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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 2 Juan»
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Mensaje 2

NO PARTICIPAR EN HEREJÍAS

  Lectura bíblica: 2 Jn. 1:7-13

  En este mensaje examinaremos los versículos del 7 al 13 de 2 Juan.

ENGAÑADORES Y ANTICRISTOS

  El versículo 7 dice: “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo”. Los engañadores que se mencionan aquí son herejes, tales como los cerintianos, los falsos profetas (1 Jn. 4:1).

  Estos engañadores no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Esto significa que no confiesan que Jesús es Dios encarnado. De esta manera niegan la deidad de Cristo. Jesús fue concebido del Espíritu (Mt. 1:18). Confesar que Jesús vino en la carne equivale a confesar que Él fue concebido divinamente para nacer como Hijo de Dios (Lc. 1:31-35). Los engañadores, los falsos profetas, no hacían tal confesión.

  En el versículo 7 Juan dice que los que no confiesan que Jesús ha venido en carne no sólo son engañadores sino también anticristos. Hemos visto que un anticristo es diferente de un Cristo falso (Mr. 24:5, 24). Un Cristo falso es uno que, con engaños, quiere hacerse pasar por Cristo; mientras que un anticristo es alguien que niega la deidad de Cristo, afirmando que Jesús no es el Cristo, es decir, alguien que niega al Padre y al Hijo, al negar que Jesús es el Hijo de Dios (1 Jn. 2:22), no confesando que Él vino en carne mediante la concepción divina efectuada por el Espíritu Santo (4:2-3). Todo aquel que niega a la persona de Cristo es un anticristo.

RECIBIR GALARDÓN COMPLETO

  En el versículo 8 Juan añade: “Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de nuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo”. Aquí la frase mirad por vosotros mismos significa “guardaos”, “vigilad por vosotros mismos”; y perdáis significa “destruyáis”, “arruinéis”.

  En el versículo 8 Juan nos exhorta a que no perdamos el fruto de nuestro trabajo. El fruto del trabajo de los apóstoles tenía que ver con la verdad tocante a Cristo, la cual los apóstoles ministraban e impartían a los creyentes. Ser influidos por las herejías referentes a la persona de Cristo significa perder, destruir y arruinar lo precioso de la persona de Cristo, que los apóstoles habían forjado en los creyentes. De manera que aquí el apóstol les advirtió a los creyentes que vigilasen para que las herejías no influyeran en ellos, y ellos no perdieran lo relacionado con la verdad.

  En el versículo 8 Juan también expresa su deseo de que los creyentes reciban “galardón completo”. Conforme al contexto, especialmente según el versículo 9, el galardón completo debe de ser el Padre y el Hijo como el disfrute pleno para los creyentes fieles, quienes permanecen en la verdad tocante a la persona de Cristo y no se desvían de tal verdad por la influencia de las herejías con respecto a Cristo. Esta interpretación se justifica por el hecho de que no hay indicio alguno de que este galardón será dado en el futuro, como los galardones mencionados en Mateo 5:12; 16:27; 1 Corintios 3:8, 13-14; Hebreos 10:35-36; Apocalipsis 11:18; y 22:12. Si no somos extraviados por las herejías, sino que permanecemos fieles en la verdad acerca del Cristo maravilloso y todo-inclusivo, quien es Dios y hombre, nuestro Creador y Redentor, disfrutaremos en Él al Dios Triuno, al mayor grado posible, como nuestro galardón completo incluso hoy en día en la tierra.

  Si perdemos las cosas preciosas que forjaron los apóstoles en nosotros, eso significa que no hemos permanecido en la verdad. Esto hará que perdamos el disfrute que tenemos del Padre y del Hijo. Pero si permanecemos en la verdad, recibiremos un galardón completo, un galardón que de hecho es el disfrute del Padre y del Hijo. ¡Alabado sea el Señor porque tenemos este galardón delante de nosotros para que lo disfrutemos! Si queremos disfrutar de este galardón, tenemos que permanecer en la verdad divina tocante a Jesucristo, el Hijo de Dios. Aquellos que, como los modernistas de hoy, no permanecen en esta verdad, ciertamente no tienen este disfrute. Para ellos, no hay ningún galardón que consista en disfrutar al Padre y al Hijo. Si usted habla con ellos, se dará cuenta de que están espiritualmente secos y muertos de hambre.

