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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Apocalipsis»
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Mensaje 68

EXPERIMENTAMOS LAS SIETE LAMPARAS, LOS SIETE OJOS Y LOS SIETE ESPIRITUS

EL EDIFICIO DE DIOS, LA NUEVA JERUSALEN

  En la eternidad pasada existía el Dios Triuno: el Padre, el Hijo y el Espíritu. Gn. 1:26 revela que Dios creó al hombre a Su imagen. Pese a que el hombre fue creado a la imagen de Dios, en el momento en que fue creado no tenía la vida de Dios dentro de sí. Cuando leemos toda la Biblia, de Gn. 1 a Ap. 22, vemos que después del transcurso de muchas dispensaciones, generaciones y edades, Dios continuará existiendo en la eternidad futura. Sin embargo, El ya no estará solo. Aunque seguirá existiendo el Dios Triuno descrito en 22:1 como Dios, el Cordero y el río que fluye (el símbolo del Espíritu), en ese entonces El será el centro de la Nueva Jerusalén. En la eternidad pasada Dios estaba solo, pero en la eternidad futura, el Dios Triuno será el centro de la Nueva Jerusalén y llenará por completo la ciudad. El cuadro de la Nueva Jerusalén que vemos en los capítulos veintiuno y veintidós es una señal que indica que Dios se mezclará con Sus redimidos como Su agrandamiento. Finalmente, este pueblo será un edificio, el cual está constituido de lo divino y lo humano, y será la habitación de Dios y el hombre. Esta es la revelación clara presentada en la Santa Biblia.

  Esta revelación incluye tres entidades principales: el Dios único, el hombre creado y la Nueva Jerusalén edificada. Estas tres entidades abarcan la Biblia en su totalidad. Cuando Dios entra en el hombre, lo regenera y lo transforma, se mezcla con él. Dios se agranda al mezclarse con el hombre, y el resultado de dicha mezcla es el edificio, la Nueva Jerusalén. Por consiguiente, la Nueva Jerusalén como edificio de Dios es la mezcla de Dios con el hombre creado, redimido y regenerado. Todos necesitamos tener una visión de este maravilloso edificio.

INTRODUCIDOS EN EL EDIFICIO INMUTABLE DE DIOS

  Recientemente un hermano testificó que desde que fue salvo ha pasado por muchos cambios. Por un tiempo él estaba contento, y después hubo un cambio; hasta cierto punto pensó que ya había llegado a tener una vida victoriosa. Entonces las cosas cambiaron otra vez. Piense cuántos cambios ha habido y habrá desde Adán hasta la Nueva Jerusalén. La razón por la cual usted ha experimentado tantos cambios es que no ha sido introducido en el edificio inmutable. Todos nosotros seguiremos cambiando hasta que hayamos entrado en el edificio de Dios. Sólo entonces, cesarán los cambios. Apocalipsis 3:12 dice: “Al que venza, Yo lo haré columna en el templo de Mi Dios, y nunca más saldrá de allí”. Esto significa, que solamente después de haber sido edificados como templo de Dios cesaremos de cambiar. Mientras tanto, cuanto más cambiamos, más nos acercamos al edificio. Nuestro destino eterno es estar en el edificio de Dios. Sin embargo, entre muchos cristianos de la actualidad no hay edificación. En lugar de edificación, se ve una inestabilidad continua.

TRECE COSAS

  En el libro de Génesis tenemos ocho hombres importantes: Adán, Abel, Enós, Enoc, Noé, Abraham, Isaac y Jacob. Al final, el resultado de estos ocho hombres fue el edificio de Dios. En el Antiguo Testamento este edificio fue tipificado por el tabernáculo y el templo. En el Nuevo Testamento tenemos la realidad de dicho edificio. Jesús es el tabernáculo (Jn. 1:14), la iglesia es el templo (1 Co. 3:16), y la Nueva Jerusalén es la consumación final. En total son trece cosas: los ocho hombres mencionados en Génesis, los tipos del tabernáculo y el templo, la realidad de Jesús y la iglesia, y la Nueva Jerusalén.

EL CANDELERO Y LAS SIETE LAMPARAS

  El candelero era crucial en el tabernáculo debido a que conducía la gente al arca que estaba en el Lugar Santísimo. Note la disposición de los muebles en el tabernáculo y en el atrio. En primer lugar, en el atrio estaban el altar y el lavacro de bronce. En el Lugar Santo estaban la mesa de los panes de la proposición y el candelero con sus siete lámparas. El candelero dirigía a la gente al Lugar Santísimo; señalaba el camino hacia la ley de vida que estaba en el arca del testimonio.

