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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 81

LA IGLESIA: LA EXPRESION DE CRISTO

  Lectura bíblica: Ef. 1:23; 3:8b, 17, 19; 4:13; 5:18b

  La iglesia es la expresión de Cristo. Ella no es la expresión de cosas tales como la doctrina, los dones ni el poder. No obstante, ya sea consciente o inconscientemente, muchos piensan que la iglesia debe caracterizarse por la manifestación de dones espirituales. Algunos creen que siempre que se reúnan los cristianos debe haber el ejercicio y la demostración de los llamados dones carismáticos del Espíritu Santo. Sin embargo, el libro de Efesios, un libro que trata de la iglesia, no menciona esta clase de dones. En esta epístola no se dice nada acerca de hablar en lenguas ni de la sanidad. Cuando Pablo habla de dones en Efesios 4, él se refiere a las personas quienes han sido hechas dones para el Cuerpo. Por ejemplo, los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros son dones. Como mencionamos en otra parte, cada miembro del Cuerpo es un don para la iglesia. Por lo tanto, en Efesios, un don no es lo que tenemos ni lo que hacemos, sino lo que somos. En este sentido, ser un don significa que Cristo como vida se ha forjado en nosotros, lo cual conduce a que nuestro mismo ser se convierta en un don para el Cuerpo.

EL INDIVIDUALISMO Y LA DIVISION

  Damos gracias al Señor por los muchos cristianos que han experimentado los dones carismáticos y que han sido ayudados por ello. No obstante, no estamos de acuerdo con la afirmación de que todos los cristianos alcanzarán la unidad si tienen algunas experiencias carismáticas. Conforme a mi experiencia y observación, las personas más facciosas son aquellas que hacen énfasis en las experiencias pentecostales o carismáticas. Para algunos creyentes, cuanto más ejercitan sus dones espirituales, más individualistas y facciosos se vuelven. A esto se debe que hayan habido tantas divisiones entre aquellos que hacen hincapié en los dones espirituales. En sus reuniones, ellos no se preocupan por la edificación de los demás, sino principalmente por manifestar sus dones. Algunos justifican su individualismo diciendo que ellos sólo obedecen a Dios, no al hombre, y afirmando que todo lo que hacen proviene de la inspiración del Espíritu.

LLENOS EN EL ESPIRITU HASTA LA MEDIDA DE LA PLENITUD DE DIOS

  En 1:22 y 23 Pablo indica que la iglesia es el Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. La iglesia es la plenitud de Cristo. En 3:8 Pablo dice que él predicaba las inescrutables riquezas de Cristo. (Pablo no dice que él predicaba doctrinas o dones.) Necesitamos conocer la diferencia entre las riquezas de Cristo y la plenitud de Cristo. Casi todos los cristianos confunden estos términos, pensando que las riquezas de Cristo son lo mismo que la plenitud Cristo.

  En el capítulo tres Pablo dice además que Cristo hace Su hogar en nuestros corazones, y que como resultado, somos llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Además, en 4:13 expresa que debemos llegar a ser “un hombre de plena madurez, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. En 5:18 dice que debemos ser llenos en nuestro espíritu, lo cual ciertamente tiene que ver con ser llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Somos llenos de esta manera en nuestro espíritu, no en nuestra mente. En 5:18 Pablo no está diciendo que somos llenos del Espíritu Santo; su énfasis es más bien que debemos ser llenos en nuestro espíritu, llenos incluso hasta la medida de toda la plenitud de Dios.

  En 5:18 Pablo presenta un contraste entre embriagarnos con vino y ser llenos en el espíritu. Embriagarnos con vino corresponde a llenarnos en el cuerpo, mientras que ser llenos en nuestro espíritu regenerado equivale a llenarnos de Cristo hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Embriagarnos con vino en nuestro cuerpo nos trae disolución, pero ser llenos de Cristo, la plenitud de Dios, nos hace rebosar de El, hablando, cantando, salmodiando, dando gracias a Dios (vs. 19-20) y sujetándonos unos a otros (v. 21). ¡Cuán importante es que seamos llenos en nuestro espíritu hasta la medida de toda la plenitud de Dios!

LAS RIQUEZAS DE CRISTO Y LA PLENITUD DE CRISTO

  Consideremos la diferencia entre las riquezas de Cristo y la plenitud de Cristo. Las riquezas de Cristo son todo lo que El es para nosotros con relación a Sus atributos divinos y Sus virtudes humanas. Dichas riquezas son inescrutables. Por su parte, la plenitud de Cristo, la cual es Su Cuerpo, es el resultado del disfrute que tenemos de las riquezas de Cristo. Al disfrutar las riquezas de Cristo, llegamos a ser Su plenitud que lo expresa. Cristo, quien es el Dios infinito e ilimitado, es tan grande que lo llena todo en todo. Tal Cristo necesita a la iglesia como Su plenitud, para que sea Su expresión completa.

