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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hechos»
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Mensaje 8

LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO

(3)

  Lectura bíblica: Hch. 2:1-13

  En este mensaje estudiaremos el tema de hablar en lenguas. Este tema se encuentra implícito en la profecía de Joel, la cual se cumplió en el día de Pentecostés.

UN SIMBOLO DEL LENGUAJE HABLADO

  Hechos 2:3 dice: “Y se les aparecieron lenguas, como de fuego, que se repartieron asentándose sobre cada uno de ellos”. Estas “lenguas” son un símbolo del lenguaje hablado, y denota que el Espíritu económico de Dios, el Espíritu de poder, tiene como fin primordial hablar. El es el Espíritu que habla.

  El versículo 3 declara que lenguas, como de fuego, se repartieron asentándose sobre cada uno de los ciento veinte. En este versículo, “fuego” simboliza el poder ardiente que hay en el mover económico de Dios para purificar y motivar. El hecho de que el verbo “asentandose” esté en singular indica que sobre cada unos de ellos se asentó una lengua.

TODOS FUERON LLENOS DEL ESPIRITU SANTO

  Hechos 2:4 dice: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en diversas lenguas, según el Espíritu les daba expresarse”. La palabra “todos” modifica solamente a “llenos”, de la primera cláusula, no a “comenzaron a hablar”, de la segunda cláusula. Por tanto, no puede usarse como evidencia de que todos los discípulos que fueron llenos del Espíritu Santo hablaron en lenguas.

No todos hablaban en lenguas

  Debemos leer el versículo 4 con detenimiento y prestar atención a la puntuación. Observe la coma después de “Espíritu Santo”. Leamos: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en diversas lenguas según el Espíritu les daba expresarse”. La coma después de “Espíritu Santo” nos ayuda a ver que “todos” no modifica la expresión “comenzaron a hablar”. Aquí tenemos dos predicados: “fueron llenos” y “comenzaron a hablar”. Necesitamos perspicacia para saber si “todos” modifica a ambos predicados o solamente al primero. Si modifica a ambos predicados, entonces el versículo 4 declararía que todos hablaron en lenguas, pero si sólo modifica al primero, entonces indica que todos fueron llenos del Espíritu Santo, pero que no todos hablaron en lenguas. Si Lucas hubiese deseado especificar que todos hablaban en lenguas, él habría usado nuevamente la palabra “todos” antes de la palabra “comenzaron”.

  La gramática nos muestra que el versículo 4 no indica que todos los que fueron llenos del Espíritu Santo comenzaron a hablar en diversas lenguas. Supongamos que dijésemos: “Todos los santos vinieron a la reunión, y empezaron a orar”. ¿Significaría eso que todos oraron? Ciertamente no. Asimismo el versículo 4 tampoco declara que todos los que fueron llenos del Espíritu Santo hablaron en lenguas.

  Los que hoy abogan por hablar en lenguas insisten en que la palabra “todos” en 2:4 modifica tanto al segundo predicado como al primero. Apoyandose en este versículo, ellos afirman que en el día de Pentecostés cada uno de los ciento veinte habló en lenguas. No obstante, después de estudiar mucho este versículo, estoy seguro de que la palabra “todos” no modifica al segundo predicado. Antes bien, esta palabra indica solamente que todos y cada uno de los ciento veinte fueron llenos del Espíritu Santo. Por tanto, el versículo 4 no afirma que todos hablaron en lenguas.

Un idioma comprensible

  Las lenguas mencionadas en 2:4 eran dialectos (vs. 6-8). Los discípulos eran galileos (v. 7) pero hablaron los diferentes dialectos extranjeros de los que habían venido de varias partes del mundo. Esto es una prueba contundente de que hablar en lenguas debe hacerse en un idioma comprensible, y no simplemente emitiendo sonidos con la boca. Ademas, la palabra griega traducida “hablar” en el versículo 4 es una “palabra especial, escogida deliberadamente para denotar una expresión clara y audible” (Vincent).

