLICA

(2)

  Lectura bíblica: 2 Co. 10:7-18

  En 10:7-18 Pablo habla de la medida de la regla de Dios. Examinemos este pasaje, versículo por versículo.

ASPECTOS DE LA AUTORIDAD APOSTÓLICA

  El versículo 7 dice: “Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo”. Éstas son palabras francas, y difieren de las palabras que encontramos en los capítulos seis y siete. Indudablemente, los judaizantes eran los que estaban persuadidos en sí mismos de que eran de Cristo. Aunque estos judaizantes eran cristianos, no estaban dispuestos a ser uno con Pablo en cuanto a su ministerio. Ellos profesaban ser de Cristo; por tanto, Pablo procuraba aclarar que los apóstoles ciertamente eran de Cristo también. Esto indica que ser de Cristo es un asunto importante; es vital para la vida y el ministerio cristianos.

  En los versículos 8 y 9 Pablo declara: “Porque aunque me gloríe en cierto modo más abundantemente de nuestra autoridad, la cual el Señor nos dio para edificaros y no para derribaros, no me avergonzaré. Digo esto para que no parezca que os amedrento por mis cartas”. El versículo 8 indica que en el pasado Pablo dijo algo a los corintios acerca de su autoridad apostólica. La autoridad apostólica no se otorga para gobernar a los creyentes, lo cual concuerda con el concepto natural, sino para edificarlos.

  En el versículo 9 Pablo habla de que no era su intención amedrentar a los creyentes con sus cartas. Eso quizás se refiera a la primera epístola de Pablo a los corintios. En esa epístola Pablo se refirió a su autoridad apostólica, y es posible que algunos corintios pudieron haber considerado que sus palabras los amedrentaban. Pero aquí Pablo indica que no debían amedrentarlos.

  En el versículo 10 Pablo dice: “Porque, dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable”. Esto confirma lo que dijimos en el mensaje anterior acerca de que Pablo era poca cosa cuando estaba presente entre los corintios. Él era manso y no era nada fuerte físicamente. Además, sus palabras, su expresión, eran menospreciables, sin importancia. La palabra griega traducida “menospreciable” significa literalmente tenida en nada.

  En el versículo 11 Pablo dice a continuación: “Esto tenga en cuenta tal persona, que así como somos en la palabra por cartas, estando ausentes, lo seremos también en hechos, estando presentes”. Aunque Pablo parecía ser diferente cuando estaba presente en comparación con su modo de ser manifiesto en sus cartas, él en efecto era el mismo. Debemos aprender de él a no ser políticos ni corteses de manera natural; no obstante, debemos ser flexibles. En presencia de los demás, no debemos ser tan osados ni fuertes. Sin embargo, esto no significa que realmente seamos débiles o que no sepamos nada. Más bien, quizás queramos evitar ofender a los demás innecesariamente. No obstante, a veces es posible que sea necesario expresar algo que aparentemente sea osado o fuerte. A veces es necesario expresar algo muy fuerte en lo que escribimos, pero no estamos dispuestos a hacerlo. En otras ocasiones, no debemos ser tan osados en presencia de las personas, y lo somos. Esto indica que no somos sabios, flexibles, ni comprensivos. Que todos aprendamos a ser genuinos, y no diplomáticos. Al mismo tiempo, aprendamos a ser flexibles. Por una parte, debemos hacer lo posible por no herir los sentimientos de los demás; y por otra, a veces debemos hablar francamente con la verdad y con cierta osadía.

  En el versículo 12, Pablo dice: “Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se recomiendan a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, carecen de entendimiento”. Los que estén tan envueltos y engañados consigo mismos, no tienen un entendimiento apropiado.

NO GLORIARSE DESMEDIDAMENTE

  El versículo 13 dice: “Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la medida de la regla que el Dios que mide todas las cosas nos ha repartido, para llegar aun hasta vosotros”. El apóstol era osado, pero no de manera desmedida. Esto muestra que él estaba restringido por el Señor. Su jactancia se conformaba a la medida de la regla que le había repartido el Dios que mide todas las cosas, el Dios que rige. El ministerio que Pablo llevaba al mundo gentil, incluyendo a Corinto, era conforme a la medida de Dios (Ef. 3:1-2, 8; Gá. 2:8). Por consiguiente, se gloriaba dentro de ese límite, y, en contraste con los maestros judaizantes, no lo hacía desmedidamente. La palabra “regla” del versículo 13 significa literalmente una vara para medir; como la regla de medir de un carpintero.

