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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 18

LA IGLESIA ES EL CUERPO DE CRISTO

  Ef. 1:1:22-23 dice: “Y sometió todas las cosas bajo Sus pies, y lo dio por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es Su Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. En este pasaje, las palabras “a” (v. 22) y “para con” (v. 19) aluden a una trasmisión que se lleva a cabo de Cristo a la iglesia. Ni siquiera nosotros, los que estamos en la vida de iglesia, sabemos plenamente lo que transcurre entre Cristo y la iglesia. Dicha trasmisión se inició en el día de Pentecostés y continúa hasta el día de hoy.

UNA TRASMISION CONTINUA

  Esta trasmisión no se efectúa de una vez por todas. Según nuestra mentalidad, hay ciertas cosas que ocurren de una sola vez y para siempre. Tomemos por ejemplo el hecho de ser crucificados con Cristo. Los que hacen hincapié en el aspecto objetivo de las enseñanzas de la Biblia afirman que nuestra crucifixión con Cristo ocurrió de una vez por todas. En cierto sentido estoy de acuerdo con esto, porque Cristo murió y no necesita morir otra vez. Además, El fue resucitado de una vez por todas y no necesita volver a resucitar. Todo lo que El logró por nosotros, lo hizo de una vez por todas. Sin embargo, no sucede lo mismo con la aplicación, la cual aún continúa. Según Gálatas 2:20, pareciere que Pablo fue crucificado juntamente con Cristo de una vez por todas; sin embargo, conforme a 2 Corintios 4, la muerte de Cristo operaba en él continuamente. Así que, por un lado, la muerte de Cristo ocurrió una sola vez y para siempre, pero por otro, la experimentamos durante toda nuestra vida cristiana. De la misma manera, el poder que operó en Cristo al resucitarlo de los muertos, al sentarlo a la diestra de Dios en los lugares celestiales, al someter todas las cosas bajo Sus pies y al darlo por Cabeza sobre todas las cosas, operó una sola vez y para siempre. No obstante, Cristo, quien es la Cabeza de todas las cosas, fue dado a la iglesia, y la supereminente grandeza del poder que operó en El actúa para con nosotros los que creemos. El poder divino no se trasmite a la iglesia de una vez por todas; al contrario, es trasmitido de manera continua.

  Esta trasmisión comenzó el día de Pentecostés y sigue continuando hasta el día de hoy; sigue activa ahora en torno a la iglesia. Aunque la electricidad fue instalada en nuestro edificio una sola vez, ésta se trasmite continuamente. Del mismo modo, todo lo que logró Cristo en calidad de Cabeza, se trasmite continuamente a Su Cuerpo. El poder divino se seguirá trasmitiendo a la iglesia por la eternidad y nunca cesará.

SOMOS EL CUERPO EN LA NUEVA CREACION

  Desde que llegué a este país, he oído a los cristianos hablar del Cuerpo y del ministerio del Cuerpo. Esto me ha inquietado mucho, porque me doy cuenta de que no saben lo que dicen. Cuando hablan del ministerio del Cuerpo, ellos se refieren a tener varios predicadores en lugar de uno solo. El Cuerpo no es una organización, sino un organismo constituido por todos los creyentes regenerados, y tiene como fin que la Cabeza se exprese y lleve a cabo Sus actividades.

  El Cuerpo es producto del Cristo encarnado, crucificado, resucitado, ascendido, quien descendió a la iglesia. En nuestra vida natural, no somos aptos para formar parte del Cuerpo; sólo somos buenos para que se nos ponga fin y se nos sepulte, a fin de que seamos resucitados. Por naturaleza, ni siquiera nuestro espíritu es útil para formar parte de Cristo. Antes de que Cristo fuera crucificado y de que resucitara, no existía el Cuerpo. El tenía muchos seguidores, mas no el Cuerpo. El Cristo encarnado no podía producir el Cuerpo; El tenía que ser crucificado para eliminar la carne, el hombre natural y la vieja creación en su totalidad. Después de acabar con todo esto por medio de Su crucifixión, Cristo entró en resurrección para hacer germinar algo nuevo. Por consiguiente, el Cuerpo llegó a existir después de la resurrección de Cristo. En nuestra vida natural y en la vieja creación no somos el Cuerpo; pero sí lo somos en la nueva creación que fue germinada por la vida de resurrección de Cristo.

  Por medio de la encarnación, Dios el Creador se hizo un hombre de nombre Jesús. Aunque Dios vivía, se movía y actuaba en Jesús, era imposible que existiera el Cuerpo, pues para ese entonces Jesús todavía no era la Cabeza. Fue después de que El ascendió a los cielos que Dios lo dio por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia. Por medio de la muerte todo-inclusiva de Cristo, la vieja creación, que incluye nuestro viejo hombre, nuestra carne y nuestro ser natural, llegó a su fin. Después de Su crucifixión, Cristo llevó consigo la vieja creación a la tumba y la sepultó allí. Cuando El entró en resurrección con la nueva creación, dejó en la tumba la vieja creación. Luego ascendió a los cielos y fue dado por Cabeza sobre todas las cosas.

