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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Filipenses»
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Mensaje 42

DEBEMOS HACERLO TODO EN EL NOMBRE DEL SEÑOR SIENDO SATURADOS POR SUS RIQUEZAS

  Lectura bíblica: Col. 3:16-25; 4:1-2; Ef. 5:18-25; 6:17-18a; Fil. 4:13

  En Colosenses 3:17 Pablo nos exhorta a hacerlo todo en el nombre del Señor Jesús. En Filipenses 4:13, él testifica: “Todo lo puedo en Aquel que me reviste de poder”. Es fácil entender lo que significa hacerlo todo en Aquel que nos reviste de poder; pero resulta muy difícil comprender qué es hacerlo todo en el nombre del Señor. Por supuesto, el nombre denota la persona. Cuando llamamos a alguien por su nombre, dicha persona contesta. Es por eso que decimos que el nombre denota la persona. Sin la persona, el nombre no tiene realidad ni sentido. Ya que el nombre denota la persona, hacer algo en el nombre del Señor, implica hacerlo en Su persona.

ORAR EN EL NOMBRE DEL SEÑOR

  Por lo general, los cristianos concluyen sus oraciones diciendo: “En el nombre de Jesús, amén”. Usan el nombre del Señor como si éste fuese un sello, una estampilla o una firma para endosar sus oraciones. Sin embargo, de acuerdo con la Biblia, esto no equivale a orar en el nombre del Señor. En Juan 15:16 el Señor Jesús declara: “Para que todo lo que pidáis al Padre en Mi nombre, El os lo dé”. En este versículo el Señor habla de pedir al Padre en el nombre de Jesús. Juan 14:13-14 dice: “Y todo lo que pidáis en Mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pedís en Mi nombre, Yo lo haré”. Cuando pedimos algo al Padre en el nombre del Hijo, es posible usar el nombre del Hijo como una firma de endoso. Pero ciertamente no podemos hacer lo mismo cuando le pedimos algo al Señor directamente. Según la verdad fundamental que se revela en Juan 14 y 15, hacer algo en el nombre del Señor significa hacerlo en unión con El, vivir por El y permitirle que viva en nosotros. El Señor vino en el nombre del Padre y lo hizo todo en este nombre (Jn. 5:43; 10:25), lo cual significa que El era uno con el Padre (Jn. 10:30), que vivía por el Padre (Jn. 6:57), y que el Padre hacía las obras en El (Jn. 14:10). En los evangelios, el Señor era la expresión misma del Padre, y como tal, lo hizo todo en el nombre del Padre. En el libro de los Hechos, los discípulos, quienes eran la expresión del Señor, hicieron cosas aun mayores en Su nombre (Jn. 14:12). Por consiguiente, hacer algo en el nombre del Señor significa ser uno con El de manera práctica.

  En Juan 5:43 el Señor Jesús declaró: “Yo he venido en nombre de Mi Padre, y no me recibís”. El hecho de que el Señor viniera en el nombre del Padre no significa que usara dicho nombre como un sello; antes bien, significa que El venía con el Padre y en el Padre. Cuando El vino, el Padre también vino. Además, en Juan 10:25 el Señor Jesús declaró: “Os lo he dicho, y no creéis; las obras que Yo hago en nombre de Mi Padre, ellas dan testimonio de Mí”. Para laborar en el nombre del Padre, el Señor tenía que ser uno con el Padre y hacerlo todo en la persona del Padre. Es por eso que El dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:30). En Juan 6:57 el Señor Jesús declaró que el Padre viviente lo había enviado y que El vivía por el Padre. Esto significa que el Señor era uno con el Padre, y que por ende, lo hacía todo en la persona y en el nombre del Padre. Todos estos versículos indican que, conforme al uso bíblico, hacer algo en el nombre de una persona significa ser uno con dicha persona. Por lo tanto, el nombre no es meramente una firma o un sello de endoso para concluir una oración.