  Si sólo tuviéramos el libro de Exodo, no podríamos entender el significado del candelero y las siete lámparas. Pero en Zacarías 3 y 4 el candelero y sus lámparas aparecen de nuevo como un desarrollo del candelero de Exodo 25. En Zacarías 3:9 tenemos los siete ojos sobre la piedra, y en 4:10 vemos que estos siete ojos son los ojos del Señor “que recorren toda la tierra”. Cuando juntamos Zacarías 4:10 y 4:2, vemos que las siete lámparas del candelero también son los siete ojos del Señor. Así que, en Zacarías las siete lámparas de Exodo son desarrolladas como los siete ojos de Jehová el Señor. Además, estas siete lámparas son los siete ojos de la piedra. De modo que, en Zacarías las siete lámparas han llegado a ser siete ojos, y el candelero ha venido a ser la piedra que es Jehová, el Señor. Aquí no sólo tenemos las siete lámparas, sino también los siete ojos; no sólo el candelero, sino también la piedra, Jehová. Esto implica que las siete lámparas son los siete ojos y que el candelero es Jehová.

LA PIEDRA MENCIONADA EN EL NUEVO TESTAMENTO

  Como ya hemos comentado en varias ocasiones, el asunto de la piedra se desarrolla en el Nuevo Testamento. En Mateo 16:18 el Señor Jesús dijo: “Y Yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia”. Aquí el Señor se refiere a Sí mismo como la roca. En Mateo 21:42 El dijo: “¿Nunca leísteis en las Escrituras: ‘La piedra que rechazaron los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos’?” Esta piedra es la misma de la que dice Zacarías 3:9 que tiene siete ojos. Pedro habló del Señor como esta piedra en Hechos 4:11, donde dijo: “Este Jesús es la piedra menospreciada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo”. Pedro decía a los religiosos que ellos habían menospreciado no solamente a su Redentor, sino también a la piedra angular del edificio de Dios.

UN ASPECTO ADICIONAL DE LAS SIETE LAMPARAS

  En Apocalipsis 4 y 5 tenemos un aspecto adicional de las siete lámparas. De acuerdo con 4:5, las siete lámparas del candelero son siete lámparas de fuego que arden delante del trono de Dios. Las siete lámparas del candelero iluminan, pero las siete lámparas que están delante del trono de Dios ademas de iluminar, llevan a cabo el gobierno administrativo de Dios. En Apocalipsis 5:6 se da a entender que las siete lámparas que arden delante del trono también son los siete ojos del Cordero. Así que, los siete ojos son los siete ojos de la piedra, los siete ojos del Señor y los siete ojos del Cordero. Estos siete ojos unen la piedra al Señor y al Cordero. Esto significa que el Cordero es la piedra, y que la piedra es el Señor. Además, en 5:6 se revela que los siete ojos del Cordero son los siete Espíritus de Dios. Por un lado, se ve una serie que contiene seis entidades: el candelero, la piedra, Jehová, el Cordero, el trono de Dios y Dios. Por otro lado, existe otra serie que consta de tres entidades: las siete lámparas, los siete ojos y los siete Espíritus. El candelero significa el resplandor, la piedra con el edificio de Dios. Jesús nuestro Salvador es Jehová, y el Redentor es el Cordero. El trono de Dios denota el gobierno de Dios, Su administración.

LAS SIETE LAMPARAS LLEVAN A CABO LA ADMINISTRACION DE DIOS

  Las lámparas iluminan, escudriñan, manifiestan, juzgan y queman. El fin de todo esto es llevar a cabo la administración de Dios. Hoy Dios administra Su gobierno iluminando, escudriñando, exponiendo, juzgando y quemando. Cualquier cosa que no corresponda a la naturaleza de Dios será quemada por Su fuego. Aunque fuimos salvos y hemos pasado por cierta medida de transformación, si nuestra obra es madera, heno u hojarasca, será quemada; tiene que ser oro, plata y piedras preciosas (1 Co. 3:12-15). Cualquier obra realizada en la carne, aunque se haga en el nombre del Señor, pero sin tener relación con El, será quemada. Todo lo que no sea Dios o que no concuerde con El, aunque se le llame “iglesia”, obra cristiana o inclusive predicación del evangelio, ante Dios sólo será madera, heno y hojarasca, y el fuego la consumirá. Este fuego lleva a cabo la administración de Dios. La Biblia revela que Dios es fuego consumidor (Dt. 4:24; He. 12:29). Todo lo que no sea de El o que no corresponda a Su naturaleza será quemado.

  Las siete lámparas que arden, alumbran, escudriñan, exponen y juzgan quemarán todo lo que no corresponda a Dios, pero refinarán las cosas que concuerden con Su naturaleza. Estas no son quemadas, sino refinadas. La escoria irá al lago de fuego, pero el oro refinado irá a la Nueva Jerusalén.

  Es posible que logremos esconder cosas de los demás, pero cuando las siete lámparas resplandecen sobre nosotros, quedamos desnudos y totalmente expuestos. Entonces es imposible escondernos o cubrirnos. Todo lo que somos, hacemos, decimos y pensamos es puesto de manifiesto, juzgado y quemado. Si lo que usted dice corresponde a la naturaleza de Dios, será oro refinado; si no, será escoria. Es así como experimentamos las siete lámparas.

