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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hechos»
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Mensaje 26

La conversion de saulo

(2)

  Lectura bíblica: Hch. 9:1-19

  En este mensaje continuaremos estudiando la conversión de Saulo (9:1-19).

ORA DURANTE TRES DIAS

  Al llegar cerca de Damasco, a Saulo “repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (vs. 3-4). Después de levantarse, él no veía nada aunque tenía los ojos abiertos (v. 8). Durante tres días Saulo quedó sin vista. Con esto, el Señor disciplinó el ingenio de Saulo. Como ya señalamos anteriormente, Saulo era erudito en la religión hebraica, en la cultura griega y en la política romana. El había sido instruido en los tres elementos fundamentales de la cultura occidental. Por consiguiente, lo que quería el Señor al quitarle la vista, era que Saulo pensara en El.

  Hechos 9:9 declara que Saulo “estuvo tres días sin ver, y [que] no comió ni bebió”. ¿Qué hizo él durante esos tres días? La respuesta a esta pregunta está en las palabras que el Señor dirigió a Ananías en el versículo 11: “Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora”. Esto nos demuestra que durante esos tres días Saulo oraba. El no vio nada, ni comió ni bebió. Así que, todo lo que pudo hacer fue orar.

  Creo que mientras Saulo oraba, él trató de analizar a Jesús, buscando saber quien era El. Saulo debe de haber pensado: “Yo sé que Jesús fue sepultado, y sin embargo me habló desde el cielo. ¿Cómo puede ser esto? El me dijo que era El a quien yo perseguía. ¿De qué forma estaba Jesús incluido entre los que yo perseguía?” Durante tres días Pablo debe de haber orado al respecto.

RECIBE TODO EL MENSAJE DEL EVANGELIO

  Es probable que mientras Saulo oraba, él haya recibido visión tras visión y revelación tras revelación acerca de Cristo y la iglesia. Su experiencia en esos días ha de haber sido semejante a ver una televisión celestial en la cual se presentaban muchas cosas acerca del Señor Jesús. Mientras veía estas cosas, Saulo debió pensar: “Jesús el nazareno es Jehová. El es mi Salvador. Ahora entiendo por qué sus seguidores testificaban tan firmemente que El había resucitado. Ciertamente tiene que haber resucitado, pues El se me apareció desde los cielos”. Saulo quizá haya considerado también la ascensión del Señor, la cual implica Su encarnación, Su vivir humano, Su muerte y resurrección. El debe de haber llegado a la conclusión que el Señor que ahora está en los cielos tuvo que pasar por el proceso de encarnación, vivir humano, muerte, resurrección y ascensión.

  Debe impresionarnos el hecho de que durante tres días, Saulo no comió ni bebió nada. Todo lo que él hizo fue orar. Mientras oraba, él recibía la revelación de Cristo en su ser como alguien que mira un televisor. Saulo contempló una visión maravillosa del Señor en esta televisión celestial y de este modo todas sus dudas acerca de la resurrección de Cristo se disiparon. El llegó a creer en Su encarnación y en Su muerte. Gracias a las visiones que vio en esos días, Saulo recibió el mensaje completo del evangelio.

EL NOMBRE DE JESUS Y EL COMPLEMENTO “ME”

  Saulo no solamente vio que Jesús es Jehová, el Salvador, quien murió y resucitó, sino también que el hecho de que el Señor Jesús es uno con Sus seguidores. Tal vez Saulo haya pensado: “Yo no perseguía a Jesús sino a Sus seguidores, pero El me dijo que era a El a quien perseguía. Esto debe indicar que El es uno con Sus seguidores”. Así, Saulo llegó a ver el Cuerpo. El no sólo oyó un mensaje acerca de la salvación de Cristo, sino también acerca del Cuerpo de Cristo. Cuando el Señor se le apareció a Saulo, le preguntó: “¿Por qué me persigues?” El Señor parecía decir: “Saulo, este complemento “me” me incluye a Mí individualmente y a Mi cuerpo corporativamente. En un sentido individual, Yo estoy en los cielos, pero en un sentido corporativo, Mi Cuerpo está en la tierra. Cuando perseguías a Mis seguidores, perseguías a Mi cuerpo, y perseguir a Mi Cuerpo equivale a perseguirme a Mí”. Por tanto, en 9:4, el complemento “me” es corporativo, pues incluye al Señor Jesús y a todos Sus creyentes.

  En Hechos 9:5, Saulo dijo: “¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. El complemento “me” del versículo 4 y el nombre “Jesús” del versículo 5 tienen mucha importancia. Pablo debe de haber pensado mucho acerca de Jesús y del significado que encierra el complemento “me”. En aquellos días, él seguramente pensó en estas dos palabras: “me” y “Jesús”.