EXPERIMENTAR A CRISTO DE MANERA SUBJETIVA

  Pocos cristianos comprenden que los creyentes debemos experimentar a Cristo subjetivamente. Sin embargo, la Biblia revela que el deseo y la intención de Dios es forjar a Cristo en nosotros. ¿Qué podría ser más subjetivo que el hecho de que Cristo se forje en nuestro ser? Pablo se refiere a esto cuando declara que Cristo hace Su hogar en nuestros corazones (Ef. 3:17). El Cristo que lo es todo y que lo abarca todo es el ungido de Dios; como tal, El no sólo desea morar en nosotros, sino también hacer Su hogar en nuestro ser. Indudablemente, esto es un asunto subjetivo. La raíz de la palabra griega traducida “hogar” en Efesios 3:17, denota lo mismo que la palabra casa. Por tanto, no es suficiente afirmar que Cristo simplemente mora en nosotros, pues este no es el sentido que comunica la palabra original griega. Debemos declarar que Cristo desea hacer Su casa, Su hogar, en nosotros. Experimentar a Cristo como Aquel que hace Su hogar en nosotros es algo muy subjetivo. No obstante, la mayoría de los cristianos descuidan esta experiencia.

  La mayor parte de las enseñanzas cristianas dan énfasis al hecho de que Cristo es nuestro Redentor y Salvador, y a que, por ser Dios, El debe ser nuestro único objeto de adoración. Al mismo tiempo, subrayan que los cristianos deben tratar de mejorar su comportamiento. Nosotros ciertamente creemos que Cristo es nuestro Redentor y Salvador, que El es Dios y que debemos adorarle; sin embargo, de acuerdo con la Biblia, debemos cuestionar si los cristianos realmente deben esforzarse por mejorar su comportamiento. ¿Qué quiere decir tener buen comportamiento? No aprobamos el buen comportamiento que se logra por esfuerzo propio; en cambio, sí aceptamos el que proviene de una vida transformada por Cristo. Cuando la Biblia habla de buen comportamiento, no se refiere al que se logra por medio de la vida natural; antes bien, denota el vivir o comportamiento de una vida transformada. Lo que queremos recalcar aquí es que muchos cristianos han errado al blanco de la economía de Dios, al no ver que la Palabra de Dios revela que el Dios Triuno desea entrar en nosotros para ser nuestra vida, nuestra provisión de vida, y nuestro todo, y que incluso El desea ser nuestra propia persona, a fin de que seamos uno con El.

MORAR EL UNO EN EL OTRO

  Una vez más, quisiera decir que pedir algo en el nombre del Señor no consiste en usar simplemente Su nombre como un sello o una firma al final de una oración; más bien, significa estar en la persona misma del Señor Jesús. Cuando Cristo el Hijo vino en el nombre del Padre, El no usó el nombre del Padre en calidad de firma o sello; antes bien, El vino en la persona del Padre. No pensemos que cuando el Señor Jesús vino, únicamente vino el Hijo y no el Padre. No, cuando el Hijo vino, el Padre vino en El y con El. Juan 14:23 demuestra esto, al decir: “El que me ama, Mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”. Este versículo revela, por un lado, que el Padre que nos ama, y por otro, que el Padre y el Hijo vendrían a nosotros y harían morada con nosotros. Basándonos en lo anterior, podemos afirmar que si amamos al Hijo, el Padre nos amará, y que luego, tanto el Padre como el Hijo harán morada con nosotros. Esto indica que cuando el Hijo viene a nosotros, el Padre también viene. No obstante, esto no implica que el Padre viene al lado del Hijo; en realidad, el Padre viene en el Hijo, ya que ambos moran el uno en el otro. En Juan 14:11 vemos que el Hijo está en el Padre y el Padre en el Hijo. La preposición “en” aquí es de suma importancia, pues comunica la noción de que ambos moran el uno en el otro. El Señor vino en el Padre y también con el Padre, ya que El estaba en Su interior. Este es el verdadero significado de que el Hijo viniera en el nombre del Padre.

  Nuestra manera de pensar en cuanto a lo que significa orar y obrar en el nombre del Señor, debe ser renovada. Deberíamos dejar de considerar la expresión “en el nombre del Señor Jesús” como un sello de endoso. Es crucial que entendamos que hacer algo en el nombre del Señor Jesús, significa ser uno con El, es decir, que estamos en El y El en nosotros. Tal como el Hijo está en el Padre y el Padre en el Hijo, y ambos moran el uno en el otro, nosotros también debemos ser uno con el Señor de esta manera. Nosotros y el Señor Jesús debemos morar el uno en el otro, es decir, debemos estar en El y tenerle a El en nosotros. Sólo así, lo haremos todo verdaderamente en el nombre del Señor.

