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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Apocalipsis»
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Mensaje 60

LA NUEVA JERUSALEN

(2)

  El significado de Ap. 21 y Ap. 22 ha estado escondido de los cristianos por siglos. Muchos han entendido estos capítulos de una manera muy natural y los han considerado la descripción de una ciudad material. Cuando éramos jóvenes, oíamos cantos evangélicos referentes a esa ciudad y su calle de oro.

  El primer versículo del libro de Apocalipsis dice que la revelación de Jesucristo fue declarada por medio de señales. Si deseamos entender este libro, tenemos que conocer el significado de todas las señales. Por ejemplo, los siete candeleros de oro que aparecen en el capítulo uno, y la mujer vestida del sol, en el capítulo doce, son señales. Además, en este libro Cristo es llamado el León y el Cordero, términos que también son señales. De igual manera, la ciudad misma, la Nueva Jerusalén, es una señal.

  A través de los siglos, lo dicho por los cristianos acerca de la iglesia proviene de un concepto equivocado en cuanto a lo que ésta es. Cuando alguien habla de ir a la iglesia, se refiere a un edificio con una torre y una campana. En su mente, la iglesia es un edificio. Inclusive en algunos diagramas de las dispensaciones usan la figura de un edificio con un campanario para representar la iglesia. Aunque aquello puede llamarse una capilla, ciertamente no es la iglesia.

  Los Hermanos, a quienes Dios levantó en el siglo pasado, tienen un mejor entendimiento de la iglesia. Para ellos la iglesia no es un edificio; es la asamblea de los llamados. Cuando los creyentes se reúnen, tal asamblea es la iglesia. Aunque este entendimiento es correcto, es bastante superficial. La iglesia va mucho más allá. Suponiendo que miles de cristianos regenerados se reúnan, aun así, ellos pelean, se critican unos a otros y viven en la carne. ¿Es esto la iglesia? No, eso no es la iglesia ni es la asamblea de los santos; delante de Dios eso es una reunión de la carne. En una reunión de la mesa directiva de cierta iglesia, un miembro le lanzó una Biblia a otro. Tal reunión no es una reunión de la iglesia.

  En el último libro de la Biblia, la iglesia es tipificada por un candelero de oro resplandeciente y puro. El Señor usa un candelero como símbolo de la iglesia porque ella es profunda y misteriosa y no puede ser descrita adecuadamente en el lenguaje humano. Por consiguiente, el Señor se vio forzado a usar una señal, un símbolo, para representarla. Cuando usted vea la iglesia como un candelero de oro, sabrá lo que es la iglesia. Pero si le preguntan cómo define la iglesia, no podrá hacerlo. La iglesia es misteriosa, divina y pura, y las palabras humanas no pueden definirla adecuadamente. Por esta razón, no encontramos en ninguna parte del Nuevo Testamento la definición completa de la iglesia. Efesios 1:22-23 dice que la iglesia es el Cuerpo de Cristo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Pero, ¿qué quiere decir la palabra “plenitud”, y qué significa “todo lo llena en todo”? Es difícil entender el término iglesia, y mucho más los términos “Cuerpo”, “plenitud” y “todo en todo”. Por consiguiente, en el libro de Apocalipsis, la conclusión de la Biblia, se usan muchas señales para expresar verdades espirituales.

  Cuando decimos que la iglesia es un candelero de oro, no queremos decir que la iglesia es una columna con siete lámparas. Es un error entender así este asunto. Sucede lo mismo con la descripción de Cristo como el Cordero. Ciertamente nuestro Señor no es un cordero literal con cuatro patas y cola. ¡Qué gran equivocación entender los símbolos bíblicos de esta manera! El cordero es una señal que se relaciona con el Señor. Por consiguiente, cuando el libro de Apocalipsis muestra que la iglesia es un candelero de oro, da a entender que la iglesia es divina y pura; la iglesia también tiene una luz que resplandece en la oscuridad. Este es el verdadero significado de la iglesia representada por el candelero de oro.

  La ciudad de la Nueva Jerusalén también es una señal que lo abarca todo. Para entender esta señal, nuestra mente debe estar completamente renovada y llena de luz. No debemos entender la Nueva Jerusalén según nuestro concepto natural. Algunos creen que la Nueva Jerusalén es en realidad una ciudad material de forma cuadrada. Si tenemos este concepto natural, no podremos entender la Nueva Jerusalén como una señal que denota el edificio eterno de Dios como Su morada. Debemos estar seguros de que el edificio eterno de Dios no es un lugar físico, sino una entidad viva. No es una ciudad material, sino una entidad constituida de la vida de Dios. Esto es tan misterioso y profundo, que no puede describirse con palabras humanas. Por consiguiente, Dios en Su sabiduría lo revela en cuadros y señales. Teniendo este principio en mente, debemos examinar los diversos detalles y aspectos de la Nueva Jerusalén.

