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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Ezequiel»
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Mensaje 25

LOS SACERDOTES Y LAS OFRENDAS

  Lectura bíblica: Ez. 44:9-30; 45:13-25; 46:1-7, 13-15

  En el mensaje anterior vimos que a Dios le importa Su casa y que Él anhela obtener Su casa. Por tanto, nuestra obra, nuestro comportamiento y nuestra persona tienen que conformarse al diseño, al modelo, a los estatutos y a las leyes de la casa (43:10-12). Esto significa que todo cuanto hacemos debe concordar con la iglesia, que es la casa de Dios. La norma de medición no es el buen comportamiento ni la espiritualidad personal; la norma de medición es la iglesia. Todo lo que somos y todo lo que hagamos tiene que ser medido, puesto a prueba, por la casa de Dios, la iglesia.

  En este mensaje abordaremos dos puntos principales: primero, la clase de persona que es apta para servir en la casa del Señor y cómo esa persona debe servir al Señor; segundo, las ofrendas hechas al Señor. Sin embargo, primero debemos decir algo con respecto a una puerta particular que tiene que permanecer cerrada.

LA PUERTA EXTERIOR DEL SANTUARIO QUE MIRA HACIA EL ORIENTE QUEDA CERRADA

  Ezequiel 44:1-3 dice: “Entonces me hizo volver a la puerta exterior del santuario, la cual mira hacia el oriente, pero estaba cerrada. Y me dijo Jehová: Esta puerta quedará cerrada; no se abrirá, ni entrará por ella hombre alguno, porque Jehová, el Dios de Israel, ha entrado por ella; por tanto, quedará cerrada. En cuanto al Príncipe, Él se sentará allí como príncipe para comer alimentos delante de Jehová; por el vestíbulo de la puerta entrará, y por ese mismo camino saldrá”. La puerta oriental era especial porque Dios había entrado al templo a través de ella (43:1, 4). Esta puerta debía permanecer cerrada, y únicamente “el Príncipe” podía entrar por ella y sentarse allí para comer pan delante del Señor. Aquí el Príncipe es el rey en el reino milenario venidero, y con certeza este príncipe es Cristo. Lo dicho acerca de la puerta que mira hacia el oriente indica que Cristo y Dios son iguales en cuanto a posición, pues la única persona que puede hacer esto es Cristo. Únicamente Cristo puede entrar y salir por la puerta por la que pasó Dios. Esto revela que Dios y Cristo tienen una porción especial y santa entre el pueblo de Dios.

LOS SACERDOTES

Son circuncidados

  Si hemos de servir al Señor en Su casa, la iglesia, debemos ser circuncidados (44:9). Los incircuncisos no son aptos para servir en la casa de Dios. La circuncisión tipifica tomar medidas con respecto a la carne, el hombre natural y el viejo hombre mediante la cruz. Para quienes creemos en Cristo, la circuncisión hoy en día no es algo externo, sino que son medidas internas tomadas mediante la cruz con respecto a la carne, el hombre natural y el viejo hombre. Si no hemos tomado medidas mediante la cruz con respecto a nuestra carne, nuestro hombre natural y nuestro viejo hombre, entonces no somos aptos para servir en la iglesia; más bien, el Señor nos considera extranjeros. Un extranjero es una persona incircuncisa, alguien cuya carne, hombre natural y viejo hombre no han sido sojuzgados por la cruz. Quizás seamos auténticos creyentes, pero si no hemos tomado medidas con respecto a nuestra carne, nuestro hombre natural y nuestro viejo hombre mediante la cruz, el Señor nos considera extranjeros, los cuales no son aptos para servir en la vida de iglesia. Debemos traer este asunto al Señor y pedirle a Él con respecto a nuestra carne, nuestro hombre natural y nuestro viejo hombre. Es imprescindible que todas estas cosas sean sojuzgadas mediante la operación de la cruz. Sólo entonces seremos circuncidados y hechos aptos para servir al Señor en la vida de iglesia.

