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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hechos»
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Mensaje 65

LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO

(31)

  Lectura bíblica: Hch. 25:1-27

  En los últimos cuatro capítulos de Hechos, los capítulos del veinticinco al veintiocho, Pablo se defiende en dos ocasiones. Primero se defiende ante Festo (25:6-8), y luego ante el rey Agripa (26:1-29). Después de su defensa ante Agripa, Pablo emprende su cuarto viaje (27:1—28:31). Estos capítulos nos proporcionan un cuadro de tres grupos de personas y su respectiva condición: tenemos un cuadro de los religiosos judíos, de los políticos romanos y de los santos de la iglesia.

LOS RELIGIOSOS JUDIOS

  Examinemos primeramente el cuadro de los religiosos judíos. El judaísmo tenía sus orígenes en la palabra de Dios. Por tanto, la religión judía era conforme a las Escrituras. Los religiosos judíos contaban con la santa Biblia, la tierra santa, la ciudad santa, el templo santo, el sacerdocio santo y todas las demás cosas santas, pero lo que estos religiosos hicieron en el libro de Hechos era totalmente contrario a Dios e instigado por Satanás.

  Leamos Hechos 25:1-3: “Llegado, pues, Festo a la provincia, subió de Cesarea a Jerusalén tres días después. Y los principales sacerdotes y los principales judíos comparecieron ante él contra Pablo, y le rogaron, pidiendo contra él, como favor, que le hiciese traer a Jerusalén; preparando ellos una asechanza para matarle en el camino”. Este pasaje revela que los judíos preparaban una asechanza para matar a Pablo. Además de esto, mintieron y actuaron con hipocresía. En ellos no había nada santo ni justo, nada que pudiera considerarse como dedicado a Dios. En esta religión tampoco vemos nada espiritual ni divino. De hecho, lo que hicieron estos judíos religiosos en cuanto a Pablo no era solamente carnal y pecaminoso, sino incluso demoníaco e infernal. El origen de sus acciones era el diablo mismo.

LOS POLITICOS ROMANOS

  En Hechos se describe también un cuadro de los políticos romanos. En particular tenemos los relatos acerca del tribuno, y de Félix, Festo y Agripa. Cuanto más elevada era la posición de un político romano, más corrupto era éste. Félix era más corrupto que el tribuno; Festo era más corrupto que Félix, y Agripa era aun más corrupto que Festo. De acuerdo con el relato de la Palabra santa, había mucha corrupción en el círculo político romano. Como hemos señalado, además de la religión hebrea y la cultura griega, la política romana era otro de los tres elementos que componían la cultura occidental, y de acuerdo con el libro de Hechos, la política romana era muy corrupta.

  Por ejemplo, Hechos 24:24 habla de Félix y su esposa Drusila, quien era hija del rey Herodes Agripa. Félix se había enamorado de ella y la había persuadido de que abandonara a su esposo y se casara con él, lo cual puso en evidencia la intemperancia y corrupción de este político romano. Vemos también la corrupción de Félix al mandar llamar a Pablo en varias ocasiones con la intención de recibir dinero de él (24:26).

  En Hechos 25:13 tenemos el relato de Agripa y de Berenice. Berenice era hermana de Drusila, la esposa de Félix. También era hermana del propio Agripa, con quien vivía incestuosamente. Tal vez esta sea la razón por la que 25:13 no identifica a Berenice como esposa de Agripa. Sin duda alguna, la política romana era oscura y corrupta, y estaba llena de inmoralidad sexual y de avaricia. Por consiguiente, el relato de Hechos pone en evidencia la corrupción de los políticos romanos.

LA CONDICION DESALENTADORA DE LA IGLESIA EN JERUSALEN

  En 1 de Corintios 10:32 Pablo habla de los judíos, de los griegos y de la iglesia de Dios. Esto indica que, en tiempos del Nuevo Testamento, las personas pertenecían a uno de estos tres grupos: los judíos, quienes eran el pueblo escogido de Dios; los griegos, que eran gentiles incrédulos; y la iglesia, la cual se componía de los que habían creído en Cristo. Hasta ahora hemos dicho que, según el relato de Hechos, los religiosos judíos eran hipócritas e incluso demoníacos, y que los políticos romanos estaban llenos de tinieblas y de corrupción. Pero, ¿cuál era la condición de la iglesia? Durante el tiempo que Pablo estuvo bajo custodia en Cesarea, debió de haberse sentido muy desilusionado con respecto a la condición de la iglesia en Jerusalén. El vio que la iglesia estaba débil y había permitido que ciertas cosas se infiltraran.