LOS SIETE OJOS INFUNDEN Y TRASMITEN AL SEÑOR

  Las siete lámparas son simultáneamente los siete ojos del Cordero y la piedra. Las lámparas alumbran y queman; los ojos vigilan y observan, y además infunden y trasmiten al Señor. Los siete ojos trasmiten a nuestro ser todo lo que el Cordero-piedra es, a fin de que seamos como El. En 1 Pedro 2:4-5 dice: “Acercándoos a El, piedra viva, desechada por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sois edificados como casa espiritual”. Nosotros llegamos a ser piedras vivas al acudir a El y ser vistos por El. Cuando el Señor nos ilumina y nos juzga, nos mira, y Sus siete ojos lo infunden en nosotros. De esta manera somos transformados.

  Si no fuéramos salvos, sería una experiencia horrible ser iluminados así por las siete lámparas del Señor. Pero debido a que somos salvos, es maravilloso ser iluminados así. Si nuestra obra y nuestro vivir son carnales y no corresponden al espíritu sino a nuestro yo, sería terrible ser alumbrados por las siete lámparas, ya que nuestra vida y nuestra obra quedarían expuestas y serían consumidas por el fuego. Pero si vivimos en el espíritu y de acuerdo con la naturaleza de Dios, cuanto más nos alumbren las siete lámparas, y cuanto más nos mire el Señor, más se nos trasmitirá y se nos infundirá todo lo que El es. Esto lo confirma nuestra experiencia.

LOS SIETE ESPIRITUS IMPARTEN VIDA

  Cuando los siete ojos nos miran e infunden en nosotros todo lo que el Señor es, inmediatamente se vuelven los siete Espíritus que nos imparten vida. Cuando esos ojos infunden algo en nosotros, los siete Espíritus imparten vida en todo nuestro ser. Por lo tanto, las lámparas nos iluminan y juzgan; los ojos infunden y trasmiten algo en nosotros; y los Espíritus imparten vida para que seamos transformados a Su imagen. Cuanto más experimentemos esto, más edificados seremos. Por esta razón, el libro de Apocalipsis, el cual habla del edificio de Dios de una manera concluyente, contiene estos dos capítulos, en los cuales se revela que el edificio de Dios se obtiene por medio de las siete lámparas, los siete ojos y los siete Espíritus. Todos necesitamos estar bajo la luz de las siete lámparas, bajo la mirada de los siete ojos, y bajo la impartición de vida de los siete Espíritus. En la actualidad muchos de nosotros estamos bajo las siete lámparas, los siete ojos y los siete Espíritus. ¡Alabado sea el Señor por esto! Puedo dar testimonio de que cada día quedo expuesto. ¿No es ésta también su experiencia? Algo nos está siendo infundido. Puedo testificar que cada día algo del Señor es trasmitido a mi ser. El resultado de esto es un mayor crecimiento en vida. No piense que solamente los jóvenes crecen en vida. Aunque yo soy más viejo, sigo creciendo debido a que diariamente recibo más vida por la impartición de vida que efectúan los siete Espíritus.

LAS SIETE LAMPARAS LLEGAN A SER EL RIO DE VIDA

  Finalmente, las siete lámparas que están delante del trono se convierten en el río de vida procedente del trono. En el capítulo cuatro tenemos las siete lámparas que arden delante del trono de Dios, y en el veintidós tenemos el río de agua de vida que brota de Su trono. De modo que, las siete lámparas se convierten en un río. Según nuestra experiencia, los siete Espíritus de Dios son primeramente las siete lámparas que arden. Después de que las siete lámparas nos queman, los siete Espíritus vienen a ser un fluir. En el capítulo cuatro no tenemos todavía la Nueva Jerusalén, debido a que solamente con las siete lámparas no hay edificación. Pero cuando vemos el río que sale del trono y reemplaza las siete lámparas, sabemos que el edificio está presente. Tal vez ayer usted haya estado bajo la iluminación y el fuego de las siete lámparas, pero hoy está en el fluir del agua de vida. Si sólo se tienen las lámparas, no hay edificación; pero con el fluir, se obtiene la Nueva Jerusalén. Cuando estamos en el fluir, somos parte del edificio de Dios.

  Según el libro de Apocalipsis, los siete Espíritus de Dios son primordialmente las lámparas que arden delante del trono administrativo de Dios. Finalmente, en el edificio de Dios los siete Espíritus de Dios se vuelven el río de agua de vida que procede del trono. Este trono no sólo se relaciona con la administración, sino que también es un trono que brinda la suministración. De esta manera obtenemos el edificio. Cuanto más iluminados y más consumidos seamos, más estaremos en el fluir de la vida, y cuanto más estemos en dicho fluir, más seremos edificados. Es así como experimentamos el edificio. ¡Gloria al Señor!

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