  Jamás deberíamos gloriarnos desmedidamente. Cuando damos un testimonio de lo que hemos aprendido del Señor, debemos tener un límite, una medida. La palabra “medida” del versículo 13 indica que uno es regido por Dios. Dios nos ha asignado una medida con respecto a nuestra obra y experiencia. Además, Él ha establecido cuánto podemos disfrutar. Por tanto, cuando damos un testimonio acerca de nuestra obra, experiencia o disfrute del Señor, debemos testificar conforme a dicha medida, es decir, dentro de cierto límite.

  Al dar un testimonio o un informe, nunca debemos exagerar. A diferencia de esto, los informes que aparecen en ciertas publicaciones cristianas son exageraciones; esos informes van más allá de la medida, de los límites, y no tienen restricción alguna. Por tanto, al testificar de nuestra experiencia, debemos permanecer dentro de la medida que Dios nos ha dado. No debemos gloriarnos desmedidamente, más allá de la medida, sino según la regla que nos ha repartido el Dios que mide. Hay uno que rige y que mide, y esta persona es el Dios que establece la medida, el Dios que gobierna. Por tanto, debemos permanecer dentro de los límites de la regla de Dios, de Su medida. Las palabras de Pablo: “para llegar aun hasta vosotros”, indican que su visita a los corintios fue bajo la regla y la medida de Dios.

  El versículo 14 añade: “Porque no nos hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el evangelio de Cristo”. En contraste con los maestros judaizantes, Pablo y los demás apóstoles no se extralimitaron. Ellos fueron los primeros en ir con el evangelio a Europa, y por ende, a los corintios. Si los judaizantes hubiesen llegado primero, probablemente los apóstoles no habrían ido, y eso habría sido una señal de que Europa no les había sido repartida bajo la regla de Dios. Esto está relacionado con lo que Pablo desea transmitir al argumentar con los judaizantes.

  En los versículos 15 y 16, Pablo dice: “No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos engrandecidos entre vosotros en abundancia, conforme a nuestra regla, para anunciar el evangelio en los lugares más allá de vosotros, no para gloriarnos en la medida de la regla de otro hombre en lo que ya estaba preparado”. En estos versículos podemos ver que los apóstoles tenían la esperanza de que por medio del crecimiento de la fe de los creyentes corintios, su ministerio fuese magnificado (en el sentido de ser alabado) al ser agrandado y aumentado abundantemente, pero conforme a la regla, la medida, que Dios les había asignado. Pablo esperaba ser magnificado entre los corintios conforme al límite de la medida de Dios.

RESTRINGIDOS POR DIOS

  En los versículos 13, 14 y 15 vemos que aunque esperamos que la obra del Señor se extienda, debemos aprender a ser restringidos por Dios. No debemos esperar una propagación sin medida. Esa clase de propagación ciertamente no estaría dentro del límite de un andar conforme al Espíritu. Por experiencia, podemos testificar que si propagamos la obra conforme al Espíritu, siempre habrá cierto límite. Interiormente tendremos la sensación de que el Señor desea extender la obra solamente hasta cierto punto. Además, exteriormente, en las circunstancias, el Señor tal vez se valga de algunas cosas para restringir la propagación de la obra. Por tanto, interiormente no sentimos la paz como para propagar la obra más allá de cierto punto, y exteriormente, las circunstancias no nos permiten ir más allá de ciertos límites.

  Los jóvenes todavía no están completamente involucrados en la obra del Señor. No obstante, les aliento a que guarden estas palabras en su interior, pues algún día las experimentarán. Todos debemos aprender que al servir al Señor y al laborar con Dios siempre hay un límite. Esto aplica también al servicio de la iglesia.

  El Señor está interesado en restringir particularmente a los jóvenes. Si los jóvenes no tienen un corazón que desee servir al Señor, Él los motivará a que le sirvan. Pero una vez que han sido motivados, Él los limitará. A la naturaleza humana no le gusta esta clase de limitación. Por ejemplo, es posible que con respecto al sueño o al desempeño de alguna actividad, no nos guste ser restringidos. En términos espirituales, cuando estemos dormidos, Dios nos levantará, pero cuando lleguemos a ser demasiado activos, Él nos restringirá. Conozco algunos jóvenes que se han ofendido porque Dios les ha hecho esto. Un hermano joven quizás desee ser un líder entre los jóvenes. Si llega a ser líder, entonces quizás querrá ser un diácono o un anciano en la iglesia. En estos asuntos, él quizás espere progresar rápidamente. No obstante, la manera en que Dios opera consiste en primero acelerarnos y luego en frenarnos; primero nos levanta y luego nos baja. Cuando estemos abajo, Él nos levantará; pero cuando subamos demasiado, Él nos bajará. Así que, la manera en que Dios nos prepara consiste en levantarnos y bajarnos, en bajarnos y levantarnos. Si podemos soportar esto, al final llegaremos a ser útiles en Su obra.