  Pablo, un vaso escogido por Dios, fue iluminado considerablemente acerca del universo. En su segunda epístola a los Corintios, que escribió antes de su último viaje a Jerusalén, él testificó que había sido arrebatado hasta el tercer cielo (2 Co. 12:2) y al Paraíso (v. 4), la sección agradable del Hades. Después de recibir muchísimas revelaciones, Pablo recibió luz acerca de los secretos del universo. Desde luego, él recibió muchas revelaciones acerca de la economía neotestamentaria de Dios. Ahora, en los últimos capítulos de Hechos, Pablo se encontraba en medio de los judíos religiosos, de los políticos romanos, y de sus colaboradores en la vida de iglesia. Esta situación debió haber sido muy desalentadora para él.

Debilidad, transigencia y falta de revelación

  Pablo, quien tenía tanta revelación divina acumulada en su ser, se enfrentó con los judíos, con los políticos romanos, e incluso con los santos de la iglesia. El vio la hipocresía de los judíos religiosos y la corrupción de los políticos romanos. Además, en la vida de iglesia halló una condición de debilidad, transigencia y carencia de luz y de revelación. Tal parece que en la iglesia no había nadie que tuviese el valor suficiente para luchar por la revelación y la visión que habían recibido. En de esta situación, Pedro debió levantarse con valentía y defender la revelación que había recibido del Señor, pero no lo hizo.

  En los capítulos del dos al cinco de Hechos, vimos que Pedro y Juan fueron muy osados y valientes. Como resultado de su denuedo, comparecieron ante el sanedrín en el capítulo cuatro, el cual los puso bajo custodia pública en el capítulo cinco. En dichos capítulos no vemos ninguna traza de debilidad ni de transigencia ni en Pedro ni en Juan, ni ninguna indicación de que ellos se sintieran intimidados por los religiosos judíos, ni que trataran de complacerlos. No obstante, a partir de Hechos 15, y en Gálatas 2, vemos que la debilidad de Pedro e incluso su hipocresía quedaron al descubierto.

La destrucción de Jerusalén

  Debido a la actitud y posición firme que adoptaron Pedro, Juan y los demás creyentes, los judíos persiguieron a los santos a tal grado que ninguno de ellos quedó en Jerusalén, salvo los apóstoles (8:1). Sin embargo, cuando Pablo fue a Jerusalén por última vez en Hechos 21, Jacobo le dijo: “Ya ves, hermano, cuantos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley” (v. 20). Estos millares de creyentes habían permanecido en Jerusalén. Si en el capítulo veintiuno Pedro y Juan hubiesen tenido la misma actitud y posición que asumieron en los capítulos del dos al cinco, la mayoría de estos creyentes judíos habrían sido esparcidos, lo cual los habría salvado de la mezcla religiosa que había en Jerusalén. No obstante, estos millares de creyentes que eran celosos por la ley, se quedaron en Jerusalén, y eso los puso en gran peligro. Tiempo después de la última visita de Pablo a Jerusalén, quizás en un periodo de menos de diez años, vino Tito con el ejército romano y destruyó Jerusalén, matando a todos los que aún vivían allí. Es posible que en esa ocasión también murieran muchos cristianos.

  En las parábolas de Mateo 21:33-46 y 22:1-14, el Señor Jesús expresó cuán desagradado estaba Dios con respecto a la situación de Jerusalén. El Señor indicó que Dios, “el señor de la viña,” destruiría miserablemente a los viñadores malvados. Esta palabra se cumplió cuando el príncipe romano Tito, y su ejército, destruyera Jerusalén en el año 70 después de Cristo. En Mateo 22:7 el Señor profetizó que Dios enviaría “sus tropas,” los ejércitos romanos dirigidos por Tito, y destruiría la ciudad de Jerusalén. Tal destrucción seguramente incluyó también a la iglesia en Jerusalén. Así, como resultado de la actitud transigente de Jacobo y la debilidad de Pedro, es muy posible que la iglesia en Jerusalén fuera destruida junto con la ciudad. Sin embargo, si Pedro y Juan hubieran sido tan osados en Hechos 21 como lo fueron al principio, la situación de la iglesia habría sido muy distinta. Si ellos hubieran permanecido firmes, los santos habrían sido esparcidos o perseguidos a muerte por los judíos religiosos.