  Cuando Pablo preguntó: “¿Quién eres Tú, Señor?” El debe de haber sido salvo y haber recibido al Espíritu esencial. Más adelante, en la Epístola a los Romanos, él declaró: “Todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo” (Ro. 10:13). En Hechos 9:5, Saulo llamó a Jesús “Señor”, aún sin conocerlo. Indudablemente, Saulo debe de haber quedado muy asombrado con la aparición y las palabras del Señor. En aquel tiempo el Espíritu esencial debe de haber entrado en su ser. Luego él pudo orar durante tres días sin comer ni beber. Bajo la inspiración del Espíritu esencial, su único interés era orar a fin de conocer el significado de lo que él había visto y oído. En aquellos días, Pablo recibió el evangelio completo acerca de la salvación y del Cuerpo de Cristo.

  La experiencia de Saulo en cuanto a la entidad corporativa indicada con el complemento “me”, en cuanto a Cristo y al Cuerpo, deben de haber dejado una profunda impresión en él, la cual afectaría su ministerio futuro acerca de Cristo y la iglesia. Esta experiencia puso el fundamento de su ministerio. Esto explica la razón por la cual él enseñó tan firmemente sobre el Cuerpo de Cristo (Ro. 12:4-5; 1 Co. 12:12-27; Ef. 1:22-23; 2:16; 4:4, 16). De hecho, él es el único escritor del Nuevo Testamento que usa la expresión “el Cuerpo de Cristo”. Pablo puso tanto énfasis en el Cuerpo debido a que en el momento de su conversión él recibió una revelación al oír la palabra “me”, la cual aludía a una entidad corporativa, el Cuerpo de Cristo.

CONFIRMADO POR UN REPRESENTANTE DEL CUERPO

  Inmediatamente después de que Saulo fuera salvo, el Señor empezó aleccionarlo sobre el Cuerpo. Esta fue la razón por la cual El dijo a Saulo: “Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (9:6). Con esto, el Señor parecía decir: “Saulo, no te diré lo que debes hacer. Tú has sido salvo directamente por Mí, y nadie más sabe que has sido salvo. Por tanto, necesitas que un representante de Mi cuerpo venga a ti y confirme el hecho de que Yo te he salvado, escogido y llamado. También necesitas que ese representante del Cuerpo te inicie en la identificación con Mi cuerpo”. Como veremos, cuando Saulo llegó a Jerusalén e intentó juntarse con los discípulos, “todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo” (v. 26). Esta situación exigía que su salvación fuese confirmada por un representante del Cuerpo.

  Cuando el Señor le dijo a Ananías que buscara a Saulo, Ananías respondió: “Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a Tus santos en Jerusalén” (v. 13). Como Ananías no quería saber nada de Saulo, entonces el Señor le dijo: “Ve, porque vaso escogido me es éste, para llevar Mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque Yo le mostraré cuanto le es necesario padecer por Mi nombre” (vs. 15-16). Después de esto, Ananías fue a encontrarse con a Saulo. Al dirigirse a Saulo, Ananías lo reconoció como hermano en el Señor (v. 17). Si el Señor no le hubiese dicho a Ananías que buscase a Saulo, ni él ni ningún otro creyente habría reconocido a Saulo como hermano. Así, por medio de Ananías, el Señor le dio a Saulo una excelente lección acerca de la práctica de la vida del Cuerpo.

LLENO DEL ESPIRITU SANTO

  En 9:17 Ananías le dijo a Saulo: “El Señor me ha enviado —Jesús, quien se te apareció en el camino por donde venías— para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo”. Esto se refiere a ser lleno exteriormente con el Espíritu económico. Tanto en el caso de Saulo en el capítulo nueve, como en el de los samaritanos en el capítulo ocho, la Cabeza del Cuerpo retuvo al Espíritu en su aspecto económico. En el caso de los creyentes samaritanos, el Señor hizo esto porque los judíos los consideraban como extranjeros y no querían ningún trato con ellos. A los judíos les hubiera resultado muy difícil creer que Dios salvaría a los samaritanos. Por tanto, la Cabeza del Cuerpo retuvo al Espíritu económico hasta que Pedro y Juan llegasen a Samaria para imponer sus manos sobre dichos creyentes. Por medio de la imposición de manos de Pedro y Juan, la Cabeza impartió el Espíritu económico como señal a los creyentes judíos de que incluso los samaritanos podían ser miembros del Cuerpo de Cristo.

  Por supuesto, Saulo de Tarso era judío, un hebreo puro, pero él fue el principal perseguidor de la iglesia y asoló a la iglesia en Jerusalén. ¿Quién hubiera creído que él se había vuelto al Señor y había sido salvo? Cuando Pablo fue salvo, también recibió al Espíritu esencial en él. Sin embargo, la Cabeza del Cuerpo retuvo al Espíritu económico hasta que un representante del Cuerpo fuese a Saulo y le impusiera las manos. En ese instante, el Espíritu económico descendió sobre él como una señal contundente de que él había sido salvo y de que la Cabeza lo había aceptado como miembro en Su Cuerpo. En realidad, Saulo era un miembro especial, un miembro que debía llevar la importante comisión de ministrar la economía neotestamentaria de Dios al mundo gentil.