VII. UNA COMPOSICION VIVA DE TODOS LOS REDIMIDOS DE DIOS

  La Nueva Jerusalén es una composición viva de todos los redimidos de Dios. El hecho de que la Nueva Jerusalén sea tal composición significa que es un edificio vivo. La idea de que el pueblo de Dios es un edificio vivo no se presenta por primera vez en el libro de Apocalipsis. En el Antiguo Testamento vemos que el pueblo de Dios era considerado material para ser edificado conjuntamente como morada de Dios.

  La Biblia abarca dos cosas principales, la creación y el edificio de Dios. Al comienzo de la Biblia tenemos la creación, y al final, el edificio. Entre estos dos extremos tenemos la obra de edificación. En la creación Dios produjo los materiales de construcción. Al realizar la obra de edificación, El acopla todos los materiales en una sola unidad, la cual es Su edificio.

  En Génesis 2 vemos que se crea un huerto, y en Apocalipsis 21, se construye una ciudad. Un huerto es algo natural creado por Dios, y una ciudad es algo construido por El. La Nueva Jerusalén no es un huerto natural, sino una ciudad edificada. En el huerto de Génesis 2 vemos el árbol de la vida, y junto a éste estaba un río que corría en cuatro direcciones (Gn. 2:8-10). En el fluir de este río tenemos oro, bedelio y ónice, una piedra preciosa. El bedelio es una resina segregada por un árbol, la cual se endurece y forma una substancia parecida a una perla. La primera piedra a la que la Biblia alude no es una piedra común y corriente, sino el ónice, una piedra preciosa.

  ¿Para qué se usan los tres materiales preciosos mencionados en Génesis 2, el oro, el bedelio y el ónice? Para responder esta pregunta tenemos que leer toda la Biblia.

  En el pectoral del sumo sacerdote había doce piedras preciosas (Ex. 28:15-21), la primera de las cuales era sárdica y la última jaspe. Entre esas piedras preciosas figura el ónice. Esto indica que el pectoral del sumo sacerdote se relaciona con Génesis 2 y con Apocalipsis 21, porque en Génesis 2 tenemos el ónice y en Apocalipsis 21, el jaspe. En la descripción del pectoral del sumo sacerdote y de las dos piedras de ónice en las cuales estaban grabados los nombres de los hijos de Israel (Ex. 28:9-12), vemos una miniatura del edificio de Dios. Las piedras preciosas del pectoral y las de las hombreras tenían grabados los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel. Esto significa que los israelitas redimidos constituyen el edificio de Dios. Las doce piedras preciosas estaban engastadas en oro. La base de oro sostenía todas las piedras preciosas. Sin duda, éste es un cuadro del edificio de Dios. El pectoral era construido de tal modo que expresaba a Dios.

  Sobre el pectoral también estaban el Urim y el Tumim (Ex. 28:30). En hebreo Urim significa luz y Tumim significa perfección o consumación. Hace muchos años leí un artículo escrito por un hebreo, en el que decía que el Tumim es una piedra preciosa sobre la cual hay cuatro letras del alfabeto hebreo grabadas. Sobre el pectoral del sumo sacerdote estaban los nombres de las doce tribus de Israel grabados sobre las doce piedras. Los nombres de esas tribus contenían solamente dieciocho de las veintidós letras del alfabeto hebreo. Por consiguiente, esas cuatro letras no estaban sobre el pectoral del sumo sacerdote. Sin embargo, fueron talladas en el Tumim, y cuando esta piedra era colocada sobre el pectoral, había consumación y perfección. Se juntaban las veintidós letras del alfabeto hebreo. El Urim era una piedra que se colocaba en el pectoral para dar luz. El escritor del artículo citado dice que cuando el sumo sacerdote se presentaba delante del Señor, ciertas piedras con sus respectivas letras en el pectoral resplandecían, y que en otras ocasiones resplandecían otras piedras con sus letras. El sumo sacerdote escribía la letra de las piedras que resplandecían, y de esta manera formaba palabras y oraciones. Por último, recibía un mensaje completo o un juicio de parte del Señor. Así que, por el resplandor sobre el pectoral, Dios expresaba Su pensamiento, Su intención y Sus sentimientos, y el sumo sacerdote podía saber cuál era la intención de Dios en el asunto en cuestión. Esto es una miniatura del edificio de Dios hoy. Nosotros conocemos la voluntad de Dios en la actualidad por medio del edificio, el cual es la iglesia.