EXTRAVIARSE Y NO PERMANECER EN LA ENSEÑANZA DE CRISTO

  En el versículo 9 Juan dice: “Cualquiera que se extravía, y no permanece en la enseñanza de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en esta enseñanza, ése sí tiene al Padre y al Hijo”. Literalmente, la palabra griega traducida “extravía” significa va adelante (en un sentido negativo), es decir, va más allá de lo debido, sobrepasa los límites de la enseñanza ortodoxa acerca de Cristo. Esto está en contraste con el hecho de permanecer en la enseñanza de Cristo. Los gnósticos cerintianos, quienes se jactaban de tener un avanzado modo de pensar con respecto a la enseñanza de Cristo, practicaban esto. Ellos fueron más allá de la enseñanza de la concepción divina de Cristo, negando así la deidad de Cristo. Como consecuencia, no pudieron experimentar a Dios como salvación y como vida.

  Los modernistas hoy en día se extralimitan y no permanecen en la enseñanza de Cristo. También afirman tener un avanzado modo de pensar. Según ellos, es anticuado decir que Cristo es Dios, que Él nació de una virgen mediante una concepción divina, que murió en la cruz por nuestros pecados y que resucitó tanto física como espiritualmente. Al negar esta verdad acerca de Cristo, los modernistas afirman ser más avanzados en sus conceptos filosóficos. En principio, ellos siguen por el mismo camino que los gnósticos cerintianos.

  En el versículo 9 Juan habla de la posibilidad de no permanecer en la enseñanza de Cristo. Ésta no es la enseñanza que Cristo impartió, sino la enseñanza acerca de Cristo, es decir, la verdad acerca de Su deidad, especialmente tocante a Su encarnación mediante la concepción divina.

TENER AL PADRE Y AL HIJO

  Según el versículo 9, el que se extravía y no permanece en la enseñanza de Cristo, no tiene a Dios; mientras que el que permanece en dicha enseñanza tiene al Padre y al Hijo. Tener a Dios equivale a tener al Padre y al Hijo. Mediante el proceso de la encarnación, Dios se impartió a nosotros en el Hijo con el Padre (1 Jn. 2:23) para ser nuestro disfrute y realidad (Jn. 1:1, 14). En el Dios encarnado tenemos al Hijo en Su redención y al Padre en Su vida. De este modo somos redimidos y regenerados para ser uno con Dios orgánicamente a fin de participar de Él y disfrutarle en la salvación y en la vida divina. Por consiguiente, negar la encarnación significa rechazar este disfrute divino; en cambio, permanecer en la verdad de la encarnación significa tener a Dios, esto es, al Padre y al Hijo, como nuestra porción en la salvación eterna y en la vida divina.

  Lo dicho en el versículo 9 en cuanto a tener al Padre y al Hijo me ha ayudado a interpretar el galardón completo mencionado en el versículo 8. El galardón completo consiste en tener al Padre y al Hijo como nuestro disfrute. Los modernistas de hoy, al igual que los gnósticos de la antigüedad, no tienen ni al Padre ni al Hijo, debido a que no permanecen en la enseñanza de Cristo.

NO PARTICIPAR EN LAS OBRAS HERÉTICAS

  En el versículo 10 Juan continúa, diciendo: “Si alguno viene a vosotros, y no trae esta enseñanza, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Regocíjate!”. Con respecto a la enseñanza de Cristo, no sólo deberíamos enseñarla como una teoría, sino también presentarla como una realidad. Adondequiera que vayamos, debemos llevar esta realidad, la realidad de lo que es el Cristo todo-inclusivo. Tal vez algunos de los jóvenes tengan la oportunidad de presentarles a sus padres esta realidad, la cual es un tesoro maravilloso.

  En el versículo 10 el complemento lo en “no lo recibáis” se refiere a un hereje, un anticristo (v. 7; 1 Jn. 2:22), un falso profeta (4:1), alguien que niega la concepción divina y la deidad de Cristo, como lo hacen los modernistas de hoy. Debemos rechazar a una persona así y no recibirla en casa ni saludarla. De este modo no tendremos ningún contacto con ella ni parte alguna en su herejía, la cual es una blasfemia contra Dios y una enfermedad contagiosa como la lepra.

  No debemos recibir a nadie que no traiga la enseñanza de Cristo. No piensen que porque se nos dice que debemos amar a los demás, debemos recibir a los herejes. Al respecto, el amor no tiene ningún valor. Juan dice claramente que no debemos recibir en casa ni a un anticristo ni a un falso profeta, y que ni siquiera debemos decirle: “¡Regocíjate!”.

  La palabra griega traducida “regocíjate” es cáirein, y significa “alégrate”, “regocíjate”, “salve”, y se usaba como saludo o despedida. En lugar de decir a los falsos profetas que se regocijen, debemos decirles que se lamenten porque no tienen el disfrute del Dios Triuno. Lo que queremos resaltar aquí es que no debemos tener nada que ver con tales personas ni con su contagiosa herejía.