  Muchos jóvenes no pueden tolerar el hecho de que Dios los esté levantando y bajando. Después de experimentarlo varias veces, quieren renunciar. Su actitud tal vez sea ésta: “Si Dios me quiere levantar, que me deje ir hasta los cielos y permanecer allí hasta que el Señor Jesús regrese; pero si Dios me quiere bajar, que me deje abajo. Lo que no me gusta es subir y bajar, y luego bajar y volver a subir”. Esta falta de conformidad con los altibajos que Dios nos hace pasar, es una expresión del carácter natural de muchos jóvenes.

  Dios no desea que estemos siempre arriba o siempre abajo. Aun testifica de esto la forma en que en la naturaleza alternan el día y la noche. No existe un día sin fin o una noche sin fin. Antes bien, después del día sigue la noche, y después de la noche sigue el día. Dios no nos creó para que tuviéramos un día o una noche que durara muchos años. Quizás esto corresponda a la manera en que nosotros operamos, mas no a la manera en que opera Dios.

DEBEMOS APRENDER A ACEPTAR LA RESTRICCIÓN QUE PROVIENE DE PARTE DEL SEÑOR

  Dios tiene muchas formas de hacernos bajar. A algunos jóvenes su vida matrimonial les ha hecho bajar. Antes de casarse, cierto hermano quizás haya sido semejante a un águila que vuela en el aire. A él le era fácil hablar de la maravillosa y gloriosa vida de iglesia. Pero poco tiempo después de casarse, pareciera que la vida de iglesia dejó de ser gloriosa. Dios usa el matrimonio para calmar al entusiasta hermano. En algunos casos, es posible que este hermano quede desanimado por un largo período después de su casamiento, pero finalmente, se vuelve a levantar, aunque no de una manera tan entusiasta como antes. Con esto da muestras de mejoramiento.

  A veces Dios usa a uno de los ancianos para hacernos descender. Si le sucede esto a usted, debe darse cuenta de que es Dios quien lo hace descender, y no el anciano; Él lo hace por medio del anciano. Sin tener la mínima intención, es posible que ese anciano le dirija ciertas palabras, y esas palabras lo hacen descender. Dios nos trata de esta manera porque Él es el Dios que mide, que nos asigna cierta medida.

  Me doy cuenta de que estar desanimado es algo muy serio. Hay hermanos que permanecen desanimados por tanto tiempo que pareciere que jamás se volverán a levantar. Pero quizás después de cierto tiempo, se vuelven a levantar. Ninguno de nosotros debería atreverse a decir cuál será la situación de otro hermano. Estos altibajos están más allá de nuestro control o dirección. Efectivamente, nosotros no controlamos esto ni lo dirigimos. Por consiguiente, todos debemos darnos cuenta de que Dios está en control y que ésta es la manera en que nos mantiene dentro de nuestra medida.

  En este país, el recobro del Señor se ha extendido en cierta medida. Sin embargo, pareciere que esta propagación ha experimentado un límite. No obstante, esto no significa que el Señor detendrá la propagación del recobro de manera permanente. Lo que quiero decir es que, según nuestro concepto, una vez que el recobro del Señor empieza a extenderse, debe progresar continuamente sin restricción alguna. Pero éste no concuerda con el concepto de Dios.

  No debemos pensar que Pablo era tan espiritual que era totalmente diferente de nosotros. Aun él tuvo que aprender a aceptar la restricción que provino de parte del Señor. Por ejemplo, Pablo quería ir a Roma, pero no esperaba ir allí en cadenas. Además, él dijo a los creyentes de Roma que esperaba ir a España y ser encaminado por ellos (Ro. 15:24). Pablo jamás fue a España, y llegó a Roma en cadenas. Esas cadenas fueron la medida, los límites, que el Señor le asignó. Dios no asignó libremente Roma a Pablo; antes bien, Dios lo condujo allí como prisionero. Sí, Pablo estuvo en Roma, pero estuvo allí encarcelado. Ese encarcelamiento era una restricción. Roma no fue territorio de Pablo de una manera sin restricción. Dios es soberano, y todo lo que le sucedió a Pablo estaba bajo Su soberanía. Esto significa que las cadenas y el encarcelamiento de Pablo representaban la restricción soberana que Dios le había impuesto. Pablo estuvo dispuesto a someterse a la medida que Dios le había asignado. Él ni transgredió esa restricción, ni se rebeló contra ella. En este asunto, él no dio coces contra los aguijones.