  De acuerdo con Génesis 28, Jacobo, el suplantador, tuvo un sueño divino en el cual veía una escalera apoyada en la tierra, cuyo extremo llegaba al cielo. Cuando despertó de su sueño, él llamó a ese lugar la casa de Dios (Gn. 28:17). Entonces tomó la piedra que había usado como almohada, la erigió como una columna, la ungió con aceite y la llamó la casa de Dios (Gn. 28:18-19, 22).

  La piedra también se menciona en el libro de Zacarías. Zacarías 4:7 habla de la primera piedra, y en 3:9 se habla de la piedra que tiene siete ojos. La piedra de Zacarías no es la piedra del fundamento ni la piedra del ángulo, sino la primera piedra, que tiene siete ojos. Esos siete ojos aparecen nuevamente en Apocalipsis como los siete ojos del Cordero (5:6). Por lo tanto, los siete ojos relacionan la piedra con el Cordero, el cual también es el León (5:5). Por esta razón, nosotros hablamos de la piedra que es el León-Cordero.

  Cuando Pedro conoció al Señor Jesús, éste le cambió el nombre, Simón, por Cefas, que significa piedra (Jn. 1:42). Después de que Pedro recibió la revelación de que el Señor era el Cristo, el Hijo del Dios viviente, el Señor le dijo: “Y Yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia” (Mt. 16:18). En este versículo tenemos la piedra y la roca. Más tarde Pedro, en su primera epístola, dice: “Acercándoos a El, piedra viva, desechada por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sois edificados como casa espiritual” (1 P. 2:4-5). Por esta razón, el concepto de que los creyentes son piedras que deben ser edificadas para conformar la morada de Dios no es algo que sólo aparece en el libro de Apocalipsis, pues se halla tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.

  Pablo expresa esto mismo en 1 Corintios 3, donde dice que la iglesia es la labranza y el edificio de Dios, y que él era un sabio arquitecto (vs. 9-10). En este pasaje de la Palabra Pablo nos advierte que tengamos cuidado con los materiales que usamos en la edificación. No debemos edificar con madera, heno ni hojarasca, sino con oro, perlas y piedras preciosas (vs. 10, 12).

  Si reunimos todas las porciones de la Palabra que se relacionan con la expresión “piedra”, veremos que las piedras preciosas representan al pueblo de Dios, que fue redimido, regenerado y transformado. Las piedras con las cuales la Nueva Jerusalén se edifica son todos los santos de Dios, quienes fueron redimidos, regenerados y transformados. El apóstol Pedro nos dice claramente que nosotros somos piedras vivas. Ahora estamos en el proceso de transformación siendo puestos en el edificio de Dios. En primer lugar, Dios nos transforma, y luego nos edifica. Por consiguiente, la Nueva Jerusalén no es un montón de materiales de construcción, sino una composición de materiales que son colocados en el edificio. La ciudad de Jerusalén en su totalidad es el edificio de Dios, la composición viva de todos los santos de Dios, los cuales fueron redimidos, regenerados y transformados.

A. Los santos del Antiguo Testamento son representados por los doce nombres de las doce tribus de Israel inscritos en las doce puertas

  La Nueva Jerusalén está compuesta primeramente de los santos del Antiguo Testamento. Esto lo demuestra Apocalipsis 21:12, donde dice que los nombres de las doce tribus están inscritos en las puertas de la ciudad. Cada puerta tiene el nombre de una tribu. Esto también es una señal que indica que las puertas de la ciudad son personas vivientes. Ya vimos que como la iglesia es un candelero, se da a entender que resplandece para dar luz. Necesitamos conocer el verdadero significado de lo que son estas puertas.

  Las puertas, en primer lugar, sirven como medio de propagación para la ciudad, y en segundo lugar, como entrada a ella. Antes que nada pueda entrar por las puertas, primero algo tiene que salir por ellas. Lo que salga entonces traerá consigo algo a través de ellas. Por consiguiente, el fin de las puertas es en primer lugar ser una vía de propagación, y luego servir de entrada.

  Recuerde que el evangelio fue originalmente predicado y propagado por los judíos. Por ejemplo, tanto Pedro como Pablo eran judíos. Por esta razón, el Señor le dijo a la mujer samaritana que la salvación venía de los judíos (Jn. 4:22). En otras palabras, el evangelio o la buena nueva provino del pueblo judío. En consecuencia, los santos del Antiguo Testamento, los hijos de Israel, son las puertas a la predicación y la propagación. Todos los profetas del Antiguo Testamento, incluyendo a Isaías, Jeremías, Daniel, Ezequiel y los profetas menores, eran predicadores. Isaías predicó mucho, proclamando el mensaje del evangelio, el cual consta en Isaías 53. Juan el Bautista y los apóstoles eran descendientes de las doce tribus de Israel. De manera que las doce tribus de Israel son las puertas por las cuales la Nueva Jerusalén suministra sus riquezas a la humanidad.