  No es fácil entender correctamente todo lo que se describe en 9:1-19. Tampoco es fácil ver la importancia que tiene esta sección de Hechos. Nuestra comprensión de esta parte de la Palabra Santa no sólo provino de nuestra lectura de la Biblia o de otros libros, sino también de examinar nuestra propia historia y experiencia. Después de muchos años de estudio y experiencia, hemos podido ver cuáles son los puntos cruciales de Hechos 9:1-19. Ninguno de estos puntos debe ser una mera enseñanza para nosotros; por el contrario, cada uno de ellos debe ser una visión proyectada en la televisión celestial.

LA CONSUMACION DE LA REVELACION DE LA ECONOMIA NEOTESTAMENTARIA DE DIOS

  En Hechos 9, vemos que el principal perseguidor y opositor del Señor Jesús fue salvo y llegó a ser un vaso. Saulo llegó a ser uno con la Cabeza y con el Cuerpo. Como miembro del Cuerpo, él estaba capacitado para recibir la comisión celestial de completar la palabra relacionada con la revelación neotestamentaria de Dios. El mismo declara al respecto: “De la cual fui hecho ministro, según la mayordomía de Dios que me fue dada para con vosotros, para completar la palabra de Dios” (Col. 1:25). Sin las epístolas de Pablo, la revelación neotestamentaria de Dios no habría sido completada. Entre los veintisiete libros del Nuevo Testamento, catorce fueron escritos por Pablo para completar la economía neotestamentaria de Dios. El ministerio de Pedro y su compañía representa el inicio, no la consumación. Si tuviésemos solamente el ministerio de Pedro y de su compañía, la economía neotestamentaria de Dios estaría incompleta. Para completarla, se necesitaba otro vaso, el vaso que Dios había escogido para llevar a cabo Su economía neotestamentaria. Dios en Su sabiduría puso finalmente a Pablo en la cárcel para que escribiera estas epístolas, las cuales son particularmente cruciales en cuanto a la economía neotestamentaria de Dios.

UN VASO ESCOGIDO

  En 9:15, vemos que Saulo de Tarso fue un vaso escogido. Al leer las Escrituras, tal vez no prestemos la debida atención a la palabra “vaso”, un término espiritual importante. Un vaso es un recipiente; por lo tanto, es diferente de una herramienta o de un arma.

  Las epístolas de Pablo dan mucho énfasis a la palabra “vaso”. Por ejemplo, Romanos 9:23 revela que Dios dio a conocer “las riquezas de Su gloria sobre los vasos de misericordia, que El preparó de antemano para gloria”. En Romanos 9, vemos que los seres humanos fueron creados por Dios con el fin de ser vasos que lo contengan. En 2 Corintios 4:7, Pablo menciona nuevamente esta palabra: “Tenemos ese tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”. Luego en 2 Timoteo 2:20, él declara: “Pero en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para honra, y otros para deshonra”. Cuando Dios salvó a Saulo de Tarso, Su intención era llenarlo consigo mismo y hacer de él un vaso extraordinario. En los escritos de Pablo, vemos el desarrollo del significado espiritual de la palabra “vaso”.

  Quizá Saulo haya aprendido de Ananías que él había sido escogido para ser un vaso. El Señor escogió a Saulo de Tarso no solamente para que éste fuera Su apóstol, Su siervo y Su ministro, sino también Su vaso. Al usar la palabra “vaso” en Hechos 9:15, tal vez el Señor quería decirle a Ananías: “Saulo me es un vaso escogido. El me contendrá, y su ministerio consistirá en trasmitirme al mundo gentil”. Todos debemos ver la importancia de que Saulo fuera un vaso escogido.

  En la vida y en los escritos de Pablo podemos ver los tres elementos de la cultura occidental: el elemento hebreo, el elemento griego y el elemento romano. Pablo se componía de estos tres elementos, es decir, estaba constituido de la religión hebrea, la cultura griega y la política romana. Por componerse de estos elementos, él era apto para ser un vaso terrenal que contuviera y trasmitiera al Cristo todo-inclusivo. Pablo era el vaso indicada para este fin.

NECESITAMOS RECIBIR UNA VISION ESPIRITUAL

  Cuando estudiamos la Biblia, no es suficiente conocer la letra escrita. Necesitamos recibir también la visión y el discernimiento espirituales. Vemos que el Señor Jesús tenía esta visión y discernimiento cuando reveló que el título divino “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” denota la resurrección (Mt. 22:23-33). Esto no se puede ver si sólo leemos la letra escrita de la Biblia. Sólo la visión y la perspicacia espirituales nos permiten ver que la resurrección está implícita en este título divino. Este entendimiento no se consigue simplemente al interpretar las Escrituras en términos alegóricos o al hacer simples deducciones, sino al recibir la revelación por medio del estudio de la Palabra escrita de Dios. Del mismo modo, al leer Hechos 9, necesitamos recibir la visión celestial de lo que implican el complemento “me”, el nombre de Jesús y las palabaras “vaso escogido”.

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