  Se requirió un poder extraordinario para enviar una nave espacial de la tierra a la luna. Pero el poder que se necesitó para que Cristo ascendiera de la tierra al tercer cielo fue todavía mayor. Fue la supereminente grandeza del poder de Dios la que resucitó a Cristo de los muertos, lo sentó a la diestra de Dios en los lugares celestiales, sometió todas las cosas bajo Sus pies y lo dio por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia. Ahora este poder se trasmite a la iglesia.

  Como ya mencionamos, en el día de Pentecostés, el Cristo crucificado, resucitado y ascendido, quien fue dado por Cabeza sobre todas las cosas, comenzó a trasmitir a la iglesia todo lo que El llevó a cabo, logró y obtuvo. Desde ese día, esta trasmisión no ha cesado, lo cual indica que ella tiene un comienzo, mas no un final. Después de todos los maravillosos pasos que dio el Dios Triuno, tales como la creación, la encarnación, la crucifixión, la resurrección y la ascensión, El entró en la iglesia con todos Sus logros. Así que, la iglesia, el Cuerpo, es una entidad que existe totalmente en resurrección y ascensión, donde tanto los elementos naturales como la vieja creación quedan eliminados. El Cuerpo, un organismo en resurrección y en ascensión, existe completamente en la nueva creación y no tiene nada que ver con la vieja creación. Si alguien todavía vive conforme al viejo hombre, al hombre natural, o a la carne, no forma parte del Cuerpo. Cada parte del Cuerpo pertenece a la nueva creación. Muchos de los que hablan acerca del Cuerpo y del ministerio del Cuerpo son personas naturales y carnales; no viven en resurrección. Es necesario que todos entendamos que el Cuerpo llegó a existir cuando Cristo ascendió. Habiendo ascendido a la diestra de Dios, El trasmite Sus logros a la iglesia ininterrumpidamente. Así llega a existir la iglesia.

DOS CREACIONES

  Con respecto a nosotros los que creemos, existen dos creaciones: la vieja creación y la nueva. Debemos reconocer que la vieja creación todavía está con nosotros. ¡Detesto que todavía permanezca con nosotros y quisiera despojarme de ella! A algunos cristianos, sin embargo, no les molesta; más bien, la aprecian. ¿Aborrece usted realmente la vieja creación, la carne y el hombre natural? Lo dudo. Si yo lo reprendiera a usted por ser natural y carnal, se ofendería. Pero si lo alabara y le dijera cuán simpático y bueno es, se sentiría halagado. Esta es una prueba contundente de que todavía le gusta el viejo hombre. Si aborreciera su carne y su hombre natural, no le molestaría ser reprendido; por el contrario, se sentiría agradecido.

LA TRASMISION DEL CRISTO ASCENDIDO PRODUCE EL CUERPO

  Hemos visto que el Cuerpo de Cristo no existía antes de la crucifixión de Cristo, sino que se produjo después de la ascensión, cuando algo del Cristo ascendido se infundió en los creyentes. Esto indica que la trasmisión del Cristo ascendido produce el Cuerpo. Todo lo que hablemos en la vida de iglesia, en el ministerio, o en la comunión, debe ser fruto de esta trasmisión. Si lo que expresemos proviene de dicha trasmisión, proviene del Cuerpo; de lo contrario, proviene de otra fuente. En el Cuerpo no hay nada natural, nada de la carne, nada de la vieja creación. Todos debemos tener esta visión. Debemos leer estos versículos una y otra vez hasta que la luz resplandezca sobre nosotros. Cuando recibamos esta visión, diremos: “Indudablemente el Cuerpo no proviene del hombre natural, sino de la trasmisión del Cristo ascendido”. ¡Alabado sea el Señor porque en la vida de iglesia se lleva a cabo la trasmisión celestial en todos nosotros!

LA EXPERIENCIA DE LA TRASMISION

  Cuando estuve en el cristianismo fundamental, yo no experimenté esta trasmisión. Durante el tiempo que estuve involucrado con el cristianismo pentecostal, me tocó ver algunas cosas extrañas, mas no la trasmisión. A través de los años de experiencia y de hacer comparaciones, he llegado a ver que la vida de iglesia apropiada no es ni fundamental ni pentecostal; ella depende totalmente de la trasmisión divina. Una persona puede ser muy fundamental, y con todo, estar muerta, pues la trasmisión que recibe del Cristo ascendido es insuficiente. Alguien así quizás no sepa nada de la trasmisión divina ni tampoco le interese.