Son como los hijos de Sadoc

  Cuando la mayoría del pueblo se descarrió, algunos de los circuncidados también se descarriaron (44:10). Aunque éstos eran circuncidados, ellos se descarriaron apartándose de Dios y volviéndose a los ídolos al seguir a los que se habían descarriado. Debido a que éstos que habían sido circuncidados se descarriaron, podríamos decir que ellos eran sólo parcialmente aptos para servir al Señor. Por un lado, eran aptos debido a que habían sido circuncidados; por otro, no eran aptos por haberse descarriado apartándose de Dios al ir en pos de ídolos. Su circuncisión los hacía aptos, pero que se hubieran descarriado los descalificaba.

  ¿Qué deberá hacer el Señor con ellos y cuál fue Su actitud hacia ellos? El Señor dijo que tales personas podían servir en la casa, pero no podían acercarse al Señor ni a las cosas santas (vs. 11-14). Ellos podían ministrar en el templo ayudando a las personas a presentar sus ofrendas, pero no podían acercarse al Señor y servirle a Él. Algunos de los santos en la vida de iglesia actual también son sólo parcialmente aptos. En cierto sentido, ellos han sido circuncidados; pero en otro sentido, se han descarriado con la mayoría de la gente. Seguir a la mayoría es algo terrible. Considere la situación actual: la mayoría de cristianos se ha descarriado apartándose del Señor al ir en pos de ídolos, y algunos de los santos en la iglesia han seguido a la mayoría de los que se han descarriado apartándose del Señor. Debido a que la mayoría de cristianos se ha descarriado, ellos han perdido la posición requerida para servir al Señor de una manera directa. Es posible que ellos todavía tengan parte en el servicio de la iglesia, pero será un servicio indirecto al Señor.

  Todos debemos ser como los hijos de Sadoc, quienes estaban circuncidados y eran absolutamente fieles al Señor. Ellos jamás se descarriaron al seguir a la mayoría de la gente. Ellos fueron circuncidados y fueron siempre honestos ante el Señor y fieles a Él (vs. 15-16). Por tanto, ellos podían servir al Señor de manera directa. El Señor dijo que ellos podían acercarse a Él y servirle directamente. Ellos no estaban limitados a servir meramente al pueblo; ellos podían servir al propio Señor.

  Espero que ninguno de nosotros sea sólo parcialmente apto. Espero que todos seamos plenamente aptos, esto es: circuncidados, honestos, sin descarriarse jamás y sin seguir jamás a la mayoría.

Ofrendan la grosura y la sangre

  Ahora debemos considerar de qué manera las personas circuncidadas, fieles y aptas sirven al Señor. Primero, ellas le sirven al ofrecer la grosura y la sangre de las ofrendas (v. 15). La parte más preciosa de las ofrendas es la grosura, que tipifica la preciosa persona del Señor Jesús. Mientras que la grosura de las ofrendas tipifica la preciosidad de la persona de Cristo, la sangre representa la obra redentora de Cristo. En breve, la grosura representa la persona de Cristo y la sangre representa la obra de Cristo. En nuestro servicio a Dios, tenemos que presentarle a Él la preciosa persona de Cristo y la obra redentora de Cristo.

No visten ninguna vestidura de lana

  Cuando los sacerdotes entraban a ministrar al Señor, no se les permitía vestir ninguna vestidura de lana (v. 17). En lugar de ello, mientras estaban en la presencia del Señor sirviéndole, tenían que vestir vestiduras de lino. En la Biblia el lino representa una conducta, un vivir, que es puro, limpio y fino. Las vestiduras de lino representan un vivir y andar diario en el Espíritu vivificante por la vida de Cristo.

  Los sacerdotes tenían prohibido vestir prendas de lana porque éstas los abrigarían demasiado y les harían sudar. Según Génesis 3:19, sudar es señal de estar bajo la maldición de Dios. Debido a que el hombre caído está bajo la maldición de Dios, él tiene que laborar y sudar. Bajo la maldición, carente de la bendición de Dios, el hombre tiene que valerse de su propia energía y fuerzas, lo cual hará que sude. En el servicio del Señor no hay necesidad de que recurramos a nuestras propias fuerzas. Si recurrimos a nuestras propias fuerzas para esforzarnos y luchar, esto es prueba que no estamos bajo la bendición del Señor, sino bajo Su maldición.