El martirio de Jacobo

  La historia muestra que el Jacobo de Hechos 21 fue martirizado por los opositores judíos. Los líderes del sanedrín pensaban que Jacobo estaba a favor del judaísmo. Así que, convocaron una reunión donde le pidieron que hablara a la gente, pensando que él se expresaría bien del judaísmo. No obstante, Jacobo fue fiel y predicó a Cristo con denuedo. A causa de esto, los líderes del sanedrín se ofendieron con él y lo mataron. Ellos habían recibido una impresión equivocada de Jacobo, debido al gran número de creyentes judíos que había en Jerusalén que eran celosos por la ley. Por esta razón los líderes del sanedrín pensaban que Jacobo estaba del lado del judaísmo.

  En el relato de Hechos 21 vemos que Jacobo incluso metió a Pablo en una “trampa”, ya que lo puso en una situación sumamente difícil. Como hemos señalado, el Señor no toleró la condición confusa que había en Jerusalén.

EL ULTIMO VIAJE DE PABLO A JERUSALEN

  Es difícil creer que Pedro y Juan permanecieran impasibles ante la situación que había en Jerusalén. Ellos debieron haberse preocupado por solucionar el problema. En realidad, esta no era la responsabilidad de Pablo, pero él tuvo que actuar debido a que Pedro y Jacobo no cumplieron con su deber. En lugar de ello, permitieron que la iglesia permaneciera en una condición degradada y Pablo seguramente se sintió muy descontento por esto. El sentía una gran carga por llevar a cabo la economía neotestamentaria de Dios en el mundo gentil, pero a la vez se daba cuenta de que la fuente, que era Jerusalén, había sido contaminada, y que el veneno se esparcía ahora por todo el mundo gentil. Como lo indican sus epístolas, él tuvo que confrontar a los judaizantes en todas partes. Según la Epístola a los Gálatas, los judaizantes perturbaban a las iglesias de Galacia. Por consiguiente, Pablo sabía que no podía continuar su labor en el mundo gentil hasta que se solucionara la situación de Jerusalén. El sabía muy bien que el factor más perjudicial para la vida de iglesia en el mundo gentil era el judaísmo, y debido a esto sintió la carga de regresar a Jerusalén. Esta fue la razón por la que se propuso en su espíritu ir a Jerusalén (19:21). El sentía la carga de eliminar la fuente de la contaminación.

  Al leer los capítulos del dieciocho al veintiuno de Hechos, no es fácil determinar si Pablo debía o no subir a Jerusalén por última vez. Leamos Hechos 19:21: “Pasadas estas cosas, Pablo se propuso en espíritu ir a Jerusalén, después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Después que haya estado allí, me será necesario ver también a Roma”. Luego, en 20:22-23, Pablo declara: “Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da solemne testimonio, diciendo que me esperan prisiones y aflicciones”. El testimonio del Espíritu Santo era una profecía, una predicción, no un mandamiento. Más adelante, mientras Pablo estaba en Tiro, los discípulos “decían a Pablo por medio del Espíritu, que no pusiese pie en Jerusalén” (21:4). Así que el Espíritu primero le dio a conocer a Pablo que le esperaban prisiones y aflicciones en Jerusalén, y luego dio un paso más para advertirle por medio de algunos miembros del Cuerpo, que no subiese a Jerusalén. Por otra parte, leemos que el profeta Agabo “tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles” (21:11). Lucas agrega al respecto: “Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalén. Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, más aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús. Y como no le pudimos persuadir, guardamos silencio, diciendo: Hágase la voluntad del Señor” (vs. 12-14). Cuanto más examinamos estos versículos, más difícil se hace determinar si Pablo tenía razón en subir a Jerusalén por última vez. Por un lado, el Espíritu le indicó a Pablo que le esperaban prisiones y aflicciones en Jerusalén; y por otro, le habló por medio de algunos miembros del Cuerpo, diciéndole que no subiese a Jerusalén. El Señor sabía muy bien cuál era la situación allí.

EL SEÑOR LE DA ANIMO

  Por la providencia del Señor Pablo fue rescatado de la turba de los judíos y entregado al tribuno romano (21:27-39). Después de defenderse ante los judíos (21:40—22:21), de ser atado por los romanos (22:22-29), y de defenderse nuevamente ante el sanedrín (22:30—23:10), Pablo fue alentado por el Señor. Hechos 23:11 declara al respecto: “A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, pues como has testificado solemnemente de Mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.” Esta palabra le trajo mucha seguridad. Pablo debe haber sentido miedo; de lo contrario, el Señor no habría requerido darle una palabra de ánimo. Sin duda, la situación en la que Pablo se encontraba no era para menos, pero el Señor en Su providencia lo rescató de esa situación y posteriormente se le presentó para darle la seguridad de que testificaría acerca de El en Roma. De esta manera, se cumplió el deseo de Pablo de ver a Roma.

