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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hechos»
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Mensaje 39

LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO

(5)

  Lectura bíblica: Hch. 14:1-28

UN LIBRO ACERCA DE LA ECONOMIA DE DIOS

  En este estudio-vida no tengo la intención de abarcar todos los detalles que se encuentran en Hechos; como por ejemplo, el hecho de que David era un hombre conforme al corazón de Dios. Mi verdadera carga en este estudio-vida consiste más bien en presentar todos los asuntos cruciales que se relacionan con la economía neotestamentaria de Dios. Por esta razón, dedicaremos mayor atención a todos los asuntos que tienen un valor dispensacional en el libro de Hechos.

  Cuando uso el término “dispensacional” (el cual aparece repetidas veces en estos mensajes), no me refiero a una era determinada, ni a la manera en la que Dios se relacionó con Su pueblo durante cierta época, sino más bien a la administración que Dios lleva a cabo en Su economía eterna. La administración divina sobresale en Hechos, y debido a esto, podemos decir que el tema de este libro es la economía de Dios. Muchos cristianos no entienden el libro de Hechos. Este libro no se limita simplemente a relatar hechos, sino que principalmente revela la administración que Dios lleva a cabo, la cual es Su economía eterna. Por consiguiente, la carga que tengo en este estudio-vida es abordar el tema de la economía de Dios, según se ve en el libro de Hechos.

  Mi objetivo al estudiar un determinado capítulo de Hechos, consiste en ver cómo Dios ejecuta su administración para cumplir Su economía. Con esto en mente, estudiaremos el capítulo catorce. Aparentemente, este capítulo no tiene mucho que ver con la administración divina; sin embargo, si lo estudiamos detenidamente encontraremos algunos asuntos que sí se relacionan con dicha administración.

A ICONIO

  Leamos Hechos 14:1: “Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos”. Pablo y Bernabé, así como lo hicieron en Hechos 13:5 y 14, asistieron a la reunión de la sinagoga judía para valerse de dicha reunión y anunciar la palabra de la gracia de Dios. El versículo 2 continúa: “Mas los judíos que desobedecieron excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles contra los hermanos”. La palabra griega traducida “ánimos” significa literalmente “almas”.

La palabra de la gracia de Dios

  En Hechos 14:3 leemos: “Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio de la palabra de Su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios”. Como hemos indicado, la gracia del Señor es el propio Dios Triuno que los creyentes reciben y disfrutan, y a quien expresan en su salvación, cambio de vida y su manera santa de vivir.

  El Señor daba testimonio de la palabra de Su gracia, y concedía que se hiciesen señales y prodigios por las manos de Pablo y de Bernabé. Las señales y los prodigios no forman parte del testimonio central de Dios, el cual es el Cristo encarnado, crucificado, resucitado y ascendido; ni tampoco forman parte de Su salvación plena. Solamente son evidencias de que lo predicado y ministrado por los apóstoles y el modo en que actuaban, provenían absolutamente de Dios, y no del hombre.

  La expresión “la palabra de Su gracia” conlleva un valor dispensacional. Los judíos se reunían en las sinagogas para leer el Antiguo Testamento, no porque desearan conocer la palabra de la gracia del Señor, sino con el fin de conocer la palabra de la ley de Dios, la cual pertenecía a la vieja dispensación, a la antigua administración divina de la economía de Dios. Pero la palabra de la gracia del Señor reemplaza la ley. Lo que ocupaba la mente de los judíos que se reunían en las sinagogas era la ley, pero Pablo les presentó a Cristo como la gracia que Dios les otorgaba. Los apóstoles edificaron a los nuevos creyentes testificándoles de la palabra de vida y de la palabra de la gracia del Señor. La frase “daba testimonio” en el versículo 3, implica que “la palabra de Su gracia” estaba presente, y que ya había sido predicada por los apóstoles. Puesto que la palabra de la gracia ya había sido predicada, se daba testimonio de ella.

La palabra de la gracia en el Antiguo Testamento

  Los apóstoles dieron testimonio de la palabra de la gracia del Señor a pesar de que poseían solamente el Antiguo Testamento. ¿Podemos encontrar la palabra de la gracia en el Antiguo Testamento? Los judíos, por su parte, en lugar de buscar la palabra de la gracia, prestaban más atención a la palabra de la ley con todos sus mandamientos. Por consiguiente, sólo obtenían la palabra de la ley de Dios, y no la palabra de la gracia del Señor. No obstante, la palabra de la gracia sí se encontraba en el Antiguo Testamento; de hecho, los apóstoles testificaron al respecto.