  En el servicio de la iglesia en el recobro del Señor, tenemos que evitar e, incluso, escapar, de toda clase de energía propia, luchas propias y esfuerzos propios. No debemos empujar nada. Si algún asunto es del Señor, el Señor ciertamente concederá Su bendición abundante y lo llevará a cabo. No hay necesidad de que nosotros presionemos, nos esforcemos, luchemos y gastemos nuestra energía para realizar algo. No debemos hacer nada que haga que “sudemos”. En el servicio de la iglesia, todos debemos estar en el Espíritu vivificante por la vida de Cristo y no valernos de nuestras fuerzas naturales para empujar nada. Por el contrario, con frecuencia podríamos tener que retroceder un poco y ceder ante otros. Hacer esto es ceder al Señor y poner sobre Él la responsabilidad en relación con el asunto que nos preocupa. Entonces podremos decir: “Señor, si esta carga procede de Ti, me retiraré y te pediré que intervengas. Te pido, Señor, que lleves sobre Ti esta carga. Esto confirmará mi carga a fin de que pueda saber que esto procede verdaderamente de Ti”. Ojalá comprendamos que no es necesario pugnar ni contender con los demás en nuestro servicio al Señor.

Se quitan las vestiduras con las que ministran y las dejan en las cámaras santas

  Ezequiel 44:19 dice: “Y cuando salgan al atrio exterior, adonde está el pueblo en el atrio exterior, se quitarán las vestiduras con que ministran, las dejarán en las cámaras santas y se pondrán otras vestiduras”. Aquí vemos que cuando los sacerdotes van al atrio exterior, adonde está el pueblo, ellos tienen que quitarse las vestiduras con las que ministran, dejarlas en las cámaras santas y ponerse otras vestiduras. Esto indica que a los sacerdotes no se les permitía mezclar lo santo con lo profano, sino que tenían que mantener la separación entre lo santo y lo profano. Si hoy en día hemos de permanecer firmes en la posición de sacerdotes, tenemos que mantener esta clase de separación. Dios no permite ninguna mezcla; Él nos exige estar apartados para Él.

Se recortan el cabello

  Otro asunto con respecto a los sacerdotes que se acercaban al Señor para servirle tiene relación con su cabellera. “No se raparán la cabeza ni se dejarán crecer las guedejas; tan sólo se recortarán el pelo de su cabeza” (v. 20). Este versículo dice que los sacerdotes no debían raparse la cabeza cortándose todo el cabello, ni tampoco debían dejar que su cabello creciera muy largo; más bien, ellos debían recortarse el cabello, es decir, debían mantenerlo corto.

  En 1 Corintios 11:5 se nos indica que raparse, cortar todo nuestro cabello, representa rebeldía contra la autoridad del Señor como Cabeza. Al servir al Señor no debemos ser rebeldes contra Su autoridad; más bien, tenemos que sujetarnos a la autoridad del Señor como Cabeza. Para esto, debemos mantener cierta cantidad de cabellos sobre nuestra cabeza, lo cual representa nuestra sumisión a la autoridad del Señor como Cabeza. Por otro lado, en 1 Corintios 11 también se nos dice que tener el cabello largo indica nuestra propia gloria y honor (v. 15). Incluso podríamos usar otro término: gratificación propia. En la Biblia, el cabello largo representa belleza y gloria. Si un hombre mantiene su cabello largo, esto indica que él mantiene su propia gloria y honra, y que busca su propia gratificación y disfrute. Él simplemente se deleita en su cabello largo.

  Estos puntos acerca de la cabellera son aplicables a la vida de iglesia. Supongamos que un hermano tiene la actitud de que no es necesario que él esté sujeto a nadie; él es independiente y reclama ser igual a todo otro miembro del Cuerpo. Quizás incluso cite lo dicho por el Señor en Mateo 23:8 para justificar su actitud. Que él tenga tal actitud indica que, en términos espirituales, se ha rapado toda su cabellera y no se sujeta a la autoridad del Señor como Cabeza. Sí, Mateo 23:8 afirma que todos somos hermanos, pero 1 Pedro 5:5 dice que los jóvenes deben estar sujetos a los ancianos y que todos debemos sujetarnos los unos a los otros. En la vida de iglesia necesitamos la sumisión apropiada. Por tanto, no debemos raparnos la cabeza.