LA VISION DE PABLO EN CUANTO A LA ECONOMIA NEOTESTAMENTARIA DE DIOS

  Examinemos de nuevo la situación en la que se encontraba Pablo. Por un lado, la iglesia en Jerusalén estaba débil, había abierto la puerta a elementos judíos y carecía de luz. Dicha iglesia no tenía un testimonio genuino. Por otro lado, estaban los religiosos judíos, quienes eran demoníacos, y estaban ciegos y llenos de odio; además, con ellos estaban los políticos romanos corruptos. En contraste con esto vemos a Pablo, un hombre que tenía la carga de la economía neotestamentaria de Dios y estaba constituido de ella. Así que, después de examinar la situación de la iglesia, del judaísmo y del gobierno romano, él comprendió que la principal necesidad era la economía neotestamentaria de Dios.

  ¿En qué consiste la economía neotestamentaria de Dios? En propagar al Dios Triuno procesado quien se halla la persona del Cristo resucitado y todo-inclusivo. Dicha propagación es la única respuesta a la situación lamentable que predomina en la tierra. Lo que debemos hacer es permitir que Dios pueda cumplir Su economía neotestamentaria al propagar al Cristo resucitado. Pablo debe de haber reflexionado en esto durante los dos años que estuvo preso en Cesarea. De ahí que, cuando llegó a Roma, empezó a escribir sus últimas ocho epístolas: Colosenses, Efesios, Filipenses, Filemón, 1 Timoteo, Tito, Hebreos y 2 Timoteo. Tales epístolas nos proporcionan una visión clara de cómo llevar a cabo la economía neotestamentaria de Dios.

  Pablo fue martirizado poco tiempo después de que completara sus escritos de la revelación divina, en los cuales presentó una visión clara de la economía del Nuevo Testamento. Aproximadamente un cuarto de siglo más tarde, Juan escribió el libro de Apocalipsis. En las siete epístolas incluidas en los capítulos dos y tres de Apocalipsis, vemos la condición degradada en que habían caído las iglesias que Pablo mismo había establecido en su esfuerzo por cumplir la economía neotestamentaria de Dios, la cual consiste en propagar al Cristo resucitado. Dicha degradación consistió en abandonar al Cristo todo-inclusivo y reemplazarlo con otras cosas. Con excepción de la iglesia en Filadelfia, vemos que en las demás iglesias se infiltraron otros asuntos que reemplazaron a Cristo.

  Han pasado casi diecinueve siglos desde que Juan escribió el libro de Apocalipsis, y desde entonces se ha venido librando una batalla entre Dios y Satanás. Satanás ha tratado de reemplazar a Cristo de distintas maneras. Como resultado de ello, muchos de nosotros, incluyéndome a mí, nacimos en el sistema del cristianismo, el cual tiene muy poco de Cristo. Por ejemplo, ¿cuánto de Cristo hay en la celebración de la Navidad? Ciertamente el cristianismo actual es una mezcla de verdad y falsedad. Muy pocos creyentes conocen la verdad de una manera profunda y cabal.

  Puedo dar testimonio que inmediatamente después de que fui salvo, empecé a amar la Biblia y a estudiarla. Desde entonces, la luz en cuanto a la economía neotestamentaria de Dios ha venido a mí gradualmente. Gracias a la iluminación del Señor, llegamos a ver que Pablo sentía la urgencia de recibir la revelación completa de la economía neotestamentaria de Dios. El cumplimiento de la economía divina incluía la encarnación de Cristo, Su vivir humano, Su muerte, Su resurrección y Su ascensión, todo esto con el fin de propagarse a Sí mismo al impartirse en Su pueblo escogido. De este modo, quienes componen Su pueblo, pueden llegar a ser hijos Suyos y miembros de Cristo, y ser un Cuerpo que lo exprese a El de forma colectiva. Esta expresión se puede ver en las iglesias locales en esta era, y existirá en la nueva Jerusalén por la eternidad.

  Esta es la visión que recibió Pablo, y esto es lo que necesitamos ver hoy. La visión que el apóstol tenía en cuanto a la economía neotestamentaria de Dios, se halla plenamente revelada y desarrollada en sus últimas ocho epístolas. Por consiguiente, debemos estudiarlas con la ayuda de los mensajes de los estudios-vida, y en especial, debemos prestar atención a las epístolas de Efesios y Hebreos. Esto enriquecerá nuestra experiencia del Cristo que se propaga para llevar a cabo la economía neotestamentaria de Dios.

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