  Examinemos algunos ejemplos que demuestran esto. En Génesis 3:15 dice: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. Este versículo indica que la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente. ¿No es ésta una palabra de la gracia del Señor? Lo es ciertamente. Después de comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, Adán y Eva trataron de esconderse de Dios. Entonces se oyó la voz de Dios que le decía a Adán: “¿Dónde estás tú?” (Gn. 3:9). Adán y Eva tuvieron miedo, pues pensaban que tal vez Dios los sentenciaría a muerte; pero en lugar de juzgarlos, Dios les habló una palabra de gracia. Conforme a Génesis 3:15, Dios condenó a la serpiente, y por otra parte, habló una palabra de gracia a Adán y Eva. Cuando oyeron lo que Dios les decía debieron haberse alegrado mucho. Seguramente en ese momento sentían odio hacia la serpiente, y ahora, Dios les anunciaba que la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente. Esta era ciertamente una palabra de la gracia.

  Otro ejemplo de la palabra de la gracia en el Antiguo Testamento está en Génesis 12:2 y 3, donde Dios le declara a Abraham: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición ... y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Ciertamente éstas no son palabras de ley, sino palabras de gracia. Los judíos, quienes se reunían en las sinagogas, estaban ciegos espiritualmente y no podían ver la palabra de la gracia del Señor que se hallaba en el Antiguo Testamento.

  En el libro de Isaías vemos otros ejemplos de la palabra de la gracia del Señor. Tomemos Isaías 7:14: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Esta es una palabra de gracia. Encontramos otra palabra de gracia en Isaías 9:6: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz”. Este también es un ejemplo de las muchas palabras de gracia que se hallan en el Antiguo Testamento.

La predicación de Pedro y de Pablo

  Hemos visto que en el capítulo trece de Hechos, Pablo relacionó “las cosas santas y fieles de David” con el Cristo resucitado (vs. 33-35). El entendió que estas palabras se referían a Cristo en Su resurrección. ¿Quién podía entender mejor que Pablo que las cosas santas y fieles de David se referían al Cristo resucitado? Indudablemente el apóstol Pablo era el mejor “minero”. El excavaba las profundidades del Antiguo Testamento y sacaba las riquezas de la palabra de la gracia del Señor.

  En Hechos 2, Pedro predicó un excelente mensaje acerca del Cristo resucitado. Después de leer dicho capítulo quizás quede asombrado con el mensaje de Pedro, pero ¿había apreciado antes la predicación de Pablo en Hechos 13? Muchos de los que han leído Hechos no tienen el debido aprecio por este mensaje porque no han visto la revelación del Cristo resucitado que en él se presenta. No hay duda que el mensaje dado por Pedro en el capítulo dos fue excelente, aunque un poco superficial; en cambio, la predicación de Pablo en Hechos 13 fue muy profunda y maravillosa.

  Pablo, en su mensaje de Hechos 13, indicó que Cristo en Su resurrección llegó a ser el Hijo primogénito de Dios. El relacionó Salmos 2:7 con el Cristo resucitado, para mostrar que la resurrección representó un nacimiento para Cristo. Quizás no hayamos visto que la resurrección de Cristo fue Su nacimiento. ¿Había usted oído esto antes? Conforme a la Biblia, en la resurrección, Dios engendró a Cristo en Su humanidad, para que fuese hecho Su Hijo primogénito. El Hijo unigénito de Dios corporifica la vida divina, pero el Hijo primogénito de Dios propaga dicha vida. En realidad, todos nosotros nacimos juntamente con Cristo en Su resurrección. En este sentido, la resurrección de Cristo fue un nacimiento universal. Lo que tratamos de recalcar es que Pablo logró extraer del Antiguo Testamento la verdad de que Cristo en Su resurrección nació para convertirse en el factor que propaga la vida divina. En la resurrección, El nació y llegó a ser el Hijo primogénito de Dios, con el fin de propagar de la vida divina.

  Al “cavar” en la Palabra, Pablo encontró también que Cristo en Su resurrección llegó a ser todas las cosas santas y fieles, las cosas confiables y seguras de David. El se dio cuenta de que “las misericordias firmes de David” (Is. 55:3) se referían a Cristo en Su resurrección. Hoy a algunos les gusta cantar el Salmo 89:1, que dice: “Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente; de generación en generación haré notoria Tu fidelidad con mi boca”. Sin embargo, tal vez lo canten sin entender adecuadamente qué es la misericordia. Es posible que piensen que se refiere simplemente a un sentimiento de lástima que Dios nos tiene, no obstante, según el entendimiento que tenía Pablo, las misericordias del Señor eran Cristo mismo en Su segundo nacimiento, es decir, en Su resurrección. La manera en la que Pablo ahondó en las Escrituras fue maravillosa; cuán admirable es su dedicación y estudio. En este respecto, él es inigualable. En Hechos 13, Pablo predicó al Cristo todo-inclusivo.

  Por generaciones, los judíos habían leído el Antiguo Testamento en las sinagogas, pero todo lo que oían era la palabra de los mandamientos de Dios, y no la palabra de la gracia del Señor. No obstante, cuando el Señor Jesús proclamó el jubileo neotestamentario, en Lucas 4, El escogió una palabra de la gracia del libro de Isaías.