  Ahora debemos ver que, en términos espirituales, tener el cabello largo en la vida de iglesia, lo cual representa gloriarse en uno mismo, equivale a desear y buscar ser un líder. Un problema en la vida de iglesia es la falta de sumisión, y otro es el deseo por obtener posición y liderazgo. Buscar obtener una posición en la iglesia equivale a buscar nuestra propia gloria y nuestra propia honra. Algunos buscan ser ancianos o ser líderes. Esta clase de búsqueda no es una gloria, sino una vergüenza. Es una vergüenza procurar ejercer liderazgo o buscar cualquier clase de gloria propia. Esto nos mata espiritualmente y nos descalifica de servir al Señor apropiadamente. Si hemos de ser aptos para servir al Señor, no debemos raparnos la cabeza, lo cual significa que debemos tener la sumisión apropiada, y tampoco debemos dejar que nuestra cabellera crezca hasta tenerla larga, lo cual significa que no debemos buscar nuestra propia gloria ni nuestra propia honra, ni tampoco procurar alguna posición o liderazgo.

  Tanto la falta de sumisión como el procurar obtener una posición causan perjuicio a la iglesia. Todo aquel que procura obtener algún liderazgo en la vida de iglesia se halla descalificado y le ha llegado su fin con relación a la vida de iglesia. Doy gracias al Señor que muchos hermanos han recibido gracia de parte del Señor y no tienen el menor interés en arrogarse algún liderazgo. Sin embargo, algunos hermanos desean ser no solamente ancianos, sino también ser líderes entre los ancianos. Esto es permitir que nuestra cabellera crezca, o sea, buscar nuestra propia gloria.

  En términos espirituales, debemos mantener un corte de cabello moderado. Debemos recortarnos el cabello, esto es, cortarnos el cabello con moderación. Por un lado, nos sujetamos a la autoridad del Señor; por otro, no buscamos ser líderes. En lugar de procurar ser líderes, debemos simplemente ministrar vida a los demás y, por la gracia del Señor, apoyar la vida de iglesia. Debemos hacer todo cuanto podamos por la iglesia sin procurar obtener una posición o ser líderes. Tal actitud es algo maravilloso.

No beben vino

  “Y ninguno de los sacerdotes beberá vino cuando entre en el atrio interior” (Ez. 44:21). Aquí dice que los sacerdotes que ministran directamente al Señor en el atrio interior tenían prohibido beber vino. El vino representa los placeres y disfrutes mundanos y físicos. Aquellos que sirven directamente al Señor no deben tener nada que ver con el “vino” de los placeres mundanos.

No toman por esposa ni a viuda ni a divorciada

  El versículo 22 dice: “No tomará por mujer ni a viuda ni a divorciada, sino que tomará a una virgen de la descendencia de la casa de Israel, o a una viuda que sea viuda de sacerdote”. Esto significa que en nuestro contacto con los demás y la relación que tenemos con ellos, tenemos que ser puros y no ser complicados. Sin embargo, si nos relacionamos con otros de una manera impura, seremos contaminados con un elemento impuro.

Enseñan al pueblo de Dios la diferencia entre lo santo y lo profano

  A continuación, el versículo 23 dice: “Y enseñarán a Mi pueblo la diferencia entre lo santo y lo profano, y harán que ellos sepan discernir entre lo inmundo y lo limpio”. Un sacerdote tiene que ser capaz de enseñar al pueblo de Dios qué es santo y qué es profano, qué es limpio y qué es inmundo. Uno que se acerca a Dios como sacerdote tiene que saber discernir estas cosas y también ser capaz de enseñar a otros cómo discernirlas.

En un pleito actúan como jueces delante de Dios

  El versículo 24a dice: “Y en un pleito actuarán como jueces; conforme a Mis ordenanzas juzgarán”. Cuando había un pleito, los involucrados se presentaban ante el sacerdote. El sacerdote juzgaba entre ellos, no según su propia opinión, sino en conformidad con los juicios de Dios. Si, por ser personas que temen a Dios y tienen comunión directa con Él, se nos pide que resolvamos una disputa, debemos inquirir de Dios qué diría Él con respecto a tal asunto y, después, debemos juzgar conforme a la voluntad de Dios. Esto significa que al ayudar en la resolución de asuntos complicados, debemos permanecer delante del Señor con un corazón temeroso; luego, debemos tocar el sentir del Señor y juzgar en conformidad con ello.