SATURADOS DE LA PALABRA

  En Colosenses 3:17 Pablo declara: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de El”. Hacerlo todo en el nombre del Señor Jesús está relacionado con permitir que la palabra de Cristo nos sature completamente. La Palabra nos llena y nos satura cuando la oramos, cantamos y salmodiamos, y cuando le damos gracias a Dios el Padre por ella. De este modo, estimulamos todo nuestro ser: la mente, la parte emotiva, la voluntad y el espíritu.

  Sin embargo, en lugar de ser estimulados por la Palabra, muchos cristianos son indiferentes hacia ella, y por eso la leen de una manera tan fría. No debemos leer la Biblia de esta manera; antes bien, debemos permitir que la palabra de Cristo more en nosotros. Para ello, debemos cantar, orar, salmodiar y dar gracias. Cuanto más nos ejercitemos de este modo, más nuestro ser interior será estimulado, y más la palabra de Cristo nos saturará, e incluso se mezclará con nosotros. Así, todo nuestro ser será lleno de la palabra de Cristo.

  La palabra de Cristo es en realidad la corporificación misma de Cristo. Por consiguiente, cuando la Palabra se mezcla con nuestro ser, llegamos a ser uno con Cristo interiormente. Entonces, espontáneamente lo hacemos todo en el nombre del Señor. Dado que El nos satura y se mezcla con nosotros y nos hace uno con El, esto nos permite hacerlo todo en el nombre del Señor, lo cual significa hacer todas las cosas en El.

  Colosenses 3:17 corresponde con Filipenses 4:13, donde Pablo declara que todo lo puede en Aquel que lo reviste de poder. Si queremos que las palabras “en El” no se queden como una simple terminología sino que lleguen a ser nuestra experiencia práctica y real, debemos permitir que la palabra de Cristo sature todo nuestro ser. Cuando la palabra de Cristo entra en nosotros y nos estimula interiormente, entonces somos verdaderamente uno con Cristo, y nos encontramos en El en realidad y en experiencia. Del mismo modo en que vivimos por los alimentos que comemos, digerimos y asimilamos, también lo haremos todo en el nombre de Aquel que nos satura y se mezcla con nosotros, y con El cual somos uno de manera práctica.

UNO CON EL SEÑOR

  En Colosenses 3:18—4:1 Pablo exhorta a las esposas, a los maridos, a los hijos, a los padres, a los esclavos y a los amos. Las esposas deben someterse a sus maridos, los maridos deben amar a sus esposas, los hijos deben obedecer a sus padres y los padres no deben provocar a sus hijos; los esclavos deben obedecer a sus amos, y éstos deben dar a sus esclavos lo que es justo. Pero ¿cómo debe una esposa someterse a su marido, o cómo debe un marido amar a su esposa? La única manera de lograrlo es hacerlo en el nombre del Señor y ser uno con El.

  Note que Filipenses 3:18—4:1 continúa la declaración que hizo Pablo en los versículos 16 y 17. Esto significa que si no obramos en el nombre del Señor Jesús, es decir, si no somos uno con El, permitiendo que la palabra de Cristo more ricamente en nosotros, simplemente no podremos someternos ni amar a nadie. Hacerlo todo en el nombre del Señor Jesús nos permitirá llevar a cabo lo que Pablo nos manda en este pasaje de Colosenses. Si una hermana está unida al Señor, espontáneamente se someterá a su marido. Del mismo modo, si el marido está compenetrado con el Señor, él amará automáticamente a su esposa. En el mismo principio, los hijos honrarán a sus padres, los padres no provocarán a sus hijos, los esclavos obedecerán a sus amos, y los amos darán a sus esclavos lo que es justo. Esto quiere decir que la esposa debe someterse a su marido en el nombre del Señor, y el marido debe amar a su esposa también en el nombre del Señor. Además, en el nombre del Señor, los hijos deben obedecer a sus padres, los padres deben cuidar a sus hijos, los esclavos deben obedecer a sus amos, y los amos deben ser justos con sus esclavos.