  Debemos entender el significado de la expresión “la palabra de Su gracia” en Hechos 14:3. Esta expresión muestra claramente un cambio de dispensación, un cambio que hubo en la economía de Dios.

  La predicación de Pablo en el capítulo trece se dirigía a los judíos, y por tanto, se basaba principalmente en la revelación de Cristo en el Antiguo Testamento; pero su predicación en el capítulo catorce se dirigía a los gentiles. Cuanto más estudiamos este capítulo, más apreciamos la sabiduría que tuvo Pablo al predicar el evangelio a los gentiles. El no basó su mensaje en la revelación de Cristo en el Antiguo Testamento, sino en la creación de Dios.

A LISTRA Y DERBE DE LICAONIA

La reacción de la multitud

  Cuando los apóstoles se enteraron de que había “un intento de parte de los judíos y los gentiles, juntamente con sus gobernantes, para afrentarlos y apedrearlos” (v. 5), “huyeron a las ciudades de Licaonia, Listra y Derbe, y a toda la región circunvecina, y allí anunciaban el evangelio” (vs. 6-7). En esa región, Pablo encontró a un hombre cojo y le dijo: “Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo” (v. 10). Luego, los versículos 11 y 12 añaden: “Entonces la multitud, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Los dioses se han hecho semejantes a hombres y han descendido a nosotros. Y a Bernabé llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque éste era el que llevaba la palabra”. El equivalente latino de Zeus, dios principal de la mitología griega, y de Hermes, mensajero de los dioses, es Júpiter y Mercurio respectivamente. En el versículo 12, las palabras griegas traducidas “el que llevaba la palabra” significan literalmente “el líder del discurso”. En el versículo 13, vemos que “el sacerdote de Zeus, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la multitud quería ofrecer sacrificios”.

La reacción de los apóstoles

  Cuando Bernabé y Pablo oyeron esto, “rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres de igual condición que vosotros, que os anunciamos el evangelio para que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay” (vs. 14-15). La palabra “vanidades” se refiere a los ídolos y a la idolatría. Con esto Pablo y Bernabé querían decir: “¡No consideréis que somos dioses ni nos adoréis! Somos hombres, de igual condición que vosotros. Vosotros ahora tenéis que abandonar todas esas cosas vanas, todos esos ídolos, para volveros al Dios vivo, que hizo los cielos, la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay”. En este pasaje vemos que Pablo predicó el evangelio a los gentiles basándose en la creación de Dios.

Pablo predica el evangelio de una manera a los judíos y de otra a los gentiles

  En el versículo 16, Pablo y Bernabé dijeron que Dios “en las generaciones pasadas El ha dejado a todas las naciones andar en sus propios caminos”. Luego, en el versículo 17, ellos declararon una palabra conmovedora, la cual tocó el corazón de los oyentes: “Si bien no se dejó a Sí mismo sin testimonio, haciendo el bien de daros lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría vuestros corazones”. Esta predicación de evangelio fue muy buena, puesto que se basaba en la creación de Dios y porque finalmente tocó el corazón de los oyentes. Aunque fue breve, su mensaje conmovió y trajo revelación.

  Debemos aprender de la forma en la que Pablo predicó. En este capítulo, él no se valió de historias ni anécdotas, sino que más bien presentó un mensaje breve en el cual reveló a Dios como el creador del universo. En su mensaje pronunció también palabras llenas de inspiración, las cuales tocaron el corazón de las personas. Pablo parecía decir: “Por generaciones, Dios permitió que vosotros siguierais vuestro propio camino; y en lugar de castigaros, El os sació de bienes, os dio lluvias del cielo y tiempos fructíferos, y llenó de sustento y de alegría vuestros corazones”. Espero que todos aprendamos de Pablo y prediquemos el evangelio de la misma manera que él lo hizo.

  En el capítulo trece, Pablo predicó a los judíos basándose en el Antiguo Testamento, con el cual ellos estaban muy familiarizados. No les habló acerca de la creación ni de los bienes que habían recibido de Dios, sino que más bien les predicó al Cristo resucitado. Esto nos enseña que si predicamos el evangelio a los que conocen el Antiguo Testamento, no debemos decirles que Dios es el Creador. Si lo hiciéramos, nos contestarían: “Ya sabemos que Dios es el Creador. Hasta podemos enseñarles al respecto”.

  Es esencial que veamos que la manera en la que Pablo predicó el evangelio en el capítulo catorce, difiere mucho de la manera en la que lo hizo en el capítulo trece. En el capítulo trece él se dirigía a los judíos, mientras que en el capítulo catorce, les predicó a los gentiles. Al predicar el evangelio a éstos, Pablo les dijo que Dios era el Creador y que El los había saciado de muchos bienes, dándoles lluvias y cosechas para alegrar sus corazones. Esto nos muestra que Pablo predicaba el evangelio con sabiduría y excelencia.

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