  En el cristianismo fundamental se me enseñó a trazar bien la palabra de Dios. Los maestros de las Asambleas de los Hermanos señalaban constantemente las doctrinas erróneas. Con el tiempo me di cuenta de que cuanto más bien trazaba la Palabra, más muerto me sentía. Después de estar bajo esta influencia por más de seis años, el Señor me mostró que a pesar de mi vasto conocimiento, estaba muerto. Inmediatamente me arrepentí de lo muerto que estaba, y al día siguiente subí a la cima de un monte; allí lloré y en voz alta le confesé a Dios mi condición y le dije que me arrepentía. Ese día descubrí que la vida cristiana no depende de que seamos bíblicos, sino de que experimentemos la trasmisión. Algunos años después, me involucré con el movimiento pentecostal, con la idea de que me ayudaría a obtener poder espiritual. Uno de sus principales predicadores me enseñó a hablar en lenguas, lo cual practiqué por más de un año. Sin embargo, cuanto más hablaba en lenguas, menos parecía experimentar la trasmisión. Así que, abandoné el movimiento pentecostal y volví al camino de la trasmisión. He estado en esta senda por más de cuarenta años y cada día recibo más de esta trasmisión.

  El día que fuimos salvos, se instaló en nuestro espíritu el poder celestial. Lo que necesitamos ahora no es que se nos vuelva a instalar, sino que la trasmisión del poder se nos infunda continuamente. Si abrimos nuestro corazón, purificamos nuestro corazón y nuestra conciencia, y permitimos que nuestra mente sea sobria, que nuestra parte emotiva sea ferviente y que nuestra voluntad sea sumisa, experimentaremos la trasmisión y obtendremos el poder y las riquezas. Entonces, en vez de estar en el hombre natural, estaremos en resurrección y en ascensión. Cuando disfrutamos esta trasmisión, a veces hasta perdemos noción de donde estamos, pues estamos completamente uno con Cristo. En tal estado es difícil determinar si estamos en la tierra o en los cielos.

  Cuando Cristo se trasmite a nosotros, esta trasmisión nos adhiere a El y nos hace uno con El, igual que en el ejemplo de las luces de este salón, las cuales están conectadas a la corriente que viene de la planta eléctrica. Además, la trasmisión divina es inagotable. Cuanto más hablamos, más tenemos para decir. Cuanto más ministramos, mayor suministro tenemos. Es en esta trasmisión que tenemos la vida de iglesia y que se ejercen las funciones del Cuerpo.

  Vuelvo a reiterar que la trasmisión celestial está destinada a la iglesia. Por medio de la trasmisión, el Cuerpo es real, genuino, viviente y dinámico.

LA PLENITUD DE CRISTO

  El versículo 23 dice que el Cuerpo es “la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. El Cuerpo de Cristo es Su plenitud. La plenitud de Cristo resulta del disfrute que tenemos de las riquezas de Cristo (3:8). Al deleitarnos de Sus riquezas, llegamos a ser Su plenitud, Su expresión.

  Esta es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Cristo, quien es el Dios infinito e ilimitado, es tan grande que lo llena todo en todo. Un Cristo tan grandioso necesita que la iglesia sea Su plenitud para que lo exprese completamente.

  Es en la trasmisión que el Cuerpo de Cristo es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo, porque el Cristo que todo lo llena en todo se halla en la trasmisión. La trasmisión nos conecta a este Cristo. De esta manera, la iglesia llega a ser la plenitud del Cristo que todo lo llena en todo.

DISFRUTAR DE LAS RIQUEZAS DE CRISTO Y LLEVAR UNA VIDA DE IGLESIA APROPIADA

  No debemos tomar esto como una simple enseñanza; al contrario, debemos llevarlo a la práctica. Si lo ponemos en práctica, disfrutaremos de las riquezas de Cristo cada vez que leamos la palabra de Dios. Por medio de la trasmisión, la Biblia se convierte en otro libro. ¡Oh, cuán inescrutables son las riquezas de Cristo! En la trasmisión, las inescrutables riquezas de Cristo llegan a ser nuestro disfrute; ellas llegan a ser también los elementos constitutivos de nuestro ser espiritual. Esto produce el Cuerpo como la plenitud del Cristo que todo lo llena en todo.

  La trasmisión nos conecta al Cristo ascendido. En esta trasmisión disfrutamos a Cristo según lo que consta en la Biblia. Todo lo que leemos en la Biblia llega a ser real para nosotros mediante esta trasmisión. Es de esta manera que las riquezas de Cristo llegan a ser nuestro disfrute.

  Me gustan particularmente dos frases de Efesios 1: “para con nosotros los que creemos”, y “a la iglesia”. El poder divino fue instalado en nosotros de una vez por todas, pero se nos trasmite continuamente. En esta trasmisión disfrutamos a Cristo y llevamos una vida de iglesia apropiada.

  Al disfrutar la trasmisión, tenemos un anticipo del arrebatamiento. A veces, mientras disfruto la trasmisión divina, entro en tal éxtasis que siento deseos de saltar de gozo. El disfrute es tan maravilloso que tengo la sensación de ya haber sido arrebatado. A veces no me atrevo a leer la Biblia debido a que allí se revelan las vastas e inmensurables riquezas de Cristo. Este rico disfrute me hace estar fuera de mí mismo. Es esta trasmisión la que nos constituye el Cuerpo de Cristo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

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