Guardan las leyes y estatutos de Dios en las fiestas de Dios

  “Mis leyes y Mis estatutos guardarán en todas Mis fiestas señaladas” (v. 24b). Todas las fiestas, o “asambleas”, guardan relación con la historia de la salvación provista por Dios llena de gracia. Por tanto, si hemos de servir a Dios como sacerdotes, debemos recordar la historia de la salvación provista por Dios llena de gracia, que incluye Su crucifixión, resurrección y ascensión y el derramamiento del Espíritu Santo.

Santifican los Sábados de Dios

  “Y santificarán Mis Sábados” (v. 24c). El Sábado indica que Dios lo ha hecho todo; por tanto, Dios descansa. Guardar, o santificar, el Sábado significa que aceptamos todo cuanto Dios ha hecho y descansamos en todo cuanto Dios ha logrado. En lugar de tratar de hacer algo además de lo que Dios ha hecho, debemos simplemente disfrutar lo que Dios ha realizado y tomar lo que Él ha logrado como aquello que constituye nuestra satisfacción y descanso. Esto significa que dependemos no de lo que hacemos, sino de lo que Dios ha hecho.

No se contaminan con personas muertas

  Un sacerdote que sirve al Señor directamente en Su presencia no puede contaminarse con ninguna persona muerta (v. 25). Esto significa que no debemos entrar en contacto con quienes están espiritualmente muertos. No debemos tocar ningún “cadáver”. En términos espirituales, muchos cristianos están muertos, incluso al grado en que hieden. Si tiene contacto con ellos y los escucha, esto hará que usted también esté muerto, si no totalmente, por lo menos parcialmente. Puesto que tales personas no tienen nada positivo que decir, ellas solamente le dirán cosas negativas, quizás criticando a los ancianos, a los colaboradores o a diversos santos. El contacto con tales personas muertas puede hacer que nosotros caigamos en muerte y nos volvamos negativos. Por tanto, cuando nos damos cuenta de que estamos en presencia de tal clase de persona, debemos evitar el contacto con ella; de otro modo, seremos contaminados por su muerte.

  Ser contaminados por la muerte es más grave que ser contaminados por algo pecaminoso. Si somos contaminados por algo pecaminoso, podemos confesar, recibir la aplicación de la sangre de Cristo y, de inmediato, ser lavados (7, 1 Jn. 1:9). Pero si somos contaminados por la muerte, se requerirá un período de tiempo para que podamos ser lavados y purificados de esta contaminación (cfr. Nm. 19:11).

  Algunos de nosotros hemos tenido esta clase de experiencia. Después de pasar incluso un breve tiempo con un creyente que estaba muerto y era negativo espiritualmente, nos hemos percatado de que no podíamos orar ni participar en las reuniones por un determinado período de tiempo, tal vez por varios días. Esto debe servirnos de advertencia en contra de pasar tiempo con personas muertas. ¡Manténgase alejado de ellas! No piense que va a poder ayudarles; más bien, la muerte de ellos se propagará a usted. Aquellos que están muertos espiritualmente quizás estén muy vivos con respecto a cosas mundanas o cosas negativas, pero están muertos con respecto a la iglesia. En lo referente a la vida de iglesia, ellos están muertos. Si queremos servir directamente al Señor, tenemos que mantenernos alejados de las personas muertas y, con ello, mantenernos libres de la contaminación de la muerte.

Presentan la ofrenda por el pecado

  “Y el día que entre al santuario, al atrio interior para ministrar en el santuario, ofrecerá su ofrenda por el pecado” (Ez. 44:27). Siempre que acudimos a Dios, tenemos que presentarle la ofrenda por el pecado, incluso cuando no estamos conscientes de ninguna impureza. Todas las veces que nos acercamos a Dios, debemos aplicar la redención efectuada por el Señor y recibir el lavamiento de Su preciosa sangre.