  Ya dijimos que las lenguas del versículo 4 eran dialectos. Los versículos 5-8 declaran al respecto: “Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones devotos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propio dialecto. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestro dialecto en el que hemos nacido?” Los judíos mencionados en el versículo 5 eran devotos y venían de su dispersión a Jerusalén para celebrar la fiesta del día de Pentecostés. Los prosélitos del versículo 10 eran gentiles que se habían convertido al judaísmo (6:5; 13:43). En los versículos 6-8, aparece la palabra “dialecto”, un sinónimo de “lengua” del versículo 4.

  Según el versículo 11 el pueblo exclamó: “Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”. La palabra griega traducida “lenguas” es glóssa y se refiere a dos cosas en este capítulo: al órgano del habla (v. 3) y a dialectos (vs. 4, 11). Esta misma palabra se tradujo como “dialectos” en los versículos 6 y 8. Esto presenta una clara evidencia de que hablar en lenguas no consistía meramente en emitir sonidos con la voz; sino más bien, en un dialecto conocido, porque las lenguas que hablaron los discípulos eran diferentes dialectos. En este sentido, las lenguas y los dialectos son sinónimos y se usan de modo intercambiable en estos versículos.

  Los que propagan el hablar en lenguas insisten en que no es necesario que las lenguas sean un idioma humano comprensible. Ellos alegan que para hablar en lenguas sólo basta con emitir sonidos. Esto lo dicen porque hoy muchas de las supuestas lenguas no son dialectos sino sonidos sin sentido. No obstante, las lenguas que se hablaron el día de Pentecostés fueron un milagro del Espíritu Santo. Por consiguiente, los galileos hablaron en lenguas el día de Pentecostés sin acento galileo. “Cada uno les oía hablar en su propia lengua”. Aunque las lenguas que se hablaron ese día eran dialectos, es probable que usted no llegue a oír hoy ningún dialecto en las reuniones que se organizan para hablar en lenguas.

  Un día, en 1936, hablé con un destacado misionero del movimiento pentecostal acerca de estos versículos de Hechos 2. Usando el interlinear griego del Nuevo Testamento, le mostré que el término glóssa tiene dos sentidos en este pasaje: denota la lengua, o sea, el órgano del habla, y también significa dialecto. El no pudo responder; sólo me dio unas palmaditas en la cabeza y dijo: “Su cabeza es demasiado grande”.

  Yo mismo practiqué lo que llaman hablar en lenguas y también intenté ayudar a otros a hacerlo, pero abandoné esta práctica después de hablar con este misionero. Me di cuenta de que lo que llaman hablar en lenguas no es el hablar milagroso en el que se usa un dialecto, sino que en su mayor parte es algo producido por el hombre. Lo que queremos recalcar es que las lenguas habladas el día de Pentecostés eran dialectos genuinos y no solamente sonidos producidos con la boca.

ALGUNOS CASOS RELACIONADOS CON EL HABLAR EN LENGUAS

  Durante el entrenamiento de verano de 1963, le pedí a un hermano que leyera a los entrenandos un artículo de una revista carismática. El autor del artículo declaró que había hablado con doscientas personas que alegaban hablar en lenguas, y que, sin excepción, todas dudaban de que las lenguas que hablaban fuesen genuinas. Entonces les pregunté a los entrenandos si creían que Pedro y los demás discípulos en el día de Pentecostés, dudaron de que sus lenguas fuesen auténticas. Ciertamente ellos no tuvieron ninguna duda. Por consiguiente, si las doscientas personas mencionadas en la revista tenían dudas, se debía a que las lenguas que hablaban no eran genuinas.

  Poco antes de 1963 me invitaron a hablar a un grupo cristiano en San Diego. Este grupo recalcaba mucho el hablar en lenguas. En una de las reuniones una mujer pronunció unas cuantas palabras en lenguas; luego un joven dio una larga interpretación de esas palabras. Después de la reunión, le pregunté al líder del grupo si él creía que la interpretación había sido certera. El me respondió que no estaba seguro. Entonces le pregunté por qué practicaban eso, cuando tenemos un Cristo tan rico que ministrar a los demás. Le dije: “Hermano, tenemos a un Cristo todo-inclusivo ¿No es suficiente predicarle a El?” A esto no me pudo contestar nada.