  Como ya dijimos, las riquezas de Cristo son inescrutables. Un aspecto de estas riquezas es la divinidad de Cristo. El es el propio Dios. Puesto que Cristo es el Hijo de Dios, la filiación es otro aspecto de Sus riquezas. Además, según Isaías 9:6, el Hijo es llamado Padre eterno, lo cual indica que El no sólo tiene la filiación, sino también la paternidad. En 2 Corintios 3:17 leemos que Cristo el Señor es el Espíritu. Este es otro aspecto de las inescrutables riquezas de Cristo. Otros aspectos incluyen a Cristo como luz, vida, amor, justicia, santidad, humildad, paciencia y sumisión. ¡Cuán extensa sería la lista si alguien pudiera enumerar todos los aspectos de las riquezas de Cristo!

  Las riquezas de Cristo necesitan ser expresadas. Cuando estas riquezas son expresadas, esa expresión es la plenitud de Cristo. Cuando Cristo se encarnó, las riquezas de Dios fueron expresadas. Sin embargo, la encarnación de ninguna manera agotó estas riquezas; más bien, ésta fue el desbordamiento, la plenitud, de las riquezas de Dios. Cristo vino procedente del seno del Padre (Jn. 1:18). Pero Su venida de ninguna manera agotó las riquezas divinas que se hallan en el seno del Padre. Al contrario, cuanto más riquezas brotaban de El, más había por brotar. Por tanto, en Cristo no sólo vemos las riquezas, sino también la plenitud. Por esta razón, Juan 1:16 dice: “Porque de Su plenitud recibimos todos, y gracia sobre gracia.” Cristo es la plenitud de la Deidad. Cuando El vino a la tierra, El mismo era el desbordamiento de las riquezas de Dios. Por consiguiente, El llegó a ser la plenitud de Dios. El no sólo poseía las riquezas, sino que toda la plenitud de la Deidad moraba en El corporalmente (Col. 2:9).

  Cristo es la plenitud de Dios, y la iglesia es la plenitud de Cristo. Las riquezas de Cristo son tan vastas, que no sólo Cristo está lleno de ellas, sino que ellas también llenan a todos los miembros de Su Cuerpo, a la iglesia. Al llenarnos de las riquezas de Cristo, llegamos a ser Su plenitud. De esta manera la iglesia llega a ser la plenitud de Cristo.

LA EXPRESION ILIMITADA DEL CRISTO ILIMITADO

  La plenitud de Cristo se produce cuando nosotros disfrutamos las riquezas de Cristo. El hecho de que la iglesia tuviera las riquezas de Cristo, mas no Su plenitud, indicaría que Cristo está limitado. Pero el hecho de que la iglesia no sólo posee las riquezas de Cristo, sino también Su plenitud indica que el Cristo experimentado y disfrutado por la iglesia es ilimitado. Las riquezas limitadas no pueden producir la plenitud. Solamente las riquezas ilimitadas pueden producir la plenitud. La iglesia, como expresión del rico e inescrutable Cristo, es la expresión ilimitada del Cristo ilimitado. Esto significa que la iglesia es la plenitud de Cristo, quien es la propia corporificación de la plenitud de Dios. Mi carga en este mensaje es mostrarles que la iglesia debe ser tal expresión de Cristo.

REGRESAR A CRISTO

  La iglesia no expresa nada que no sea Cristo. Ya vimos que muchos cristianos se centran en los dones espirituales. Sin embargo, estos dones no son el propio Cristo. De igual manera, ni la doctrina ni el poder son Cristo mismo. Ni siquiera la Biblia es Cristo. Cristo, una persona viva y maravillosa, es la corporificación de Dios. No debemos permitir que nada tome el lugar de Cristo. Los dones espirituales pueden ser un medio para participar de Cristo; el poder nos puede ayudar a experimentar a Cristo; y las doctrinas pueden ser instrumentos para impartir a Cristo. Sin embargo, muchos cristianos permiten que los dones, el poder, las enseñanzas, e incluso la Biblia sustituyan a Cristo. En lugar de asirse de Cristo y experimentarlo directamente, muchos se dejan distraer por los dones, el poder y la doctrina. Esto indica que los mismos medios e instrumentos que Dios ha destinado para ayudarnos a que poseamos a Cristo, se utilizan para reemplazarlo. La situación debe ser diferente en el recobro del Señor. En el recobro, el Señor desea que volvamos a El mismo, no a los medios o instrumentos. Le damos gracias al Señor por los dones, el poder, las enseñanzas, y, en particular, por la santa Palabra. Pero sobre todo, le agradecemos por Su Hijo, el Señor Jesucristo. Dios desea traernos de nuevo a Cristo, sacarnos de todo lo que lo sustituye a El, de lo que nos ha distraído y alejado de El. Por consiguiente, cuando nosotros los cristianos nos reunimos, no debemos fijarnos en la manifestación de los dones, ni siquiera en la enseñanza de la Palabra, sino en que el Cristo vivo sea expresado. En las reuniones no nos debe importar la manera en que nos reunimos, sino en que el Cristo vivo sea expresado.

INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR

  En el recobro del Señor, estamos librando una batalla. Primero que todo, debemos combatir el uso de las cosas buenas que sustituyen a Cristo. Satanás el enemigo de Dios de manera muy sutil usa muchas cosas para atraer a la gente y hacer que se aparten de Cristo. Hay quienes se desvían a causa de las enseñanzas, o por el concepto que tienen acerca de lo que debe ser la doctrina bíblica correcta. Por ello, algunos condenan la práctica de invocar el nombre del Señor. Ellos aseveran que esto no se apega a las Escrituras. Otros nos han acusado de inventar nuevas maneras de adorar. Otros nos han preguntado que por qué no seguimos los métodos de adoración practicados por los cristianos durante siglos. Pero hay que preguntarles: ¿qué tiene de malo invocar el nombre del Señor? Mi intención no es inquietar a nadie, pero el Señor me ha encomendado que le comunique a Su pueblo la necesidad de invocarle a El. Esta no es una nueva enseñanza. De esta práctica se habla por primera vez en Génesis 4:26. Este versículo dice: “Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová”. Este versículo y docenas de otros indican que invocar el nombre del Señor es, sin lugar a dudas, una enseñanza y práctica bíblica. Versículo tras versículo, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, nos insta a invocar el nombre del Señor.

ORAR-LEER

  A otros les ofende nuestra práctica de orar-leer y nos critican por ella. Según ellos, orar-leer es una invención nuestra. No es mi deseo discutir con nadie sobre estas cosas, pero sí quisiera mostrar que Efesios 6:17 y 18 habla de tomar la palabra de Dios con toda oración. Por lo tanto, si realmente somos bíblicos, recibiremos la Palabra no sólo leyéndola, estudiándola y escudriñándola, sino también orándola. Teniendo ante nosotros versículos como Efesios 6:17 y 18, ¿quién puede decir que orar-leer la Palabra no concuerda con la Biblia? ¡Cuánto necesitamos abandonar nuestros conceptos tradicionales y volver a Cristo mismo y a la Palabra pura de Dios! En esto consiste el recobro del Señor.

EXPRESAR A CRISTO EN LAS REUNIONES

  Como creyentes que viven por Cristo, cuando nos reunimos, debemos seguir al Espíritu que mora en nosotros para poder expresar a Cristo. No es necesario establecer una manera fija de reunirse. El Espíritu sabe cómo expresar a Cristo; así que, en cada reunión debemos sencillamente abrir nuestro ser a El y seguirlo. No siempre es necesario empezar la reunión con un himno. Alguien tal vez puede levantarse y ofrecer jubilosas alabanzas a Dios. No debemos acudir a las reuniones siguiendo nuestros propios conceptos, porque éstos están demasiado afectados por la tradición religiosa. Más bien, si hemos de expresar a Cristo en las reuniones, debemos experimentarlo a El en nuestra vida cotidiana. Algunos, por no experimentarlo lo suficiente, tienen poco de El para ministrarlo a los demás y, como resultado, no funcionan en las reuniones, sino que son sólo espectadores. En las reuniones de la vida de iglesia recobrada, los santos que viven por Cristo deben expresar a Cristo de una manera viviente; y sólo el Espíritu sabe cómo hacer esto.

  En algunos de los siguientes mensajes consideraremos el tema de proclamar a Cristo los unos a los otros. Efesios 5:18 y 19 nos exhorta a ser llenos en el espíritu, a hablar unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales. Debemos levantarnos en las reuniones y proclamar lo que Cristo es para nosotros y cómo lo hemos experimentado. De esta manera nos infundiremos a Cristo unos a otros, y El será expresado ricamente en las reuniones. Entonces, de manera práctica, la iglesia será llena hasta la medida de toda la plenitud de Dios, con el excedente de todo lo que Dios es. La vida de iglesia no será la expresión de los dones, del conocimiento ni del poder, sino del Cristo vivo.

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