PABLO ACTUABA DENTRO DE SU JURISDICCIÓN

  Pablo, basándose en el principio de la medida de Dios, dijo a los corintios que todo lo que él hizo y habló, no iba más allá de la medida que se le había asignado. Pablo siempre actuaba y se conducía dentro de su medida. Usando la terminología de hoy, diríamos que él actuaba dentro de su jurisdicción. En contraste con los judaizantes, él jamás fue más allá de su jurisdicción.

  En los versículos del 13 al 15, Pablo parece decir: “Corintios, como iglesia, habéis sufrido bastante a causa de la venida de los predicadores judaicos. Estos predicadores, aunque son cristianos, no están dispuestos a abandonar el judaísmo. Por una parte, predican a Cristo; por otra parte, siguen enseñando la ley mosaica. Al hacer esto, causan problemas y hacen daño a la vida de iglesia. Ellos han influido mucho en vosotros corintios. Por tanto, debéis daros cuenta de que estos judaizantes jamás debieron haber venido a Corinto. Dios no les asignó la ciudad de Corinto; Corinto no está en su jurisdicción. Hablando sinceramente, Corinto es mi jurisdicción, mi territorio”. Éste es el concepto que Pablo presenta en estos versículos. No obstante, le resultaba difícil hablar de ello de forma directa y franca. Pero en esto se percibe la implicación de que Pablo condenó a los judaizantes por haber ido a Corinto. Por tanto, Pablo parece decir: “Nosotros no nos extralimitamos, como lo hacen los judaizantes. Nosotros fuimos los primeros en llegar a vosotros con el evangelio de Cristo. Esto fue una señal de que Corinto nos había sido asignada. Vinimos conforme a la regla de Dios. Dios nos asignó Corinto a nosotros, no a los judaizantes. De hecho, Dios no ha repartido nada a los judaizantes. No deberían ir a ninguna parte. Sus movimientos son totalmente ilegales a los ojos de Dios y están fuera de la debida jurisdicción”. Éste es el pensamiento fundamental de estos versículos, y éste era el sentir que imperaba en el espíritu de Pablo mientras escribía.

  Los apóstoles siempre actuaban conforme a la regla de Dios. Todo lo que Dios les medía y les asignaba, llegaba a ser su jurisdicción, y los demás no debían interferir con ello. Si Dios hubiera asignado cierto territorio a los judaizantes, los apóstoles no habrían ido a ese territorio, porque al hacerlo, se habrían extralimitado. Esto es lo que Pablo dice aquí.

  Hoy en día muchos predicadores y maestros se extralimitan e interfieren con la jurisdicción de otros. Esta extralimitación e interferencia siempre causa problemas.

DEBEMOS PERMANECER DENTRO DE LA MEDIDA ASIGNADA POR DIOS

  En el servicio de la iglesia, debemos darnos cuenta de que Dios nos ha asignado cierta medida y no debemos extralimitarnos. Debemos conocer nuestros límites, nuestra jurisdicción, y no extendernos al territorio de los demás. Al igual que Pablo, debemos movernos y actuar conforme a nuestra regla, es decir, conforme a la medida que Dios nos ha asignado.

  Pablo sabía, por el llamado macedonio que recibió, que Corinto estaba bajo su regla, su medida. En Hechos 16 nos enseña que Pablo entendió claramente que Dios lo había llamado a Europa. Él fue a Acaya con el evangelio de Cristo conforme a la regla de Dios. Tanto Macedonia como Acaya se encontraban bajo la regla de Pablo. Por tanto, los judaizantes no debieron haber entrado en ese territorio y causado problemas. Éste era el profundo sentir que había en Pablo mientras escribía estos versículos.

  En esta sección de 2 Corintios, Pablo vindica su autoridad apostólica. Esta autoridad está relacionada con la jurisdicción. Si Pablo no hubiera tenido ninguna jurisdicción, ¿en qué basaría su autoridad? Al vindicar su autoridad apostólica, Pablo se condujo de manera que no sobrepasó los límites de su medida. Él es un buen ejemplo de una persona que se encuentra totalmente restringida por Dios.

  Aliento especialmente a los jóvenes a que estudien este pasaje de la Palabra y aprendan de él cómo deben conducirse en el servicio de la iglesia y cómo deben comportarse en el recobro del Señor. Jóvenes, ustedes deben conocer su regla, sus límites. Esto significa que deben saber cuánto Dios les ha medido, cuanto les ha repartido. Esta restricción, esta limitación, quebranta de manera práctica nuestra carne. Nuestro hombre natural quiere ser libre de limitaciones; pero Dios conoce nuestro problema. Por tanto, Él pone límites y restricciones para que permanezcamos dentro de la medida que Él nos ha asignado.

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