  En el versículo 11 Juan dice: “Porque el que le dice: ¡Regocíjate! participa en sus malas obras”. Así como llevar a otros la verdad divina del Cristo maravilloso es una obra excelente (Ro. 10:15), así también propagar la herejía satánica, la cual contamina la gloriosa deidad de Cristo, es una obra maligna. Esta herejía es una blasfemia contra Dios y es una abominación para Él, y también acarrea perjuicio y maldición para el hombre. Nadie que crea en Cristo y sea hijo de Dios debe tener parte alguna en esta maldad. ¡Hasta saludar a tan maligna persona está prohibido! ¡Estricta y definidamente debemos mantenernos alejados de esa maldad!

  El Nuevo Testamento es muy enfático al decirnos que no debemos recibir a ninguno que niegue la persona de Cristo. Aunque la segunda epístola escrita por Juan habla de amar a los demás, aquí Juan nos prohíbe tener parte en la herejía, ser partícipes de ella. No debemos relacionarnos con herejes, con falsos profetas. No debemos recibirlos ni debemos saludarlos. Ellos son leprosos, y su lepra es contagiosa. Por lo tanto, no debemos tener nada que ver con ellos.

LA CONCLUSIÓN QUE JUAN DA A ESTA EPÍSTOLA

La esperanza de tener una comunión más íntima y así tener más gozo

  En los versículos 12 y 13 tenemos la conclusión de esta epístola. En el versículo 12 Juan expresa la esperanza de tener una comunión más íntima y así tener más gozo: “Tengo muchas cosas que escribiros, pero no he querido hacerlo por medio de papel y tinta, pues espero estar con vosotros y hablar cara a cara, para que nuestro gozo sea cumplido”. Aquí el apóstol expresa su deseo de tener una comunión más profunda y más rica con este miembro de la iglesia, a fin de que el gozo en el disfrute de la vida divina sea cumplido (1 Jn. 1:2-4).

  Por una parte, lo que Juan escribe es divino; por otra, él se muestra muy humano en su conducta. Vemos su condición humana en el versículo 12, donde expresa su deseo de tener una comunión que él describe con las palabras cara a cara.

Un saludo nacido de su amorosa preocupación por los santos

  En el versículo 13 Juan dice: “Los hijos de tu hermana, la elegida, te saludan”. Esto indica que este anciano, tan avanzado en años, tenía una comunión tan íntima con los miembros de la iglesia y que los cuidaba con mucho cariño.

  Hemos señalado que la hermana a quien esta epístola fue escrita probablemente vivía cerca de Éfeso y que la hermana de ella vivía en Éfeso, donde había una iglesia que estaba bajo el cuidado de Juan. En esta epístola Juan saluda a la destinataria en nombre de los hijos de su hermana, la elegida. El hecho de que ella no enviara un saludo tal vez indique que había fallecido. Sin embargo, sus hijos todavía estaban en la iglesia en Éfeso, la cual estaba bajo el cuidado de Juan. En este versículo podemos ver la amorosa preocupación que el apóstol Juan sentía por los santos.

LA REALIDAD DIVINA

  Las tres epístolas escritas por Juan siguen una muy buena secuencia. Sin duda, la segunda epístola se escribió con base en la primera. En su primera epístola vemos lo que es la verdad divina.

  En 1975 di una serie de mensajes sobre los siete misterios hallados en 1 Juan: El misterio de la vida divina, el misterio de la comunión divina, el misterio de permanecer en el Señor, el misterio de la unción, el misterio del nacimiento divino, el misterio de la simiente divina y el misterio del agua, la sangre y el Espíritu. Recientemente la realidad divina presentada en la primera epístola escrita por Juan ha dejado en mí una profunda impresión. El factor central de 1 Juan es la realidad divina. Esta realidad es de hecho el Dios Triuno. La realidad divina es el Dios Triuno, no meramente en teología o en doctrina, sino en nuestra experiencia, es decir, el Dios Triuno que se imparte en nosotros para nuestro disfrute. Ésta es la realidad divina revelada en 1 Juan.

El disfrute que tenemos del Dios Triuno

  Si usted repasa los mensajes dados en el Estudio-vida de 1 Juan, verá que en esos mensajes le es ministrada la realidad divina. Por supuesto, en esos mensajes nos es ministrada la vida eterna, la comunión de la vida divina, el permanecer en el Señor, la unción, el nacimiento divino, la simiente divina, y el agua, la sangre y el Espíritu. Pero cuando juntamos todos estos factores divinos, lo que tenemos es el disfrute del Dios Triuno. Así, pues, el Dios Triuno es la realidad, la verdad, que disfrutamos. ¿Qué hacemos día tras día en la vida cristiana? Disfrutamos al Dios Triuno. Si me preguntaran qué he estado haciendo por más de cincuenta años, les contestaría que he estado disfrutando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Debido a que he estado disfrutando al Dios Triuno, he recibido la carga de compartir este disfrute con otros. Sin embargo, a causa de la influencia de las enseñanzas tradicionales, hay quienes no están dispuestos a oír acerca del disfrute del Dios Triuno.