  El suministro que sale por esas puertas produce un resultado: los hombres son traídos a la ciudad por la predicación del evangelio. Todos hemos entrado en la Nueva Jerusalén por las puertas judías. Aunque, a algunos no les agrade esta expresión, a mí sí me agrada. Yo no entré por una puerta gentil, sino por una puerta que lleva el nombre de una de las doce tribus de Israel. No podemos decir que entramos por una puerta que lleva un nombre británico, alemán, o algún otro nombre gentil. En la Nueva Jerusalén no hay tales nombres. En las puertas solamente aparecen los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel. Ellos son las puertas que sirven de propagación y de entrada. Como ya vimos, estos nombres indican que los santos del Antiguo Testamento son los constituyentes de esa ciudad.

B. Los creyentes del Nuevo Testamento son representados por los nombres de los doce apóstoles del Cordero en los doce cimientos

  El versículo 14 dice: “Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero”. El hecho que los nombres de los doce apóstoles están inscritos en los doce cimientos del muro indica que la Nueva Jerusalén no está compuesta solamente de los santos del Antiguo Testamento, representados por Israel, sino también de los santos del Nuevo Testamento, representados por los apóstoles; los creyentes del Nuevo Testamento no son las puertas, sino el muro. La función de las puertas es propagar y proveer acceso, pero la del muro es separar y proteger. En otro mensaje hablaremos en detalle de las puertas y del muro.

VIII. EDIFICADA CON TESOROS

  La Nueva Jerusalén es edificada con tesoros. Está edificada con tres clases de materiales preciosos, que indican que el Dios Triuno lleva a cabo la edificación. Primeramente, encontramos la ciudad con su calle de oro (vs. 18, 21). El oro representa la naturaleza de Dios, y significa que el Padre es el origen y produce el elemento esencial que da subsistencia a la ciudad. Segundo, las doce puertas de la ciudad son perlas, las cuales representan la muerte del Hijo, que todo lo vence, y Su resurrección, que imparte vida, mediante las cuales se tiene acceso a la ciudad. Tercero, el muro de la ciudad y su cimiento son construidos con piedras preciosas, lo cual denota la obra del Espíritu que transforma en piedras preciosas a los santos redimidos y regenerados para que se edifique la morada eterna de Dios a fin de que ellos expresen corporativamente a Dios en Su gloria, una gloria que los impregna. En el huerto de Edén estas tres clases de tesoros eran simples materiales (Gn. 2:11-12), mientras que en la ciudad de la Nueva Jerusalén estos materiales preciosos son edificados en cumplimiento del propósito eterno de Dios: obtener Su expresión corporativa.

A. El oro constituye la ciudad

  La Nueva Jerusalén es una montaña de oro, y como tal, es el candelero de oro único y eterno. En tipología el oro representa la naturaleza divina. Por consiguiente, esta ciudad está compuesta exclusivamente de la naturaleza de Dios. Este oro es puro y transparente. Si tenemos la visión de que la Nueva Jerusalén es edificada con la naturaleza de Dios, renunciaremos a todo lo que no pertenezca a ella y rechazaremos todo lo que no sea compatible con Dios. La iglesia hoy también debe ser edificada con la naturaleza de Dios, no con ladrillos ni arcilla ni madera.

B. Doce piedras preciosas conforman los doce cimientos

  En los versículos 19 y 20 vemos que los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con piedras preciosas. Esto indica que los doce apóstoles fueron transformados en piedras preciosas para ser los doce cimientos de la ciudad.

C. El jaspe constituye el muro

  El versículo 18 dice: “El material de su muro era de jaspe”. La apariencia de Dios es de jaspe (4:3). Así que el muro de jaspe indica que la ciudad en su totalidad, como expresión corporativa de Dios en la eternidad, tiene la apariencia de Dios. Cuando estemos en la Nueva Jerusalén, veremos maravillados que la ciudad entera tiene la misma apariencia, jaspe. Esto significa que todos debemos hablar la misma cosa, expresar lo mismo y tener la misma apariencia. Sin embargo, el cristianismo de hoy está lleno de variedad, pues cada persona tiene su propio color y su propia opinión, y habla de lo que está en su propia mente. Pero la Nueva Jerusalén tiene una sola apariencia, una sola expresión y un solo color.

D. Doce perlas constituyen las doce puertas

  El versículo 21 dice: “Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla”. Por lo tanto, aun las puertas de la ciudad están hechas de tesoros.

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