Tienen únicamente a Dios como su posesión

  “Yo soy su heredad. Y no les daréis posesión en Israel; Yo soy su posesión” (v. 28b). Esto revela que los sacerdotes no tienen otra posesión que no sea Dios mismo. Su posesión es Dios mismo, y ellos disfrutan a Dios como su suministro. Todos estos servidores tienen únicamente a Dios como su herencia, su posesión. Esto indica que por ser los sacerdotes de hoy, no debiéramos tener la expectativa de ser ricos en posesiones materiales; más bien, debemos comprender que nuestro Dios, a quien servimos, es nuestra posesión, nuestra herencia.

Disfrutan las riquezas de Cristo

  Finalmente, todos los sacerdotes disfrutan las riquezas de Cristo. Todas las ofrendas elevadas, todas las primicias y todos los mejores productos traídos por el pueblo del Señor pertenecían a estos servidores (vs. 29-30). Esto indica que las riquezas de Cristo estaban destinadas a ser disfrutadas por ellos. Ellos tenían a Dios como posesión suya y disfrutaban a Cristo en todos Sus ricos aspectos. Que todos sirvamos al Señor de este modo.

LAS OFRENDAS

Se requiere riqueza en la experiencia de Cristo

  La responsabilidad del sacerdote consistía en presentar las ofrendas a Dios. Al respecto, el relato de Ezequiel puede parecer un tanto peculiar. Moisés le dijo al pueblo del Señor que ofrendara a Dios un cordero por cada diez, pero Ezequiel les dijo que ofrendaran una cordera por cada doscientas (45:15). Esto indica que si no producimos grandes cantidades del disfrute de Cristo, no somos aptos para ofrecer nada. Todo lo que proviniese de una cantidad menor a las doscientas corderas era inadecuado. Si hemos de ser aptos para ofrendar una cordera, primero debemos criar un mínimo de doscientas corderas. Esto significa que nuestra riqueza en la experiencia de Cristo nos hace aptos para ofrendar algo.

  El mismo principio se aplica en el caso del trigo y la cebada. Ezequiel 45:13 dice: “Ésta será la ofrenda elevada que ofreceréis: la sexta parte de un efa por cada homer de trigo, y la sexta parte de un efa por cada homer de cebada”. Un homer equivale a diez efas, y la ofrenda tiene que ser la sexta parte de un efa. Por tanto, se requería ofrendar uno de cada sesenta. Esto difiere del requisito presentado por Moisés, según el cual se requería ofrendar uno de cada diez. Quienes tuvieran menos de un homer de trigo no eran aptos para ofrendar nada. Aquel que tuviera un homer de trigo, era apto para ofrendar una sexagésima parte a Dios. Para poder presentar una ofrenda de trigo, uno debía ser rico en trigo. A diferencia de lo exigido por Moisés, el requisito de Ezequiel nos obliga a ser ricos.

  La ofrenda de aceite también requería un suministro abundante. Ezequiel 45:14 dice: “Y una porción fija de aceite (es decir, el bato de aceite), la décima parte de un bato del coro, que es diez batos, esto es, un homer (porque diez batos son un homer)”. Un homer equivale a diez batos, y se le dijo al pueblo que debía ofrendar la décima parte de un bato. Ofrendar la décima parte de un bato de un homer equivale ofrendar una centésima parte. Uno tiene que ser rico en el producto de Cristo a fin de poder hacer una ofrenda de aceite al Señor.

  Aquellos que no eran ricos no eran aptos para ofrendar nada. Las ofrendas de trigo y cebada debían ser una sexagésima parte; la ofrenda de aceite era una centésima parte; y la ofrenda de las corderas era una de cada doscientas.

Tres categorías de ofrendas elevadas

  En los escritos de Moisés hay muchas clases de ofrendas elevadas, pero Ezequiel menciona únicamente tres categorías de ofrendas elevadas: trigo y cebada, aceite y corderas. La ofrenda elevada era alzada al aire, lo cual representa al Cristo ascendido, el Cristo más elevado. En nuestro servicio a Dios tenemos que “elevar” a Cristo, esto es, ofrendar el Cristo ascendido, el Cristo más elevado, a Dios.