  La gente por doquier necesita oír acerca de la realidad divina revelada en la Epístola de 1 Juan. ¿No creen que esto es lo que las personas, incluyendo a los líderes religiosos y maestros de la Biblia, necesitan hoy? Algunos recitan el Credo de los Apóstoles en sus reuniones cada semana, aun sin ser salvos y sin haber tenido ninguna experiencia del Dios Triuno. Damos gracias al Señor por habernos abierto la Epístola de 1 Juan, un libro que nos presenta un platillo tras otro para nuestra alimentación espiritual. ¡Oh, cuántas riquezas de nuestro Dios Triuno se revelan en esta epístola para nuestra experiencia y disfrute!

El verdadero Dios llega a ser nuestra experiencia

  Según 1 Juan 5:20, no solamente experimentamos y disfrutamos al Dios Triuno, sino que también estamos en Él: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer a Aquel que es verdadero; y estamos en el verdadero, en Su Hijo Jesucristo. Éste es el verdadero Dios, y la vida eterna”. Solamente nuestro Dios Triuno es verdadero; cualquier otra persona o cosa es falsa. Juan nos dice que estamos en el verdadero, en Su Hijo Jesucristo. Ya no estamos fuera del verdadero, ni tampoco estamos fuera de Su Hijo Jesucristo.

  En la segunda parte de 1 Juan 5:20, Juan añade: “Éste es el verdadero Dios, y la vida eterna”. El verdadero Dios en nuestra experiencia llega a ser la vida eterna. Éste es el factor básico de la primera epístola de Juan.

  En 1 Juan tenemos el disfrute del Dios Triuno como vida eterna. Por estar en el verdadero Dios, Él nos contiene a nosotros. Cuando estamos en el verdadero Dios, Él llega a ser vida eterna para nosotros.

  Así, pues, en 1 Juan 5:20 tenemos al verdadero, a Jesucristo, al verdadero Dios y la vida eterna. Según el concepto de Juan, todos éstos son uno; sin embargo, según la doctrina, son cuatro: el verdadero, Su Hijo Jesucristo, el verdadero Dios y la vida eterna. Pero en nuestra experiencia son uno. Cuando estamos en el verdadero, estamos en Su Hijo Jesucristo. Entonces el verdadero llega a ser nuestro Dios, y Su Hijo Jesucristo llega a ser vida eterna para nosotros. De hecho, esta vida eterna es el verdadero Dios. Además, debido a que el verdadero Dios es real para nosotros, en nuestra experiencia Él llega a ser nuestra vida eterna. Éste es el verdadero Dios y la vida eterna.

La sinceridad como resultado de disfrutar la realidad divina

  La segunda epístola escrita por Juan se basa en la verdad revelada en su primera epístola. En 2 Juan 1 él dice: “El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo con veracidad; y no sólo yo, sino también todos los que conocen la verdad”. En el mensaje anterior señalamos que la palabra veracidad en este versículo denota la realidad divina revelada —el Dios Triuno impartido al hombre en el Hijo, Jesucristo— que llega a ser la autenticidad y la sinceridad del hombre. Esta sinceridad es resultado del disfrute que tenemos de la realidad divina. Así que, cuando Juan dice que él ama con veracidad, él quiere decir que ama con la sinceridad que emana de la realidad divina. También dijimos que la palabra verdad que aparece al final de este versículo denota la realidad divina del evangelio, especialmente con respecto a la persona de Cristo. Ésta es “la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros” (v. 2). Aunque estos versículos son sencillos, lo que ellos implican es muy profundo. De hecho, se requiere toda la primera epístola escrita por Juan para explicar los dos primeros versículos de su segunda epístola.

Andar en la verdad y en amor

  Después que Juan habla acerca de la verdad en los versículos del 1 al 3, nos dice en los versículos del 4 al 6 que debemos andar en la verdad y en el amor. La verdad es la realidad de la Trinidad, y el amor es la expresión de esta realidad. Cuando andamos en la verdad, andamos en la realidad divina que disfrutamos a diario; y el amor es la expresión de esta realidad. Al andar en la realidad divina, espontáneamente amamos a los demás. Este amor es la expresión de la realidad divina que disfrutamos día tras día. Gracias a esta realidad y a este amor, la gracia, la misericordia y la paz están con nosotros (v. 3). ¡Alabado sea el Señor porque podemos andar en la realidad divina y en la expresión divina!

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