  En 4:2 Pablo añade: “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias”. Una vez que nos unimos al Señor cantando, salmodiando, orando y dando gracias, debemos guardar esta unidad perseverando en la oración. Cuando oramos, conservamos nuestra unidad con el Señor, es decir, nuestra mezcla con El. Perseverar en la oración equivale a orar continuamente, sin cesar. Es necesario hacer esto si hemos de vivir a Cristo.

LA VIDA CRISTIANA NORMAL

  En Efesios 5:18 Pablo nos exhorta a ser llenos en nuestro espíritu. ¿De qué debe estar lleno nuestro espíritu? De la rica palabra de Cristo. Cuando permitimos que la palabra de Cristo more ricamente en nosotros, ésta nos saturará y nos llenará interiormente. Entonces, las riquezas de Cristo contenidas en la Palabra nos llenarán, incluso hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Cuando un hermano se encuentra lleno de la manera descrita, Dios amará a su esposa por medio de él. Lo mismo sucederá con respecto a los hijos cuando éstos se encuentren llenos de las riquezas de Cristo; ellos honrarán a sus padres con la plenitud de Dios.

  En la actualidad, a la mayoría de los cristianos se les enseña a vivir de acuerdo con la ética, y al hacerlo, olvidan el hecho que el Dios Triuno se imparte en los creyentes y se mezcla con ellos con el fin de que lo vivan a El. Algunos cristianos incluso se oponen a esta revelación y nos acusan de rebajar a Dios, de elevar al hombre, de enseñar panteísmo, y de afirmar que el hombre puede evolucionar hasta convertirse en Dios. ¡Cuán grande es la ceguera e ignorancia de ellos! La Biblia enseña que Dios se hizo carne. Revela que El se humilló al grado de nacer en un pesebre, y que finalmente, después de ser crucificado, fue sepultado y descendió al Hades con el fin de preparar Su entrada en nosotros. Nosotros no hemos elevado al hombre, Cristo es quien nos ha elevado. El Nuevo Testamento revela que cuando El ascendió, nosotros ascendimos también. De lo contrario, ¿cómo podríamos estar sentados con El en los lugares celestiales (Ef. 2:6)?

  Es una verdadera lástima que en la actualidad los cristianos descuiden tantas verdades divinas. Pero en Su misericordia, el Señor nos ha mostrado estas cosas. En la Biblia, hemos podido ver que el Dios Triuno desea entrar en nosotros, mezclarse con nuestro ser y elevarnos al lugar más alto, a los cielos, a fin de que vivamos con El y seamos uno con El. Si ésta es realmente nuestra experiencia, entonces todo lo que hagamos, lo haremos en el nombre del Señor Jesús. ¡Qué gran bendición es ver esta verdad tan maravillosa! Necesitaríamos toda la eternidad para dar a conocer cuánto nos ha bendecido el Señor al mostrarnos esto. ¡Oh, qué bendición es poder hacerlo todo en el nombre del Dios Triuno! Si una hermana se somete a su marido en el nombre del Dios Triuno, su sumisión será maravillosa, divina y totalmente distinta de la sumisión según la ética de Confucio. Dicha esposa no se someterá confiando en su vida humana natural, sino en la vida divina que ha sido forjada en ella.

  Es un hecho maravilloso que los creyentes poseamos la naturaleza divina. En 2 Pedro 1:4 vemos que somos participantes de dicha naturaleza. La manera de agrandar la esfera de la naturaleza divina en nosotros, es tomar la palabra de Cristo, no sólo para leerla, sino también para orarla, cantarla, salmodiarla y dar gracias. Si la palabra de Cristo ha de morar ricamente en nosotros, debemos abrir todo nuestro ser y ejercitar nuestro espíritu. De esta manera, Su palabra entrará en nosotros, nos estimulará, se mezclará con nuestra persona, y nos hará uno con el Señor de una manera verdadera y práctica. Entonces, lo haremos todo en el nombre del Señor Jesús, y espontáneamente viviremos a Cristo. De este modo, seremos uno con El en acciones y en palabras.

  En conclusión, hacerlo todo en el nombre del Señor equivale a hacerlo todo en unidad con El al leer, orar, cantar y salmodiar la Palabra, ejercitando nuestro espíritu para mezclarnos con Su Palabra y, por ende, implica que llegamos a ser uno con Cristo en nuestra experiencia. Entonces, viviremos a Cristo y lo haremos todo en Su nombre. Esta es la vida cristiana normal.

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