  Mientras estuvimos en San Diego, otro líder del grupo nos dijo que él había recibido la capacidad de hablar en chino. Un día, él pronunció algunos sonidos particulares creyendo que hablaba en ese idioma. Un hermano chino, que hablaba el cantonés, y yo, que hablo el mandarín (ambos tenemos también algún conocimiento de los demás dialectos chinos) le dijimos que no entendíamos ni una sola palabra de lo que decía. A pesar de esto, el hermano siguió pronunciando sonidos distintos. Finalmente tuvimos que decirle que no podíamos identificar esos sonidos como palabras de la lengua china. Al oír esto, quedó desilusionado. El había estado engañado pensando que tenía la capacidad de hablar en chino, pero en realidad sólo era una lengua que él mismo fabricó. Estos casos son comunes en el actual movimiento pentecostal.

  Hace poco aprendí en un artículo escrito por un lingüista, que desde tiempos antiguos hasta el presente algunos pueblos han experimentado desbordamientos de palabras, lo cual se denomina: “fenómeno de éxtasis”. Puesto que la mayoría del hablar en lenguas actual no es genuino, puede considerarse más bien como un fenómeno de éxtasis.

  Permítanme darles otros ejemplos que muestran un hablar en lenguas que no es genuino. En una reunión, una mujer habló en lenguas. La interpretación era: “Pueblo mío, el tiempo se acorta, vuelvo pronto, vigilen y oren”. Luego en otra reunión de ese mismo día, la misma mujer habló nuevamente en lenguas. Aunque su segunda intervención fue casi idéntica a la primera, esta vez la interpretación fue: “Pueblo mío, ustedes no están en serio y son indiferentes. Les advierto que si no cambian, los vomitaré de mi boca”. Aunque el hablar en lenguas en ambos casos fue casi idéntico, la interpretación fue muy distinta. Ciertamente éstos no son casos auténticos de hablar en lenguas.

  Quisiera mencionar otro caso que ocurrió en Taiwán hace unos pocos años. Un grupo pentecostal alquiló un gran estadio para celebrar algunas reuniones. Aunque el estadio tenía capacidad para doce mil personas, solamente dos o tres mil asistieron. Como resultado, este grupo no tenía los fondos suficientes para pagar el alquiler del estadio. Debido a esto, en una de las reuniones, alguien habló en lenguas, y el que dio la interpretación dijo que el Señor deseaba que cierta mujer entre ellos, que era muy rica, pagara el alquiler. Luego, la mujer misma habló en lenguas e interpretó lo que había dicho. En su interpretación declaró que el Señor le decía que no pagara el alquiler. Esto demuestra una vez más que la mayor parte del hablar en lenguas actual no es genuino.

  Entre los que profesan hablar en lenguas, algunos han dado profecías que han resultado ser falsas. Por ejemplo, en 1963 y 1964, se dieron informes en los periódicos acerca de profecías pentecostales según las cuales un terremoto azotaría a Los Angeles y que esta ciudad caería en el océano. La fecha del supuesto terremoto pasó y no se produjo nada. Ciertamente esto bastó para demostrar que estas profecías eran falsas.

  Los que afirman hablar en lenguas deben evaluar su experiencia. Deben asegurarse de que lo que declaran al hablar en lenguas es un dialecto, una lengua comprensible. Si son sinceros, muchos reconocerán que cuando hablan en lenguas no hablan un dialecto. Como hemos dicho a raíz del capítulo dos de Hechos, las lenguas que hablaron los que fueron llenos del Espíritu Santo en el día de Pentecostés fue un dialecto reconocible. Por tanto, el hablar en lenguas auténtico no consiste en emitir sonidos; sino en hablar en un dialecto.

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