  En el libro El Cristo todo-inclusivo hicimos notar que el trigo representa al Cristo encarnado que murió por nosotros. En Juan 12:24 el Señor Jesús se comparó con el grano de trigo que cae en la tierra y muere. De Su encarnación hasta Su crucifixión, Él era trigo. La cebada representa al Cristo en resurrección, debido a que en Palestina la cebada es el primer grano que se cosecha. Por tanto, la cebada representa las primicias de la resurrección. Es muy significativo que el Señor Jesús alimentó a los cinco mil con panes de cebada (Jn. 6:9). El trigo y la cebada representan a Cristo desde el tiempo de Su encarnación hasta Su resurrección. Como sabemos, la cordera representa al Cristo redentor, y el aceite representa al Espíritu Santo. Éstos son los principales aspectos que componen la ofrenda elevada que debemos ofrendar en nuestro servicio. Todo esto guarda relación con Cristo, pues Cristo es el trigo, la cebada, el cordero y el aceite.

El tiempo de la ofrenda

La ofrenda anual

  Según el relato de Ezequiel, se tenía la ofrenda anual, la ofrenda mensual, la ofrenda semanal y la ofrenda diaria. La ofrenda anual era ofrecida el primer día del año, lo cual significa que, en principio, cada año debemos tener un nuevo comienzo (45:18-19). Todos los años debemos tener un nuevo lavamiento y limpieza. La ofrenda anual era presentada no solamente el primer día del año, sino también el séptimo día (v. 20). Esto indica un período de gracia para el pueblo. Algunos no estaban listos el primer día del año para esclarecer por completo sus situaciones y ser lavados, así que el Señor les dio otra oportunidad en el séptimo día. Si ellos no ofrendaban el primer día del año, tenían otra oportunidad el séptimo día.

  En principio, al inicio de cada año debemos renovar nuestro servicio al Señor. Al inicio de cada año debemos tener un nuevo comienzo en nuestro servicio.

La ofrenda mensual

  También se tenía la ofrenda mensual en el día de la luna nueva. Siempre que había una luna nueva, se tenía que presentar una ofrenda (46:6). La luna nueva también indica un nuevo comienzo. Debemos tener un nuevo comienzo no solamente cada año, sino también cada mes.

La ofrenda semanal

  Además, se debía presentar la ofrenda semanal. Se debía hacer una ofrenda cada semana en el Sábado (v. 4). El Sábado no solamente significa que hacemos un nuevo giro, sino también que estamos disfrutando la obra realizada por el Señor. Guardar el Sábado significa que detenemos nuestra labor y disfrutamos lo que el Señor ha realizado. Guardar el Sábado indica que no ponemos nuestra confianza en nuestra labor, sino que confiamos plenamente en la obra del Señor y disfrutamos de ella. Debemos poder declarar al universo: “Nuestra labor ha cesado y estamos disfrutando la obra del Señor”. Éste es el principio rector del Sábado.

La ofrenda diaria

  También se tenía la ofrenda diaria (v. 13). La ofrenda diaria en Ezequiel es diferente de la ofrenda diaria requerida por Moisés. Moisés dijo que el holocausto continuo debía ser ofrecido diariamente tanto en la mañana como al anochecer, pero en Ezequiel no se menciona la ofrenda al anochecer. Me parece que esto indica que en el servicio que brindan los sacerdotes no hay anochecer; ellos permanecen de continuo en la frescura propia de la mañana. La situación en Ezequiel ha mejorado al grado de que ya no hay anochecer; sólo se tiene la mañana. No había puesta de sol, únicamente amanecer.

Las ofrendas en las fiestas señaladas

  Además de las ofrendas anuales, mensuales, semanales y diarias, también se tenían las ofrendas durante las fiestas señaladas, a saber: la Fiesta de la Pascua, la Fiesta de los Panes sin Levadura y la Fiesta de los Tabernáculos (45:21, 25). ¡Alabado sea el Señor por las ofrendas y las fiestas!

  Ahora sabemos qué clase de sacerdotes se requieren para servir al Señor y qué debemos ofrendarle a Él.

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